Yo interpretaba [música] esto como debilidad espiritual, como falta de compromiso con la [música] verdad. También me inquietaba ver la devoción genuina de muchos católicos del pueblo. Había [música] una anciana llamada Rosa, que pasaba todas las tardes en la iglesia parroquial, sentada ante el santísimo [música] sacramento, con una paz en el rostro que yo raramente veía en nuestros [música] miembros adventistas.
Doña Rosa me saludaba siempre con amabilidad [música] cuando nos cruzábamos en la calle, sin hostilidad, a pesar de que todos [música] sabían que yo hablaba contra su fe. Un día me atreví [música] a preguntarle directamente, “Doña Rosa, ¿qué encuentra usted [música] en esa iglesia que la hace ir todos los días?” Ella me miró con ojos [música] profundos y respondió con sencillez, “Pastora, yo voy porque allí está [música] Jesús, no en imagen, sino realmente presente en la Eucaristía.
[música] y su madre me acompaña cuando le rezo. Sus palabras me perturbaron, [música] aunque yo las descarté como ignorancia supersticiosa. Mi [música] vida transcurría en una rutina ministerial intensa. Preparaba [música] tres sermones por semana, conducía estudios bíblicos diarios, visitaba enfermos, aconsejaba matrimonios en crisis, dirigía reuniones de junta.
Belarmino trabajaba como pescador para complementar el salario [música] pastoral, que era modesto y yo me ocupaba de criar a Lucero y Samuel mientras pastoreaba. Era una vida [música] agotadora, pero llena de propósito. Lucero, mi hija mayor, era mi orgullo maternal y ministerial. A sus ya [música] predicaba en las reuniones juveniles, memorizaba capítulos enteros de la Biblia y mostraba [música] un celo evangelístico que me recordaba a mí misma a su edad.
Soñaba con que ella también estudiara [música] teología y continuara el ministerio pastoral familiar. Samuel, [música] mi hijo menor de 12 años, era más tranquilo y contemplativo. [música] Le gustaba dibujar en los márgenes de su Biblia durante los sermones, creando ilustraciones [música] de las historias bíblicas que yo narraba.
Era gentil con los demás niños de la congregación [música] y ayudaba sin quejarse en las tareas prácticas de la iglesia. Vivíamos en la casa pastoral, una construcción [música] modesta de madera pintada de blanco anexa al templo adventista. Desde la ventana [música] de mi cuarto podía ver la Iglesia Católica en el centro del pueblo con su campanario que sonaba cada día a las 6 de la mañana y a las 6 de la tarde.
Ese sonido me irritaba porque era un recordatorio constante de la hegemonía católica que yo intentaba quebrar. El año 2023 comenzó como cualquier otro. Enero predicamos una serie evangelística titulada Volviendo a la Biblia, donde explicamos los errores fundamentales del catolicismo con diapositivas [música] en PowerPoint y gráficos coloridos.
En marzo organizamos un debate sobre el sábado bíblico versus el domingo [música] papal, donde argumenté con pasión que guardar el domingo era adorar [música] según las tradiciones de Roma en lugar de los mandamientos de Dios. En [música] abril celebramos la Pascua con un gran bautismo en el río Guapi, donde seis [música] personas, todas excatólicas, fueron bautizadas después de completar el curso de [música] estudios bíblicos.
Yo predicaba con lágrimas de gozo, sintiendo que estaba [música] participando en el cumplimiento de las profecías apocalípticas sobre el llamado a salir de Babilonia. Nunca imaginé que en julio de [música] ese mismo año mi mundo teológico completo se derrumbaría como un castillo de naipes [música] ante el viento de la gracia divina.
El accidente sucedió [música] un viernes por la tarde. Lucero había ido a Buenaventura [música] en moto con unas amigas para comprar materiales escolares que no se conseguían en Guapi. Yo estaba [música] preparando el sermón del sábado cuando sonó mi celular. Era un número desconocido. Señora [música] Verenice Villalobos preguntó una voz oficial y tensa.
Soy el [música] doctor Ramírez del Hospital Departamental de Buenaventura. Su hija Lucero [música] sufrió un accidente de tránsito. Necesitamos que venga urgentemente. El mundo se detuvo. Mi corazón [música] latió tan fuerte que pensé que explotaría. ¿Cómo está? Apenas pude articular las palabras. El silencio del [música] otro lado duró una eternidad.
