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ANTONIO BANDERAS : EL ASQUEROSO SECRETO QUE OCULTO DURANTE 30 AÑOS

Y Ana estuvo en los 9 años que vinieron después. Lo apoyó, lo sostuvo, creyó en él cuando la carrera todavía no existía. Eso tiene un valor enorme, un valor que él no supo reconocer cuando llegó el momento. Pero aquí es donde todo cambia, porque en 1992, Antonio Banderas voló a Los Ángeles para rodar una película.

Los Reyes del Mambo, su gran oportunidad americana, el primer papel importante en Hollywood  y en ese rodaje conoció a Melanie Griffit. Antes de eso, Ana lo despidió en el aeropuerto de Barajas en abril de 1992. Era un sábado por la mañana. Hay testigos del entorno cercano que contaron después que Ana lloró cuando él pasó el control.

No por celos, no por presentimientos concretos. lloró porque sabía, sin saberlo, que algo muy grande estaba a punto de cambiar, que el Antonio que se subía a ese avión iba a volver siendo otro y volvió siendo otro. Pero lo que ella no sabía es que ya no iba a volver a ella. Melanie era una  estrella enorme en aquel momento.

Había protagonizado armas de mujer en 1988. Estaba nominada al Óscar. era una de las actrices más reconocidas de toda la industria. Su cara estaba en todas las portadas, en todas las revistas,  en todas las paradas de autobús de Estados Unidos y estaba casada con Don Johnson. Eso hay que decirlo,  porque se olvida con frecuencia.

Melanie también estaba casada cuando se conocieron. Por lo tanto, lo que pasó entre Banderas y ella no fue una historia de amor irresistible entre dos personas libres. Fue una historia de dos personas casadas  que decidieron casi a la vez abandonar a sus parejas. Ana se enteró de muchas cosas  por los periódicos.

Por los periódicos. No porque su marido se lo contara,  no porque hubiera una conversación entre los dos, no porque Banderas tuviera la decencia mínima de explicarle lo que estaba pasando al otro lado del Atlántico por los periódicos,  como cualquier desconocida. Personas de su entorno cuentan que aquella mañana de mayo de 1995, Ana bajó al kosco de la  esquina de su barrio en Madrid, como hacía todos los días. Compró el A, B, C y el ola.

Subió las escaleras  del portal con las dos revistas debajo del brazo. Abrió la puerta de casa, se sirvió un café, se sentó en la mesa de la cocina. esa mesa de cocina pequeña donde habían leído guiones juntos  durante años y abrió la portada de Lola y allí estaba su marido en la portada con otra mujer, una mujer rubia sonriendo, cogidos del brazo en una calle de Los Ángeles.

tardó 2 minutos en darse cuenta de que esa mujer era Melanie Griffit y otros cinco en darse cuenta de que su marido nunca había llamado por teléfono desde el rodaje para contarle nada de aquello. Y qué tipo de hombre se va sin mirar atrás  de una mujer que estuvo 9 años creyendo en él cuando nadie más creía.

Quédate  porque ese mismo patrón se va a repetir. Casi calcado,  23 años después. Pero hay algo que muy poca gente sabe de  Analiza. No se hundió. Siguió trabajando. Hizo teatro, televisión, cine. Siguió con su vida  sin pedirle nada a nadie. No vendió su historia. No fue a un plató a hablar de banderas.

No cobró ninguna exclusiva, no llamó a ninguna revista para contar lo que había vivido. Solo se fue con su dolor,  con su dignidad, en silencio. Y eso dice mucho de ella, pero también dice mucho de lo que vivió, porque solo se aleja del foco quien ha aprendido que el foco no da nada bueno. Y Ana lo aprendió de la manera más dura.

Y aquí hay algo que necesito que recuerdes.  Existe una entrevista, una sola, una que Ana dio años después con muy poca rabia y muchísima mesura. En esa entrevista hay una frase que la gente pasó por alto, pero esa frase explica de golpe quién es Antonio Banderas cuando no hay cámaras  delante. Vamos a volver a ella. Guárdala.

España  siguió todo aquello con un interés enorme. La ruptura con Ana, la ruptura de Melanie  con Don Johnson, el romance entre los dos en los meses siguientes. Las revistas hicieron portadas durante  meses. La historia que contaron fue siempre la misma. La del amor que no se puede evitar, la del flechazo que lo supera todo, la del destino que pone a dos personas en  el mismo lugar exactamente en el momento exacto.

Esa historia es muy  bonita. Pero las revistas no contaron lo que pasaba al lado. Ana se quedó sola de un día para otro, sin que nadie le  preguntara cómo estaba, sin portadas para ella, sin programas hablando de su dolor, porque la historia del gran amor de Banderas  y Melanie necesitaba que Ana no existiera y por lo tanto Ana no existió.

La prensa colaboró perfectamente, como hace siempre. Se casaron en 1996.  Boda íntima, solo familia cercana, sin grandes eventos, sin exclusivas. Y empezó lo que España vio durante casi dos décadas como el matrimonio perfecto. El actor español más famoso del mundo con una de las grandes estrellas de Hollywood.

Guapos,  exitosos, complementarios. Así aparecían en cada fotografía, así los contaron en cada entrevista. Así lo creyó todo el mundo, pero la gente que los conocía de cerca veía algo muy distinto, algo que las fotos de las alfombras rojas no enseñaban. Melanie Griffit tenía un problema serio  con las adicciones.

No es un rumor, no es algo que le achacaran sus enemigos. Ella misma lo reconoció públicamente. Pasó por rehabilitación varias veces  durante esos 18 años. Varias. en distintas clínicas, en distintos momentos y Banderas estuvo a su lado en algunos de esos momentos. Eso hay que reconocerlo, pero también hay que reconocer otra cosa.

Una relación donde una persona lucha contra las adicciones no es una relación normal. Tiene una tensión permanente que no desaparece. Tiene crisis que no aparecen en las fotografías.  tiene miedo, vigilancia, agotamiento. Tiene momentos en los que el que está al lado ya no sabe si lo que siente es amor o responsabilidad.

Y eso durante 18 años deja una marca enorme en los dos. Pero existe también un detalle físico, algo concreto. Un objeto que Melanie tenía en  el cuerpo durante todos aquellos años. Un objeto pequeño, visible, que ella misma se hizo cuando todavía creía. Lo que pasó con ese objeto cuando todo terminó es uno de los gestos más brutales que  ha hecho una mujer pública.

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