El 28 de febrero de 2016, 4 meses antes del secuestro, Alan Pulido anotó el gol que certificó el título de la Superliga griega temporada 2015 a 2016. El Olimpiacos ganó esa liga por un margen de 30 puntos sobre el segundo clasificado. 30 puntos, una dominación absoluta y Pulido fue parte central de ese equipo anotando seis goles en 18 partidos, compitiendo además en la UEFA Champions League y en la UEFA Europa League.
Fue el primer mexicano en ganar un título de liga en Europa desde el legendario Hugo Sánchez. Piensa en eso un momento. De la historia del fútbol mexicano, solo Hugo Sánchez y luego Alpulido pueden decir que ganaron una liga europea. Eso es lo que era este hombre en mayo de 2016 cuando regresó a México de vacaciones. Un campeón en Europa, un ídolo en Grecia, una estrella en su país, un activo futbolístico que los clubes más poderosos de México empezaban a perseguir con monedas grandes.
Y ese verano, ese mayo de 2016, estaba en Ciudad Victoria, su casa, descansando entre temporadas con su novia y Leana Salas, disfrutando del lugar donde nació antes de volar de regreso a una carrera que estaba a punto de explotar definitivamente. Tres meses después, el 30 de agosto de 2016, Chivas de Guadalajara lo ficharía por 18 millones dó.
La transferencia más cara en la historia de la Liga MX en ese momento, pero eso todavía no había pasado. En mayo de 2016, Alan Pulido era un hombre en el pico de su vida, de vacaciones en su tierra natal. Y su tierra natal era Tamaulipas. No todo era perfecto en la carrera de Pulido hasta ese momento. Hay que decirlo con honestidad porque esta historia merece honestidad en todas sus capas.
Antes de su llegada al Olimpiacos, había pasado por un episodio complicado y doloroso que vale la pena conocer, porque muestra su carácter y la forma en que combatía cuando las cosas se ponían difíciles. Cuando quiso salir de Tigres en 2014 para emigrar a Europa, se desató una guerra legal con su club que lo persiguió durante meses.
Pulido argumentaba que su contrato había expirado. Tigres insistía en que había una renovación firmada antes del Mundial de Brasil 2014 que lo obligaba a quedarse. La disputa se fue escalando, cruzó fronteras, eh llegó hasta el tribunal de arbitraje deportivo El TAS en la Usana, Suiza. La FIFA intervino, la Femex Fot intervino.
Los abogados de ambas partes pelearon cada detalle y en septiembre de 2015 el TAS falló a favor de Tigres. Pulido perdió el arbitraje. Tuvo que renegociar con su club, pagar compensaciones, soportar la presión pública de su propio entorno, las críticas de medios que lo tachaban de conflictivo, la tensión de ver como su carrera estaba atascada por un problema legal, mientras otros jugadores de su generación seguían avanzando.
No era fácil, era frustrante, fue duro, pero lo resolvió. firmó con el Olimpiacos y ganó el campeonato. Eso también define a Pulido la capacidad de remontar cuando todo parece en contra. Lo que nadie imaginaba era que muy pronto iba a necesitar esa capacidad para algo que no tenía nada que ver con el fútbol, para algo que ningún entrenamiento prepara.
Había un episodio más en el historial de Pulido que vale la pena mencionar porque habla de su juventud y de los errores que cometen los jóvenes con talento que de repente tienen demasiado demasiado pronto. En 2011, cuando fue convocado a la selección sub22 para preparar los Juegos Panamericanos, Pulido fue separado del grupo por un incidente en una fiesta con compañeros.
Los detalles exactos nunca fueron del todo claros en los medios, pero el resultado sí fue claro, quedó fuera de la convocatoria, una sanción que en ese momento pareció seria y que en el contexto de lo que vendría después quedó como una anécdota menor de juventud. Solo los chicos de 20 años que vienen de nada, que de repente tienen dinero y fama y todo el mundo quiere estar cerca de ellos, a veces cometen errores.
Alan Pulido no fue la excepción y no sería la última vez que una fiesta nocturna tendría consecuencias en su vida. Tamaulipas en mayo de 2016 era, lo repito porque es fundamental para todo lo que sigue, el estado más peligroso de México en materia de secuestros. No es una opinión periodística, es un dato verificable de las autoridades del propio gobierno federal.
