Posted in

EL DESEMBARCO DE LA PERFECCIÓN

PARTE 1: EL DESEMBARCO DE LA PERFECCIÓN

El timbre del piso de Paula no sonó.

El timbre sentenció.

Eran las cinco y diez de una tarde de sábado que amenazaba tormenta y colapso nervioso.

Paula cerró los ojos y apoyó la frente contra la madera fría de la puerta.

Sabía quién estaba al otro lado sin necesidad de mirar por la mirilla.

Esa forma de pulsar el botón, tres veces cortas y una larga, era la firma acústica de Marisa.

Su suegra.

La mujer que no visitaba, sino que inspeccionaba.

La mujer que no saludaba, sino que diagnosticaba.

Paula se pasó la mano por el pelo, intentando domar un moño que ya no era un peinado, sino un ecosistema propio.

Llevaba puestas unas mallas negras que habían perdido la elasticidad en 2019.

Y una sudadera tres tallas más grande con una mancha sospechosa de puré de calabaza en el hombro izquierdo.

—Ya voy, Marisa, ya voy —susurró para sí misma, como quien recita un mantra de supervivencia.

Abrió la puerta.

El aire del rellano trajo consigo una bofetada de perfume caro.

Era esa fragancia clásica, con notas de talco y autoridad, que Marisa usaba como escudo y espada.

Allí estaba ella.

Read More