Señora, es grave, muy grave. Venga lo más rápido [música] posible. Belarmino dejó todo y corrimos al puerto [música] para tomar la lancha rápida a Buenaventura. El viaje normal duraba 3 horas, pero ese [música] día se sintió como 3 años. Yo oraba en voz alta, reclamando promesas bíblicas, [música] declarando sanidad, reprendiendo la muerte en el nombre de Jesús.
Belarmino lloraba [música] en silencio, aferrándose a mi mano. Llegamos al hospital al anochecer. Un médico joven nos [música] recibió con rostro sombrío. Su hija fue atropellada por un camión de carga. El conductor [música] estaba ebrio y perdió el control en una curva. El impacto fue frontal. hizo una pausa dolorosa [música] antes de continuar.
Lucero tiene fracturas múltiples en ambas piernas, cuatro costillas rotas, traumatismo [música] cráneo encefálico severo y hemorragia interna. Esta en coma profundo. La próxima [música] hora es crítica. ¿Va a vivir? Le pregunté con una voz que no reconocí [música] como mía. El médico bajó la mirada. Señora, [música] voy a ser honesto con usted.
El pronóstico es muy reservado. Hemos hecho todo lo médicamente posible. Ahora está [música] en manos de Dios. Me dejaron entrar a la unidad de cuidados intensivos. Lucero estaba irreconocible. Su [música] rostro hinchado y amoratado, lleno de tubos y cables conectados a máquinas que pitaban constantemente. Su cuerpo frágil bajo las sábanas [música] blancas, tan inmóvil que parecía ya sin vida.
Caí de rodillas junto a la cama y comencé a clamar a Dios con una desesperación que nunca había experimentado. “Señor, tú eres el Dios de milagros”, gritaba entre soyosos. Tú resucitaste a Lázaro. Tú sanaste a los ciegos y leprosos. Sana a mi hija. No me la quites, Señor. Ella es tuya, [música] te sirve, te ama.
No permitas que el enemigo me la arrebate. Belarmino [música] oraba en voz baja repitiendo versículos de sanidad. Llamamos a la congregación de Guapi y organizaron una cadena de oración [música] las 24 horas. Ayunamos, clamamos, declaramos, reprendimos, reclamamos promesas, pero lucero no mejoraba. El sábado [música] por la mañana el médico nos dio noticias devastadoras.
La hemorragia interna está controlada, pero la inflamación cerebral es severa. Lucero [música] ha entrado en coma profundo nivel tres, no responde a ningún estímulo. Si no despierta [música] en las próximas 72 horas, las probabilidades de recuperación [música] son casi nulas. ¿Qué significa eso?, preguntó Belarmino con voz temblorosa.
El médico exhaló con [música] tristeza. Significa que si sobrevive, probablemente quedará en estado vegetativo [música] permanente. El daño neurológico es extenso. No, no, no. Mi mente no podía procesar [música] esas palabras. Mi lucero, mi niña brillante y apasionada, condenada a una cama por el resto [música] de su vida o peor muerta.
La injusticia me ahogaba. Ella te sirve, Dios le reclamaba en mi oración desesperada. [música] es fiel en el sábado. Guarda tus mandamientos y lee tu [música] palabra. ¿Por qué permites esto? Pasó el sábado, pasó el domingo, pasó el lunes. Lucero seguía inmóvil, conectada a máquinas que [música] respiraban por ella. Yo no dormía, apenas comía, solo oraba y leía [música] la Biblia buscando alguna promesa que no había reclamado aún.
Belarmino [música] estaba destruido, envejecido 10 años en tr días. El martes por la noche insistí en quedarme sola con Lucero [música] en la habitación del hospital. Belarmino fue a descansar un poco a la casa de unos hermanos adventistas de Buenaventura [música] que nos habían acogido. Yo me senté en una silla junto a la cama de mi hija.
Tomé su mano [música] fría e inmóvil y volví a orar. Eran casi las 2 de la madrugada del miércoles. La habitación [música] estaba en penumbra, iluminada apenas por el resplandor verde de los monitores. Yo había orado hasta quedarme sin palabras, hasta que mi garganta [música] se negaba a emitir más sonidos.
Estaba en ese silencio doloroso, ese vacío después del clamor cuando sucedió. [música] Sentí una presencia en la habitación. No era amenazadora, [música] pero era tan poderosa que el aire mismo parecía vibrar. Levanté [música] los ojos y vi a una mujer de pie al lado de la cama de lucero, en el lado opuesto [música] a donde yo estaba sentada.
