No es como el atletismo, donde el cuerpo del atleta es el único [música] instrumento. No es como la natación, donde el agua es el medio, pero no el compañero. En la equitación, el caballo tiene su propia voluntad, su propio miedo, sus propias fortalezas y debilidades. Y el jinete que llega al nivel de élite no es el que domina el caballo por la fuerza, es el que aprende el idioma del animal y logra que ese idioma coincida con lo que el jinete necesita que el animal haga.
Mariles aprendió ese idioma de una manera que sus compañeros en la escuela de caballería identificaron desde temprano como excepcional. No era solo que montara bien, era que los caballos respondían de manera diferente cuando él estaba en la silla, que la comunicación entre el jinete y el animal tenía una fluidez que en otros tardaba años en construirse y que en él parecía natural desde los primeros meses de entrenamiento. Escucha esto.
En la Escuela Militar de Aplicación, donde Mariles continuó su formación después del colegio, coincidió con hombres que después también formarían parte del equipo olímpico de 1948. José María Inchaustegui, Joaquín Solano Chagoya, Ramiro Rodríguez Pala Fox, una generación entera de jinetes militares mexicanos que se formaron juntos y que construyeron entre sí la competencia y la camaradería que los llevaría a Londres.
Y en los años 30 y 40, antes de los Juegos Olímpicos, Mariles ya era una figura conocida en los circuitos de equitación internacionales. [música] Compitió en el Madison Square Garden de Nueva York, donde la alta sociedad americana que seguía el deporte lo vio montar y quedó impresionada. viajó a Europa, acumuló victorias en competencias que no eran los Juegos Olímpicos, pero que eran el tipo de preparación que los Juegos requieren.
[música] Exposición al nivel de competencia internacional, a los estilos de los jinetes de otras escuelas, a los obstáculos y las condiciones que los organizadores europeos consideraban desafíos adecuados para los mejores del mundo. También fundó en los años 40 la escuela del ejército mexicano, una institución que transformó la manera en que el ejército mexicano entendía la equitación de alto rendimiento, que introdujo métodos de entrenamiento rigurosos y que preparó no solo al equipo de 1948, sino a las generaciones de jinetes
militares que vendrían después. Eso, la fundación de una escuela que produjo lo que produjo es parte del legado de Mariles que el escándalo posterior ha tendido a oscurecer. [música] Y entonces llegó Arete. Aquí viene la primera revelación que te prometí. A principios de 1948, el equipo mexicano estaba en preparación para los Juegos Olímpicos de Londres, los primeros que se celebraban después de la Segunda Guerra Mundial.
Mariles había estado entrenando con otro caballo llamado Resorte, que era rápido, pero no era seguro en los altos. Y en algún momento de ese proceso tuvo contacto con Arete. Arete era un alzán, un caballo de pelaje castaño rojizo y tenía algo que lo hacía poco atractivo para cualquier programa de equitación de élite.
Era ciego de un ojo, un caballo [música] tuerto en la equitación de saltos, donde la percepción del espacio y la profundidad son fundamentales para que el animal calcule correctamente la distancia y la altura de cada [música] obstáculo. Tener un ojo que no funciona es una desventaja que la mayoría de los entrenadores consideraría descalificadora [música] para el nivel olímpico.
Mariles lo vio diferente, montó arete [música] y sintió algo que resorte no le había dado, potencia en los saltos. Una confianza del animal al acercarse a los obstáculos que compensaba la limitación visual de una manera que Mariles entendió antes de que cualquier análisis técnico pudiera confirmárselo y decidió que Arete era su caballo para Londres.
El problema era que Arete no le pertenecía. Era de Casimiro Jin, familiar del empresario Emilio Azcarragán. Y convencer a Casimiro Jin de prestar su caballo para los Juegos Olímpicos requería una negociación que Mariles no podía ganar solo [música] con su influencia. Necesitaba ayuda desde arriba y la encontró.
El presidente Manuel Ávila Camacho intercedió personalmente para convencer a Jin de que prestara el caballo. El presidente de la República moviéndose para que un jinete militar pudiera montar a un caballo tuerto [música] en los Juegos Olímpicos. Eso dice algo sobre el nivel de respeto y de influencia que Mariles ya [música] tenía en 1948.
No era solo un jinete, era un militar ascendido, una figura que había construido relaciones en los niveles más [música] altos del poder mexicano a través de sus años de servicio y de sus victorias en los circuitos internacionales. Y esas relaciones le permitían mover al presidente de la República en una gestión que para cualquier otro atleta hubiera sido imposible.
Con arete garantizado, el equipo mexicano partió hacia Europa para la gira previa a los juegos. Y en esa gira, en una carta que Mariles escribió desde Vichi, Francia a Casimiro el 9 de julio de 1948, dijo algo que define perfectamente la relación que había construido con el animal.
