Cuando cae alguien de Morena, ya sabes el zafarrancho que se arma. Salen en estampida los voceros de siempre, los analistas que cobran por opinar, los partidos de oposición, todos gritando indignación en cadena nacional como si les fuera la vida. Pero ahora que el detenido es uno de los suyos, un panista señalado de andar abrazado al cártel de Sinaloa, ¿qué se les oyó? Nada.
un silencio sepulcral de esos que pesan, de esos que dicen más que 1000 discursos. Ni una condena de verdad, ni un deslinde firme, ni una míera palabra de vergüenza por haber postulado y encumbrado a semejante sujeto. ¿Y sabes qué es lo que de verdad les quita el sueño a todos esos que hoy prefieren quedarse mudos? Es lo que se supo del momento mismo de su captura, ese detalle que ningún medio se atreve a contar completo y que está a punto de salir a la luz.
Porque hasta este punto todo lo que te he contado ya es de escándalo. Ya es para indignar al más tranquilo, un alcalde prófubo, un chapulín sin escrúpulos, dinero del narco pagando una campaña, un estado entero infiltrado de arriba a abajo. Pero te voy a ser franco, nada de esto es lo verdaderamente fuerte de la historia.
Todo esto, por grave que suene, todavía cabe dentro de lo que se dice, lo que se maneja, lo que se está investigando, lo que de plano lo desnuda, lo que convierte este caso en algo que ningún noticiero te ha contado completo no es nada de lo anterior. Es lo que ocurrió en ese instante final cuando lo tuvieron enfrente, cuando ya no había escapatoria posible y cayó la máscara de un solo golpe.
Y aquí es donde de verdad se te va a helar la sangre. Porque mientras él se paseaba por el puerto convencido de que se había salido con la suya, las cosas a su alrededor ya se movían de una manera que ni siquiera alcanzaba a imaginar. Y lo que pasó en el segundo exacto en que lo alcanzaron, lo que llevaba consigo en ese momento y sobre todo lo que ese detalle significa de verdad es lo más fuerte de toda esta historia, lo que lo cambia todo.
¿Qué crees que descubriera los agentes en el instante justo en que lo rodearon a ese hombre que juraba en cada discurso ser un humilde servidor del pueblo? ¿Y por qué te digo que ese detalle lo convierte en algo muchísimo peor que un alcalde corrupto. Eso es lo primero que vas a ver y te aseguro que no se te va a olvidar.
Esto es lo que ningún medio se atrevió a contarte con todos sus detalles. Resulta que Corona Damián andaba caminando por las calles de la colonia Costa Azul en Acapulco, convencido hasta los huesos de que ya la había librado, de que nadie en este mundo lo iba a encontrar. Lo que él no sabía, lo que ni se imaginaba, es que los hombres del gabinete de seguridad lo venían siguiendo en el más absoluto silencio, paso a paso, esquina por esquina, sin que se percatara de nada.
Y cuando lo tuvieron justo donde lo querían, lo cerraron de golpe, sin la menor escapatoria. Pero el verdadero golpe vino cuando lo revisaron. Este señor, el alcalde que juraba en cada discurso ser un servidor del pueblo, traía encima un arma de fuego corta, lista para usarse en cualquier instante. No pensaba entregarse por las buenas, venía preparado para lo que fuera.
Y eso, créemelo, ya no es un alcalde, eso es un operador del crimen organizado como una credencial de gobierno guardada en la bolsa. Y detente a pensar, aunque sea un segundo, en el peso enorme de lo que acabo de decirte. Estamos hablando de un hombre que se paraba en el estrado a prometer seguridad para las familias de Cuautla, que se tomaba la foto inaugurando obras, que se colgaba la banda tricolor en los actos cívicos como cualquier funcionario respetable, el mismo que iba a las escuelas, que saludaba a las señoras en el mercado,
que pedía el voto mirando a la gente directo a los ojos. Y resulta que ese mismo hombre, según lo que apunta la investigación, andaba por la vida cargando una pistola, dispuesto a dispararla, porque sabía perfectamente la clase de gente con la que se había revuelto. La traición es de un tamaño que cuesta trabajo digerir.
