Rumbo al sur para celebrar nuestro amor. Aniversario Pucón. Aquí vamos! Amor de mi vida. Esa publicación recibió 147 me gusta en las primeras 2 horas. Amigos y familiares comentaron con felicitaciones y buenos deseos. Todo parecía absolutamente normal. La ruta desde Santiago a Pucón es larga pero escénica. Se viaja hacia el sur por la ruta cinco, la carretera panamericana que atraviesa Chile de norte a sur, pasando por ciudades como Rancagua, Talca, Chillán y Temuco antes de desviarse hacia el este, hacia Pucón.
El viaje completo suele tomar entre 9 y 10 horas. dependiendo del tráfico y las paradas. A las 10 de la mañana, Camila envió un mensaje de WhatsApp a su madre, Patricia Ortiz. Todo bien, mamá. Vamos llegando a Talca. Paramos a desayunar. El viaje va tranquilo. Te amo. Su madre respondió inmediatamente.
Que tengan un viaje hermoso, hija. Cuídense mucho. Salúdame a Sebastián. Fue el último mensaje que Patricia recibiría de su hija. A la 1 de la tarde, Sebastián publicó en su propia cuenta de Instagram una foto tomada desde el auto, mostrando la vista de la cordillera de los Andes a la distancia con campos verdes en primer plano.
La leyenda decía: “Camino al paraíso con mi persona favorita”. Viaje de aniversario Nishta Chile. A las 4:30 de la tarde hicieron un alto en una estación de servicio COPEC en las afueras de Temuco para cargar gasolina y usar los baños. El empleado de la estación, Rodrigo Muñoz, lo recordaría después durante los interrogatorios policiales.
“Sí, los recuerdo”, diría Rodrigo. Porque estaban discutiendo, no eran gritos, pero se les veía tensos. Él cargó gasolina mientras ella estaba en el auto con los brazos cruzados mirando por la ventana. Cuando él entró a pagar, ella bajó y fue al baño. No se hablaron en todo ese tiempo. Me pareció raro porque supuestamente iban de aniversario.
Ese detalle, aparentemente menor en ese momento, se volvería crucial más adelante. Llegaron a Pucón aproximadamente a las 6 de la tarde, justo cuando el sol comenzaba a descender detrás del volcán Villarrica, tiñiendo el cielo de naranjas y rosas espectaculares. Pucón en octubre, justo antes del inicio de la temporada turística alta, estaba relativamente tranquilo.
Las calles principales mostraban movimiento de locales y algunos turistas tempranos, pero no tenía la congestión característica de los meses de verano. El hotel boutique que Sebastián había reservado, Cabañas del lago, estaba ubicado a las afueras del centro de Pucón, en una zona residencial tranquila, con acceso directo a la orilla del lago Villar Rica.
Eran seis cabañas independientes distribuidas en un terreno amplio con jardines bien cuidados, árboles nativos y senderos de piedra que conectaban cada cabaña con la recepción principal. La dueña del establecimiento, señora Elena Vargas, una mujer de 62 años que había administrado el lugar durante 20 años, los recibió personalmente.
“Bienvenidos a Cabañas del lago”, dijo Elena con una sonrisa cálida, entregándoles las llaves de la cabaña número cuatro, la más alejada de la recepción. Espero que disfruten su estadía. Si necesitan cualquier cosa, no duden en llamarme. Gracias, respondió Sebastián tomando las llaves. Camila permaneció en silencio, ofreciendo solo una sonrisa educada, pero distante.
Elena notaría después ese detalle también. Él parecía animado, hablador. Ella estaba callada como ausente. En mis años haciendo esto, he aprendido a leer a las parejas y esa pareja había tensión. Lo sentí inmediatamente. La cabaña cuatro era exactamente como se veía en las fotografías del folleto, acogedora con una cama kingsiz cubierta con un edredón blanco esponjoso, chimenea de leña, una pequeña cocina equipada, un baño con bañera de hidromasaje y ventanas panorámicas con vista directa al lago y más allá al
volcán humeante. Sebastián dejó la maleta sobre la cama y se acercó a la ventana. No es perfecto, amor. Exactamente lo que necesitábamos. Camila se sentó en el borde de la cama mirándose las manos. Sí, está muy lindo. Su voz era plana, carente de la emoción que uno esperaría de alguien en una escapada romántica de aniversario.
¿Estás bien?, preguntó Sebastián volteándose para mirarla. Has estado callada todo el viaje. Estoy cansada. Fue un viaje largo. Segura que es solo eso. Hubo un silencio tenso que se extendió por varios segundos. Camila finalmente levantó la vista para encontrarse con los ojos de Sebastián. Necesitamos hablar, Sebastián, sobre nosotros, sobre todo.
La expresión de Sebastián cambió instantáneamente. La sonrisa desapareció, reemplazada por algo más difícil de descifrar. sorpresa, preocupación o tal vez algo más oscuro. Hablar sobre qué exactamente sabes sobre qué. Otro silencio. Este más cargado que el anterior. Camila, si esto es sobre No quiero hacerlo ahora interrumpió Camila levantándose de la cama. Estoy agotada.
Salgamos a comer algo. Podemos hablar mañana cuando ambos estemos más descansados. Sebastián asintió lentamente, aunque la tensión en su mandíbula era evidente. Como quieras. Salieron de la cabaña alrededor de las 7:30 de la noche y caminaron hacia el centro de Pucón. Cenaron en un restaurante llamado La Maga, conocido por su cocina fusión y su ambiente acogedor.
Ordenaron salmón a la mantequilla con ensalada. Compartieron una botella de Soviñón Blan del Valle de Casablanca e intentaron mantener una conversación normal, pero los meseros, que los atendieron esa noche, notarían después que la pareja apenas se miraba durante la cena, que sus conversaciones parecían forzadas y que en varios momentos largos silencios incómodos caían sobre la mesa.
Parecían extraños compartiendo una mesa, no una pareja celebrando un aniversario”, diría uno de los meseros durante su testimonio policial. regresaron a la cabaña alrededor de las 10 de la noche. El camino desde el centro hasta las cabañas del lago tomaba aproximadamente 20 minutos a pie, siguiendo una ruta que bordeaba el lago.
La noche estaba fría, típica de la región en esa época del año, y el cielo estaba despejado, mostrando más estrellas de las que cualquier habitante de Santiago podría ver en la ciudad contaminada. Caminaron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Cuando llegaron a la cabaña, Sebastián encendió la chimenea mientras Camila se preparaba para dormir.