Creo que arete es el mejor caballo que he montado y creo también, sin duda alguna, que es el mejor de todos los que he visto por acá. Piensa en ese momento. Un jinete mexicano en Bichí, Francia, en julio de 1948, escribiéndole a quien le prestó su caballo tuerto para decirle que ese caballo ciego de un ojo es el mejor del continente europeo.
Y la gira confirmando esa evaluación. Pero entonces llegó el obstáculo más inesperado de toda la preparación. Y no fue un obstáculo de los [música] que se saltan en la pista, fue un obstáculo político. Un grupo de generales opositores amariles dentro del ejército mexicano que tenían sus propias razones para no querer verlo triunfar en el escenario internacional convencieron al presidente Miguel Alemán que para entonces ya había reemplazado a Ávila Camacho, de que el equipo mexicano no tenía posibilidades en los Juegos
Olímpicos de Londres, que el dinero y el esfuerzo que el gobierno había invertido en mandarlos a Europa iba a resultar en un fracaso que avergonzaría a México ante el mundo. alemán, convencido por esos argumentos, ordenó el regreso del equipo a México. El embajador de México en Roma, Luis de Ochimal, informó a Mariles que tenía instrucciones para que el equipo volviera inmediatamente, que había incluso una orden de aprensión contra él por desacato a la autoridad y deserción.
Y Mariles respondió con lo que Mariles era. Dijo que no, que no regresaba, que ya estaba en Europa, que ya hablaría con el embajador al día siguiente. Al día siguiente ya era tarde para cualquier discusión. El equipo mexicano ya estaba en camino a Londres. Grábate ese momento. Un oficial del ejército mexicano desobedeciendo directamente las órdenes del presidente de la República y del mando superior para competir en unos Juegos Olímpicos que todos le habían dicho que iba a perder.
Ese nivel de determinación, esa certeza de sí mismo que no reconoce la autoridad como limitante cuando la autoridad se interpone entre él y lo que quiere es exactamente el rasgo que en Londres lo llevaría a los Soros y que en el periférico, en 1964, lo llevaría al homicidio. La misma característica de personalidad produciendo resultados diametralmente opuestos dependiendo del contexto donde se expresaba.
El 8 de agosto de 1948, primero llegó el bronce, la [música] prueba de los tres días por equipos con Mariles montando a Parral junto a Camperos, Solano y Chagoya. [música] México en el podio desde el primer día de las competencias secuestres. Y entonces el 14 de agosto, la prueba de salto individual.
Humberto Mariles y Arete, el caballo tuerto de Bichi, piensa en lo que ese día representó. El mundo reunido en Londres para los primeros Juegos Olímpicos en 12 años. Los primeros después de la Segunda Guerra Mundial que había dejado a Europa destrozada y un jinete mexicano montando a un caballo ciego de un ojo que ningún experto hubiera apostado [música] como favorito.
Lo que pasó en la pista ese día es lo que el deporte produce en sus mejores momentos. [música] La demostración de que la certeza interior de un atleta puede superar cualquier limitación objetiva que [música] el mundo pone sobre la mesa. Mariles y Arete completaron el recorrido. Los jueces levantaron las tarjetas.
México ganó su primera medalla de oro en la historia de los Juegos Olímpicos. Eso no fue todo. En la prueba de salto por equipos junto a Rubén Urisa Castro y Alberto Valdés Ramos, México ganó el segundo oro del mismo evento. Dos medallas de oro en un solo día, más el bronce de los tres días, tres medallas en 8 días. El mayor logro individual de México en una sola edición olímpica que sigue sin ser igualado 76 años después.
Cuando llegó la noticia a México, el país enloquecido de orgullo que el deporte produce cuando un compatriota hace algo que nadie esperaba que pudiera hacerse en el escenario del mundo. El mismo presidente alemán que había ordenado el regreso del equipo, el que había firmado las órdenes de aprensión contra Mariles por deserción, llamó personalmente al campeón para felicitarlo.
[música] Ese es el tipo de pragmatismo político que México conoce bien. Un día ordenas el arresto del desertor, el día siguiente lo llamas para felicitarlo por lo que su deserción logró. Mariles regresó de Londres como el mayor héroe deportivo que México había producido hasta ese momento. El recibimiento fue el que México reserva para sus grandes victorias internacionales.
Multitudes, discursos, reconocimientos del gobierno y del ejército. La presencia constante en los actos oficiales donde su imagen servía de prueba de que México podía alcanzar la cima del mundo en cualquier cosa que se propusiera. Y el ego de un hombre que ya tenía ese rasgo comenzó a crecer a la misma velocidad que los aplausos. Escucha [música] esto.
Las crónicas de los años que siguieron a Londres, 1948 describen a Mariles como alguien que fue transformado por la gloria de una manera que no siempre fue para bien. [música] La imagen del arquetipo perfecto del mexicano portentoso y vencedor, como lo describen las fuentes, comenzó a instalarse en su propia percepción de sí mismo con una solidez que lo hacía sentir diferente a las reglas que aplicaban a los demás.