Era hermosa, de una manera que no puedo [música] explicar con palabras humanas. No era una belleza física común, sino algo que trascendía lo material. vestía un [música] manto azul celeste que parecía hecho de luz líquida. Su rostro [música] irradiaba una ternura maternal tan profunda que instantáneamente [música] comencé a llorar sin saber por qué.
Sus ojos, nunca olvidaré sus ojos. Eran pozos de compasión infinita [música] que me miraban con un amor que yo nunca había conocido. Me miraba como si me conociera desde antes de nacer, como si hubiera esperado ese momento toda mi vida. Mi primera reacción fue terror. Toda mi teología adventista gritaba en mi mente.
[música] Es una manifestación demoníaca. Satanás se disfraza de ángel de luz. Intenté ordenarle que se fuera en el nombre de Jesús, pero [música] las palabras se me ahogaron en la garganta porque mi corazón, mi espíritu [música] reconocía quién era ella. Era María, la madre de Jesús. No temas, [música] hija. Escuché su voz con absoluta claridad, aunque sus labios no se movieron.
Era como si hablara directamente [música] a mi corazón. Tu hija no morirá. Yo la he guardado desde el [música] momento del accidente, pero es necesario que comprendas ciertas verdades que has rechazado [música] durante muchos años. Intenté hablar, pero estaba completamente [música] paralizada. María extendió sus manos sobre el cuerpo de lucero.
De sus palmas [música] comenzó a fluir algo que parecía luz dorada, líquida y [música] brillante que envolvió a mi hija como un manto. Los monitores, que habían mostrado signos vitales débiles [música] durante días, de repente se estabilizaron. El pitido errático del monitor cardíaco [música] se volvió regular y fuerte. Caí de rodillas sin poder controlar mi cuerpo.
Las lágrimas [música] corrían por mi rostro como ríos. ¿Qué está pasando? [música] Logré susurrar. María volvió sus ojos hacia mí y en esa mirada no vi [música] condenación por mis 18 años de blasfemias contra ella. No vi ira por todas las veces que la llamé [música] simple instrumento, mujer común, ejemplo de idolatría. Solo vi amor maternal.
mezclado con tristeza profunda. “Verenice”, dijo mi nombre con tal ternura que se [música] me partió el corazón. “Durante 18 años has enseñado mentiras sobre mí. Me llamaste muerta, inútil, innecesaria. [música] Enseñaste que recurrir a mí era alejarse de mi hijo. Has convencido [música] a muchos de rechazar mi intercepición maternal.
Cada palabra era verdad y me quemaba como [música] fuego. Pero la Biblia intenté argumentar débilmente. La Sagrada Escritura [música] es verdad, completamente verdad, respondió ella con paciencia infinita. Pero ustedes la interpretan con soberbia, separados de la Iglesia que mi hijo fundó.
¿Quién les dio [música] autoridad para decidir qué significa cada pasaje? Cada [música] uno de ustedes crea su propia iglesia. su propia verdad. Esto no viene de Dios, que es unidad. Sus palabras [música] penetraban mi corazón como espadas afiladas, pero espadas que erían para sanar. Mira lo que ha sucedido aquí [música] esta noche, continuó María señalando a Lucero.
Tu hija vive porque yo intercedí. [música] ¿Piensas que mi hijo me negaría algo? ¿Crees que aquel [música] que me dio el poder de traerlo al mundo no me concedería poder para interceder por sus hermanos? La lógica [música] era aplastante y hermosa a la vez. María continuó hablando a mi corazón. El rosario [música] que tanto has despreciado es la meditación de los misterios de la salvación.
Cada ave [música] es un pedido para que yo interceda junto a mi hijo, no en lugar de él, sino junto a él. Como intercedí en las [música] bodas de Caná cuando pedí el primer milagro de su ministerio público. Los santos [música] que has llamado ídolos muertos, prosiguió con dolor en su voz, están vivos en Cristo, [música] más vivos que tú ahora.
y su intercesión es poderosa ante el trono de la gracia. Cuando los fieles piden su ayuda, ellos ruegan ante Dios por sus hermanos que aún peregriman en la tierra y la Eucaristía que has negado. Su voz [música] se quebró con tristeza profunda. Es verdaderamente el [música] cuerpo y la sangre de mi hijo. No un símbolo vacío, sino realidad [música] substancial.
