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¿Qué pasó en el chalet de las Matas? El estremecedor secreto sobre la madre de Luis Miguel que la industria ocultó por décadas

¿Qué pasó en el chalet de las Matas? El estremecedor secreto sobre la madre de Luis Miguel que la industria ocultó por décadas: desde las cuentas suizas clonadas y un macabro pacto con el poder político más temido de México, hasta la misteriosa última noche que desató la peor tragedia musical.

MARCELA BASTERI: La Niña que su Madre Tiró a un Orfanato Acabó con el Hombre que la Borró del Mundo  

Marcela Basteri tenía 4 años cuando su propia madre la dejó en la puerta de un orfanato en el norte de Italia y nunca volvió por ella. Tenía 11 cuando alguien la sacó de ahí y la metió en un barco a Buenos Aires a buscar a un padre al que ya casi no recordaba. Y tenía 39 años cuando entró a un chalet a las afueras de Madrid a encontrarse con su marido.

Nadie en el mundo volvió a verla. Tú quizá la recuerdas rubia, alta, hermosa, con unos ojos verdes grisácio que parecían de actriz de cine europeo. Quizá la viste una noche en la televisión sentada entre el público del Luna Park de Buenos Aires llorando mientras su hijo le cantaba en el escenario una canción que llevaba su nombre.

Era el 16 de marzo de 1985. Luis Miguel tenía 14 años y esa noche le dedicó a su madre una canción que le había escrito su propio padre. Se llamaba Simplemente Marcela. Todos en el Luna Park creyeron que estaban viendo el momento más tierno de la historia del espectáculo latinoamericano.

Lo que no sabían, lo que no sabía ni el propio niño cantando en el escenario es que estaban viendo la última vez que esa mujer iba a aparecer en público con vida. Un año y 5 meses después, en agosto de 1986, Marcela Basteri aterrizó en el aeropuerto de Barajas con su hijo menor de 2 años en brazos.

El niño se llamaba Sergio. Iba vestido con un abriguito azul. Los esperaba un coche enviado por su marido para llevarlos hasta el chalet familiar, a 26 km de la capital, en una zona llamada Las Matas, una propiedad de lujo, dos albercas, cancha de paddle, jardines amplios, un llamador en la puerta con las iniciales de él. L.G.

Luis Gallego, el nombre real del hombre que el mundo conocía como Luisito Rey. Marcela entró a esa casa el 18 o el 19 de agosto. Pasó los siguientes días intentando decidir algo que no le contó a nadie. Y en alguna tarde de las dos semanas siguientes, algo ocurrió entre esas cuatro paredes.

Lo que ocurrió casi 40 años después, nadie te lo ha contado completo. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron. Primero, el momento exacto en que Marcela se dio cuenta de que no tenía acceso a su propio dinero y lo que intentó hacer cuando descubrió que Luisito Rey manejaba millones de dólares a nombre de su hijo menor de edad.

Segundo, la transacción que Luisito Rey hizo con el hombre más temido del poder político mexicano de los años 70 y lo que entregó a cambio del debut de su hijo en la televisión nacional. Tercero, lo que los testigos documentados dicen que ocurrió en el chalet de las matas aquella tarde de agosto y que hizo Luisito Rey con la ropa que llevaba puesta ese día.

 Y cuarto, lo que Luis Miguel supo antes de que su padre muriera en Barcelona y el silencio exacto que se llevó Luisito a la tumba el 9 de diciembre de 1992. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas cuatro revelaciones. Tú solo quédate conmigo. Pero para entender cómo fue posible que la madre de uno de los artistas más grandes del continente desapareciera sin que nadie hiciera nada, necesitas conocer a la niña que hubo antes de la mujer famosa.

La niña que nadie vino a buscar. Porque esta historia no empieza el día que Marcela Basteri se subió a ese avión en Pisa. Empieza mucho antes. Empieza cuando ella tenía la misma edad que algunas de las nietas que tú tienes ahora mismo y su propia madre decidió que no la quería más. Marcela nació el 10 de diciembre de 1946 en un pueblito llamado Castagnola de Sopra en la provincia italiana de Masacarrara en la Toscana.

Italia acababa de salir de la guerra. La gente no tenía que comer. Los hombres jóvenes se iban de Europa por miles a buscar trabajo a donde fuera. Uno de esos hombres fue Sergio Basteri, el padre de Marcela. Un año después de que ella naciera en 1947, Sergio tomó un barco rumbo a Argentina. Le prometió a su mujer que trabajaría lo que hiciera falta para poder mandar a buscarla a ella y a la niña en cuanto pudiera pagarles el pasaje.

Se fue a Buenos Aires. Empezó trabajando de albañil 14, 15 horas al día. dormía en una pensión con otros cinco italianos. Mandaba cada peso que podía de vuelta a Italia. Eso pensaba él, porque del otro lado, en Castagnola, su mujer, una muchacha llamada Vanda Tarrozo, había tomado otra decisión.

Vanda conoció a otro hombre, se enamoró, quiso irse con él, pero tenía un problema. una niña pequeña de apenas 4 años que era de su marido ausente. Lo que Banda Tarroso hizo con su hija Marcela sigue siendo hasta hoy una de las páginas más oscuras de la prehistoria de la familia Basteri. Según los testimonios que recogieron los periodistas Javier León Herrera y Juan Manuel Navarro en sus libros Luis Mi oro de rey, Vanda llevó a la niña a un convento en los apeninos toscanos.

La dejó ahí y nunca volvió por ella. Se fugó al sur con el otro hombre. La familia paterna intentó recuperar a la niña. Banda no lo permitió. firmó los papeles para dejarla encerrada en el orfanato y Marcela, que todavía no sabía ni leer, se quedó ahí 7 años. 7 años en un orfanato italiano de posguerra.

Si tú has tenido hijos, párate un segundo a imaginar qué significa eso. Una niña que pasa de los cuatro a los 11 años durmiendo en una cama que no es la suya, sin nadie que le cante antes de dormir, sin nadie que la abrace cuando tenga pesadillas, sabiendo que en algún lugar del mundo hay una madre viva que la dejó ahí a propósito y no vuelve.

En la Italia de la posguerra, los conventos que recibían huérfanas funcionaban con disciplina militar. Misa a las 5:30 de la mañana, sopa aguada en bandejas metálicas, trabajo en las cocinas, en las huertas, en los cuartos de las hermanas. Las niñas que tenían familia recibían visitas los domingos.

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