Intocable, [música] porque en México de esa época y en muchas otras épocas, el campeón olímpico tiene una protección implícita que el sistema político otorga a los que han servido para construir el orgullo nacional de la manera en que Mariles lo sirvió. Ese sentimiento de intocabilidad combinado con el temperamento que le había permitido desafiar al presidente de la República y ganar era una combinación [música] que el tiempo y las circunstancias eventualmente iban a cobrar.
La segunda revelación que te prometí llega ahora y es la más incómoda para el relato del héroe olímpico. Agosto de 1964, 16 años después de Londres, Mariles tenía 51 años. era general del ejército mexicano y seguía siendo el hombre con más medallas de oro en la historia olímpica de México. En agosto de 1964 en la ciudad de México, en la avenida Periférico, Humberto Mariles tuvo un incidente de tráfico con otro conductor, lo que comenzó como el tipo de fricción que la Ciudad de México produce cientos de veces por día en sus calles. claxon
que alguien toca en el momento equivocado, la maniobra que alguien hace que obliga [música] al otro a frenar. La discusión que empieza con palabras desde dentro del automóvil se convirtió en algo completamente diferente cuando Mariles sacó su arma. El otro conductor se llamaba Jesús Velázquez. No era un rival de Mariles, no tenía ninguna relación previa con él.
No había ninguna historia detrás de ese momento que justificara lo que pasó. Era simplemente alguien que estaba en el mismo tramo del periférico en el momento equivocado [música] y que cruzó de la manera que sea el umbral de lo que Mariles estaba dispuesto a tolerar. Ese día Mariles disparó. Jesús Velázquez murió. No de manera inmediata, sino de peritonitis, la infección que el cuerpo desarrolla cuando el intestino es perforado y las bacterias se esparcen por la cavidad abdominal.
Una muerte lenta y dolorosa que llegó como consecuencia del disparo de un general mexicano que tenía dos olímpicos en su [música] historial y que en un momento de furia no controlada disparó contra alguien que lo había exasperado en el tráfico. Grábate ese contraste brutal. El hombre que en Londres, 1948 había demostrado un control absoluto de sus nervios y de su técnica ante la presión más alta que la equitación olímpica puede producir.
Ese mismo hombre en el tráfico del periférico de la Ciudad de México en 1964 sin control alguno. La misma determinación que lo llevó a desafiar al presidente y ganar el oro olímpico aplicada a una disputa de tráfico con consecuencias irreversibles. Mariles huyó a Texas después del disparo. Las autoridades mexicanas abrieron el proceso judicial en su ausencia y eventualmente cuando la situación se procesó de la manera en que México procesa estas situaciones, cuando el acusado es alguien con el perfil de Mariles, un general con oros olímpicos y
relaciones en los niveles más altos del poder, regresó a México y enfrentó el proceso. Fue procesado por homicidio calificado con ventaja, el cargo más grave que el sistema jurídico mexicano tiene para el homicidio intencional. La sentencia fue de 20 años en Lecumberry, el palacio negro de Lecumberry, la cárcel más infame de México en esa época, el lugar donde la ciudad de México depositaba a los que el sistema quería que desaparecieran de la vista pública, donde convivían los presos políticos con los criminales comunes,
donde las condiciones de vida eran las que cualquier nombre que incluya la palabra palacio en modo irónico sugiere. y Humberto Mariles, general del ejército mexicano, dos veces campeón olímpico, llegó a ese lugar como un preso más, pero no se quedó 20 años. A través de un amparo presentado por su abogado, la condena fue reducida de 20 años a siete.
En 1971, después de cumplir aproximadamente 7 años de reclusión, Mariles salió de Lecumberry en libertad. Piensa en el estado de un hombre de 58 años que sale del Lecumberry después de 7 años. Un general que fue encarcelado. Un campeón olímpico que pasó 7 años en la cárcel más infame de México.
Un hombre cuyo nivel de vida previo al encarcelamiento había incluido viajes internacionales, competencias en el Madison Square Garden, recibimientos presidenciales y que salía a un mundo que había seguido girando sin él durante 7 años. La gloria de Londres, 1948 seguía siendo la gloria de Londres, 1948. Nadie le podía quitar las medallas, pero la imagen pública que esas medallas habían construido durante 16 años el héroe [música] intocable, el jinete que desafió a la muerte y al presidente para ganar el oro. Esa imagen había sido
reemplazada por la del general, que disparó a alguien en el periférico por un incidente de tráfico y salió de Lecumberry en 1971 con su temperamento intacto, con su ego intacto, con sus ambiciones intactas y con la urgencia específica que las fuentes documentan como el motor de lo que vino después.
Su hija estaba a punto de casarse y quería que esa boda fuera la más espectacular, la más suntuosa, la más comentada del ambiente social en el que se movía. Una boda que requería dinero que Mariles después de 7 años en Lecumberry no tenía. Aquí llega la tercera revelación y es la que termina de construir el expediente completo de este hombre.