Se acostaron en lados opuestos de la cama King Sis, con un espacio considerable entre ellos. No hubo beso de buenas noches, no hubo palabras románticas, solo silencio y la luz parpade del fuego en la chimenea, proyectando sombras inquietantes en las paredes. A la mañana siguiente, sábado 13 de octubre, Sebastián se despertó temprano.
Camila todavía dormía cuando él se levantó. se vistió con ropa deportiva y salió de la cabaña para hacer ejercicio. Corrió por el sendero que rodeaba el lago, respirando el aire fresco de la mañana, intentando aclarar su mente. Cuando regresó a la cabaña alrededor de las 8, Camila estaba despierta, sentada en la pequeña terraza de madera que daba al lago, tomando café que había preparado en la cafetera de la cocina.
Buenos días”, dijo Sebastián acercándose. “Buenos días, ¿dormiste bien?” “Más o menos.” Sebastián se sentó en la silla junto a ella, limpiándose el sudor de la frente con una toalla pequeña. “Camila, creo que es momento de que hablemos. Sea lo que sea que está pasando, necesitamos abordarlo. No podemos seguir así.
” Camila dejó su taza de café sobre la pequeña mesa de madera, respiró profundo y finalmente lo miró directamente a los ojos. encontré tus mensajes. Las palabras cayeron como una bomba. Sebastián se puso pálido instantáneamente. ¿Qué mensajes? No finjas. Sabes exactamente de qué hablo. Los mensajes con Valentina los vi hace dos semanas cuando tu teléfono se quedó en la mesa mientras estabas en la ducha.
Una notificación apareció. No quería mirar, pero vi su nombre, Valentina. Y el mensaje decía, “No puedo esperar a verte otra vez.” Así que desbloqueé tu teléfono y leí todo. El rostro de Sebastián pasó por una serie de expresiones: shock, negación y finalmente resignación. Camila, yo, ¿cuánto tiempo llevas viéndote con ella? No es lo que piensas.
Valentina es una compañera de trabajo. Somos amigos nada más. No me mientas”, gritó Camila levantándose de la silla. “Leí los mensajes, Sebastián, todos semanas de conversaciones, citas secretas, hoteles. Me has estado engañando y trajiste aquí a este lugar a celebrar nuestro aniversario como si nada. ¿Qué clase de persona hace eso?” Sebastián también se levantó intentando acercarse a Camila, pero ella retrocedió.
Fue un error, un error terrible. Terminé con ella. Se acabó. Te lo juro. ¿Cuándo? ¿Cuándo terminaste con ella? Sebastián titubeó y esa vacilación le dio la respuesta a Camila. No lo has hecho, ¿verdad? Todavía está pasando. Camila, por favor, te amo a ti. Valentina fue fue solo una distracción, un momento de debilidad. Pero tú eres mi vida, por favor, tenemos que superar esto.
Camila soltó una risa amarga sin humor. Superar esto. ¿Cómo se supone que supere que me trajiste aquí a celebrar nuestro aniversario mientras tienes una amante esperándote en Santiago? Ya no la tengo, te lo prometo. Se acabó. No te creo. No puedo creerte. Has estado mintiéndome durante meses. ¿Cómo sé que esto es lo único? ¿Cómo sé que no hay más mentiras? La discusión continuó durante más de una hora.
Voces alzadas, acusaciones, lágrimas, negaciones. La señora Elena Vargas, que estaba en su oficina en la recepción principal, ubicada aproximadamente 50 m de la cabaña 4, reportaría después que escuchó gritos provenientes de esa dirección alrededor de las 9 de la mañana, aunque no pudo distinguir palabras específicas. Eventualmente, después de que la intensidad emocional alcanzara un punto insostenible, decidieron salir de la cabaña.
Necesitaban aire, espacio, tiempo para pensar. “Salgamos”, sugirió Sebastián con voz agotada. “Caminemos, demos un paseo. No podemos resolver esto encerrados aquí.” Camila asintió limpiándose las lágrimas del rostro. Se cambiaron de ropa, tomaron una pequeña mochila con agua y algunos snacks y salieron de la cabaña alrededor de las 11 de la mañana.
Le dijeron a Elena que iban a hacer una excursión al volcán, que regresarían por la tarde. Elena los vio partir en el auto de Sebastián, dirigiéndose hacia el camino que llevaba al Parque Nacional Villarrica, donde estaba la base para ascensos al volcán. Esa fue la última vez que alguien los vio juntos con vida. ¿Qué ocurrió durante esa excursión? La verdad comienza a desenredarse.
No olvides suscribirte y activar las notificaciones. El domingo 14 de octubre de 2018 a las 11:43 de la noche, el Chevrolet Cru Plateado de Sebastián Mora cruzó la entrada del estacionamiento del edificio en providencia, donde él y Camila compartían su departamento. El guardia de seguridad nocturno, don Arturo Pérez, un hombre de 58 años que había trabajado en ese edificio durante más de una década, levantó la vista de su pequeño televisor portátil, donde estaba viendo las noticias.
Reconoció el vehículo inmediatamente y activó la barrera automática para que Sebastián pudiera ingresar. Lo que don Arturo notó y que más tarde sería un detalle crucial para la investigación fue que Sebastián estaba solo en el auto. No había rastro de Camila. Don Arturo esperó unos minutos pensando que quizás Camila vendría en otro vehículo o que había decidido quedarse unos días más en Pucón.
No era inusual que las parejas del edificio hicieran planes separados ocasionalmente, pero algo en la expresión de Sebastián cuando pasó frente a la caseta de seguridad le llamó la atención. Se veía terrible, recordaría don Arturo después. Pálido, ojeroso, como si no hubiera dormido en días. Y había algo en sus ojos.
No sé cómo explicarlo, como si hubiera visto algo horrible. Sebastián estacionó el auto en su lugar asignado en el estacionamiento subterráneo. Bajó con su maleta y la de Camila y subió al ascensor sin intercambiar más que un saludo breve con el guardia. Una vez en su departamento del octavo piso, Sebastián dejó las maletas en la entrada, fue directo al baño y se quedó bajo la ducha durante casi 45 minutos, dejando que el agua caliente corriera sobre su cuerpo mientras su mente procesaba los eventos de las últimas 48 horas. no durmió esa
noche se quedó sentado en el sofá de la sala con las luces apagadas, mirando a través de la ventana hacia las luces de Santiago que parpadeaban en la distancia, repasando una y otra vez lo que había sucedido, buscando alguna manera de que todo tuviera sentido. A las 6 de la mañana del lunes 15 de octubre, su teléfono comenzó a sonar.