Cada misa es el calvario hecho presente. Al [música] alejar a los fieles de ella, les has robado al propio Cristo. Yo soyaba [música] descontroladamente, pero yo era tan sincera. Grité en [música] mi interior. Realmente creía estar sirviendo a Dios. Realmente [música] pensaba que defendía la verdad. Lo sé, hija respondió María con compasión infinita.
Dios ve tu corazón sincero y [música] por eso te envía esta gracia para que conozcas la verdad y la verdad te liberte. Tu hija vivirá [música] como señal de esta verdad revelada, pero ahora debes decidir. Hubo un silencio que [música] pareció durar años. ¿Permanecerás en el error ahora que conoces la verdad? Me preguntó María mirándome fijamente [música] a los ojos.
O tendrás la valentía de seguir a donde el espíritu te guía, [música] aunque te cueste todo lo que tienes. Antes de que pudiera responder, María se inclinó sobre Lucero. Vi cómo besaba [música] la frente de mi hija con ternura maternal absoluta y luego [música] desapareció. Pero la habitación quedó impregnada con un perfume celestial de rosas tan intenso [música] que me mareó.
Segundos después, una enfermera entró a revisar los monitores, se detuvo en [música] seco y aspiró profundamente. ¿De dónde viene ese olor tan hermoso?, preguntó asombrada. [música] Huele a rosas frescas, pero aquí no hay flores. Yo no podía hablar, [música] solo señalé a lucero. La enfermera revisó los monitores y su rostro se iluminó.

Señora, mire, los signos vitales están [música] estables. El ritmo cardíaco es fuerte y regular. La presión arterial [música] está perfecta. Corrió a llamar al médico de turno. El doctor llegó minutos después y revisó todo con incredulidad profesional. [música] “Esto es inesperado”, murmuró mientras revisaba las [música] lecturas de los monitores.
Hace 2 horas su hija estaba al borde de la muerte. Ahora sus constantes vitales son las de una persona sana. [música] No entiendo qué pudo haber pasado. Yo sabía exactamente qué había pasado. María, la madre de Dios, la misma que yo había blasfemado [música] durante años, había salvado a mi hija. A las [música] 6 de la mañana, cuando los primeros rayos de sol entraban por la ventana del hospital, Lucero abrió [música] los ojos.
“Mamá”, susurró con voz débil pero clara. ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? Me abalancé [música] sobre ella llorando sin control. Mi amor, mi amor, [música] repetía una y otra vez. Llamé a Belarmino, quien llegó corriendo media hora después. Él también lloró al ver a Lucero despierta [música] y consciente. Los médicos la examinaron durante todo el día.
hicieron nuevas tomografías, [música] resonancias magnéticas, exámenes neurológicos [música] completos. Los resultados eran inexplicables desde el punto de vista médico. La inflamación cerebral había desaparecido completamente. Las hemorragias internas estaban sanadas. Las fracturas mostraban una consolidación que normalmente tomaba semanas.
Es un milagro, dijo finalmente el Dr. Ramírez. sacudiendo la cabeza con asombro. No hay otra explicación. Su hija debería estar muerta o en el mejor de los casos en estado vegetativo, pero está consciente, orientada, [música] sin daños neurológicos aparentes. Esto desafía toda lógica médica. En una semana, Lucero recibió el alta [música] hospitalaria.
Regresamos a Guapi en la lancha y toda la congregación adventista nos [música] recibió con cantos de alabanza y lágrimas de gozo. Organizaron un culto de acción de [música] gracias donde todos testificaban del poder de Dios que había sanado a Lucero. Pero yo estaba [música] en un torbellino interno devastador.
No podía cantar aquellos himnos con la misma convicción de antes. no podía predicar las mismas doctrinas [música] que había predicado durante 18 años, porque ahora sabía la verdad. María [música] existía no como una mujer muerta esperando la resurrección, sino viva [música] y poderosa en el cielo. Su intercesión era real y efectiva.
Dios la escuchaba [música] y respondía a sus peticiones. Y yo había pasado casi dos [música] décadas blasfemando contra ella. Los meses siguientes fueron los más turbulentos y dolorosos de toda mi vida. Por fuera mantenía [música] las apariencias, predicaba los sábados, dirigía estudios bíblicos, atendía [música] las necesidades pastorales de la congregación, pero por dentro [música] estaba destrozada, dividida entre dos mundos teológicos y reconciliables.