Las fuentes disponibles sobre lo que pasó entre 1971 y 1972 describen a Mariles como alguien que con su enorme influencia entre los militares y todavía considerado un héroe por sus medallas olímpicas, encontró el camino de la manera más directa que alguien con esos contactos podía encontrarlo, el narcotráfico, y más específicamente la heroína que circulaba entre Europa y América en los circuitos que en los años 70 empezaban a construir el negocio que después definiría décadas de historia de México.
Lo que las crónicas describen es que Mariles había conseguido introducir previamente un cargamento de heroína desde Europa a México a través del aeropuerto de la capital, usando su estatus de general y el respeto que su nombre generaba en el sistema de aduanas para que el cargamento pasara sin revisión. Base general fue lo único que necesitó y ese cargamento vendido en Estados Unidos produjo el dinero que una boda espectacular requería.
Lo que las fuentes no confirman con precisión es la escala exacta de esa primera operación. ¿Cuántas personas estaban involucradas? si tenía conexiones con estructuras del crimen organizado más amplias o si fue una operación más puntual aprovechando sus contactos militares. Esta zona gris es la que genera el debate nunca resuelto sobre si Mariles era un narco real con una carrera en el tráfico de drogas o si fue una persona que intentó una operación puntual y que eventualmente fue atrapada o según la versión de su familia, [música]
utilizada como chivo expiatorio por intereses que prefirieron que cargara con la responsabilidad de algo más grande que lo que él había hecho. En los primeros días de noviembre de 1972, con la boda de su hija inminente y la necesidad de más recursos, Mariles viajó a París. Lo que fue hacer exactamente en París es parte de lo que el juicio que nunca ocurrió habría tenido que determinar.
Lo que sí está documentado es lo que encontraron cuando las autoridades francesas lo detuvieron. Heroína. Las fuentes varían en los detalles específicos sobre la cantidad y las circunstancias exactas de la detención. Pero la detención en sí y el cargo de narcotráfico son parte del registro oficial del caso. Fue procesado en Francia, detenido en espera de juicio y trasladado a la prisión de la santé en París, que es uno de los establecimientos penitenciarios más conocidos y más antiguos de Europa.
Localizado en el arrondicemén 14 de la capital francesa. Grábate esto. La Santé en 1972 era una prisión con una historia larga y una reputación que correspondía a esa historia. No era un centro de detención preventiva de baja seguridad. Era la cárcel donde Francia ponía a los que consideraba que necesitaban estar bien contenidos.
y Humberto Mariles, general del ejército mexicano, dos veces campeón olímpico de Londres 1948, encontrado en posesión de heroína en París en 1972, terminó en una celda de la santé. Y aquí llegamos a la cuarta revelación, la que cierra el expediente de la manera más perturbadora. El 5 de diciembre de 1972, Roger Blapó, el abogado de Marilés, estaba exultante.
Las fuentes que reconstruyen esos días describen a un abogado que tenía en su poder los documentos que en su evaluación probaban la inocencia de su cliente o al menos que contradecían los cargos de una manera que hacía que el caso de la Fiscalía Francesa fuera más complicado de sostener de lo que había aparecido al principio.
Flap fue a ver a Marils, le contó lo que tenía, le informó que el juez lo interrogaría por primera vez al día siguiente, el 6 de diciembre, que esa sería la primera oportunidad que Mariles tendría de hablar ante el sistema judicial francés sobre lo que había pasado. La primera vez que su versión de los hechos entraría en el expediente oficial.
tuvieron su conversación. Blackp se fue con la certeza de quien cree que el día siguiente va a ser el inicio de la defensa que va a funcionar. Mariles se quedó en su celda de la santé. El 6 de diciembre de 1972, Humberto Mariles Cortés apareció muerto en su celda. La causa oficial establecida por las autoridades francesas fue edema pulmonar.
Un edema pulmonar es la acumulación de líquido en los pulmones que puede ocurrir por múltiples causas, incluyendo insuficiencia cardíaca, infección pulmonar grave o reacción a ciertas sustancias. Es una causa de muerte que puede ser genuinamente natural en alguien de 59 años con el estado de salud que 7 años en Lecanberry más los años posteriores podían haber producido.
Y es también una causa de muerte que puede ser producida artificialmente por ciertas sustancias. que en la autopsia son difíciles de distinguir del edema pulmonar natural, especialmente en condiciones donde la investigación no tiene el nivel de precisión que la ciencia forense posterior ha alcanzado. La familia de Mariles no aceptó la versión oficial.
