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Así Vive El Chapo en la Cárcel: De Controlar Mexico a Llorar Solo en una Celda  a

Así Vive El Chapo en la Cárcel: De Controlar Mexico a Llorar Solo en una Celda  

Hay un hombre en este momento encerrado en una celda del tamaño de un baño. No puede hablar con nadie, no puede ir a la biblioteca, no puede ver la luz del sol salvo una hora al día, a través de una jaula de metal. La comida le llega por una puertecita en la pared. Las cámaras lo graban las 24 horas.

 Y cuando se despierta por la noche con los calambres y la presión disparada, no hay nadie con quien hablar. Ese hombre movió 100 toneladas de cocaína al mes, sobornó presidentes, escapó dos veces de penales de máxima seguridad. Forbes lo puso en su lista de multimillonarios. Durante 20 años fue el hombre más buscado del planeta después de Osama Bin Laden.

 Hoy Joaquín Archivaldo Guzmán lo era. Tiene 72 años y el sistema que nunca pudo atraparlo terminó construyendo una jaula diseñada específicamente para destruirlo por dentro. Pasé semanas revisando documentos judiciales, informes del Buró Federal de Prisiones, cartas que el propio Chapo firmó ante el juzgado y declaraciones de su equipo legal para traerte este documental.

 Lo que encontré no es la historia de un criminal castigado, es la historia de lo que le pasa a un hombre cuando se le quita todo el poder, el dinero, los sicarios, el nombre y queda solo con el silencio. Y lo que el silencio le está haciendo es mucho más severo de lo que ninguna sentencia podría haber pedido. 130 km al sur de Denver, en medio de las montañas rocosas de Colorado, existe un lugar que sus propios empleados llaman la tumba.

No es una metáfora, es una descripción funcional. ADX Florence, United States Penitary Administrative Maximum Facility, fue construida en 1994 después de que dos guardias fueran asesinados en otros penales federales. El gobierno decidió que necesitaba un lugar donde los presos no pudieran hacerle daño a nadie, ni a guardias, ni a otros reclusos, ni a nadie en el exterior.

 Lo que diseñaron fue técnicamente el aislamiento perfecto. Cuando Joaquín Guzmán entró por esas puertas en julio de 2019 tras su condena en Brooklyn, los guardias lo procesaron en silencio, sin ceremonia, sin discursos. Le cambiaron la ropa, le asignaron un número 8 9 805 hasta 053 y lo condujeron por un corredor hasta una celda de 2.1 m de ancho por 3.

6 m de largo. Para que te hagas una idea, es más pequeña que la mayoría de los baños de los hoteles en los que el Chapo solía hospedar a sus socios. Dentro hay una cama de concreto con un colchón delgado, una silla de concreto fundida a la pared, un lavabo y un inodoro integrados. Una regadera automatizada que se activa por tiempo limitado, el agua sale, corre los segundos programados y se corta sola, sin que el recluso pueda controlar la temperatura ni la duración.

 Una pequeña ventana de 15 cm de ancho orientada deliberadamente para que el preso nunca pueda ver el horizonte. solo un trozo de cielo directamente encima y cámaras en cada ángulo grabando sin parar, no para protegerlo a él, para proteger al sistema del que él forma parte. El diseño de esas celdas no fue casual. Los arquitectos que construyeron ADX Florence estudiaron los fallos de seguridad de otros penales y construyeron un ambiente donde el contacto humano fuera operativamente innecesario, donde un preso pudiera pasar semanas sin escuchar otra voz,

donde el aislamiento no fuera un castigo adicional, sino la arquitectura misma del lugar. Hay expresidiarios de ADX que describieron a periodistas de The New York Times no los gritos ni las peleas, sino el silencio. Un silencio tan denso que podías escuchar el zumbido de las cámaras.

 Un silencio que después de meses empieza a sonar como algo. El hombre que llegó a esa celda había dormido en ranchos de Sinaloa con zoológico privado. Había pernoctado en propiedades blindadas repartidas en tres estados, con guardaespaldas en cada puerta y cocineras que preparaban lo que pidiera a la hora que fuera. Había escapado de puente grande en un carrito de lavandería y del altiplano a través de un túnel de 1 km y medio que sus hombres excavaron debajo de su regadera.

Pero eso fue antes. Antes cuando sus órdenes valían más que la ley, antes cuando su nombre abría puertas que el dinero solo no podía abrir, antes cuando era el Chapo y no un número de ocho dígitos en un sistema de cómputo federal. Ahora pasa 23 horas al día en ese cuarto. La hora restante la lleva un guardia a un patio interior, una jaula de metal con techo de rejilla, donde puede caminar solo, sin contacto con otros reclusos.

 sin conversación, sin nada más que sus propios pasos sobre el concreto. Pero eso no es lo más perturbador de su situación. Lo más perturbador tiene un nombre burocrático, se llama Sams. Samson las siglas de Special Administrative Measures, medidas administrativas especiales, y son en la práctica, una segunda condena que se superpone a la primera sin que ningún jurado las haya votado y sin que ningún juez las haya incluido formalmente en la sentencia.

 El Departamento de Justicia de Estados Unidos las aplica a los presos que consideran que siguen representando un peligro para la seguridad nacional, incluso desde la cárcel. No son comunes. En este momento, menos de 60 personas en todo el sistema federal estadounidense están bajo SAMS. El Chapo es una de ellas. ¿Qué significa eso en términos concretos? Significa que no puede hablar con otros reclusos.

 No puede hablar con guardias más allá de lo estrictamente necesario. No puede ir a la biblioteca del penal. No puede participar en programas de trabajo o rehabilitación. No puede recibir visitas que no hayan sido aprobadas individualmente por el Departamento de Justicia y cada visita aprobada requiere acreditación de antecedentes, autorización previa y se realiza bajo vigilancia directa con grabación.

 Sus llamadas telefónicas son monitoreadas en tiempo real. traducidas si es necesario y pueden ser suspendidas en cualquier momento. Su correo, tanto el que envía como el que recibe, es revisado, y, en algunos casos retenido, si se considera que contiene comunicaciones encubiertas. La comida, como dijimos, llega por una puerta pequeña en la pared. Un guardia la deja.

No hay contacto visual necesario, no hay intercambio de palabras necesario. El sistema fue diseñado para que el recluso pudiera recibir sustento básico sin que ningún ser humano tuviera que interactuar con él de manera significativa. Piensa en lo que eso implica a nivel cotidiano. No es una descripción abstracta, es el protocolo real de todos los días.

 El Chapo se despierta, pasan unas horas, la puertecita se abre, la bandeja entra, la puertecita se cierra. Él come solo, pasan más horas, quizás lo sacan a la jaula exterior, quizás no ese día hay días en los que incluso esa hora se suspende por razones administrativas. Vuelve a la celda. Las horas pasan. La noche llega aunque él no pueda verla directamente.

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