Era Patricia Ortiz, la madre de Camila. Sebastián miró la pantalla del teléfono durante varios timbres antes de finalmente contestar. Aló, Sebastián, buenos días. ¿Cómo estuvo el viaje? ¿Ya regresaron? Hubo una pausa que duró demasiado tiempo. Sebastián, ¿estás ahí? Sí, Patricia, disculpa. Estoy estoy aquí. Está Camila. Quiero hablar con ella.
No respondió mis mensajes de ayer. Otra pausa, esta vez aún más larga. Patricia, Camila no está aquí. ¿Qué quieres decir con que no está ahí? ¿Dónde está? Se quedó en Pucón. ¿Y se quedó? ¿Por qué? ¿Pasó algo? Sebastián cerró los ojos buscando las palabras correctas, pero no las encontró. Tuvimos tuvimos una discusión.
Ella decidió quedarse unos días más para pensar. Necesitaba espacio. Patricia sintió inmediatamente que algo no cuadraba. Conocía a su hija. Camila jamás se quedaría sola en un lugar desconocido sin avisarle. Siempre, sin excepción, mantenía a su madre informada de sus movimientos. Eso no tiene sentido, Sebastián. ¿Por qué no me llamó para decírmelo? No lo sé, Patricia.
Tal vez su teléfono se quedó sin batería. Estaba muy alterada cuando me fui. ¿Cuándo fue la última vez que la viste? Ayer en la tarde la dejé en el centro de Pucón. Dijo que quería caminar sola un rato y simplemente la dejaste ahí y te regresaste a Santiago sin ella. La voz de Patricia había subido de tono una mezcla de confusión y creciente pánico. Ella me lo pidió.
Me dijo que necesitaba tiempo sola. Yo yo pensé que era lo mejor darle su espacio. Necesito el nombre del hotel donde se quedó. Voy a llamarla ahí. Se quedó en Cabañas del lago. Pero Patricia, creo que deberías darle tiempo. Cuando esté lista, ella te llamará. Patricia colgó sin despedirse. Sus manos temblaban mientras buscaba en internet el número de cabañas del lago.
Cuando finalmente lo encontró, marcó inmediatamente. Elena Vargas contestó al tercer timbre. Cabañas del lago. Buenos días. Buenos días. Habla Patricia Ortiz. Mi hija Camila Ortiz se está hospedando ahí con su pareja. Necesito hablar con ella urgentemente. ¿Podría transferirme a su habitación? Camila Ortiz, un momento, déjeme revisar.
Patricia escuchó el sonido de papeles siendo movidos y un teclado siendo usado. Señora Ortiz, aquí tengo el registro. Camila Ortiz y Sebastián Mora hicieron checkin el viernes 12 en la cabaña número 4, pero hicieron checkout el domingo 14 por la mañana. Ambos se fueron. El corazón de Patricia se detuvo. ¿Está segura? Ambos se fueron. Sí, señora.
Sebastián Mora devolvió las llaves alrededor de las 10 de la mañana del domingo y pagó la cuenta completa. Partiron juntos en su auto. Los vio salir, vio a mi hija. Elena hizo una pausa intentando recordar. Vi el auto salir, pero no estoy completamente segura de si ambos iban adentro. Fue de lejos.
Asumí que sí, pero no lo confirmé directamente. Patricia sintió que sus piernas cedían. se sentó en la silla más cercana de su cocina intentando procesar la información. Pasó algo raro durante su estadía. Notó algo inusual. Bueno, hubo una discusión el sábado por la mañana. Escuché voces alzadas desde su cabaña y luego salieron. Dijeron que iban de excursión al volcán.
Regresaron tarde esa noche. Después de eso no los vi hasta que él vino a hacer el checkout el domingo. Él solo él vino a hacer el checkout. Sí. Dijo que Camila estaba empacando en la cabaña. Patricia agradeció la información y colgó. Inmediatamente llamó a su hijo Roberto Ortiz, de 32 años, abogado penalista que vivía en las condes con su propia familia. Roberto, algo está muy mal.
Sebastián dice que Camila se quedó en Pucón, pero la dueña del hotel dice que ambos hicieron checkout ayer. Sebastián está mintiendo. Algo le pasó a tu hermana. Roberto, entrenado para mantener la calma en situaciones de crisis debido a su profesión, intentó tranquilizar a su madre mientras su propia preocupación crecía.
Mamá, cálmate. Voy a llamar a Sebastián directamente. Debe haber una explicación. Tal vez hay un malentendido. No hay malentendido, Roberto. Ese hombre está mintiendo. Tu hermana no está en Pucón y él no está diciendo la verdad sobre donde está. Roberto intentó llamar a Sebastián varias veces durante la siguiente hora.
Todas las llamadas fueron directamente al buzón de voz. También intentó con el teléfono de Camila. Lo mismo, buzón de voz. A las 9 de la mañana, Roberto tomó una decisión. Condujo desde su casa en Las Condes hasta el edificio de Sebastián en Providencia. Subió directamente al octavo piso y tocó el timbre del departamento.
No hubo respuesta. Tocó nuevamente, esta vez más insistentemente. Finalmente, después del tercer intento, escuchó pasos aproximándose a la puerta. La puerta se abrió parcialmente con la cadena de seguridad todavía puesta. Sebastián apareció en el espacio estrecho con aspecto aún más deteriorado que horas antes.
Roberto, no es un buen momento. ¿Dónde está mi hermana? Ya le expliqué a tu madre. Se quedó en Pucón. Necesitaba espacio. Eso es mentira y ambos lo sabemos. La dueña del hotel confirmó que ambos hicieron checkout ayer, así que te pregunto nuevamente, ¿dónde está Camila? La expresión de Sebastián cambió. La fachada comenzó a quebrarse.
Roberto, las cosas son más complicadas de lo que puedo explicar ahora. Necesito tiempo para ordenar mis pensamientos. No tienes tiempo. O me dices ahora mismo dónde está mi hermana o llamo a la policía. Sebastián cerró los ojos, respiró profundo y cuando los volvió a abrir, había lágrimas corriendo por sus mejillas. No sé dónde está.