¿Cómo podía seguir [música] predicando que María era solo una mujer común cuando ella había aparecido en la [música] habitación del hospital? ¿Cómo podía continuar enseñando que la intercepición de los santos era idolatría [música] cuando había visto con mis propios ojos el poder de esa intersión? ¿Cómo podía negar la Eucaristía [música] cuando María misma me había dicho que era el verdadero cuerpo de Cristo? Intenté compartir mi experiencia con [música] Belarmino una noche de septiembre.
Estábamos solos en la casa pastoral después que los niños se durmieron. Con voz [música] temblorosa le conté todo. La aparición de María, sus palabras, [música] el milagro, el perfume de rosas, todo. Su reacción [música] fue exactamente lo que temía. Verenís, fue el exclamó con horror en sus ojos.
[música] Satanás se disfraza de ángel de luz. La verdadera María está muerta, [música] durmiendo en el sepulcro, esperando la resurrección en la segunda venida de Cristo. Pero [música] Belarmino intenté razonar con él. María me dijo verdades que resuenan en mi corazón y Lucero fue sanada esa misma [música] noche. ¿Cómo puede ser obra del Algo que salvó la vida de nuestra hija.
El [música] también puede hacer señales y prodigios para engañar. respondió él con la lógica que yo misma había enseñado durante años. Está siendo [música] probada, amor. Tienes que resistir estas dudas. Vamos a orar juntos, a ayunar, [música] a reclamar protección divina contra estos engaños. Oramos aquella noche, [música] pero mis dudas no se disiparon, al contrario, crecieron como plantas en tierra fértil.
Comencé a estudiar en secreto. Compré libros [música] católicos por internet que enviaba a una dirección en Buenaventura [música] para que no llegaran a Guapi. Viajaba mensualmente con la excusa de hacer trámites bancarios, pero en realidad iba a recoger esos libros y a leerlos en privado en un hotel. Leí los escritos de los padres de la Iglesia, [música] San Agustín, San Jerónimo, San Ignacio de Antioquía, San Justino [música] Mártir.
Descubrí con asombro que los primeros cristianos, aquellos que habían conocido personalmente a los apóstoles o a sus discípulos directos, veneraban a María y pedían su intercesión desde el siglo [música] segundo. Encontré la oración subtum presidium [música] del año 250 Cristo que dice, “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa [música] Madre de Dios.
” 200 años después de Cristo, los cristianos ya llamaban a María Madre de Dios, y pedían su protección. ¿Cómo podía [música] ser esto una corrupción medieval como nos habían enseñado? Ley sobre la Eucaristía en los escritos patrísticos. San Ignacio de Antioquía, discípulo directo [música] del apóstol Juan, escribió en el año 110, “La Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo.
” No dijo que era un símbolo o una [música] representación, dijo que era la carne de Cristo. Descubrí [música] que la estructura episcopal, la sucesión apostólica, el primado de Pedro, la autoridad de los concilios, todo eso estaba presente en la Iglesia desde los [música] primerísimos siglos. La Iglesia Católica no era una corrupción del cristianismo [música] original, sino su continuación histórica directa.
El protestantismo, [música] en cambio, era una innovación del siglo X. Martín Lutero había decidido interpretar la Biblia [música] según su propio criterio, rechazando 100 años de tradición y autoridad [música] eclesiástica. Y de esa decisión individual habían nacido miles de denominaciones cristianas, [música] todas contradictorias entre sí.
Esta realización me destrozó. Toda mi vida, toda mi [música] formación teológica, todo mi ministerio se basaba en la premisa de que la Iglesia Católica había apostatado de la fe original, pero la evidencia [música] histórica mostraba exactamente lo contrario. En diciembre viajé sola a Cali con la excusa [música] de visitar una librería teológica.
En realidad fui a la Catedral Metropolitana. Entré con el corazón latiendo fuerte, sintiendo que estaba [música] traicionando todo mi pasado, pero algo me empujaba a estar allí. Me senté en una banca del fondo [música] y observé. La misa vespertina estaba por comenzar. Vi a personas de todas [música] las edades, desde ancianos hasta jóvenes universitarios, entrar y [música] arrodillarse con reverencia.
Había una paz en aquel lugar que yo raramente había sentido en los cultos adventistas, [música] cuando el sacerdote elevó la consagrada durante la consagración [música] y dijo, “Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes.” Sentí la misma [música] presencia poderosa que había sentido en el hospital cuando María apareció.
