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MIROSLAVA STERN: Por ESTO 2 LEYENDAS se DISPUTAN quién le ROMPIÓ el CORAZÓN

Cuarto, he aquí está el corazón del misterio, lo que convierte su historia en un enigma de 70 años. Los dos hombres, el torero y el cómico, Luis Miguel Dominguín y Cantinflas, las dos teorías enfrentadas sobre quién le rompió el corazón y las tres cartas que se llevó a la tumba. Y quinto, aquel 9 de marzo de 1955 y todo lo que vino después, el misterio que nunca se cerró, la película que estrenó cuando ya había muerto, el detalle escalofriante de su despedida y por qué 70 años más tarde México sigue hablando de ella y recordándola. Te

aviso al llegar a cada parte y quédate hasta el final porque la pregunta de quién fue el amor que la marcó es una de las que más debate sigue generando en todo el espectáculo mexicano. Vamos al principio de todo. Para entender el final de Miroslava, hay que ir muy atrás hasta una ciudad que estaba a punto de convertirse en un infierno.

Miroslava Asternová nació en Praga, en la antigua Checoslovaquia, en 1926. Era hija de una familia acomodada y culta. Su padre era un médico respetado, un hombre de ciencia, una niña de buena familia, criada entre libros, música y comodidades. En una Europa que todavía parecía civilizada y segura.

Praga era entonces una de las ciudades más hermosas y cultas del continente. Una joya de calles empedradas, puentes centenarios y cafés llenos de artistas e intelectuales. Ese era el mundo de Miroslava de Niña, un mundo que parecía sólido, eterno, indestructible. Pero esa seguridad era una mentira que estaba a punto de romperse en mil pedazos y de la peor manera posible.

Porque sobre Europa se estaba levantando la sombra más oscura del siglo XX, el nazismo. La maquinaria del odio se ponía en marcha y avanzaba imparable, país por país, devorándolo todo. Y la familia de Miroslava tenía orígenes judíos. Eso en aquel momento y en aquel lugar era una sentencia de muerte.

Cuando los nazis empezaron su avance sobre Checoslovaquia, cuando empezaron las leyes, las persecuciones, el señalamiento, el miedo, la familia Stern entendió una verdad terrible. Quedarse era morir. No había otra lectura posible. Quedarse en su amada praga, en su hogar de toda la vida, significaba acabar en los campos, significaba desaparecer.

Así que hicieron lo único que podían hacer para salvar la vida. Huir y huir lo significaba todo. Lo dejaron absolutamente todo atrás. su casa con sus recuerdos y sus muebles y sus fotografías de familia, su país, sus calles empedradas, sus amigos de la infancia, su familia extensa, tíos, primos, abuelos, muchos de los cuales no volverían a ver jamás su idioma materno, que de pronto ya no servía en el nuevo mundo al que llegaban.

su posición social acomodada que se evaporó de la noche a la mañana. Su vida entera construida pacientemente durante generaciones, abandonada de golpe para escapar de una muerte segura, cruzaron medio mundo como refugiados, como tantas familias judías de aquella época terrible, con lo opuesto, con el corazón encogido de miedo y de dolor, sin saber si volverían a ver a los que dejaban atrás, sin saber qué les esperaba al otro lado.

Buscaban simplemente un rincón del planeta donde un apellido judío no fuera una sentencia de muerte, donde los dejaran existir en paz. Y muchos de los que se quedaron en Europa, muchos de los que no pudieron o no quisieron huir a tiempo, no sobrevivieron para contarlo. La familia de Miroslava se salvó porque tuvo el coraje y la suerte de huir.

Esa es la dimensión real de lo que vivió esta mujer siendo niña. una mudanza, no un viaje, sino una huida desesperada de un genocidio. Y ese lugar, al otro lado del océano Atlántico, a miles de kilómetros de todo lo que conocían y amaban, el lugar que les abrió las puertas y les salvó la vida, resultó ser México, un país generoso que en aquellos años acogió a numerosos refugiados que huían del horror europeo, del nazismo y de la guerra.

México le dio a la familia Stern lo más valioso que se le puede dar a alguien, una segunda oportunidad, la oportunidad de seguir vivos, de empezar de nuevo, de construir otra vez lo que el odio les había arrebatado. Detente y piensa de verdad en lo que significa todo esto para una niña pequeña. ser arrancada de raíz de tu tierra, de tu casa, de tus amigos, de tu idioma, de todo lo que da seguridad a un niño.

Subir a un barco o a un tren hacia lo desconocido, sintiendo el miedo de los adultos, ese miedo que los niños perciben, aunque no entiendan del todo, llegar a un país nuevo y extrañísimo, con un idioma que no comprendes ni una palabra, con un clima distinto, comidas distintas, caras distintas, sabiendo en el fondo de tu alma que atrás quedó un mundo entero que te quería muerta solo por haber nacido.

Esa herida, la del desarraigo, la del exilio forzado, la de no pertenecer ya del todo a ningún lugar del mundo, Miroslava la cargó en silencio durante toda su vida. Por muy alto que llegara, por muy famosa y querida que fuera después, en algún rincón profundo de su ser siempre habitó aquella niña refugiada que lo perdió todo.

Y fíjate en el detalle más conmovedor y más hermoso de toda esta historia, el que dice, ¿quién era Miroslava de verdad en el fondo de su corazón? A pesar de haber nacido en Praga, a pesar de no ser mexicana de sangre, Miroslava amó a México con una locura, con una entrega total, casi feroz. México fue el país que la acogió cuando el resto del mundo la rechazaba y la perseguía.

El que le abrió los brazos cuando otros se lo cerraban. el que le dio una segunda oportunidad, el que le permitió simplemente seguir viva y además brillar. Y ella se lo pagó con un amor incondicional y agradecido. Cuando viajaba al extranjero, a Europa, Estados Unidos, a donde fuera, siempre, con un orgullo enorme y los ojos brillantes, decía que ella era una actriz mexicana, no checa, mexicana, corregía a quien dijera lo contrario.

Aquella niña refugiada que llegó sin nada, sin idioma, sin hogar, huyendo de la muerte, se hizo por elección propia, por gratitud y por amor verdadero, más mexicana que muchos mexicanos de nacimiento. México le salvó la vida y ella le entregó el corazón entero y para siempre. Esa es quizá una de las historias de amor más bonitas y más puras de todo este expediente.

No el amor por un hombre, sino el amor profundo, leal y agradecido de una refugiada por el país que la salvó y la hizo suya. Un amor que ese sí nunca la traicionó. Si esta historia ya te está atrapando, si no sabías de dónde venía Miroslava, dale me gusta y dime una cosa en los comentarios. ¿Tú conocías el origen de Miroslava, que huyó de los nazis y llegó a México como refugiada siendo una niña? Escríbeme.

No lo sabía si te has sorprendido, porque la inmensa mayoría de la gente conoce su trágico final. Pero casi nadie conoce este principio tan duro, tan valiente y tan poco contado. Es una de las partes que más me emocionó al preparar este expediente. Ahora vamos a ver como aquella niña refugiada, que llegó sin nada y sin hablar el idioma, se convirtió contra todo pronóstico en la mujer más hermosa de todo el cine mexicano.

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