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El niño secuestrado que reapareció 74 años después gracias al ADN

Dos dias. Eso era todo lo que faltaba para  que Jerry Martin cumpliera cuatro anos.    Estaba en la calle con su hermano Tom. Tenian  una bicicleta cada uno. Era una tarde de verano   en Hell’s Kitchen, Manhattan. El tipo de tarde  en que los ninos del barrio salian solos y los   padres no se preocupaban porque todo el mundo  se conocia.

Entonces una mujer se acerco con   una sonrisa. Les hablo unos segundos. Ofrecio unos  caramelos. Tom rechazo la oferta. Jerry acepto.    La mujer tomo a Jerry de la mano y le  dijo a Tom que volvian enseguida.    No volvieron. Y Jerry Martin no apareceria  por 74 anos no como victima, no como cadaver,   no como caso resuelto.

Apareceria como  un hombre de 76 anos que habia vivido   toda su vida con otro nombre, otra fecha de  nacimiento, y sin saber nada de nada.    Para entender como algo asi fue posible, hay que  pararse en julio de 1945. La guerra en Europa   habia terminado. Alemania se habia rendido en  mayo. Los soldados estaban volviendo a casa.   Nueva York era una ciudad que contenia el aliento  entre el alivio y la espera.

Hell’s Kitchen   era entonces uno de los barrios mas densos de  Manhattan: edificios de departamentos apretados,   familias que se conocian de vista, ninos que  corrian solos por la vereda. Era el tipo de barrio   donde todos conocian a todos y los vecinos, sin  proponerselo, terminaban vigilandose entre si.    Excepto que esa tarde del 9 de julio, nadie vio  lo suficiente.

Gerald Martin Jerry para todos   habia nacido el 11 de julio de 1941. Tenia casi  cuatro anos. Su hermano Tom, seis. Sus padres,   Harold y Nancy Martin, se habian separado  recientemente. Harold ya vivia con otra mujer,   con quien tenia una hija de un ano llamada Mary.   Era una familia rota en un momento complicado. Y   eso, como veremos, tuvo consecuencias directas  en la investigacion.

Tom y Jerry salieron   a andar en bicicleta cerca de su casa. Era  algo normal. Era lo que hacian los chicos   del barrio. La mujer los abordo en la vereda. Era  amigable. Tenia caramelos. Los ofrecio a los dos.   Tom rechazo los caramelos. Nunca explico por  que. Quizas simplemente no tenia ganas. Jerry,   en cambio, acepto. La mujer lo tomo de la mano  y le dijo a Tom que volvian en un momento.

Tom espero. La tarde se fue haciendo noche. Jerry  no volvio. Cuando Harold Martin denuncio el caso   ante la policia local, la investigacion tomo una  direccion que, vista en retrospectiva, terminaria   dificultando seriamente el caso. El New York  Daily News publico una nota sobre el secuestro.   Y la policia, observando que los padres estaban  separados y que la situacion familiar era tensa,   dirigio las sospechas hacia Nancy Martin,  la madre biologica.

Nancy nego cualquier   participacion. Su familia la respaldo. Pero el  dano ya estaba hecho: mientras la investigacion   miraba hacia adentro de la familia, el rastro  real se enfriaba. Harold reviso la comisaria   durante anos. Nunca hubo novedades. Segun su  hija Mary, hasta el ultimo dia de su vida estuvo   convencido de que Jerry seguia vivo en algun  lugar. Murio sin saberlo. Nancy tambien.

Y para entender por que un nino pudo desaparecer  durante decadas sin dejar rastro, hay que mirar   como funcionaba el pais en ese momento. En 1945  no existia ningun sistema nacional de registro de   ninos desaparecidos en Estados Unidos. No habia  base de datos, no habia coordinacion federal,   no habia ADN.