Dijeron que lo habían envenenado, que alguien había puesto algo en su desayuno de ese 6 de diciembre, que la muerte el día antes de su primer interrogatorio judicial no era una coincidencia, sino el producto de una decisión tomada por quienes no querían que Mariles hablara ante el juez. ¿Quiénes serían esos alguienes? La familia no especificó con nombre y apellido en los registros disponibles y las autoridades francesas cerraron el caso con el edema pulmonar como causa oficial, sin abrir una investigación de homicidio. El juicio nunca ocurrió. El
expediente quedó sin resolverse porque el acusado murió antes de poder hablar. Y la pregunta de si Humberto Mariles era un narco de carrera, un operador puntual que cometió un error de cálculo o alguien que fue posicionado en ese papel por intereses que necesitaban un chivo expiatorio con el perfil correcto para una operación más grande, quedó sin la respuesta que el juicio habría podido proveer.
Lo que sí está en el registro y no requiere especulación es esto. El hombre con el mejor palmarés individual de México en la historia olímpica, el que dio los dos primeros soros a un país que llevaba décadas participando sin ganar el máximo. Murió el 6 de diciembre de 1972 en la cárcel de la Santé en París con 59 años sin haber podido hablar ante el juez, sin juicio, sin sentencia, sin la posibilidad de que el expediente se cerrara de cualquier manera, que no fuera la muerte misma como cierre.
Y en Santiago Tianguistenco, Estado de México, donde vivía Salvador Sánchez y que no tiene ninguna relación con Parral, el Chihuahua donde nació Mariles, hay un estadio olímpico que lleva el nombre de Humberto Mariles. En Parral, su ciudad natal, también hay reconocimientos. El deporte mexicano lo recuerda, pero lo recuerda de manera fragmentada con el filtro que permite celebrar al jinete de Londres sin tener que hablar del general de Lecumberry ni del muerto en la santé Arete, el caballo tuerto que lo llevó al oro, murió en
febrero de 1952. Una patada de un caballo argentino llamado cordobés durante un juego de establo le causó una lesión que los veterinarios no pudieron resolver. Le pusieron una placa de plata intentando salvarle la vida. No funcionó y el propio Maril cabó la tumba de su caballo en el centro deportivo Olímpico Mexicano.
El jinete enterrando con sus propias manos al compañero que lo había llevado al pico más alto de su carrera. Esa imagen, Maril excavando la tumba de arete tiene algo de premonición de lo que vendría. El hombre que enterró a su mejor compañero terminaría el mismo en una tumba que las circunstancias de su vida habían empezado a acabar mucho antes de esa celda en París.
Humberto Mariles Cortés fue el mejor jinete que México ha producido. Sigue siendo el único mexicano en ganar dos oros en la misma edición olímpica. El único en conseguir tres medallas en una sola justa. El que desobedeció al presidente de la República y ganó. El que fue a los Juegos Olímpicos con un caballo tuerto y ganó.
El que demostró que el talento y la determinación pueden superar cualquier limitación cuando el jinete y el animal confían completamente el uno en el otro. Y también fue el hombre que disparó en el periférico contra alguien que lo exasperó en el tráfico y lo mató, el que pasó 7 años en Leonberry, el que en sus últimos meses de vida estuvo en París por razones que el juicio que no ocurrió nunca pudo determinar definitivamente.
y el que murió en una celda de la santé el día antes de su primer interrogatorio judicial. La gloria y la tragedia, el héroe y el criminal, el jinete que volaba sobre los obstáculos y el hombre que no supo saltar los que su propio temperamento le ponía en el camino fuera del ring. Eso es Humberto Mariles, completo, sin filtros, con la incomodidad que produce la historia de alguien que fue simultáneamente lo mejor y lo peor que el deporte y la vida pueden poner en la misma persona.
Pero hay algo que todavía no te he contado, algo que necesitas saber para entender la historia de Humberto Mariles en su dimensión más completa. Porque hablar de los oros de Londres y del disparo en el periférico y de la celda en París, sin hablar del sistema específico donde todo eso ocurrió, es quedarse con los eventos sin el contexto que los explica.
Y el contexto en el caso de Mariles es tan revelador como los propios eventos. Grábate esto antes de que sigamos. Humberto Mariles no fue una anomalía dentro del sistema militar mexicano de mediados del siglo XX. Fue el producto más visible y más extremo de una cultura específica dentro de ese sistema. Una cultura donde el honor militar y el ego personal eran inseparables, donde la impunidad del rango era una realidad que nadie discutía en voz alta, pero que todo el mundo conocía y donde los contactos acumulados a lo largo de una
carrera podían convertirse en herramientas de protección en los mejores momentos y en herramientas de destrucción en los peores. Para entender eso en su totalidad necesitas entender que era el ejército mexicano en la primera mitad del siglo XX. No el ejército que México tiene hoy con sus propias complejidades.
El ejército que nació de la revolución que se consolidó en los años 20 y 30 bajo figuras como Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, que fue la columna vertebral del sistema político que México construyó durante el siglo pasado. un ejército donde los generales no eran solo militares, eran figuras políticas, económicas, sociales, con influencia que se extendía mucho más allá de cualquier estructura de mando formal.
