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¡DETENIDA! HARFUCH REVELA CÓMO GRISELDA VACIÓ LAS CUENTAS DE ABUELITOS EN NUEVO LEÓN

Imagínate trabajar toda tu vida decadás levantándote temprano, cuidando cada peso, sacrificando vacaciones, lujos, caprichos, todo con un solo objetivo, llegar al final de tus días con algo seguro en el banco. Imagínate que lo lograste, que tienes 12 millones de pesos guardados, que vendiste un terreno, que cobras tus pensiones, que por fin tienes con qué vivir tranquilo.

Ahora, imagínate ir al banco un día cualquiera, acompañado de un familiar para hacer un retiro y que la pantalla te diga que solo tiene 50.000 pesos, que el resto desapareció, que alguien, alguien en quien tú confiabas completamente te lo quitó todo. Eso no es una película de terror, eso es lo que le pasó a un adulto mayor en Nuevo León, México.

Y la persona detrás de ese robo no era un delincuente desconocido. Era la mujer que lo atendió en el banco, la mujer que le recomendó abrir una cuenta de inversión, la mujer que se ofreció hacerle los trámites para su comodidad. Esa mujer tiene nombre Griselda. Y lo que hizo durante años forma parte de uno de los fraudes más crueles que puede existir, robarle el patrimonio de toda una vida a quien ya no tiene tiempo de recuperarlo.

Para entender lo que ocurrió en Nuevo León, hay que entender primero quiénes son las víctimas de este tipo de crimen. No son personas descuidadas, no son personas ignorantes, son hombres y mujeres que construyeron su patrimonio durante 40, 50 años de trabajo duro. Son personas que vivieron en una época donde el banco era sinónimo de seguridad, donde confiar en un empleado bancario era tan natural como confiar en un médico o en un maestro.

Son personas que en muchos casos no crecieron con aplicaciones ni con notificaciones en el celular, que dependen del trato humano, de la palabra, del papel firmado. Y son personas que cuando alguien con credencial bancaria les dice que su dinero está bien cuidado, lo creen porque no tienen razón para dudar.

El hombre que inició esta historia vive en Allende, un municipio de Nuevo León. Llegó al banco porque acababa de vender un terreno. Tenía en la mano el dinero de esa transacción y quería depositarlo de forma segura. Tenía ya otros ahorros acumulados durante años. Era un adulto mayor que había llegado a esa etapa de la vida que muchos mexicanos sueñan, pero pocos alcanzan sin preocupaciones económicas.

Ese día lo atendió Griselda, una ejecutiva de BBBA que trabajaba en la sucursal de Allende. Griselda era amable, era paciente, era, según todo lo que describe el testimonio del afectado, exactamente el tipo de persona en quien uno confía dentro de una institución bancaria. Durante esa primera visita, el adulto mayor le explicó a Griselda que esperaba recibir más pagos en los meses siguientes, parte de la misma operación inmobiliaria.

Griselda lo escuchó con atención y le hizo una propuesta que sonaba razonable, incluso ventajosa. Abrir una cuenta de inversión le explicó que así su dinero no quedaría quieto, sino que generaría intereses, que su patrimonio crecería en lugar de simplemente conservarse. Era, en apariencia un consejo profesional, un favor, una muestra de que la empleada bancaria se preocupaba por el bienestar financiero de su cliente.

El hombre aceptó, ¿por qué no iba a aceptar? Lo que vino después fue un proceso lento y calculado. Griselda no robó todo de un golpe. Ese nunca es el método de este tipo de fraude. El método es la paciencia. es la acumulación de confianza visita tras visita, documento tras documento, hasta que la víctima ya no cuestiona nada porque ya confía en todo.

Griselda se ofreció a manejar personalmente los trámites de la cuenta. le dijo al adulto mayor que ella misma se encargaría de los retiros que él necesitara, que no tenía por qué desplazarse al banco cada vez, que eso era para su comodidad y el hombre aceptó de nuevo, porque eso es exactamente lo que uno agradece a esa edad, que alguien de confianza te ahorre el camino, que alguien que conoce el sistema te diga que ya se encarga, que no tengas que lidiar con filas, con formularios, con procesos que cambian cada año y que ya no se entienden como antes. Las entregas

de dinero, según lo que el afectado declaró a las autoridades, comenzaron a realizarse en el estacionamiento del banco, no en la ventanilla, no frente a una computadora institucional con registro, en el estacionamiento. Ahí, en ese espacio informal, Griselda le pedía al hombre que firmara documentos. Él firmaba, confiaba, ella era empleada del banco.

¿Para qué iba a dudar? Lo que Griselda presuntamente hacía con esas firmas era apoderarse del dinero. Utilizaba el acceso que le daba su posición, su conocimiento del sistema bancario y la firma del propio afectado para desviar recursos de la cuenta hacia destinos que la víctima desconocía por completo. Mientras tanto, Griselda le entregaba al hombre documentos, papeles que, según declaró el fiscal general de Nuevo León, Javier Flores Aldíbar, eran documentos apócrifos, falsificaciones, documentos que le mostraban al adulto mayor que su inversión seguía creciendo,

que los intereses se acumulaban, que todo estaba bien. El hombre los recibía, los guardaba y seguía creyendo que su dinero estaba intacto. El esquema no se detuvo cuando Griselda se jubiló. Este es uno de los detalles más reveladores del caso. Una vez que dejó de trabajar formalmente en BBEBA, Griselda presuntamente continuó manejando la cuenta del adulto mayor.

Continuó haciéndose pasar, según fuentes policiales, como empleada del banco. Continuó entregando documentos falsos. continuó vaciando la cuenta. La jubilación no fue el fin del fraude, fue simplemente el momento en que perdió la cobertura institucional, pero mantuvo el acceso emocional, el acceso de la confianza que ya había construido durante años.

Nadie en la sucursal donde Griselda trabajó reportó sospechas. Cuando las autoridades preguntaron, el banco respondió que desconocía el presunto fraude. Una institución que maneja miles de millones de pesos con sistemas de monitoreo, con cumplimiento normativo, con auditorías, no detectó que una de sus empleadas vaciaba la cuenta de un adulto mayor durante meses, posiblemente durante años.

El día en que todo se derrumbó fue un día ordinario. El adulto mayor fue al banco acompañado de un familiar. iban a hacer un retiro importante. Necesitaban el dinero, quizás para un gasto médico, quizás para algo que habían planeado, quizás simplemente porque era su dinero y tenían el derecho de retirarlo. Cuando el cajero mostró el saldo, la pantalla decía 50,000 pes.

Solo 50,000 pesos de una cuenta que debía tener millones. El impacto de ese momento es difícil de describir con palabras. décadas de ahorro, el dinero de la venta de una propiedad, los recursos que representaban la seguridad del resto de su vida habían desaparecido. El familiar que lo acompañaba fue quien, según los reportes, impulsó el proceso legal.

La familia tomó la decisión de denunciar, de no quedarse callada y ese paso fue el que detonó todo lo que vino después. La investigación reveló el patrón. Las autoridades encontraron los documentos apócrifos, los papeles falsos con los que Griselda le hacía creer a su víctima que los intereses se generaban con normalidad.

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