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“Se arreglará en 15 minutos”, dijo el mecánico pobre — el millonario se rió, luego se quedó paralizado

El conductor se santiguó.

Don Aurelio se quedó mirando la pieza. Su boca tembló.

Rodrigo tardó un instante demasiado largo en reaccionar.

—Eso es absurdo. Este hombre está inventando una novela para cobrar más.

Mateo le sostuvo la mirada.

—No cobro por novelas. Cobro por tornillos. Y a veces ni eso.

—¿Sabes con quién estás hablando?

—Con alguien que tiene mucha prisa por que yo no siga mirando.

Rodrigo dio un paso hacia él.

—Mide tus palabras.

Alba se colocó cerca de su padre. Mateo notó el movimiento y, sin mirarla, puso una mano delante de ella.

Don Aurelio habló entonces, muy despacio:

—Mateo Ruiz.

El mecánico se quedó quieto.

—¿Nos conocemos?

El anciano tragó saliva.

—Conocí a tu madre.

El mundo de Mateo, que hasta entonces olía a aceite, lluvia y metal caliente, se detuvo.

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