Las palabras cayeron como una sentencia. ¿Qué quieres decir con que no sabes? Tuvimos una pelea terrible, horrible. Ella descubrió algo sobre mí, algo que no debió descubrir. Discutimos todo el sábado, decidimos salir a caminar, a aclarar nuestras mentes. Fuimos al Parque Nacional, hicimos una caminata y durante esa caminata ella simplemente se fue. Se fue.
La gente no simplemente se va a Sebastián. Encontramos una bifurcación en el sendero. Ella tomó un camino, yo tomé otro. Acordamos encontrarnos en un punto más adelante, pero cuando llegué ahí, ella no estaba. Esperé, busqué, grité su nombre. Regresé por el camino que había tomado. No había rastro de ella. Era como si hubiera desaparecido en el aire.
Roberto lo miraba con incredulidad absoluta. Y no llamaste a la policía. ¿No reportaste que tu pareja había desaparecido en un parque nacional? Yo pensé que estaba jugando conmigo, que estaba castigándome. Esperé horas, busqué hasta que oscureció. Finalmente regresé a la cabaña pensando que ella habría vuelto ahí, pero no estaba.
El domingo por la mañana fui nuevamente al parque. Busqué durante horas. Nada. Pensé, no sé qué pensé. Entré en pánico. Hice el checkout y conje de regreso a Santiago pensando que tal vez ella había tomado un bus. y ya estaba aquí, pero obviamente no está. ¿Tienes idea de lo demencial que suena eso? ¿Esperas que crea que simplemente te fuiste de Pucón sin reportar que Camila estaba perdida? Sé que suena mal.
Sé que tomé decisiones terribles, pero estaba en shock. No estaba pensando claramente. Roberto dio un paso atrás sacando su teléfono celular. Voy a llamar a la policía ahora mismo y te sugiero que empieces a decir la verdad completa, porque lo que me acabas de contar no tiene ni pies ni cabeza. Sebastián no intentó detenerlo.
A las 11 de la mañana del lunes 15 de octubre, dos detectives de la Policía de Investigaciones de Chile, PDI, llegaron al departamento en providencia. El detective Javier Monsalve, de 45 años con 22 años de experiencia en casos de personas desaparecidas y su compañera, la detective Andrea Soto, de 37 años, especialista en crímenes violentos.
Sebastián repitió su historia, esta vez grabada oficialmente. Los detectives escuchaban con expresiones neutras, pero tomando notas meticulosas de cada inconsistencia, cada detalle que no terminaba de cuadrar. Señor Mora”, dijo Monsalve después de que Sebastián terminara su relato, “bamos necesitar revisar su vehículo.
También necesitamos acceso al teléfono celular de Camila, a su computadora, a cualquier dispositivo electrónico que ella usara. Su teléfono está en su bolso. El bolso está aquí en el departamento. Ella lo dejó en la cabaña cuando salimos a caminar. Ella salió a una caminata larga en un parque nacional sin su teléfono. Dijo que quería desconectarse completamente, que los dispositivos nos estaban distrayendo de la conversación que necesitábamos tener.
Andrea Soto intercambió una mirada con Monsalve. Ambos habían trabajado suficientes casos para saber cuándo alguien estaba ocultando información. Necesitamos el teléfono ahora”, dijo Soto. Sebastián fue a la habitación y regresó con el bolso de Camila. Era un bolso de cuero café de marca Michael Corse que Camila había comprado meses atrás.
Adentro estaban su billetera con su cédula de identidad y tarjetas de crédito, su teléfono celular iPhone 8, maquillaje, llaves del departamento y otros objetos personales. Soto tomó el teléfono con guantes de látex. colocándolo en una bolsa de evidencia. También vamos a necesitar que nos acompañe a la comisaría para una declaración formal más extensa.
Necesitamos cada detalle de lo que ocurrió desde que salieron de Santiago el viernes hasta que usted regresó anoche. Durante las siguientes 6 horas, en una sala de interrogatorios de la PDI en el centro de Santiago, Sebastián fue sometido a un cuestionamiento exhaustivo. Los detectives lo presionaron en cada inconsistencia, cada detalle que no terminaba de tener sentido.
Usted dice que se separaron en un sendero. ¿Cuál sendero exactamente? No recuerdo el nombre. Era una bifurcación después de como una hora de caminar desde la entrada del parque. ¿Había señalización? Creo que sí. No estoy seguro. Estábamos discutiendo. No presté mucha atención. Vieron a otras personas durante la caminata, tal vez algunas, de lejos.
No interactuamos con nadie. ¿Qué hora era aproximadamente cuando se separaron? Alrededor de la 1 de la tarde, creo. ¿Y qué hora era cuando regresó a la cabaña? Como a las 9 de la noche. Eso son 8 horas. Estuvo buscándola durante 8 horas sin llamar a las autoridades. Sí, ya sé que fue una estupidez, pero pensé que la encontraría.
Los detectives también interrogaron a Sebastián sobre la razón de la discusión. Inicialmente, él fue vago diciendo solo que habían tenido problemas de pareja, pero bajo presión persistente finalmente admitió la infidelidad. Camila descubrió que yo había tenido una relación con una compañera de trabajo, por eso estaba molesta, por eso fue la discusión.
El nombre de esa compañera, Valentina Reyes. Vamos a necesitar hablar con ella también. Mientras Sebastián era interrogado en Santiago, otro equipo de la PDI viajó urgentemente a Pucón para comenzar la búsqueda de Camila. Llegaron al Parque Nacional Villarrica alrededor de las 4 de la tarde y comenzaron a peinar los senderos principales con perros de búsqueda y rescate.
Elena Vargas fue también interrogada extensamente sobre lo que había observado durante la estadía de la pareja. Proporcionó detalles sobre la discusión que había escuchado, sobre cómo Sebastián había hecho el checkout solo el domingo, sobre la tensión palpable entre ambos desde que llegaron. Búsquedas exhaustivas fueron realizadas en un radio de 20 km alrededor del Parque Nacional.
