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Messi No Solo Jugó 6 Mundiales. Destrozó las Reglas del Fútbol

 

Deci gol [ovación] González para Leo. Apuntó Lí. [grito] Dios mío. ¡Gol! La historia de Lionel Messi en los mundiales es el guion perfecto para una película de Hollywood. Es cine puro. Es pasar de la crítica más despiadada a la redención más épica que el fútbol haya visto jamás. Es el niño que debutó con 18 años lleno de expectativas y que durante años cargó el peso de un país entero sobre sus hombros mientras el mundo lo señalaba, lo cuestionaba y lo llamaba pecho frío.

  Es el hombre que cayó en finales, que lloró en campos ajenos, anunció su retirada de la selección convencido de que ese sueño nunca llegaría. Y es el mismo hombre que volvió, que persistió,  que resistió cada golpe y que en Qatar 2022 levantó la Copa del Mundo con las lágrimas de una carrera entera liberándose en un solo instante eterno.

Pero la historia no terminó ahí  porque Messi no se retiró después de Qatar. siguió y en el Mundial 2026, con 39 años cumplidos, con el tiempo marcándole el rostro y la historia entera del deporte, pesándole  en la espalda, está rompiendo récords que nadie más en la historia ha podido romper, sigue siendo la figura más grande del torneo más importante del planeta.

 Esto no es solo el repaso de los seis mundiales. Lionel Messi  es la historia más extraordinaria del genio que desafió al tiempo, que doblegó al destino y que cuando ya no le quedaba nada por demostrar decidió regalarnos el  último y más glorioso baile de la eternidad. Para entender todo lo que vino después, hay que volver al principio.

 Al verano de 2006, a un chico de 18 años que ya revolucionaba el fútbol europeo en el Barcelona, pero que en Argentina todavía era una promesa, sin confirmar en el escenario más grande del mundo, Lionel Messi llegó a Alemania sin el protagonismo que merecía. El técnico José Peckerman había apostado por Juan Román Riquelme como el motor creativo del equipo y Messi comenzó los primeros partidos desde el banquillo observando, esperando, aguardando su momento con una paciencia que no correspondía a alguien de su edad. El debut frente a Costa de

Marfil llegó y se fue sin que Pekerman le diera ni un solo minuto. Argentina ganó y Messi aplaudió desde la banca. En el segundo partido ante Serbia y Montenegro con Argentina ya clasificada y el marcador 3 a0 a favor, Pekerman decidió darle la oportunidad al jovencito de 18 años. El estadio se puso de pie y Maradona con mucha emoción lo veía desde las gradas y lo aplaudía porque sabía el momento histórico que estaba presenciando.

 Los compañeros lo recibieron con una mezcla de respeto y curiosidad y Messi tardó exactamente 4 minutos en demostrar por qué todo el mundo hablaba de él. Primero asistió a Hernán Crespo para el cuarto gol, luego, con la misma naturalidad con la que respiraba, recibió el balón, se acomodó y disparó de derecha para marcar su primer gol en una Copa del Mundo.

 16 años después de que Maradona marcara su último tanto mundialista, un nuevo 10 argentino escribía su nombre en la historia del torneo más importante del mundo, pero la magia duró poco. En octavos de final ante México, Messi entró en los últimos minutos y tuvo un gol anulado por fuera de juego, una jugada que todavía genera debate.

Argentina avanzó gracias al golazo de Maxi Rodríguez y luego llegó el momento que definiría la narrativa de Messi durante los siguientes años. Cuartos de final ante Alemania, Argentina ganaba 1 a0. Peckermann tomó una decisión que el fútbol argentino nunca le perdonó del todo.

 Sacó a Riquelme para meter a un jugador más defensivo y agotó sus cambios sin darle entrada a Messi. Alemania empató, la prórroga llegó y en los penaltis los alemanes eliminaron Argentina. Messi observó desde el banquillo sin poder hacer nada. Frustrado, enojado. Ese mismo semblante que Messi ha demostrado en toda su carrera cuando cosas no van bien y las ganas por cambiar el partido lo vuelven una olla a presión.

 Messi observó el césped con la mirada perdida, devorado por la impotencia de saber que el destino de su país se decidía en unos penaltis donde sus botas, esas que ya maravillaban al Camp no, tenían permitido intervenir. Alemania festejaba, Argentina lloraba y en ese banquillo de Berlín se esculpía el primer gran trauma de Leo en los mundiales.

 Solo 122 minutos disputados, un gol, una asistencia. La historia apenas comenzaba y el dolor de 2006 sería el combustible para lo que vendría después. El genio regresaba a Barcelona con la maleta llena de aprendizaje, pero con una espina clavada en el corazón que tardaría años en poder arrancarse. Si tú también vibras con cada momento épico del Gat y llevas sus colores en el pecho, dale al botón de like y suscríbete ahora mismo a Barça Leyendas.

Activa la campanita porque lo que viene en los siguientes mundiales cambió el fútbol para siempre. 4 años después todo era diferente. Messi llegaba a Sudáfrica como el mejor jugador del mundo. El balón de oro en el bolsillo, la camiseta número 10 en la espalda y Diego Armando Maradona en el banquillo como seleccionador.

 La expectativa era inmensa. El país entero creía que había llegado el momento, pero no llegó. Lo que ocurrió en Sudáfrica 2010 sigue siendo la participación más dolorosa de Messi en términos de rendimiento personal. Jugó los 450 minutos de Argentina en el torneo como titular. corrió,  intentó, insistió, pero el gol no llegó ni una sola vez, ni una sola asistencia directa que generara un tanto.

 El Messi que en el Barcelona marcaba tres y cuatro goles por partido, le costó aparecer en los momentos más importantes, pero no porque se escondiera, Leo nunca se esconde, sino que no tenías equipo competitivo que jugara al colectivo para él y para el mismo equipo. Argentina ganó todos sus partidos hasta los cuartos de final.

Higuaín marcó tres goles ante Corea del Sur. Tévez brilló ante México. El equipo funcionaba, avanzaba, ilusionaba, pero Messi no aparecía cuando el mundo lo buscaba. Y el mundo lo buscaba en cada jugada, en cada balón dividido, en cada momento de tensión. Entonces llegó Alemania en cuartos y fue una catástrofe. 4 a0.

 Una paliza que no tuvo explicación, una humillación que dejó a Argentina destrozada y que desató la tormenta más brutal que Messi había vivido hasta ese momento con la selección. Fue ahí cuando apareció el término que lo perseguiría durante años por todos sus haters. Pecho frío, el hombre que en el Barcelona lo ganaba todo y lo hacía todo, que en la selección desaparecía cuando más se le necesitaba.

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