Algo en mi [música] espíritu reconoció que lo que el sacerdote sostenía en sus manos no era pan común. sino Cristo [música] mismo. Lloré en silencio durante toda la misa. Al terminar me acerqué tímidamente al sacerdote. Padre, [música] le dije con voz temblorosa, necesito hablar con usted. El padre Gabriel, [música] un sacerdote joven y bondadoso, me escuchó durante dos horas en una pequeña oficina parroquial. Le conté todo.
Mi trasfondo adventista, mi ministerio pastoral, la aparición de María, mi crisis de fe, mi estudio de los padres de la Iglesia. Él escuchó sin interrumpir con ojos llenos de compasión. [música] Verenís, me dijo finalmente, lo que estás experimentando es la gracia de Dios llamándote [música] a la plenitud de la verdad.
La Virgen María te escogió para mostrarte su amor maternal. Eso es un regalo inmenso. Pero tengo miedo, confesé. Si me convierto al [música] catolicismo, perderé todo. Mi posición pastoral, mi salario, mi casa, mi reputación. Mi esposo probablemente me dejará. [música] Mis padres me rechazarán. Toda la comunidad adventista me verá como una traidora.
El padre [música] Gabriel asintió con tristeza. Jesús dijo que el que quiera seguirlo debe tomar su [música] cruz. La verdad a veces cuesta todo, pero él también prometió que el que deje todo por su causa [música] recibirá 100 veces más y la vida eterna. Me entregó materiales de catequesis [música] para adultos y me invitó a contactarlo cuando estuviera lista para iniciar el proceso de conversión.
Regresé a Guapi con el corazón dividido, pero más [música] clara sobre lo que debía hacer. Pasaron las Navidades y el Año Nuevo. En enero de 2024 [música] tomé la decisión más difícil de mi vida. Un sábado por la mañana, [música] antes del culto, pedí una reunión urgente con la junta directiva de la iglesia.
Belarmino [música] estaba presente junto con los ancianos y diáconos. Todos me miraban expectantes, [música] probablemente pensando que anunciaría algún proyecto evangelístico nuevo. Respiré profundamente y comencé [música] a hablar. Hermanos, dije con voz firme, aunque por dentro temblaba, durante 18 [música] años he servido como pastora de esta congregación.
Los amo profundamente a cada uno de ustedes, pero debo ser honesta con ustedes [música] sobre algo que me ha sucedido. Les conté la historia completa. La aparición de [música] María en el hospital, sus palabras, El milagro de lucero, mis meses de estudio [música] de la historia del cristianismo primitivo, mi visita a la catedral de Cali.
El silencio en [música] la habitación era tan denso que podía cortarse con cuchillo. Después de mucha [música] oración y estudio, continué. He llegado a la conclusión de que la [música] Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada por Cristo, que María [música] es verdaderamente la madre de Dios y nuestra intercesora, que la Eucaristía es el verdadero cuerpo de Cristo y que he estado [música] equivocada.
Durante toda mi vida ministerial. Las reacciones fueron inmediatas y dolorosas. Hermana [música] Vereniz, fue el exclamó uno de los ancianos. Está siendo engañada por Satanás. Otro agregó, necesita [música] liberación espiritual. Vamos a orar por usted, a ayunar, a expulsar estos demonios que la han confundido.
Belarmino lloraba en silencio [música] con la cabeza entre las manos. Yo continué, hermanos, respeto profundamente sus creencias, pero no puedo seguir predicando doctrinas [música] en las que ya no creo. Por eso, hoy presento mi renuncia irrevocable como pastora de esta congregación. El caos estalló en la habitación.
Algunos lloraban, otros gritaban, otros me miraban con horror, como si me hubieran salido cuernos. La reunión terminó abruptamente y tuve que salir de allí antes de que las cosas se pusieran peor. El domingo siguiente, desde el púlpito durante el culto principal, [música] hice el anuncio público a toda la congregación.
80 personas me miraban con rostros que iban desde [música] la incredulidad hasta el horror absoluto. Algunas mujeres lloraban desconsoladamente. Algunos hombres me gritaban, “¡Apóstata, traidora, [música] lucero, mi hija estaba sentada en la primera fila con lágrimas corriendo por su rostro.
Ella había sido testigo de todo, del accidente, del [música] coma, de la aparición de María. Yo se lo había contado en privado de mi [música] transformación. Samuel, mi hijo, no entendía completamente lo [música] que pasaba, pero lloraba porque veía llorar a su hermana. Después del [música] anuncio, Belarmino me pidió hablar en privado.