Helicópteros sobrevolaron la zona, busos exploraron secciones del lago. Voluntarios locales se unieron a los equipos oficiales rastreando cada sendero, cada barranco, cada área donde alguien podría haber caído o quedado atrapado. No encontraron absolutamente nada, ni rastro de ropa, ni señales de lucha.
ni indicios de que Camila Ortiz hubiera estado alguna vez en ese parque. Era como si se hubiera evaporado del mundo sin dejar rastro. Las inconsistencias se acumulan y las sospechas crecen. Dale like y suscríbete para seguir este caso inquietante. El teléfono celular de Camila Ortiz se convirtió en la pieza de evidencia más crucial de toda la investigación.
En la era digital, los teléfonos son ventanas directas a las vidas de las personas. sus comunicaciones, sus ubicaciones, sus secretos más íntimos y el iPhone 8 de Camila contenía información que pintaría un cuadro completamente diferente de la pareja perfecta que todos creían que eran.
El laboratorio forense digital de la PDI en Santiago trabajó durante 72 horas continuas para extraer cada byte de información del dispositivo. Mensajes de texto, correos electrónicos, historial de navegación, aplicaciones de redes sociales, fotografías, videos, registros de ubicación por GPS. Todo fue meticulosamente catalogado y analizado.
Lo que encontraron cambió completamente la dirección de la investigación. El detective Monsalve convocó una reunión urgente con todo el equipo investigativo el jueves 18 de octubre, 5 días después de la desaparición de Camila. En la sala de conferencias de la PDI, con una pantalla grande proyectando los hallazgos digitales, comenzó a revelar lo que habían descubierto.
Lo que voy a mostrarles contradice fundamentalmente la narrativa que Sebastián Mora nos ha estado vendiendo. Comenzó Monsalve con expresión grave. Camila Ortiz no era una novia inocente que acababa de descubrir la infidelidad de su pareja. Ella sabía sobre Valentina Reyes desde hace al menos tres meses. En la pantalla apareció una captura de pantalla de una conversación de WhatsApp entre Camila y su mejor amiga Daniela Fuentes, fechada el 15 de julio de 2018.
Camila 2345. Dani, necesito contarte algo. No sé con quién más hablar. Daniela 2347. Claro, cuéntame. Todo bien. Camila 2348. Creo que Sebastián me está engañando. Daniela 2348. ¿Qué? ¿Por qué piensas eso? Camila 2352. He notado cosas raras en los últimos meses. Llega tarde del trabajo con excusas vagas.
Su teléfono siempre está boca abajo. Se pone nervioso cuando recibe mensajes. Y encontré un recibo de un hotel en su chaqueta, un hotel aquí en Santiago, en una fecha en la que él supuestamente estaba en una reunión de trabajo todo el día. Daniela 2355. Cami, eso es muy sospechoso. ¿Lo confrontaste? Camila 2358. No, todavía no.
Estoy recopilando evidencia. Necesito estar segura antes de hacer algo. Daniela 00.02. ¿Qué vas a hacer si es verdad? Camila 007, no lo sé. Hemos estado juntos 5 años, tengo 30. Si termino con él, tengo que empezar de cero, pero tampoco puedo quedarme con alguien que me miente. Estoy atrapada. Monsalve hizo una pausa, dejando que el equipo procesara la información.
Hay docenas de conversaciones similares en los meses siguientes. Camila no solo sabía sobre la infidelidad, sino que había estado activamente investigando a Sebastián. Había contratado incluso un investigador privado en la pantalla. aparecieron correos electrónicos intercambiados entre Camila y una agencia de investigaciones privadas llamada Servicios Confidenciales Lild.
El investigador privado, un hombre llamado Marcelo Gutiérrez, había seguido a Sebastián durante tres semanas en septiembre, documentando encuentros con Valentina Reyes en hoteles, cafeterías e incluso en el propio departamento de Sebastián, cuando Camila supuestamente estaba fuera de la ciudad en viajes de trabajo.
Las fotografías eran inconfundibles. Sebastián y Valentina besándose, tomados de la mano, entrando y saliendo de hoteles. No había duda alguna de la naturaleza de su relación. Entonces, Camila definitivamente sabía dijo Andrea Soto, la detective compañera de Monsalve. La pregunta es, ¿por qué no terminó con él? ¿Por qué seguir con la farsa de la relación perfecta? Esa es la pregunta del millón, respondió Monsalve.
Y aquí es donde la cosa se pone realmente interesante. En la pantalla apareció otra conversación, esta vez del correo electrónico de Camila. Era un intercambio con su madre, Patricia, fechado el 20 de septiembre. Patricia, hija, ¿ya pensaste en lo que hablamos la última vez sobre Sebastián y el futuro, Camila? Sí, mamá, lo he pensado mucho.
Creo que tienes razón. A pesar de todo, tal vez vale la pena intentar salvar la relación. No quiero tirar 5 años a la basura por un error de él. Patricia, mi hija, tú sabes que yo siempre voy a apoyar tu decisión, pero también necesitas pensar en ti, en tu felicidad. No te quedes con alguien solo porque ya invertiste tiempo en la relación.
Camila. Lo sé, pero mami, tengo casi 30 años. Todos mis amigos se están casando, teniendo hijos. Si empiezo de cero ahora, ¿cuándo voy a tener mi propia familia? El tiempo está corriendo. La habitación quedó en silencio. La imagen de Camila comenzaba a complejizarse. No era simplemente una víctima ingenua, era una mujer atrapada entre la realidad de su relación rota y las presiones sociales y personales sobre matrimonio y familia.
Pero hay más, continuó Monsalve en las semanas previas al viaje a Pucón. Camila había estado investigando algo más, algo que explica por qué aceptó ir a esa escapada de aniversario a pesar de saber sobre la infidelidad. En la pantalla aparecieron capturas del historial de navegación del teléfono de Camila. Había realizado búsquedas extensas sobre cómo recuperar mensajes borrados de WhatsApp, cómo grabar conversaciones sin que la otra persona lo sepa.
Evidencia de infidelidad en juicios de divorcio, Chile. División de bienes en separación Chile. Derechos de la pareja de hecho Chile. Camila estaba preparándose para una confrontación legal, explicó Soto. Estaba recopilando evidencia, documentando todo, preparándose para lo que vendría después. Y hay algo más, agregó Monsalve haciendo clic al siguiente slide.
Tres días antes del viaje a Pucón, Camila tuvo una conversación muy reveladora con su abogado. Sí, había contratado un abogado especializado en derecho familiar. El correo electrónico mostrado en la pantalla era de un bufete legal prestigioso en Santiago. El abogado Francisco Herrera había respondido a las consultas de Camila sobre división de patrimonio y derechos en uniones de hecho.
