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ESTREMECEDOR: Ex pastora adventista revela por qué abandonó el protestantismo tras 18 años –

 

Mi corazón latió fuerte cuando escuché el nombre. Guapi [música] era territorio absolutamente católico, una tierra virgen para la evangelización adventista. Llegué [música] a Guapi en enero de 2006 con 23 años, una Biblia gastada [música] y un fuego interior que creía inextinguible. El pueblo [música] era hermoso y duro a la vez.

 Casas de madera sobre pilotes, calles sin [música] pavimentar que se convertían en ríos de lodo cuando llovía y una iglesia católica colonial en el centro que dominaba la plaza principal. La congregación adventista era pequeña, apenas [música] 40 miembros pero fervorosos. Desde el primer domingo establecí mi estrategia ministerial, [música] Confrontar el error católico con amor, pero sin concesiones.

Organicé [música] estudios bíblicos públicos en la plaza los miércoles por la tarde, donde explicaba [música] con diagramas y versículos bíblicos por qué el Papa no podía ser el vicario de Cristo, porque María [música] no podía ser mediadora, porque los santos no podían interceder. La gente [música] se acercaba curiosa.

 Algunos se quedaban escuchando, otros se iban [música] molestos. Conocí a Belarmino en mi tercer mes en Guapi. Él era diácono de la congregación [música] adventista, un hombre tranquilo y trabajador, pescador de oficio con manos callosas [música] y ojos sinceros. me ayudaba a cargar las carpas [música] cuando hacíamos campañas evangelísticas en los barrios periféricos y poco a poco, entre oraciones [música] y estudios bíblicos, nació un amor sencillo y limpio.

 Nos casamos [música] un año después en la misma iglesia adventista de Guapi con la bendición [música] de toda la congregación. Con Belarmino formamos un equipo ministerial [música] poderoso. Él era bueno para el trabajo práctico, construyendo [música] relaciones con los pescadores y comerciantes del pueblo. Mientras yo me dedicaba a [música] la enseñanza doctrinal y al debate teológico.

 Tuvimos dos hijos, Lucero, [música] nacida en 2008, y Samuel, nacido en 2011. Criamos a nuestros hijos en la fe adventista [música] con la misma convicción. con que mis padres me habían creado a mí. Durante [música] los primeros años en Guapi, la congregación creció lentamente, pero de manera sostenida. Convertimos a varias familias [música] católicas que después de asistir a nuestros estudios bíblicos decidieron dejar [música] las tradiciones humanas y volver a la Biblia pura.

Cada conversión era celebrada como una victoria del reino de Dios [música] sobre las tinieblas del error. Recuerdo especialmente a doña Eufrosina, [música] una señora de 68 años que había sido católica devota toda su vida. Durante meses visité su casa humilde en el barrio El Silencio, tomando tinto aguado y hablando sobre la Biblia.

Al principio ella se resistía, defendía sus creencias con los argumentos simples que le habían enseñado, que el rosario lo [música] rezaba a su abuela, que los santos la protegían, que la Virgen era su consuelo, [música] pero yo era persistente y preparada. le mostraba [música] versículo tras versículo donde supuestamente la Biblia condenaba la veneración de imágenes.

 Le explicaba [música] que rezar el rosario era exactamente la vana repetición que Jesús condenó [música] en Mateo 6. Le leí a Primera Timoteo 2:5. Porque hay [música] un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, subrayando [música] que María no podía ser mediadora. Doña Eufrosina comenzó [música] a dudar.

Vi como su certeza católica se resquebrajaba sesión tras sesión, hasta que un día llegué y encontré [música] que había guardado todas sus imágenes en una caja de cartón. “Pastora Verenice”, me dijo [música] con lágrimas. Creo que usted tiene razón. He estado equivocada [música] toda mi vida. Mi corazón se llenó de júbilo misionero cuando vi su rosario de madera gastado por [música] décadas de oraciones al fondo de aquella caja junto a las estampitas de los santos.

La bauticé [música] en el río Guapi un sábado lluvioso de agosto de 2009. Toda la congregación adventista [música] estaba presente cantando himnos mientras yo la sumergía en las [música] aguas diciendo: “Te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Según [música] el mandato bíblico, doña Eufrosina salió del agua llorando de emoción y yo sentí que estaba [música] cumpliendo la gran comisión de Jesús de hacer discípulos.

Hoy ese recuerdo [música] me quema el alma como hierro. al rojo vivo. Arranqué a doña Eufrosina de los [música] sacramentos, de la Eucaristía, de la confesión, de la protección [música] maternal de Nuestra Señora. La alejé de la plenitud de la verdad, [música] convenciéndola de que abrazaba la verdad.

 Cuántas almas más aparté del camino de salvación con mi celo ignorante. Para [música] 2015, la Congregación Adventista de Guapi había crecido a 80 miembros. Yo era respetada no [música] solo en nuestro pueblo, sino en toda la región del Pacífico como una [música] apologista efectiva. Me invitaban a dar conferencias en otras congregaciones adventistas sobre [música] cómo evangelizar católicos y refutando los errores de Roma.

Escribí [música] varios folletos que se distribuían gratuitamente. María, bendita entre las mujeres, [música] pero no mediadora. El Papa, líder religioso, no vicario de Cristo. La [música] misa conmemoración, no sacrificio. Mi especialidad [música] eran los debates públicos. Organizaba eventos donde invitaba al padre Joaquín, el párroco de la Iglesia Matriz [música] de Guapi, a debatir sobre temas doctrinales.

Él, un hombre mayor y bondadoso, aceptaba a veces por cortesía, [música] aunque yo podía ver el dolor en sus ojos. Cuando yo atacaba las creencias [música] que él amaba, yo ganaba esos debates no porque tuviera razón, sino porque conocía mejor los argumentos protestantes y porque él no tenía formación apologética profunda.

Después de cada debate, varias personas católicas se acercaban curiosas a nuestra congregación. [música] No todas se convertían, pero algunas sí. Y eso alimentaba mi convicción de que estaba haciendo la obra de Dios. Mi fama [música] como cazadora de católicos crecía y con ella mi orgullo espiritual. [música] Creía sinceramente que Dios me había llamado para rescatar almas [música] del error romano.

En la privacidad de mi hogar, sin embargo, [música] algo comenzó a inquietarme desde 2020. Notaba que [música] muchos de los católicos que convertíamos al adventismo no mostraban el gozo y la paz [música] que yo esperaba. Algunos incluso regresaban al catolicismo [música] después de meses o años diciendo que extrañaban algo.

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