La Ley de Asistencia a Ninos  Desaparecidos que creo el primer registro nacional   no se aprobaria hasta 1983, casi cuatro decadas  despues. Antes de eso, un nino podia desaparecer   en una ciudad de millones de personas y el caso  quedar reducido a una denuncia policial local que   nadie coordinaba con ningun otro organismo.   Lo que si existia, y estaba documentado desde   los anos veinte segun la historiadora Paula Fass,  autora de Kidnapped: Child Abduction in America,   era un perfil bien conocido por las fuerzas de  seguridad: mujeres que no podian tener hijos,   que sentian una presion enorme social, conyugal  para producir un hijo, y que en algunos casos

tomaban al hijo de otra persona. El perfil  tipico de estos casos involucraba bebes, no   ninos de cuatro anos. Y ese detalle es importante,  porque complica la teoria mas simple sobre este   caso. Lo veremos mas adelante. Los sistemas  de registro de nacimientos, ademas, eran mucho   menos uniformes que los actuales.

Antes de que  comenzaran a centralizarse, los documentos podian   presentar inconsistencias, errores administrativos  o incluso ser alterados con mucha mas facilidad   que en decadas posteriores. Tom Martin crecio  cargando esa tarde de julio como si fuera una   piedra que nadie mas pudiera ver. Seis anos tenia  cuando su hermano desaparecio. No pudo hacer nada.   Era demasiado chico y demasiado pequeno para  detener lo que estaba ocurriendo frente a sus   ojos. Pasaron las decadas. Tom siguio buscando.

Cuando las pruebas de ADN genealogico se volvieron   accesibles al publico en los primeros anos 2000,  Tom no dudo. Ingreso su muestra a una base de   datos de ascendencia y espero. No sabia a quien  esperaba. No sabia si alguien apareceria alguna   vez. Pero dejo su firma genetica en ese sistema  como quien pone una vela encendida en una ventana:   por si acaso. Tenia 79 anos y vivia en Florida  cuando esa vela llego a alguien.

En 2017,   Audrey Bell, una mujer de 51 anos de Long Island,  compro un kit de 23andMe. El motivo no tenia nada   que ver con misterios ni casos frios: queria  saber cuales de sus trillizos eran gemelos   identicos y cual era el mellizo fraterno. El test  respondio esa pregunta. Pero tambien devolvio algo   que no esperaba: la composicion genetica no  mostraba ninguna ascendencia italiana.

Ni un   rastro. Para Audrey eso era desconcertante.  Su padre, Richard Palmadesso, siempre habia   hablado con orgullo de sus raices italianas. Era  parte central de su identidad familiar. Audrey lo   menciono en casa. Todos lo encontraron raro, pero  lo dejaron pasar. Quizas un error del sistema.    A fines de 2019, la hermana gemela de Audrey,  Cynthia McFadden, hizo su propio test.

Mismo   resultado: sin ascendencia italiana. La herencia  que aparecia era irlandesa, escocesa y espanola.    Su hermana menor, Stephanie Palmadesso, tambien  se hizo el test. Identico resultado. Tres   hermanas. Cero Italia. El apellido Palmadesso  que habian llevado toda la vida no correspondia   a ningun linaje genetico detectable. Para  entonces su padre habia fallecido, en 2017.

No podian preguntarle nada. Asi que recurrieron  al pariente vivo mas cercano que conocian:   un primo tambien llamado Richard Palmadesso. Le  pidieron que se hiciera el test. El resultado   fue categorico: las hermanas no tenian ningun  vinculo genetico con la familia Palmadesso.    Cynthia habia activado en su perfil de 23andMe  la opcion de ver coincidencias con otros usuarios   de la base. Y ahi aparecio un nombre que nunca  habia escuchado: Tom Martin.

Compartian el 22%   del ADN una coincidencia consistente con la  relacion tio-sobrina o abuelo-nieta. Audrey   volvio a su perfil y activo la misma opcion. Tom  Martin tambien aparecia para ella. Las hermanas   lo contactaron a traves de la plataforma. Tom  Martin tenia 79 anos. Era un jubilado que vivia en   Florida. Y cuando Cynthia y Audrey le escribieron,  les respondio con una historia que las paralizo.

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