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Don Neto: el Hombre que Enseñó el Negocio a los Narcos de México

Vamos a ver quién eres, cabrón. Boneto, chingada madre. En la historia del narcotráfico hay nombres que se convirtieron en leyendas sangrientas, pero detrás de ellos, en la sombra se esconde la figura del hombre que les enseñó el negocio. Un patriarca de la vieja escuela que no solo traficaba, sino que inventó el modelo que siguen  hasta hoy.

 Él fue uno de los arquitectos del primer supercártel de México, una federación de capos que operaba  como una sola máquina de poder y dinero. Su nombre es Ernesto Fonseca Carrillo, don Neto, el padrino original, un hombre descrito con un perfil duro y temerario, vinculado a la imagen del viejo bandido que pasó de la pobreza de la sierra a controlar un imperio.

 Su arresto, lejos de traer la paz, se convirtió en la chispa que encendió la guerra sin fin que consume a México. Esta no es la historia de un arco cualquiera. Esta es la historia del maestro, del origen de la violencia que hoy acapara los titulares. Para entender a don Neto, primero hay que entender su tierra. Nació el primero de agosto de 1930 en Badirahuato, Sinaloa, aunque algunas fichas de la DEA mueven su nacimiento hasta 1942.

Más que un pueblo badirahuato es un concepto. La llaman la cuna de los capos, un lugar perdido en la Sierra Madre Occidental, donde la pobreza era tan honda como las barrancas y el gobierno era una presencia lejana, casi mítica. En este rincón de México, la línea entre ser campesino y contrabandista siempre fue peligrosamente delgada.

 Desde  joven, Ernesto Fonseca aprendió el lenguaje de la sierra, el del sigilo,  el del rifle y el de los surcos de mota que prometía mucho más que el maíz. A pesar de haber estudiado solo hasta el cuarto año de primaria, era considerado un hombre inteligente y astuto. No empezó como jefe.

 Su carrera criminal arrancó en los años 70, traficando desde el triángulo dorado hacia Estados Unidos. entró bajo la tutela de un poderoso capo de la vieja escuela conocido como el león de la sierra, Pedro Ávilés. Bajo su sombra, Fonseca no solo aprendió el oficio, sino que conoció a los hombres que se convertirían en sus socios.

 Uno, un joven y ambicioso expicía judicial con una gran visión para los negocios. El otro, un muchacho impetuoso con un talento nato para el cultivo. Más ocupo que me acompañe alguien, digo para que me la crean. Ahí sí tienes toda la razón.  ¿Quién tienes pensado o qué? Perdona. estar bien.  La muerte de su mentor en 1978 en un turbio enfrentamiento con el ejército.

 No fue el fin de una era,  fue el principio. El poder quedó vacante y sus herederos, ahora libres, estaban listos para construir algo mucho más grande. Fonseca con su temple de veterano, su socio expolicía, con su visión de empresario y sus contactos políticos. y el otro socio con su control de la producción formaron la trinidad que le daría vida al primer supercártel de la historia de México.

Incluso su apodo, Don Neto, esconde una ironía que desarma su leyenda. El periodista Óscar Valderas cuenta que el mote no venía de su seriedad o astucia, sino de su supuesto parecido con el Neto, un popular muñeco ventrílocuo de la época. Que mi amor, que mi amor, que mi amor es bueno y sabes bien que te quiero, te quiero, te quiero.

Es casi macabro, el hombre que se convertiría en uno de los narcos poderosos del mundo, llevaba el apodo de una marioneta de comedia, un detalle que lo humaniza y a la vez hielo. Neto, ¿qué sorpresa hoy que visita nuestra ciudad? Un viaje repentino. Aquí anda que anda este a finales de los 70, el gobierno  mexicano, con un fuerte apoyo de Estados Unidos, lanzó la operación Cóndor.

 Fue una masiva campaña militar para erradicar cultivos en el triángulo  dorado. La operación quemó miles de hectáreas y descabezó viejas organizaciones, pero provocó un efecto cucaracha. Cuando fumigas  un cuarto, los insectos no mueren, solo corren a esconderse en otro. Los capos  sinaloenses, con sus operaciones golpeadas huyeron y su nuevo nido fue Guadalajara.

 La capital de Jalisco en esa época era una ciudad tranquila, un centro de negocios con una clase política y empresarial dispuesta a mirar para otro lado por el dinero correcto. Fue aquí donde Fonseca y sus socios tuvieron su gran idea. ¿Por qué seguir peleando entre ellos por rutas y territorios? Su visión fue revolucionaria,  crear una federación, unir a todos bajo una sola bandera, controlar toda la cadena desde la siembra hasta la entrega en Los Ángeles o Chicago.

 Así nació el cártel de Guadalajara. Ya tenemos consorcio, compas. No era un cártel, era una corporación. Uno de sus socios era el director ejecutivo, el cerebro que negociaba con políticos. El otro era el genio de la producción y don Neto, el veterano, el padrino, era el consejero y el director de operaciones.

 A diferencia de sus socios, a quienes les gustaba la ostentación, don Neto mantenía un perfil más bajo y discreto. Mientras sus socios exhibían, él cultivaba una imagen de poder silencioso, llegando a pagar a periodistas para que publicaran historias que lo presentaban como un empresario respetable y un benefactor. Era conocido también por su gusto por las mujeres y por rodearse de glamour.

Testimonios de sus escoltas relatan que mantuvo una relación con la famosa cantante Lucha Villa, a quien llenaba de costosos regalos como esmeraldas y brazaletes después de sus encuentros. Y no te olvides, si te está gustando el video, dale like, dale hype y suscríbete. Seguimos. Estábamos a toda madre con la mota y así podíamos haber seguido siempre.

Pero cabrón, no tiene Jenny. Su verdadero golpe maestro llegó cuando el mercado de la cocaína explotó. Los cárteles colombianos necesitaban nuevas rutas para llegar a Estados Unidos. El socio con visión de empresario negoció un acuerdo histórico. En lugar de cobrar una tarifa por usar sus rutas, exigieron un pago en especie, un altísimo porcentaje de cada cargamento que, según algunos relatos, llegaba hasta el 50%.

De la noche a la mañana, el cártel de Guadalajara pasó de traficar marihuana a ser el distribuidor de cocaína más grande del mundo. Don Neto fue un motor clave en esa maquinaria. Era el tío de un joven que aprendía rápido el negocio. Hay que tirarle a lo grande, pues. Muy grande te meten al bote, muy grande y te matan.

Pues hay que dejar gey en este  mundo, si no para qué. Y que años después se convertiría en uno de los traficantes más buscados del mundo. Fonseca estaba sembrando la siguiente generación. Mientras tanto, ranchos como el búfalo, un gigantesco complejo en Chihuahua, se convirtieron en leyenda.

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