La respuesta del abogado incluía una línea particularmente relevante, como discutimos en nuestra reunión, dado que ustedes no están casados legalmente y el departamento está a nombre exclusivo de Sebastián Mora. Sus opciones legales son limitadas. Sin embargo, si puede demostrar contribuciones financieras significativas al patrimonio común o puede documentar promesas explícitas de matrimonio que afectaron sus decisiones de vida, tendríamos una base más sólida para un reclamo.
Monsalv dejó que la información se hundiera. Camila estaba en una posición vulnerable. Había dejado su trabajo anterior para mudarse a Santiago por Sebastián. Habían vivido juntos 5co años, pero el departamento estaba solo a nombre de él. Ella había contribuido a gastos, a mejoras del hogar, pero no tenía protección legal significativa si la relación terminaba.
Entonces, dijo uno de los detectives Junior en la sala, Camila fue a Pucón sabiendo que iba a confrontar a Sebastián. Fue premeditado. Eso parece, pero aquí está el giro. Monsalve cambió a la siguiente pantalla. El día antes de salir hacia Pucón, Camila envió un correo electrónico programado a su abogado.
El correo estaba configurado para enviarse automáticamente el lunes 15 de octubre si ella no cancelaba el envío programado antes de esa fecha. El contenido del correo apareció en la pantalla. Francisco, si estás recibiendo este correo, significa que algo salió muy mal. Voy a Pucón con Sebastián este fin de semana para confrontarlo sobre su infidelidad y sobre nuestro futuro.
Tengo miedo de cómo pueda reaccionar. Sebastián puede ser explosivo cuando se siente acorralado. He adjuntado toda la evidencia que he recopilado. Fotografías del investigador privado, mensajes, todo. Si algo me pasa, necesito que esta información llegue a mi familia y a las autoridades.
Por favor, cuida a mi mamá si algo me sucede y asegúrate de que Sebastián no se salga con la suya. Camila. La habitación explotó en conversación. Este correo cambiaba absolutamente todo. El correo efectivamente se envió automáticamente el lunes 15, continuó Monsalve. El abogado Herrera lo recibió y nos contactó inmediatamente.
Es por eso que esta investigación escaló tan rápidamente. Entonces, Camila sabía que podría estar en peligro, dijo Soto. Tomó precauciones. Eso significa que ella anticipaba que la confrontación con Sebastián podría volverse violenta. O peor, agregó Monalve, podría significar que ella sospechaba que Sebastián era capaz de algo mucho más oscuro que solo infidelidad.
El equipo comenzó a trabajar con una nueva hipótesis. Camila Ortiz no había desaparecido accidentalmente. Había sido deliberadamente confrontativa con Sebastián, posiblemente empujándolo a una reacción violenta. Y Sebastián, sabiendo que su infidelidad estaba completamente documentada y que podría perder todo en una separación legal, podría haber tomado medidas extremas, pero necesitaban más evidencia.
Necesitaban pruebas físicas. El análisis del vehículo de Sebastián se convirtió en la siguiente prioridad. El Chevrolet Cruise plateado fue sometido a un examen forense exhaustivo. Cada centímetro del interior y exterior del vehículo fue inspeccionado con luz ultravioleta, buscando rastros de sangre, fibras, cualquier evidencia de lucha o violencia.
encontraron algo inquietante en el maletero. Había rastros de tierra que no coincidían con ninguna de las áreas alrededor del Parque Nacional Villarrica, donde Sebastián afirmaba haber estado. El análisis del suelo mostró componentes minerales consistentes con tierra de una región diferente, más al oeste de Pucón, cerca de áreas rurales menos transitadas.
También encontraron fibras textiles en el tapizado del maletero que coincidían con el suéter que Camila llevaba puesto en la última foto que había sido tomada de ella viva. Pero lo más dumning fue lo que encontraron en el teléfono del propio Sebastián. Sebastián había borrado su historial de navegación, sus mensajes con Valentina y había incluso restaurado su teléfono a configuración de fábrica el domingo por la noche antes de regresar a Santiago.
Pero lo que no sabía era que su proveedor de servicios, Movistar Chile mantenía copias de respaldo de metadatos, de ubicación de todos sus clientes. Los técnicos forenses solicitaron esos registros con una orden judicial. Los datos de ubicación del teléfono de Sebastián contaban una historia completamente diferente a la que él había relatado.
El sábado 13 de octubre, el teléfono de Sebastián estuvo efectivamente en el área del Parque Nacional Villarrica, entre la 1 y las 3 de la tarde, como él había dicho. Pero después de las 3, su teléfono se movió hacia el oeste, alejándose del parque hacia una zona rural cerca de un lugar llamado Los Nevados, aproximadamente 40 km de Pucón.
Su teléfono permaneció en esa ubicación, específicamente en coordenadas que correspondían a un área boscosa remota sin caminos pavimentados durante aproximadamente 3 horas, desde las 4 hasta las 7 de la tarde. Luego regresó a Pucón. a las cabañas del lago alrededor de las 9 de la noche, exactamente como él había dicho.
Pero la pregunta crucial era, ¿qué estuvo haciendo durante esas 3 horas en los nevados? Y más importante aún, ¿estaba Camila con él? El teléfono de Camila no proporcionaba información de ubicación después de las 3 de la tarde del sábado, porque según el análisis forense fue apagado en ese momento exacto. No un apagado normal, sino el tipo de apagado que ocurre cuando se remueve la batería física del dispositivo.
Alguien desmontó el teléfono de Camila el sábado a las 3 de la tarde”, explicó el técnico forense al equipo. probablemente para evitar cualquier rastreo de ubicación. El dispositivo nunca fue encendido nuevamente después de eso. Esto contradecía directamente la versión de Sebastián de que Camila había dejado su teléfono voluntariamente en la cabaña antes de salir a caminar.
Los datos mostraban que el teléfono había estado con ellos hasta las 3 de la tarde, momento en el cual fue deliberadamente deshabilitado. Con esta nueva evidencia, los detectives decidieron que era momento de volver a interrogar a Sebastián, esta vez con toda la información que ahora tenían. El viernes 19 de octubre, exactamente una semana después de que Camila y Sebastián salieran de Santiago hacia su fatídico viaje de aniversario, Sebastián Mora fue formalmente arrestado y llevado a la Comisaría Central de la PDI para un
interrogatorio mucho más intenso. Esta vez, los detectives no iban a aceptar evasivas o historias inconsistentes. tenían evidencia digital, evidencia forense y un patrón de mentiras que había quedado completamente expuesto. “Sastián”, comenzó Monsalve colocando un mapa de la región de Pucón sobre la mesa del interrogatorio con la ubicación de los nevados marcada con un círculo rojo.