En ese ejército, Humberto Mariles ascendió y lo hizo combinando el talento genuino con la inteligencia política que se requería para sobrevivir y prosperar en un ambiente donde las rivalidades internas podían destruir una carrera tan eficientemente como cualquier derrota en el campo de batalla. Los mismos generales que intentaron que el presidente alemán no mandara al equipo olímpico a Londres eran parte del sistema de rivalidades que cualquier figura del Ejército Mexicano de esa época tenía que navegar con una habilidad que iba mucho más allá
de saber montar a caballo, que Mariles les ganara esos generales rivales de la manera en que les ganó, desobedeciendo la orden de regreso y volviendo con tres medallas olímpicas. Es el tipo de movimiento que dentro del Ejército mexicano de la época tiene consecuencias de largo plazo. Los enemigos que construyó en ese proceso no desaparecieron cuando llegó el oro.
Se adaptaron, esperaron. Y en los años siguientes, mientras Mariles disfrutaba de la gloria que las medallas le habían dado y mientras su ego crecía a la misma velocidad que los aplausos, esos enemigos seguían ahí. parte de un sistema que tiene memoria larga y que cobra sus cuentas en los momentos más convenientes.
Escucha esto. El incidente del periférico en 1964 no ocurrió en el vacío. ocurrió en el contexto de un hombre que llevaba 16 años sintiéndose intocable dentro del sistema que lo había celebrado, que había acumulado una protección implícita basada en su historia olímpica que le hacía sentir que las reglas normales no aplicaban de la misma manera a él y que tenía un temperamento que el sistema había premiado cuando se expresaba en la dirección correcta.
El desafío al presidente que resultó en oros olímpicos, pero que el sistema no había nunca corregido cuando se expresaba en las otras direcciones. El disparar en el periférico no fue el primer acto de violencia de Marils. [música] Las fuentes disponibles sugieren que su temperamento explosivo era conocido en los círculos donde se movía, que había habido incidentes previos, que el escudo de su condición militar y de sus medallas olímpicas habían amortiguado antes de que llegaran a las páginas de los periódicos. El periférico fue el
incidente que no pudo ser amortiguado de la misma manera. Jesús Velázquez murió y un muerto en la Ciudad de México no desaparece, aunque quien lo haya matado tenga dos oros olímpicos. Pero incluso entonces, incluso con un muerto, el sistema encontró sus mecanismos. La condena inicial de 20 años en Lecumberry fue reducida a siete a través de un amparo legal.
Eso no es inusual en el sistema jurídico mexicano, donde los recursos legales tienen sus propias dinámicas que no siempre corresponden exactamente a la gravedad del delito. Pero en el contexto de Mariles es imposible no notar que el campeón olímpico con conexiones militares y relaciones en los altos niveles del poder cumplió siete de los 20 años a los que fue sentenciado.
Grábate esto. 7 años de los 20 sentenciados. Eso significa que Mariles cumplió el 35% de su condena y salió en 1971 a los 58 años con el mismo temperamento con que había entrado y con la urgencia que la vida de su hija le imponía. Piensa en lo que una hija a punto de casarse significa para alguien como Marils en 1972.
No es solo el evento familiar, es el evento público, la oportunidad de demostrar que el hombre que salió de Lecumberry seguía siendo el general Mariles, el campeón olímpico, el que podía hacer que las cosas grandes ocurrieran. Una boda espectacular era una declaración de que la cárcel no lo había roto, de que seguía siendo capaz de producir el tipo de magnificencia que su estatus requería y no tenía el dinero para esa boda.
7 años en Lecumberry habían consumido sus recursos. La vida dentro de la cárcel no genera ingresos. La vida que había tenido antes de entrar no estaba disponible de la misma manera cuando salió. Y su red de contactos militares, que seguía siendo real, aunque reducida, le presentó una posibilidad que el hombre que había desobedecido al presidente para ir a los Juegos Olímpicos y el hombre que había disparado en el periférico sin considerar las consecuencias estaba en condición de considerar.
La heroína que circulaba entre Europa y México en los canales que los años 70 estaban construyendo era un negocio enorme y un general mexicano con acceso a esos canales y con el nombre que Mariles tenía, podía facilitar una operación de manera que pocos otros podían. El pase general en el aeropuerto, la deferencia institucional hacia un general de nombre reconocido eran recursos reales en el México de 1972, donde el control aduanero era lo que era.
Lo que está documentado en fuentes disponibles es que Mariles usó esos recursos para introducir un cargamento desde Europa. Lo que no está completamente establecido es la escala exacta de ese involucramiento, el nivel de organización que lo rodeaba y quiénes más en la cadena de mando o en la red de contactos militares estaban involucrados o tenían conocimiento de lo que ocurría.