La organización Alto al Secuestro lo tenía en su radar como un estado sin política pública seria contra el crimen, sin capacidades institucionales reales, sin un sistema de respuesta que funcionara para el ciudadano ordinario. El gobernador era Egidio Torre Cantú del Partido Revolucionario Institucional. El PRI, cuyo hermano mayor Rodolfo Torrecantú había sido asesinado a balazos el 28 de junio de 2010 cuando era candidato a gobernador en un ataque armado a su comitiva apenas 10 días antes de las elecciones. El crimen organizado había
asesinado a un candidato a gobernador en Tamaulipas. Eso te dice todo sobre el nivel de violencia política y criminal de esa entidad. Todo lo que necesitas saber para entender el ambiente en el que se desarrolló el caso Pulido. Los cárteles en disputa en Tamaulipas eran los setas y el cártel del Golfo. Los Zetas habían nacido originalmente como el brazo armado del cártel del Golfo, pero se separaron y se convirtieron en sus enemigos más violentos.
La lucha entre ambas organizaciones había convertido Tamaulipas en un escenario de guerra permanente con decenas de muertos cada mes, con zonas enteras de ciudades controladas por uno u otro grupo, con policías en nómina de los cárteles, con funcionarios que miraban para otro lado o que activamente colaboraban.
Ciudad Victoria, en ese contexto, era territorio donde convivían ciudadanos normales y estructuras criminales de manera completamente cotidiana. Salir de noche era un riesgo calculado. Salir de noche siendo famoso, siendo reconocible, siendo alguien con un apellido conocido y un sueldo en euros que todo el mundo sabía que cobraba, era un riesgo multiplicado de manera exponencial.
Y esta es la primera pregunta que nadie en el gobierno quiso responder con claridad antes de cerrar el expediente. ¿Quién sabía que Alan Pulido estaba en Ciudad Victoria esa noche? ¿Quién sabía el programa de la fiesta? ¿Quién filtró la información de que estaría en ese lugar? A esa hora, en esa carretera específica, porque esto que te voy a contar ahora es fundamental para todo lo que sigue.
Y quiero que lo tengas grabado en la memoria mientras repasamos el resto de la historia. Según declaró su propia novia Leana Salas a las autoridades en las primeras horas después del secuestro, cuando el grupo armado los interceptó en la carretera. Los secuestradores llamaron a Alan por su nombre.
Lo llamaron por su nombre, no dijeron, “Bájate del coche.” No apuntaron con un arma y ordenaron parar. Llamaron a Alan Pulido por su nombre antes de que bajara del vehículo. Y eso cambia absolutamente todo en el análisis de este caso. Eso no es un secuestro de oportunidad. Eso no es un grupo de delincuentes que ven un BMW o en la carretera de madrugada y deciden actuar sobre el momento.

Yes, eso es un objetivo seleccionado con antelación. Eso es inteligencia. previa. Eso es alguien que sabía quién iba a buscar, dónde lo iba a encontrar y cuándo estaría en esa carretera específica. Y eso tiene implicaciones que el gobierno de Tamaulipas nunca exploró públicamente de manera satisfactoria, pero lo peor aún no había llegado.
La noche del sábado 28 de mayo de 2016, poco antes de las 23 horas, Alán Pulido y su novia Leana Salas salen de una fiesta en una zona de Palapas en Ciudad Victoria. Han estado con amigos y familia en un ambiente relajado. Es fin de semana, es verano mexicano. Es el tipo de noche que cuando eres de Ciudad Victoria y llevas tiempo fuera, aprecias por lo que es tiempo con los tuyos.
suben al BMW, toman la carretera interesidal hacia el norte de la ciudad y en algún punto de esa carretera es en alguna de esas oscuras rectas del noreste mexicano donde no hay testigos y no hay cámaras y no hay nadie que pueda hacer nada. Varios vehículos los rodean. Hombres armados con el rostro cubierto. Al menos seis personas, según los primeros reportes que circularon aquella noche, les ordenan bajar del auto.
Alan obedece. Y Liana también. Nadie en su sano juicio, frente a hombres armados con el rostro cubierto en la oscuridad de Tamaulipas va a adoponer resistencia. Y aquí viene el primer detalle que no encaja con ninguna lógica del crimen organizado. Los secuestradores se llevan a Alan y dejan ir a Ileana en el lugar del secuestro con un teléfono con la posibilidad inmediata de alertar a quien quiera.
Este dato que a primera vista puede parecer un gesto de caballerosidad imposible de sicarios, Sos es en realidad una de las piezas más extrañas de este rompecabezas. Los secuestros profesionales, los que ejecutan organizaciones criminales con estructura y con protocolo, no funcionan así. Cuando tienes dos testigos presenciales, dos personas que pueden identificar vehículos, describir personas, señalar rutas, la decisión de eliminar el riesgo que representan es automática.
Si no vas a llevarte a los dos, al menos te aseguras de que el testigo que dejas no pueda hablar inmediatamente, lo incapacitas, le quitas el teléfono, le das instrucciones muy claras sobre qué pasará si llama a alguien en las próximas horas. Lo que no haces en ningún manual del crimen organizado es dejar libre a la testigo más directa del secuestro con todas sus capacidades intactas.
