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Así Vive Diego Simeone a Sus 54 Años: Del Potrero de Buenos Aires al Imperio de Madrid

Imagina entrar a una mansión valuada en 10 millones de euros en la urbanización más exclusiva de Madrid, vecina de ministros, toreros y estrellas del fútbol. Un jardín de 3,000 m², una piscina con luz nocturna, una cancha de fútbol privada y en el centro de todo eso, un hombre que nació en un barrio de Buenos Aires donde la primera palabra que aprendió a pronunciar fue gol.

Esa es la historia de Diego Pablo Simeone y todavía no te has enterado de la mitad. Hay entrenadores que llegan a un club y dejan su huella y hay uno que llegó, lo reconstruyó desde adentro y lo convirtió en una leyenda. Diego Simeone lleva más de 13 años al frente del Atlético de Madrid.

13 años en los que transformó un equipo al borde de la irrelevancia en una potencia europea capaz de ganar dos ligas, dos Europa League, llegar a dos finales de Champions y competir de igual a igual con el Real Madrid y el Barcelona. Pero más allá de los títulos, de los gritos en el banquillo y de esa energía que parece nunca apagarse, existe otro Simeone, el del hogar silencioso en la finca, el de los desayunos con sus hijas, el del imperio inmobiliario construido ladrillo a ladrillo con su mujer.

Hoy te vamos a contar esa historia completa. Diego Pablo Simeone nació el 28 de abril de 1970 en Buenos Aires, en el barrio de San Nicolás. Su familia no era rica ni famosa. Era una familia trabajadora, con un padre que amaba el fútbol y que años después recordaría con orgullo una anécdota que lo define todo. La primera palabra que su hijo aprendió a decir no fue mamá ni papá, fue gol.

Y cuando le regalaron un juguete grande por uno de sus primeros cumpleaños, el niño Diego lo transformó en una cancha de fútbol. En ese barrio, en esas calles, se formó el carácter de un hombre que más tarde definiría su propio estilo de juego con una frase brutal: sostener el cuchillo con los dientes.

No había glamour, ni academia, ni agentes buscando talentos en las esquinas, solo pelota, asfalto y una obsesión que nadie podía apagar. Con esa obsesión ingresó a las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield, uno de los clubes históricos de Argentina, donde encontró en el entrenador Victorio Espineto a alguien que supo ver lo que se escondía detrás de ese ímpetu.

Fue Espineto quien le bautizó como el Cholo, apodo tomado de otro Simeón, sin parentesco, Carmelo, cuya garra sobre el campo le recordaba exactamente a ese joven combativo del barrio de San Nicolás. En 1987, con solo 17 años, debutó en la primera división argentina con Vélez Sarsfield en un partido frente a Gimnasia La Plata.

No fue un debut de cuento, pero fue el comienzo de algo enorme. En los siguientes 3 años en el club disputó 82 partidos y anotó 15 goles, una cifra notable para un centrocampista. Y en 1990, con apenas 20 años, Europa llamó a la puerta. El Pisa italiano decidió apostar por ese desconocido con apodo de Guerrero.

El Cholo cruzó el Atlántico sin miedo y con todo por demostrar. En PISA pasó tres temporadas discretas pero formativas. El fútbol italiano le enseñó lo que el potrero no podía. disciplina táctica, lectura del juego, trabajo colectivo. Cuando en 1992 llegó al Sevilla, ya era un jugador diferente. Y allí ocurrió algo que nadie habría imaginado.

En la ciudad donde se celebraban la Expo Universal y los Juegos Olímpicos, el joven Simeone se encontró con Diego Armando Maradona. Ambos argentinos, ambos apasionados, compartieron vestuario y se regalaron una anécdota para la historia. Una vez Simeone tomó el balón en la frontal del área y disparó al arco. Falló. Maradona se acercó y le dijo, “Cholo, ¿alguna vez hiciste un gol desde ahí?” “No, respondió Simeone.

Entonces, ¿por qué carajos chutas desde allí? La lección quedó grabada. Dos temporadas en Sevilla, 73 partidos y una progresión tan clara que en 1994 llegó la llamada que cambiaría su vida para siempre. El Atlético de Madrid jugó 3 años en el club roj y Blanco como futbolista y conquistó su primer doblete en España en la temporada 1995 hasta 96, Liga y Copa del Rey.

La afición del Atlético lo adoró desde el primer día. Había algo en ese centrocampista argentino que conectaba con el alma combativa del club. Sin lujos, sin poses, puro corazón. Antes de seguir, tenemos una sorpresa para ti. Si eres un verdadero fan del fútbol y quieres entender cómo el factor humano influye en cada jugada o en cada futbolista, como en el caso de Diego Simeone, tenemos un libro exclusivo con unidades limitadas.

Haz clic ahora y transforma la manera en que ves y sientes el deporte rey. Y ahora continuemos con el video. En 1997 regresó a Italia, esta vez al Inter de Milán, fichado en una operación en la que también llegó Ronaldo el fenómeno, el mejor jugador del planeta en ese momento. En su primer derby de llamado Nina, Simeone marcó un doblete histórico para la victoria del Inter frente al Milan.

Ganó la Copa de la UEFA en 1998 y se afianzó como pieza fundamental en uno de los equipos más poderosos del mundo. En 1999 llegó a la Lazio y aquí vivió quizás su época más laureada como futbolista. En la temporada 1999 hasta 2000, junto a una generación irrepetible que incluía a Nedvied, Verón, Mihailovic, Nesta y Boxik, la Lazio conquistó la serie A, la Copa de Italia, la Supercopa de Italia y la Supercopa de Europa.

Un año que quedó grabado en la historia del fútbol italiano. Simeone era el motor defensivo, el guerrero que daba equilibrio y liderazgo a ese equipo de estrellas. A finales de 2001 sufrió una grave lesión de menisco y ligamento cruzado en un partido contra el PSB que puso en peligro su carrera, pero se recuperó a tiempo para disputar el Mundial de 2002 con Argentina.

En 2003 regresó al Atlético de Madrid como jugador, dos temporadas más de fútbol vividas con la misma entrega de siempre. y en 2005, como era justo y coherente, cerró su carrera como futbolista en Racing Club de Argentina, el club de sus amores desde la infancia, donde se retiró definitivamente en 2006. A lo largo de su carrera como jugador disputó 106 partidos con la selección argentina y marcó 11 goles, ganando dos Copas América, una Copa Confederaciones y una medalla de plata olímpica.

Un palmarés de jugador que pocos en la historia del fútbol argentino pueden igualar. Simeone no tardó ni un día en comenzar su segunda vida. En 2006, recién retirado, asumió como entrenador de Racing Club. Aunque el ciclo duró poco, fue suficiente para comprobar que el Cholo tenía madera de técnico. Llegó Estudiantes de La Plata y allí conquistó el Apertura 2006 en un desempate dramático contra Boca Juniors, rompiendo una sequía de 23 años.

sin títulos nacionales. Luego pasó por Riverplate, donde ganó el Clausura 2008 y por San Lorenzo. En 2011 probó Europa con el Catania italiano, salvándolo del descenso con solidez. El 23 de diciembre de 2011 llegó la llamada que lo cambió todo. El Atlético de Madrid en crisis deportiva en la parte baja de la tabla buscaba un milagro y el milagro tenía nombre y apellido.

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