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JULIÁN QUIÑONES: MVP ANTE ECUADOR CONFESÓ LLORANDO LO QUE LE HICIERON ANTES DE LLEGAR AL TRI

Por eso el pueblo empezó a decirle  el apodo con el que lo conocieron durante toda la infancia, el niño de los tenis rotos. Pero antes de llegar a los Nike Mercurial del Azteca,  algo en el pueblo de Magui Payán empezó a cambiar. Y ese cambio,  la primera vez que los cuatro niños de la cancha de Tierra Roja escucharon los disparos de fusil  de los grupos armados en el pueblo, es la primera pieza de la historia oscura  de Julián Quiñones.

Los primeros disparos en el pueblo de Magui Payán llegaron el 22 de agosto del año 2005. Julián tenía 8 años.  estaba dentro de la cancha de Tierra Roja con los otros tres amigos jugando el partido de las 5 de  la tarde y de repente escucharon los disparos de fusil dentro de la calle principal del pueblo  a tres cuadras del campo.

Los cuatro niños se tiraron encima del piso de Tierra Roja durante los siguientes 47 minutos sin moverse, sin hablar, con la cara pegada dentro del piso. Cuando los  disparos pararon, los cuatro niños se levantaron, caminaron hacia la calle principal y encontraron cinco cuerpos tirados encima del pavimento.

Cinco hombres del pueblo asesinados a plena luz del  día por los sicarios del ELN dentro de una represalia contra las disidencias de las FARC.  Uno de los cinco cuerpos era el padre del niño Fabián. Guarda esa imagen. Cuatro niños de 8 años, cinco cuerpos encima  del pavimento y el padre de uno de ellos entre los cinco cuerpos.

Porque 14 meses después de esa tarde,  el niño Fabián iba a tomar la primera decisión que iba a marcar para siempre la vida de los cuatro amigos. Fabián se unió al ELN a los 9 años. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es la edad más común de reclutamiento forzado dentro de la guerrilla colombiana? La edad más común es 10 años. Fabián tenía nueve.

Y el motivo no fue ideología, ni pobreza, ni promesa de dinero. El motivo fue venganza, porque las disidencias de las FARC habían matado al padre de Fabián durante la represalia del 22 de  agosto de 2005 y el ELN 14 meses después. entró al pueblo con un mensaje directo para el niño de  9 años. Únete al ELN y vas a matar personalmente a los cuatro guerrilleros que mataron  a tu padre.

El niño Fabián firmó dentro del cuartel de reclutamiento improvisado  del ELN dentro de la selva de Nariño. La primera semana de septiembre de 2006. La madre del niño Fabián  lloró durante 7 días seguidos dentro del pueblo. La abuela Amparo caminó hasta la casa de la madre del niño  Fabián para consolarla.

Y Julián, con solo 9 años dentro de la cancha de  Tierra Roja, jugó por primera vez sin uno de los cuatro amigos. Daer fue el segundo en irse. Firmó con las disidencias de las FARC 18 meses después. La razón fue distinta. La razón fue el hambre. La madre del niño Dever había caído enferma de tuberculosis.  El padre de Daver estaba dentro de la cárcel de Popayan  por robar un motor de canoa y el niño Daver, con 11 años era el único responsable de sostener a los cuatro  hermanos menores en la casa del

pueblo. Las FARC disidentes le ofrecieron 14,000 pesos colombianos por semana, el equivalente aproximado  a $er aceptó el dinero y desapareció dentro de la selva del Pacífico  durante los siguientes 8 años. seguidos. Jorman fue el tercero  y Jorman eligió la peor opción de las tres.

Jorman se metió al narcotráfico  a los 12 años. Empezó como campanero dentro de un puesto de vigilancia de una banda del pueblo. A los 14 ya cargaba paquetes de cocaína dentro de canoas del  río Patía hacia la costa del Pacífico. Y a los 19, Georman ya era un lugar teniente medio dentro de la ruta del  narco del Pacífico hacia Centroamérica.

De los cuatro niños de la cancha de Tierra Roja, tres ya estaban con los grupos armados de Colombia antes de cumplir  los 15 años. Solo Julián seguía dentro de la cancha jugando descalzo todas las tardes con los tenis  blancos con rayas azules rotos. Pero la abuela Amparo sabía que  la cancha ya no iba a proteger al nieto durante mucho tiempo más, porque Maguipayan,  durante esos mismos años empezó a caer dentro del abismo más oscuro de la historia reciente del sur de Colombia.

La abuela  Amparo tomó una decisión el 14 de abril del año 2005, 8  meses antes de la primera masacre del pueblo. Julián todavía tenía 7 años y la decisión de la abuela Amparo,  tomada dentro de la cocina de la casa del lado este del pueblo mientras revolvía la sopa de plátano  verde con hueso de gallina dentro del fogón de leña, iba a cambiar para siempre la vida del niño Julián.

La decisión fue esta, salvar al nieto del mismo destino que los otros tres amigos de la cancha a cualquier precio. La abuela  Amparo había escuchado dentro de la Iglesia Católica del Pueblo dos meses antes, una conversación entre un misionero jesuita de  Cali y el sacerdote local sobre una fundación llamada Football Pass.

La fundación era  una casa hogar dentro del barrio del distrito de Aguablanca en Cali. rescataba a niños en situación de riesgo extremo de la zona rural del Pacífico colombiano  y ofrecía educación, hospedaje, comida y entrenamiento profesional de fútbol dentro de la Escuela Deportiva del Centro de Cali durante los siguientes 10  años seguidos.

Pero la Fundación Fúbol Pass solo aceptaba niños con dos condiciones.  Primera condición, los padres tenían que firmar la sesión legal del niño dentro de un documento notarial por un mínimo de 10 años. Segunda condición, la familia tenía que aceptar un pacto silencioso con la fundación por  el cual si el niño llegaba al fútbol profesional dentro de esos 10 años, la familia iba a ser reubicada fuera de la zona de conflicto armado con protección de la fundación.

Si el niño no llegaba, se quedaba dentro de la casa hogar sin regreso al pueblo original.  La abuela Amparo caminó hasta la casa de la madre Gloria el 14 de abril del año 2005. le contó dentro de la cocina de la casa el plan de la Fundación  Fútbol Paz y le pidió a la madre una sola cosa, firmar la sesión del niño Julián.

La madre Gloria lloró durante toda la noche del 14 de abril dentro del  cuarto compartido con las tres hermanas menores del niño Julián. Al amanecer tomó la decisión y la mañana del 15 de abril de 2005 la madre Gloria y la abuela Amparo salieron del pueblo de Magui Payán, rumbo a Cali, dentro de un autobús de la ruta del Pacífico con el niño Julián de 8 años sentado entre las dos.

La sesión legal se firmó dentro de la oficina del notario público del centro de Cali la tarde del 16 de abril de 2005. La madre Gloria firmó el documento por 10 años seguidos. Aceptó el pacto silencioso de la fundación. Le entregó al niño Julián, al fundador de la Fundación Fútbol Paz, un hombre llamado César Valencia, dentro del patio principal de la casa hogar del distrito de Agua Blanca.

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