Los ciudadanos confiando, votando, esperando que los cuidara y él del otro lado de la mesa todo el tiempo. Y cómo es que un hombre así, tan cuidado, tan blindado por el cártel, terminó cayendo en una operación de la que ni se enteró hasta que ya era demasiado tarde. Eso es lo que vamos a ver ahora y demuestra que su captura no tuvo un solo gramo de suerte, porque la forma en que lo agarraron no fue casualidad, ni golpe de fortuna, ni que se topara con una patrulla de pura mala pata.
Fue una cacería planeada al milímetro, de esas que se trabajan durante días enteros y en absoluto silencio. Los elementos lo ubicaron, lo estudiaron, le siguieron cada movimiento sin levantar la menor sospecha, esperando con paciencia el momento exacto en el que no tuviera para dónde correr ni a quién pedirle auxilio. Lo dejaron confiarse, lo dejaron creerse libre paseándose tan tranquilo por el puerto.
Y justo cuando bajó la guardia, cuando se sintió completamente a salvo, ahí cayó la red sobre él. Así se trabaja ahora. Y eso es precisamente lo que tiene temblando a tantos como él. Ya no basta con esconderse, ya no basta con sacar un amparo, ya no basta ni siquiera con el respaldo de todo un cártel. Y la pregunta que a mí me da vueltas y vueltas en la cabeza es esta.
¿Cuánto tiempo llevaban estos personajes paseándose armados, protegidos, intocables, como si fueran los dueños absolutos de su pueblo. Porque Corona Damián no es ninguna rareza, ni mucho menos. durante años, y tú lo viviste en carne propia, en demasiados rincones de este país, el que mandaba en el municipio y el que mandaba en el crimen eran, en los hechos, la misma persona o socios del mismo negocio podrido.
El alcalde ponía la fachada, los permisos, la protección de la policía local. El cártel ponía las armas, el dinero y el miedo. Y así, sexenio tras sexenio, se fue volviendo costumbre, lo que jamás debió serlo mientras la gente común aprendía a vivir agachada, pagando piso, callando por puro terror.
Lo de Cuautla no es la excepción de nada. Es el retrato fiel de una enfermedad que llevaba décadas carcomiendo al país por dentro. Y lo más grave de todo es que un hombre solo, por más cínico y armado que ande, no le entrega un estado entero a un cártel desde la comodidad de su escritorio. Eso no se hace en Soledad. Es imposible.
Detrás de Corona, Damián hay toda una telaraña de cómplices, de funcionarios que cobraban por hacérselos ciegos, de colegas que estaban metidos en exactamente el mismo arreglo, de gente que sabía y prefirió guardar silencio a cambio de su tajada. Su caída es apenas el primer ladrillo que se suelta de una pared muchísimo más grande y conforme se va jalando del hilo, la pared entera empieza a venirse abajo.
Quédate porque ahora vas a conocer los otros nombres que aparecen en este entramado, los presuntos socios de Corona Damián en Morelos y uno de ellos arrastra un apodo que en esa región pone los pelos de punta porque Corona Damián estaba lejísimos de ser el único alcalde de Morelos con cola que le pisaran.
Lo que ha ido destapándose es que existía toda una cuadrilla de presidentes municipales señalados por andar en lo mismo, arreglados con el crimen, repartiéndose el territorio como si fuera botín de guerra. Entre los nombres que han salido a relucir está el del alcalde de Atlatucán, otro municipio morelense hundido en el mismo lodo.
Y se menciona además a un personaje del que los noticieros hablan poquito, pero que estaría justo en el corazón de todo este asunto. Un operador del cártel conocido por el apodo del Barbas, de esos que mueven los hilos desde las sombras y a los que casi nadie les ve la cara. Según lo que circula, ninguno de estos sujetos actuaba por su cuenta.
Eran piezas de una misma maquinaria que se había repartido los municipios de Morelos como territorio conquistado, cada quien cuidando su plaza. Pero por encima de todos esos nombres, de todos esos arreglos turbios, hay alguien que siempre termina pagando la factura. La gente sencilla, la de a pie, la que jamás aparece en las fichas oficiales.