En la casa pastoral con los [música] niños presentes. Me dijo con voz quebrada, “Verenice, no puedo seguir casado contigo si te haces católica. [música] La Biblia dice que no debemos estar en yugo desigual con infieles. Tendrás [música] que elegir o tu familia o Roma.” El ultimátum me partió el corazón, pero la voz [música] de María resonaba en mi memoria.
¿Tendrás la valentía de seguir a donde el Espíritu te guía, aunque te cueste [música] todo? Belarmino le respondí llorando. Te amo con todo mi corazón, pero no puedo [música] traicionar la verdad que Dios me ha revelado. Si eso significa perder todo, que así sea. En las semanas [música] siguientes se formalizó el divorcio.
Belarmino se quedó con la custodia de Samuel, alegando que yo [música] estaba espiritualmente inestable para criar a los niños. Lucero, que ya [música] tenía 16 años, eligió quedarse conmigo. Tuvimos que dejar la casa pastoral y mudarnos a un cuarto [música] alquilado en el barrio más pobre de Guapi. Mis padres, cuando se enteraron desde Tumaco, rompieron relaciones conmigo.
Mi madre me llamó por teléfono llorando. [música] Verenice, eres mi hija y siempre te amaré, pero no puedo aprobar esta apostasía. Oraremos [música] por tu alma, pero no podemos tener comunión contigo mientras estés en error. La [música] Congregación Adventista organizó reuniones especiales de oración por mi restauración espiritual.
Algunos miembros me buscaban [música] en la calle para rescatarme del error, citándome versículos bíblicos y argumentos que yo misma [música] había usado durante años. Pero también encontré algo inesperado, acogida. El padre [música] Joaquín, el párroco de la Iglesia Católica de Guapi, el mismo sacerdote a quien yo había debatido públicamente y derrotado teológicamente [música] en varias ocasiones, me recibió con lágrimas de alegría.
“Hija, [música] bienvenida a casa”, me dijo abrazándome como un padre abraza a su hija que regresa después de años de ausencia. Sé que [música] esto ha sido difícil para ti, pero la Virgen María te ha traído de regreso [música] a la iglesia de su hijo. El padre Joaquín me inscribió [música] en el proceso de catecumenado para adultos que se realizaba en la parroquia.
Durante 6 meses estudié el catecismo de la Iglesia Católica. Participé en retiros espirituales. Aprendí a rezar el rosario. Me confesé por primera vez en mi vida. La confesión sacramental fue una experiencia transformadora. Le conté al padre Joaquín todos mis pecados, mi soberbia teológica, mis años [música] blasfemando contra María y los santos, las personas que había alejado de los sacramentos, mi orgullo ministerial.
Lloré durante [música] toda la confesión cuando el Padre me dio la absolución diciendo, “Yo te absuelvo [música] de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Sentí como si cadenas invisibles se rompieran en mi alma. Era una libertad [música] y una paz que nunca había experimentado en todas mis reconciliaciones con Dios protestantes.
Aprendí a [música] rezar el rosario con la ayuda de las señoras de la cofradía del rosario de la parroquia. La primera vez que recé un rosario completo, lloré [música] en cada Ave María pidiendo perdón a Nuestra Señora por todos los años que la [música] había rechazado. Y sentí su amor maternal envolviéndome, perdonándome, sanándome.
La [música] primera vez que asistí a una misa y presencié la consagración, reconocí la presencia [música] real de Cristo con una certeza que trascendía toda argumentación teológica. Cuando el padre [música] elevó la y dijo, “Este es el cordero de Dios que quita el [música] pecado del mundo, mi corazón gritó, es verdad.
Es él, es realmente [música] Jesús. En la vigilia pascual de abril de 2025 fui recibida [música] en la plena comunión con la Iglesia Católica. El padre Joaquín presidió [música] la ceremonia donde recibí los sacramentos de la confirmación y la Eucaristía. Lucero también fue confirmada [música] aquella noche después de haber completado su propia catequesis.

Cuando la [música] consagrada tocó mi lengua por primera vez, sentí que toda mi alma se incendiaba de amor divino. No era un símbolo, no era una representación, [música] no era un memorial, era Jesús mismo real, [música] presente, entregándose a mi cuerpo, sino Jesús mismo vivo y presente. Todas las comuniones protestantes [música] que había celebrado durante 18 años eran pálidas sombras de esta realidad.