“Necesito que me expliques qué estabas haciendo aquí el sábado 13 de octubre entre las 4 y las 7 de la tarde.” El rostro de Sebastián se puso completamente blanco. La verdad está a punto de salir a la luz. Suscríbete y activa las notificaciones para no perderte nada. Sebastian Mora se quedó mirando el mapa durante lo que pareció una eternidad.
Sus manos colocadas sobre la mesa de metal de la sala de interrogatorios temblaban visiblemente. Gotas de sudor comenzaban a formarse en su frente, a pesar de que la temperatura en la habitación era fresca. mantenida deliberadamente baja para incomodar a los interrogados. El detective Monsalve y su compañera Andrea Soto se sentaban frente a él con expresiones impasibles, pero con todos sus sentidos alertas, listos para captar cualquier microexpresión, cualquier signo de engaño o admisión de culpa.
Sebastián, repitió Monsalve con voz firme, pero no agresiva, “los datos de geolocalización de tu teléfono te colocan en esta área durante 3 horas. Este no es el Parque Nacional Villarrica, donde dijiste que estabas buscando a Camila. Esta es una zona completamente diferente. ¿Qué estabas haciendo allí?” Sebastián cerró los ojos respirando profundamente.
Cuando los volvió a abrir, había una expresión de derrota total en su rostro. Quiero un abogado”, dijo finalmente con voz casi inaudible. “Está en tu derecho”, respondió Soto. “Pero antes de que llegue tu abogado, déjame mostrarte algo más.” deslizó hacia él una serie de fotografías, las fibras textiles encontradas en su maletero, las muestras de tierra que no coincidían con el Parque Nacional y finalmente una imagen ampliada del suéter que Camila llevaba en su última foto pública, mostrando el patrón exacto que coincidía con las
fibras encontradas. Tu vehículo cuenta una historia, Sebastián, una historia que contradice completamente lo que nos has estado diciendo. Sabemos que Camila estuvo en tu maletero. Sabemos que condujiste a los nevados. Sabemos que su teléfono fue desmantelado el sábado por la tarde. Lo sabemos todo.

La única pregunta que queda es, ¿qué le hiciste a Camila? Sebastián comenzó a llorar. No eran lágrimas silenciosas, sino soyozos profundos y guturales que sacudían todo su cuerpo. Las manos se fueron a su cara cubriéndola completamente. No era mi intención, murmuró entre los soyosos. Juro por Dios que no era mi intención.
Monsalve y Soto intercambiaron una mirada rápida. Después de días de negaciones y versiones inconsistentes, finalmente estaban llegando a la verdad. ¿Qué no era tu intención, Sebastián?, preguntó Monsalve suavemente, inclinándose ligeramente hacia delante. Necesitamos entender qué pasó. Esta es tu oportunidad de contarnos tu versión de los hechos.
Sebastián tardó varios minutos en recomponerse lo suficiente para hablar. Cuando finalmente lo hizo, su voz era apagada, monótona, como si estuviera narrando los eventos desde muy lejos. La discusión comenzó en la cabaña el viernes por la noche. Camila me confrontó sobre Valentina. Le dije la verdad que había sido un error, que ya había terminado con ella, pero Camila no me creía.
me mostró fotografías, fotografías de mí con Valentina en hoteles, besándonos todo. Dijo que me había estado investigando durante meses. Me sentí traicionado. Sé que suena ridículo, dado que yo fui el infiel, pero sentí que ella había estado espiándome, contratando investigadores privados. La confianza estaba completamente rota de ambos lados.
El sábado por la mañana decidimos salir de la cabaña para hablar sin las paredes encerrándonos. Fuimos al Parque Nacional. Caminamos durante horas yendo de un lado a otro entre discutir, intentar encontrar alguna solución. Pero entonces Camila me dijo algo que lo cambió todo. Me dijo que había estado hablando con un abogado que tenía toda la evidencia de mi infidelidad documentada, que si no accedía a sus términos, ella se aseguraría de destruir mi reputación profesional, de contarle a todos nuestros amigos, a mi familia, a
mis jefes en el trabajo. Le pregunté cuáles eran sus términos y ella me dijo, “Quiero la mitad de todo lo que tienes.” el departamento, tus ahorros, tu fondo de inversiones, todo. Y quiero una compensación económica mensual durante 5 años por el tiempo que invertí en esta relación. Sebastián hizo una pausa limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Me puse furioso.
El departamento lo compré yo antes de conocerla. Los ahorros son de mi trabajo. Ella no tenía derecho legal a nada de eso. Se lo dije. Le dije que podía irse con un abogado si quería, pero que no obtendría nada. Y entonces ella, ella sonríó, una sonrisa fría que nunca había visto en su rostro y me dijo, “No necesito que los tribunales fallen a mi favor.
Solo necesito que tu reputación quede destruida. ¿Crees que tu empresa te va a mantener como gerente cuando salga a la luz que eres un mentiroso y un infiel? ¿Crees que tus clientes van a querer trabajar contigo? Voy a arruinarte, Sebastián, aunque no obtenga ni un peso, me voy a asegurar de que tú tampoco tengas nada.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que esta no era la Camila que yo conocía. Esta era alguien consumida por la venganza, por el resentimiento. Y me asusté. Me asusté de lo que era capaz de hacer. Empezamos a gritarnos ahí mismo, en medio del sendero del parque. Ella me empujó. Yo la empujé de vuelta y entonces entonces ella sacó su teléfono y comenzó a grabarme.
Estaba grabando toda la discusión. Le arrebaté el teléfono, se lo quité de las manos. Ella intentó recuperarlo. Nos peleamos físicamente por el teléfono. En medio de la lucha lo tiré al suelo con fuerza. Se abrió. La batería salió volando. Ella se agachó a recoger las piezas y yo yo tomé el teléfono destrozado y lo guardé en mi mochila. Camila estaba furiosa.