Mientras estos señores se repartían el estado y se forraban los bolsillos, las familias de Morelos vivían el infierno de siempre. El comerciante chico pagando cuota para que lo dejaran abrir su cortina, la señora del puesto, el mecánico, el de la tiendita de la esquina, todos soltando una parte de lo poquito que ganaban.
Las madres con el alma en un hilo cada vez que un hijo salía a la calle. Los muchachos sin un futuro decente, empujados hacia el crimen porque el gobierno que debía tenderles la mano estaba sentado del otro lado de la mesa. Esa es la herida que de verdad, la que nunca salen los boletines. Años y años de gente humilde aguantando el calvario para que el de arriba viviera como rey.
¿Y cuánto tiempo, te preguntarás, llevaba toda esta maquinaria funcionando sin que absolutamente nadie la frenara? La respuesta es de las que de plano dan rabia, porque una estructura de este tamaño, óyeme bien, no se levanta de la noche a la mañana. Meter a varios alcaldes, a operadores del cártel, a funcionarios cómplices dentro de un mismo engranaje.
Lleva años de trabajo paciente y de silencios bien pagados. Años en los que según todo lo que ha ido saliendo, hubo gente que sabía perfectamente lo que estaba pasando, que tenía la información sobre la mesa y eligió no mover un solo dedo. Gobiernos pasados que prefirieron mirar al techo, autoridades locales que se hacían las dormidas, partidos que repartían candidatura sin preguntar siquiera de dónde venía el dinero ni con quién se juntaba el candidato.
Toda esa impunidad apilada durante tantísimo tiempo, todo ese silencio cómplice es lo que le permitió a un personaje como Corona Damián trepar dos veces a la presidencia municipal y sentirse el dueño y señor del lugar. No apareció por arte de magia, ni cayó del cielo. Lo dejaron crecer, lo solaparon, lo arroparon todo este tiempo.
Y aquí es donde la indignación sube hasta la garganta y de plano no baja. Porque mientras todo esto se cocinaba a fuego lento, los partidos que lo aupaban, el PAN, el PRI, el PRD, esa alianza tan dada a repartir sermones de honestidad por todos lados, ¿en dónde andaban metidos? De verdad, nadie sospechó nada.
A ninguno le pareció extraño de dónde salía tanto recurso para esa campaña. Cuesta muchísimo tragarse que un hombre presuntamente ligado al cártel de Sinaloa haya llegado a una candidatura sin que una sola persona en esos partidos se diera cuenta de algo raro, sin que a nadie le oliera mal. Y ahora que cayó, que quedó exhibido frente al país entero, esos mismos que lo abrazaron, que lo promovieron, que le levantaron el brazo en el templete, se hacen los desentendidos como si jamás en la vida lo hubieran conocido. No te muevas de
ahí, porque lo que sigue es justo lo que durante años pareció imposible, ver a uno de estos caer de verdad con todas las consecuencias encima y entender por qu destapa algo mucho más grande que un solo municipio perdido. Porque al final del día, después de todo lo que te he contado, queda flotando en el aire la pregunta que de verdad importa.
¿Y ahora qué? ¿Se queda esto en una captura más para la foto? ¿En un titular que mañana nadie va a recordar o esta vez de verdad las cosas van a ser distintas? Lo que está en juego aquí no es solo el castigo a un hombre, es el mensaje que se les manda a todos los demás que andan en lo mismo, escondidos detrás de un cargo, sintiéndose seguros, dueños de su pueblo y de su gente.
Y todo apunta a que esta vez sí hay voluntad de llegar hasta el mero fondo del asunto, cueste lo que cueste y caiga quien tenga que caer. ¿Y sabes qué es exactamente lo que le espera ahora a Jesús Corona Damián? ¿Y por qué su caída tiene a tantos otros temblando en este preciso momento? Eso es lo que vamos a ver enseguida. Y es la parte que muchísima gente llevaba demasiado tiempo esperando.