Ahora entendía [música] por qu María me había dicho con tanta tristeza que al negar la Eucaristía había robado al propio Cristo de las [música] almas. Hoy, casi dos años después de la aparición de Nuestra Señora en el hospital, vivo modestamente en [música] Guapi. Perdí mi posición pastoral, mi salario, mi casa, mi esposo, mis amigos [música] adventistas.
Mis propios padres cortaron relaciones conmigo, pero gané algo [música] infinitamente más valioso, la plenitud de la verdad. Trabajo en una pequeña posada del puerto para sobrevivir. Lucero, testigo del milagro que cambió nuestras [música] vidas, también se convirtió al catolicismo con fervor total.
Belarmino permanece adventista y ora por nuestra restauración, pero yo oro diariamente por su conversión. Samuel, mi hijo menor, quedó [música] con su padre bajo custodia legal, pero cuando tenga edad para decidir, confío en [música] que buscará la verdad. Participo de la misa diariamente en la iglesia parroquial. Rezo el rosario [música] completo cada día, pidiendo perdón a nuestra señora por cada año que blasfemé contra ella.
Cada Ave María es una reparación. Cada misterio meditado es un acto de amor hacia aquella que me salvó cuando yo no lo merecía. Padre Joaquín me ha pedido que ayude en un apostolado especial protestantes que buscan informaciones sobre la fe católica. [música] Mi historia se conoce en toda la región del Pacífico como la pastora que María rescató.
Muchos de mis [música] antiguos conversos adventistas me han buscado heridos y confundidos. A cada uno pido perdón llorando [música] por haberlos alejado de los sacramentos de la Eucaristía de Nuestra Señora. Doña Eufrosina, aquella [música] señora católica que convertía el adventismo años atrás, regresó recientemente a la Iglesia Católica.
[música] Vino a mi casa llorando. Verenis, siempre sentí que faltaba [música] algo después de dejar la misa y el rosario. Ahora que usted regresó, yo también [música] regreso. Aquel encuentro me destrozó y sanó al mismo tiempo. ¿Qué aprendí en esta jornada devastadora y maravillosa? Que sinceridad no sustituye [música] verdad.
que podemos estar sinceramente equivocados durante décadas, que la interpretación [música] privada de la escritura sin la autoridad de la iglesia lleva inevitablemente [música] a la división y al error. Aprendí que la Iglesia Católica, con todos los pecados de [música] sus miembros humanos, es guardada por el Espíritu Santo en la verdad. Que María nos roba la gloria de Cristo.
Ella nos [música] conduce a él con amor maternal. inquebrantable, que los sacramentos no son rituales [música] vacíos, sino canales reales de la gracia divina que transforman vidas. Y aprendí que vale la pena [música] perder absolutamente todo por ganar a Cristo en la plenitud de su Iglesia. A Nuestra [música] Señora de Chiquinquirá, patrona de Colombia, consagré mi nueva vida.
A María Santísima, [música] que tuvo misericordia de esta ex blasfemadora y me [música] rescató del error con su aparición misericordiosa. Dedico cada rosario que [música] rezo y al Cristo eucarístico, verdaderamente presente en el santísimo [música] sacramento, ofrezco el resto de mis días en reparación por los años [música] en que lo negué y alejé a otros de él.
Mi nombre es [música] Berenice Villalobos. Fui pastora adventista por 18 años. Prediqué compasión [música] contra la idolatría católica, contra el Rosario, contra María, contra la misa. Convertí decenas de católicos al adventismo, [música] creyendo que los salvaba. Hoy soy católica apostólica romana por la misericordia [música] infinita de Dios y por la intercesión poderosa de Nuestra Señora, que se apareció junto [música] a la cama de mi hija moribunda.
Y no hay verdad que proclame con más certeza que esta. La Iglesia Católica [música] es la Iglesia que Cristo fundó sobre Pedro. Fuera de ella, aunque haya cristianos sinceros [música] y elementos de verdad, no existe la plenitud de los medios de [música] salvación que nuestro Señor quiso dar a la humanidad.
Si este testimonio llega a manos de algún hermano protestante, [música] especialmente adventista, les digo con el corazón en la mano, no tengan miedo de investigar [música] con honestidad. Estudien a los padres de la Iglesia, la historia del cristianismo primitivo, las apariciones marianas documentadas y sobre todo atrévanse a pedirle a María [música] que les muestre la verdad.
Ella no los defraudará, como no me defraudó a mí aquella noche en el hospital de Buenaventura, cuando todo mi mundo teológico se derrumbó ante su presencia maternal y su verdad devastadora. Yeah.