Empezó a caminar de regreso hacia donde habíamos dejado el auto, diciendo que iba a la policía, que me iba a denunciar por agresión, por robo, por todo lo que se le ocurriera. La seguí intentando calmarla, pero ella no me escuchaba. Cuando llegamos al auto, ella se negó a subir. Dijo que prefería caminar todo el camino de regreso a Pucón antes que estar un minuto más conmigo. Yo perdí el control.
La tomé del brazo, intentando obligarla a subir al auto. Ella me arañó la cara. Todavía tengo las marcas. Sebastián se movió el cabello, revelando tres líneas de arañazos en su cien izquierda que habían estado parcialmente ocultas. La solté inmediatamente. Ella tropezó hacia atrás, perdió el equilibrio y cayó.
La habitación quedó en completo silencio. Monsalve y Soto apenas respiraban sin querer interrumpir el flujo de la confesión. Cayó mal. Escuché un sonido horrible cuando su cabeza golpeó una roca en el borde del camino. Un sonido que nunca voy a poder olvidar. Se quedó completamente quieta. Me arrodillé junto a ella.
Estaba inconsciente, sangraba de la cabeza. Entré en pánico total. Le hablé, intenté despertarla. Nada. Busqué su pulso. Era débil, pero estaba ahí. Sabía que tenía que llevarla a un hospital inmediatamente. La cargué hasta el auto y la puse en el asiento trasero. Conduje lo más rápido que pude de regreso hacia Pucón. Pero entonces, entonces su respiración empezó a hacerse más lenta, más irregular.
Yo seguía hablándole, diciéndole que aguantara, que ya casi llegábamos a la clínica. Sebastián se detuvo y los soyosos regresaron con fuerza renovada. Y entonces dejó de respirar. Simplemente se detuvo. Detuve el auto en medio de la carretera. Intenté hacerle RCP, respiración boca a boca, compresiones en el pecho, todo lo que había aprendido en cursos de primeros auxilios.
Pero no funcionó. Nada funcionó. Después de 20 minutos intentándolo, supe que ya no había nada que hacer. Sebastián dejó caer los hombros como si el peso de esas palabras lo aplastara por completo. Su voz era apenas un susurro. Camila estaba muerta. Monsalve anotó algo en su cuaderno sin levantar la mirada.
Soto, en cambio, sostuvo los ojos de Sebastián buscando cualquier rastro de mentira. ¿Y qué hiciste después?, preguntó ella con cautela. Sebastián tragó saliva. No llamé a emergencias, no llamé a la policía. Pensé en mi vida, en mi trabajo, en todo lo que perdería. Pensé que nadie me creería, que dirían que la maté. Se pasó las manos por el rostro desesperado.
La llevé a un camino secundario cerca de los nevados, un lugar donde no pasa nadie. La bajé del auto, la dejé ahí. No, no pude enterrarla. No tuve el valor, solo la cubrí con ramas y tierra. Después volví al auto y manejé durante horas sin rumbo. Soto cerró los ojos por un segundo.
Monsalve levantó la vista lentamente. Estás diciendo que abandonaste el cuerpo de Camila Ríos en una zona remota y regresaste solo, preguntó. Sebastián asintió derrotado. Al día siguiente volví. El lugar estaba vacío, no había cuerpo, no había sangre, nada. Pensé que alguien la había encontrado. O qué animales, no lo sé. Me asusté aún más.
Un silencio denso se apoderó de la sala. Desde ese momento, continuó Sebastián, “todo lo que hice fue para ganar tiempo, mentir, fingir. Pensé que si el cuerpo no aparecía, todo quedaría en un accidente sin resolver.” Monsalve se levantó lentamente. Sebastián Mora, quedas detenido por la muerte de Camila Ríos y por obstrucción a la justicia.
Sebastián no opuso resistencia, solo bajó la cabeza, pero una última frase escapó de sus labios, casi inaudible. Si supieran lo que realmente pasó después, Monsalve se detuvo. ¿Después de qué? Preguntó Sebastián. levantó la mirada con los ojos llenos de terror después de dejarla ahí. Las búsquedas comenzaron al amanecer siguiente.
Equipos de rescate, perros rastreadores, drones térmicos y patrullas recorrieron durante semanas la zona que Sebastián había señalado. Cada metro fue examinado, cada sendero revisado, pero no había rastro alguno del cuerpo de Camila, ni restos, ni ropa, ni señales de animales, nada. La confesión de Sebastián, que parecía cerrar el caso, abrió una herida aún más profunda.
Los peritos confirmaron que las marcas de arañazos en su rostro coincidían con una pelea reciente. La geolocalización lo ubicaba cerca del lugar. Todo apuntaba a un hecho trágico, pero faltaba la pieza más importante, el cuerpo. Sin él, la causa comenzó a tambalear. La defensa alegó que Sebastián había confesado bajo un estado de colapso emocional extremo, que su relato era una reconstrucción imaginaria nacida del pánico, que Camila pudo haberse levantado, haber huido o incluso haber fingido su muerte para desaparecer. Semanas después surgió un
dato inquietante. Una cámara de peaje a más de 120 km del lugar indicado captó una silueta femenina caminando sola de madrugada con ropa similar a la de Camila. La imagen era borrosa, inconclusa, pero suficiente para sembrar la duda. Luego apareció otro detalle, un retiro de dinero en efectivo desde una cuenta que Camila había abierto meses antes, una cuenta que Sebastián desconocía.
El caso que parecía resuelto volvió a congelar a Chile. Sebastián fue formalizado, pero sin cuerpo y sin pruebas concluyentes. Quedó en prisión preventiva solo por un tiempo limitado. Finalmente fue liberado mientras la investigación continuaba. Hasta hoy, Camila Ríos sigue oficialmente desaparecida. Algunos creen que Sebastián la mató y ocultó el cuerpo mejor de lo que admitió.
Otros creen que Camila planeó su desaparición como la última y más cruel venganza. Lo único seguro es que aquel aniversario, aquella escapada de pareja, terminó en un silencio que nunca se rompió. Y en Chile aún hay una pregunta que nadie ha podido responder. ¿Cam murió o decidió desaparecer? Si esta historia te dejó con más preguntas que respuestas, no estás solo.
Casos como este siguen ocurriendo, silenciosos, sin testigos y sin finales claros. Suscríbete al canal para no perderte las próximas investigaciones. Déjanos en los comentarios, ¿crees que Camila murió o que planeó su desaparición? Porque mientras no haya respuestas, la verdad sigue desaparecida.