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VÍCTOR RABANALES: de ganar MILLONES a la BASURA… el macabro ENGAÑO al campeón que no sabía LEER

Grábate esto desde el principio porque es el dato más importante de toda la historia que te voy a contar esta tarde. Víctor Rabanales empezó a boxear a los 7 años. Siete. Una edad en que otros niños en entornos con acceso a educación formal están aprendiendo a leer con fluidez, construyendo las bases de la comprensión matemática y lingüística que van a necesitar para funcionar con autonomía en el mundo adulto.

Víctor estaba en un gimnasio no porque no quisiera aprender, sino porque el boxeo era la puerta que se abría con más claridad y el tiempo que ese entrenamiento exigía era tiempo que no sobraba para construir otra cosa en paralelo. Esa decisión, esa prioridad impuesta por las circunstancias de la pobreza y por la urgencia de encontrar una salida, dejó un vacío.

un vacío que años después sería la llave con la que los buitres entrarían a robarlo todo. Pero eso aún no había llegado. Lo que había en el gimnasio de Ciudad de Hidalgo era un niño con un talento que los entrenadores no podían ignorar. El boxeo de Víctor no era elegante, no era el de los bailarines que se mueven como agua y golpean como rayo.

No era el boxeo técnico y refinado de quien ha estudiado el arte del pugilismo desde sus fundamentos más académicos. El de Víctor era frontal, de presión implacable y constante, de pared que avanza sin detenerse sin importar lo que le lancen encima. En las 118 libras del peso gallo, donde la mayoría de los peleadores son veloces, evasivos, técnicos, una pared que avanza con esa determinación es una pesadilla que pocos pueden sostener por más de unos pocos asaltos.

Una pesadilla con puños de piedra y un mentón que no cede cuando golpean en él. Ese era Víctor Rabanales, eso era el rústico y la disciplina. Eso fue lo que más llamó la atención de los entrenadores que lo vieron trabajar en los años de formación. No sus condiciones físicas, aunque eran excepcionales, sino la disciplina, la capacidad de un joven provinciano de presentarse.

Entonces, entrenarse, sufrir y volver al día siguiente a hacer exactamente lo mismo. En el mundo del boxeo, la disciplina es más rara que el talento. El talento no falta, la disciplina sí y Víctor tenía las dos. En la secundaria fue el momento bisagra. Fue allí cuando personas que entendían de boxeo profesional lo vieron entrenar.

y reconocieron que lo que tenían delante no era simplemente un chico con buenas condiciones físicas para el deporte, era material de campeón potencial y le dijeron lo que había que decir. Ve a tu casa y pídele permiso a tu papá para que te deje seguir yendo a los gimnasios en serio.

No como pasatiempo, como proyecto de vida con todo lo que eso implica. El padre dio el permiso y ese momento, esa conversación en alguna casa de Ciudad Hidalgo en los años 70 cambió el curso de la historia del boxeo mexicano. El entrenador más importante en la carrera de Víctor Rabanales fue Ignacio Berstein, el Nacho Berstein que el mundo del boxeo conoce como una institución viviente.

Beriste está en el Salón de la fama del boxeo internacional. Ha formado campeones mundiales en múltiples categorías durante décadas. Es el tipo de entrenador que los mejores boxeadores del mundo quieren en su esquina. I Nacho Berstein vio a Víctor Rabanales con la claridad de quien ha visto pasar por sus manos a docenas de peleadores y sabe exactamente de qué está hecho cada uno.

Lo describió en sus propias palabras que quedaron documentadas. Fue un excelente peleador muy disciplinado, cosa rara en un joven provinciano con un boxeo propiamente rústico. Tres elementos en esa descripción que son clave para entender todo lo que viene después. Excelente peleador. Tenía el material para llegar.

Muy disciplinado, cosa rara. Algo que el mundo del boxeo valora más que el propio talento, porque el talento sin disciplina no va a ningún lado. Y rústico, la palabra que lo define no solo dentro del ring rústico. Ese adjetivo se convirtió en su apodo oficial, el rústico. También le decían el lacandón en referencia a los mayas lacandones de la selva chiapaneca.

Apodos que reconocían sus raíces y que al mismo tiempo, aunque nadie lo dijera en voz alta en ese momento, pintaban algo más profundo, que este era un hombre noble de campo, que confiaba en la gente que lo rodeaba porque así había aprendido a vivir. Porque en Ciudad de Hidalgo esa era la manera en que las personas se trataban entre sí, porque nadie le había enseñado que el mundo del dinero y del boxeo profesional tiene reglas distintas a las del campo del sur de México.

Esa nobleza fue su mayor cualidad como persona y fue exactamente lo que lo destruyó. Después de 22 peleas a Matear sin conocer la derrota, 22 victorias, cero derrotas. Un récord impeccable que decía todo sobre lo que era capaz de hacer. Con ese historial, Víctor Rabanales tomó la decisión de dar el salto al boxeo profesional.

El 13 de agosto de 1983, Arena Coliseo, Ciudad de México. Debut profesional de Víctor Manuel Rabanales Reyes. Su rival fue Mario Arteaga. La pelea duró exactamente lo que tardó Víctor en conectar el golpe decisivo, el primer round. Un knockout desde el debu. Así le dijo al mundo que había llegado, no con palabras, con sus puños.

Ese era el comienzo. Y lo que vino después fue construido con esa misma contundencia. Escucha esto. Durante los años siguientes, Víctor Rabanales peleó sin parar. Pelea, pelea fue construyendo su récord y su reputación dentro del boxeo profesional mexicano de los años 80. Un mundo brutal y fascinante, lleno de dinero en circulación, de promotores que movían a los peleadores como fichas, de managers que se quedaban con porciones grandes de las bolsas de combate y de peleadores que firmaban contratos sin entender completamente todo lo que

estaban cediendo. Ese sistema, ese ecosistema donde el talento valía mucho y la educación financiera y legal no existía como requisito para nadie. era el ambiente en que Víctor crecía como peleador profesional. Y allí, en esa maquinaria de peleas y viajes y contratos firmados, Elo comenzó también el proceso que nadie nombra con suficiente énfasis.

La educación financiera de Víctor [resoplido] Rabanales era inexistente en términos prácticos. Recibía dinero, recibía más dinero que nunca había visto en su vida y no tenía estructura alguna para entender qué hacer con él. Nadie en su entorno inmediato tenía esa estructura tampoco. Era el primero de su familia y de muchos en su comunidad en acceder a esas cantidades.

No había modelo a seguir, no había referente cercano que hubiera pasado por algo similar. Solo había dinero y personas dispuestas a decirle qué hacer con él. Pero primero llegó la gloria y la gloria llegó de la manera más espectacular posible. El 30 de marzo de 1992, Inglewood, California, el Great Western Forum.

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