Escucha esto. Esa es exactamente la zona de ambigüedad que el juicio que nunca ocurrió habría tenido que resolver. Porque hay dos versiones posibles de lo que Mariles era en 1972. La primera, [música] un operador del narcotráfico que usó sus contactos militares para construir una red de tráfico de heroína y que fue finalmente detenido cuando esa red se extendió demasiado.
La segunda, un hombre que realizó una o dos operaciones puntuales usando sus contactos, impulsado por la necesidad económica específica de la boda de su hija y que fue detenido en París en un momento donde su nombre y su situación resultaban convenientes. para alguien con más poder e intereses más complejos que los suyos.
Ambas versiones son posibles desde la evidencia disponible. Y el hecho de que Mariles murió el día antes de hablar por primera vez ante el juez francés dejó esa ambigüedad sin resolver de manera permanente. La versión de la familia sobre su muerte, la del veneno en el desayuno, encaja en la segunda narrativa.
Si Mariles era el chivo expiatorio de algo más grande, si había alguien con más poder que necesitaba que él no hablara ante el tribunal, entonces su muerte el 6 de diciembre de 1972. El día antes del primer interrogatorio judicial tiene una lógica perversa, pero comprensible. No habría necesidad de mantenerlo vivo si lo que iba a decir en el juicio era peligroso para quienes habían orquestado la situación.
La versión oficial del edema pulmonar, que es la que el sistema francés estableció, puede ser completamente correcta. Un hombre de 59 años con la historia física y psicológica de Mariles en las condiciones de una prisión parisina en diciembre de 1972 podía tener un sistema cardiovascular en el estado que produce un edema pulmonar fatal.
No hay evidencia física disponible que pruebe definitivamente que fue otra cosa. Y ahí está la paradoja que define el cierre de este expediente. Hay dos versiones posibles de la muerte de Humberto Mariles. Las dos son plausibles. Ninguna está definitivamente probada y el expediente permanece abierto de la misma manera en que el de Salvador Sánchez permanece abierto con una pregunta en el centro que el tiempo no ha respondido y que probablemente nunca responda.
Grábate esto. Lo que sí está definitivamente cerrado, lo que no tiene ambigüedad ni preguntas abiertas es el registro de lo que Mariles fue en los momentos más altos y más bajos de su vida. El oro de Londres, 1948 está en los registros del Comité Olímpico Internacional. El disparo en el periférico está en los expedientes judiciales mexicanos.
La muerte de Jesús Velázquez está documentada. Los 7 años en Lecumberry están documentados. [música] La detención en París está documentada. Lo que no está documentado de manera definitiva es la naturaleza exacta de lo que ocurrió en París y lo que no está documentado de manera definitiva es la causa exacta de su muerte.
Esos dos huecos son los que hacen que el expediente de Mariles sea uno de los más complejos que el deporte mexicano tiene en su archivo. No porque la historia sea oscura en el sentido de haber sido ocultada deliberadamente, sino porque los mecanismos que habrían podido producir la claridad, el juicio en París, una investigación exhaustiva de su muerte, no existieron de la manera que habrían necesitado existir para cerrar el expediente.
Hay otro elemento de esta historia que raramente aparece en las discusiones sobre Mariles y que es parte inseparable de quién fue. Tiene que ver con arete y con lo que la relación entre un jinete y su caballo revela sobre la personalidad del jinete. Humberto Mariles cabó la tumba de arete con sus propias manos en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano en febrero de 1952.
Un general del ejército mexicano, un hombre de temperamento explosivo y ego enorme, eligió hacer personalmente el trabajo de enterrar al animal que lo había llevado al pico de su vida. No delegó esa tarea, [música] no la encargó a alguien del establo, la hizo él. Esa imagen dice algo sobre la dimensión de la relación que Mariles había construido con Arete, que ningún récord deportivo puede capturar completamente.
En la equitación de élite, los caballos no son implementos, son compañeros en el sentido más literal que ese término puede tener en el deporte. Y arete con su ojo ciego, con su potencia en los altos que compensaba la limitación visual, [música] con la confianza que había construido con el jinete que lo obtuvo a través de la intervención presidencial, era algo que no tenía reemplazo.
[música] El hombre que disparó en el periférico fue el mismo hombre que cabó la tumba de arete. Esas dos imágenes coexisten en la misma persona y esa coexistencia es el retrato más honesto de la complejidad de Humberto Mariles, un ser capaz de la delicadeza que la equitación de alto rendimiento requiere y de la brutalidad que el disparo en el tráfico representó.
No es que fueran dos personas distintas, era la misma persona con capacidades que en algunos contextos producían grandeza y en otros producían destrucción. Escucha esto. El debate sobre el legado de Humberto Mariles en el deporte mexicano es el debate más incómodo que ese mundo tiene que sostener, porque no hay manera honesta de hablar de su legado olímpico sin hablar del resto.