Y ahora que la rata cayó, la duda que queda en el aire es, ¿qué va a pasar con todo lo que este hombre sostenía allá en Morelos? Porque cuando se desprende una pieza así, una que durante años aceitó la maquinaria del cártel en su municipio, el problema no se evapora de golpe ni por arte de magia. Lo que todo apunta, según los que entienden de estos temas es que se abre un hueco de poder y en el mundo del crimen organizado, esos huecos no se quedan vacíos ni un suspiro.
Siempre hay alguien afilando los dientes para quedarse con la plaza. Puede que la estructura del CDS en la zona se quiebre, que estañen las disputas internas por ver quién agarra el mando. Y eso hay que decirlo con toda franqueza, a veces enciende más violencia antes de que las aguas vuelvan a su cause.
Pero también puede ser el primer paso para desmantelar de raíz toda esa red si la justicia no suelta los hilos que quedaron a plena vista. Y aquí es donde la historia se pone de verdad interesante, porque la caída de Corona Damián no cierra nada, apenas abre la puerta de par en par. El operativo enjambre sigue avanzando, sigue sumando detenidos y cada uno que cae termina soltando información, nombres, cuentas, conexiones que conducen derechito al siguiente eslabón.
Es como deshacer un mudo, jalas de una punta y todo lo demás se empieza a aflojar solito. Lo que se está manejando es que vienen más capturas en camino, más alcaldes, más funcionarios que durante años durmieron a pierna suelta y que hoy andan con el alma en un hilo calculando cuándo les va a tocar el turno a ellos.
Quédate porque ahora vas a ver exactamente qué fue lo que le cayó encima a este hombre. Eso que durante tantísimo tiempo pareció un sueño imposible para millones de mexicanos. Y agárrate bien, porque aquí llega lo que tanta gente esperó durante años con los puños apretados. Ese amparo con el que Corona Damián creyó que se compraba la libertad.
Ese papel que pensó que era su salvo conducto para toda la vida, al final no le sirvió ni para taparse del sol. La justicia lo alcanzó de cualquier modo. Hoy este hombre está detenido, puesto a disposición de las autoridades, enfrentando los señalamientos por sus presuntos lazos con el cártel de Sinaloa y por todo lo que cargaba consigo cuando lo agarraron.
Ya no es el alcalde soberbio que se paseaba armado sintiéndose el amo y dueño de Cuautla. Ahora es un detenido más esperando lo que diga la ley, sin fuero que lo cubra, sin partido que dé la cara por él, sin cártel que lo rescate de esta. Y eso después de tantos años de verlo salir caminando como si nada, se siente diferente, se siente justo, se siente merecido, pero nada de esto, que quede bien grabado, habría ocurrido sin una decisión tomada desde lo más alto del gobierno.
Porque alguien tuvo que plantar el pie y decir, “A estos sí los vamos a perseguir. No importa su partido, no importa quién los proteja, no importa cuánto dinero tengan escondido.” Y esa decisión salió de la presidenta Claudia Shane Bound, que ordenó el operativo y la ejecutó Omar García Harfuch con su equipo, sin alardes, sin filtraciones, sin avisarle a nadie.
Mientras la oposición chillaba en los micrófonos que aquí no se combatía la inseguridad, por debajo se iban cayendo uno tras otro los narcoalcaldes, incluidos los de su propia casa. ¿Y tú crees que Corona Damián es de los últimos en esta lista o que apenas estamos viendo la puntita de algo enorme? La respuesta tiene que ver con unas cifras que te van a dejar mudo, porque cuando pones sobre la mesa los números completos, de plano no lo crees.
Más de 85 funcionarios y exfuncionarios detenidos dentro del operativo enjambre. Siete presidentes municipales en funciones, todavía calientita la silla, agarrados con las manos en la masa. Y Morelos es estado chiquito y de apariencia mansa, convertido en el lugar con más alcaldes en funciones caídos de todo el país.
Esto no es un golpe de relumbrón para salir en la nota un día y luego olvidarse. No es una captura suelta para la foto del boletín. Es una limpia, ordenada, metódica, municipio por municipio, Estado por Estado, que está sacando a la superficie una podredumbre que llevaba décadas enterrada debajo del tapete. Y lo más fuerte es que, según todo indica, apenas estamos asomándonos a una parte de todo lo que hay escondido ahí abajo.
Y déjame decirte lo que todo esto significa para la gente común y corriente, para ti, para mí, para la señora que ve esto desde su cocina mientras pica la cebolla para la comida. Significa que por primera vez en un montón de tiempo esa idea de que en México el poderoso nunca paga, de que la justicia solo es para los de abajo, de que el de arriba siempre se escapa por la puerta de atrás, está empezando a resquebrajarse.
Llevábamos décadas enteras viendo a estos personajes robar, traicionar, venderse al narco y al final largarse a su casa tan tranquilos con su fortuna y su impunidad bien guardadas. Y ahora de repente los estamos viendo caer en cadena uno tras otro con amparo y todo cayendo. Quédate porque ahora vas a ver la diferencia exacta entre lo que pasaba antes y lo que pasa hoy.
Y porque ese cambio no llegó solo ni cayó del cielo por casualidad. Porque la diferencia con el pasado es del cielo a la tierra y no hay que tener ningún miedo de decirlo. Antes un alcalde enredado con el narco cumplía su periodo de lo más quitado de la pena. se reciclaba en otro hueso o de plano se retiraba a vivir como millonario con todo lo que había saqueado y nadie lo molestaba jamás.
La política y el crimen se daban la mano sentados en la misma mesa y al pueblo le tocaba mirar desde el suelo mordiéndose la lengua de pura impotencia. Hoy, en cambio, ese mismo personaje termina prófugo, casado, acorralado en una playa y detenido con una pistola encima como cualquier maleante. Se volteó la tortilla por completo, de cabo a rabo, y no se volteó sola.
No fue obra del azar ni de la suerte. Se volteó porque hubo la decisión política firme de meterle mano a lo que durante tantísimos años nadie quiso ni rozar, fuera por miedo o por complicidad pura y dura. Y para las familias de Cuautla, para toda esa gente de Morelos que vivió tantos años bajo la bota de estos sujetos, esto tiene que sentirse como volver a respirar, como que por fin alguien allá arriba los tomó en cuenta de verdad.
No te voy a engañar diciéndote que mañana se acaban todos los problemas de un plumazo. Eso sería mentirte feo. Pero es el comienzo de algo que llevaba muchísimo tiempo sin existir en este país. La certeza de que el que manda ya no está del lado de los criminales, de que si tu alcalde se mete con el narco, ahora sí le puede caer todo el peso de la ley encima.
Esa certeza, esa esperanza chiquita, pero bien real vale oro en una tierra que llevaba tanto tiempo sin poder saborearla. ¿Y sabes qué es lo único que todavía queda sin respuesta en todo este caso, esa pieza que sigue suelta y que nadie ha querido tocar? Eso es justo lo que te va a dejar pensando cuando termine este video, porque por más que cayó Corona Damián, por más que lo cazaron armado y lo exhibieron frente a todo el país, hay algo que sigue sin encajar del todo, algo que da vueltas y no termina de acomodarse. Si este hombre
operó durante tanto tiempo, si tantos sabían, si andaban dando vueltas nombres, conexiones y hasta grabaciones por ahí, ¿quién desde más arriba le permitió hacer y deshacer a su antojo durante años? Porque un alcalde de un solo municipio no se mueve solo. Alguien le abrió la puerta, alguien lo dejó pasar, alguien lo respaldó para que llegara dos veces al poder sin que nadie revisara nada de su pasado.
Y esa pregunta, la de quienes más sabían y quienes siguen cómodamente protegidos allá en las alturas, todavía no tiene respuesta clara. Pero las cosas se mueven rápido y los hilos que quedaron sueltos en este caso apuntan hacia lugares que más de uno preferiría mantener en la más absoluta oscuridad. Y mientras esos nombres siguen guardados bajo siete llaves, mientras esa pregunta se queda colgada sin contestar, hay algo de lo que no me cabe la menor duda.
En la política de este país, justo cuando crees que ya lo viste todo, siempre hay algo más enterrado debajo. Esta historia tiene muchísimo más fondo del que cupo aquí. Así que si te quedaste con ganas de seguir entendiendo hasta dónde llegan de verdad estos hilos, el siguiente video ya está listo y esperándote.
Dale play y vamos por más.