Que sea listo. Y no hay manera honesta de reducirlo al periférico o a París sin hablar de Londres. En México la tendencia institucional ha sido la de separar los dos, de celebrar el jinete de 1948 y tratar el periodo posterior como una parte que se menciona brevemente y se pasa rápido.
El estadio que lleva su nombre en Parral. Los homenajes que se le tributan en el aniversario de sus victorias olímpicas utilizan el nombre de Mariles en el contexto del deporte, sin cargar con el peso del resto de la historia. Esa separación es comprensible desde el punto de vista institucional. El deporte necesita sus héroes completos, sin los huecos que la realidad de las personas producen esa imagen.
Pero esa separación también es deshonesta, porque Humberto Mariles, el hombre completo, es inseparable de todas sus partes. Los oros de Londres no habrían sido posibles sin el temperamento que lo llevó a desafiar al presidente y quedarse en Europa. Y ese mismo temperamento en condiciones diferentes produjo el disparo en el periférico.
Piensa en lo que México perdió cuando Mariles murió en la Santé en 1972. No solo al hombre, perdió la posibilidad de que el expediente se cerrara de cualquier manera que no fuera esa muerte en una celda. El juicio que no ocurrió, que habría podido establecer con mayor precisión lo que Marils era en sus últimos meses de vida, no existe.
Los documentos que el abogado Blapó tenía, que supuestamente probaban algo importante para la defensa, no entraron en el registro oficial porque el proceso no llegó al punto donde habrían sido presentados. Y la familia, que nunca aceptó la versión oficial del edema pulmonar, lleva más de 50 años con las preguntas que el sistema francés y el mexicano no respondieron de manera satisfactoria.
Eso no es solo el duelo privado de una familia que perdió a un padre y un abuelo en circunstancias violentas. Es también parte de la historia pública de este caso, porque la versión de la familia es una de las dos versiones posibles de lo que ocurrió y merece ser tratada como tal. Grábate el patrón que aparece cuando pones en perspectiva la historia completa de Humberto Mariles, un hombre que nunca aprendió que el mismo rasgo que lo hacía extraordinario en un contexto podía destruirlo en otro, que la determinación que en la pista produce campeones, en el
periférico produce víctimas. que la impunidad que el sistema premió durante 16 años después de Londres termina cobrándose su precio en el momento más inesperado. Eso no es un juicio moral sobre Mariles, es la descripción de un patrón que el sistema que lo rodeó también contribuyó a producir. El sistema que lo celebró sin límites en 1948.
El sistema que le otorgó la impunidad implícita que los héroes olímpicos reciben en México, el sistema que redujo su condena de 20 a 7 años en Lecumberry. Ese sistema también tiene su parte en el resultado y eso la responsabilidad compartida entre el individuo y el sistema que lo formó y lo protegió y lo usó y eventualmente lo dejó caer es la lectura más compleja y más honesta de la historia de Humberto Mariles.
[música] No el héroe puro que cayó por mala suerte, no el villano que merecía todo lo que le pasó. El producto específico de una combinación de talento extraordinario, temperamento explosivo, sistema permisivo y una serie de decisiones propias que fueron escalando desde el desafío heroico al presidente hasta el disparo en el tráfico hasta la heroína en París.
Ese producto complejo es lo que Humberto Mariles fue y esa complejidad es exactamente lo que el deporte mexicano preferiría poder recordar en versión simplificada. Pero los expedientes no se simplifican sin perder la verdad. Y la verdad de este expediente es que el mejor jinete que México ha producido, el único en ganar dos oros en la misma edición olímpica, el que enterró a su caballo tuerto con sus propias manos en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano.
Murió en una celda de París a los 59 años con el juicio que habría podido aclarar su historia pendiente para el día siguiente. Y el día siguiente no llegó. Si la historia de Humberto Mariles te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que los héroes olímpicos no son santos, sino personas con sus propias luces y sus propias sombras, si ahora ves que el sistema que celebra la gloria tiene la misma capacidad de ignorar las sombras cuando le conviene y de amplificarlas cuando ya no puede ignorarlas, entonces haz algo por mí.
Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Mariles, no para justificar lo que hizo, para que su historia completa, no solo el oro de Londres, sino solo la celda de París, llegue a más gente para que el debate real sobre quién fue este hombre con toda su complejidad ocurra con toda la información disponible.
Para que la próxima vez que alguien mencione que ningún mexicano ha igualado lo que Mary les hizo en Londres 1948, alguien más puede añadir. Y tampoco ninguno ha vivido la historia tan extrema en todos sus extremos que él vivió. Desde el podio olímpico con el caballo tuerto hasta la celda de la santé la noche antes del interrogatorio que nunca llegó.
Porque en el Olimpo del deporte mexicano hay campeones que caen y hay uno que cayó desde más alto que todos los demás en más direcciones simultáneas dejando más preguntas sin respuesta que cualquier otro expediente de este canal. El expediente de Humberto Mariles sigue abierto y lo va a seguir estando.