A menos que no te importe que llame, a menos que quieras que llame. Es a menos que sepas que ella va a hacer exactamente lo que hizo. Llamar a la familia, alertar a las autoridades, desencadenar la maquinaria oficial en tiempo récord. A menos que todo eso fuera parte del plan desde el principio. Esta es la primera revelación que te prometí.
Y lo que acabas de escuchar no es una teoría inventada. Es la conclusión que periodistas y analistas señalaron en tiempo real en medios verificables con sus nombres y apellidos. El hermano mayor de Alan, Armando Pulido, futbolista él también, aunque en divisiones menores de Grecia, confirmó a medios locales pasada la medianoche del domingo que su hermano estaba desaparecido, pero reveló algo más en esa primera entrevista que muchos medios no subrayaron con la suficiente fuerza.
Un amigo de Alan le había contado que Alan llamó antes de ser capturado. Lado intentó comunicarse con alguien mientras los vehículos lo seguían. No pudo hablar, solo se escucharon gritos y el ruido de camionetas. Esto significa que Pulido tuvo tiempo de activar una llamada cuando ya intuía que algo iba a pasar. Y esa llamada, ese intento de alerta previo al secuestro, nunca fue explicado completamente por las autoridades en sus versiones públicas del caso.
El domingo 29 de mayo amaneció con México entero pendiente de la noticia. Las redes sociales se ardían con mensajes de solidaridad, de preocupación, de esperanza. El mundo del fútbol mexicano y europeo se volcó. El Tigres publicó en Twitter que expresaba su solidaridad con la familia Pulido. El Olimpiacos, su equipo en Grecia, hizo lo mismo.
El fútbol se había detenido emocionalmente ante la noticia. A las 14 horas del domingo, el procurador de justicia de Tamaulipas, Ismael Quintanilla Acosta, salía ante la prensa para confirmar lo que ya todos sabían. Alan Pulido había sido secuestrado y también confirmó que militares, policías estatales y al menos dos helicópteros estaban recorriendo Ciudad Victoria buscando al futbolista.
Luego dio el dato que debería haber permanecido en secreto si la seguridad de la víctima era la prioridad. reveló públicamente que la familia había recibido una llamada de los captores a las 13:30 horas exigiendo rescate y que había una negociación activa. Piensa en eso un momento. Si tienes a un hombre secuestrado por criminales, si tienes un operativo activo de búsqueda con militares y helicópteros, si la vida de esa persona depende de que los captores no se pongan nerviosos, de que no sientan que el cerco se cierra demasiado
rápido, se ¿Por qué vas a salir ante las cámaras de televisión a decirle al mundo entero, incluyendo a los propios secuestradores que están viendo las noticias, que estás negociando con ellos y que tienes un operativo activo? La coordinadora nacional antisecuestro, Patricia Bugarín, respondió esa pregunta de la única manera posible.
En una entrevista posterior a Televisa admitió que lo operativo para rescatar a Pulido no fue lo ideal, pero que las circunstancias apremiaban porque la difusión del secuestro había sido tan masiva e inmediata que ponía en riesgo la seguridad del deportista. En otras palabras, la propia funcionaria federal encargada de coordinar la lucha contra los secuestros en México reconocía públicamente que esto no se había manejado de manera ortodoxa, que el protocolo estándar no se había seguido y que la presión mediática había forzado
al gobierno a actuar de manera distinta a como actúa normalmente, distinta a como actúa normalmente o distinta a cómo actúa con ciudadanos que no son futbolistas famosos. Esa es la pregunta que la gente se hacía en Twitter mientras leía la noticia. Vamos al corazón del asunto, vamos a la versión oficial, porque aquí es donde el relato del gobierno de Tamaulipas se convierte en lo que cientos de periodistas, criminólogos y ciudadanos definieron en tiempo real como una narrativa que exige demasiada suspensión de la incredulidad.
Según el procurador Quintanilla, según el gobernador Torre Cantú, según la agencia Associated Press, que documentó el caso con información proporcionada directamente por las autoridades tamaulipecas alrededor de la medianoche del domingo 29, es decir, aproximadamente 24 horas después del secuestro, Alan Pulido estaba en una casa de seguridad de la colonia Ampliación Pedro Sosa, en el sur de Ciudad Victoria.
Era una casa sencilla en un barrio normal. sin llamar la atención. De los cuatro secuestradores que lo custodiaban, tres habían salido del lugar por razones que nunca se explicaron públicamente. Solo quedaba uno vigilándolo. Y en ese momento, según la versión oficial, Pulido logró hacer lo siguiente: zafarse de las ataduras con que lo tenían inmovilizado, iniciar un forcejeo con el único secuestrador presente, someterse al captor, arrebatarle el teléfono celular, arrebatarle también la pistola y llamar al número de emergencias 066 para dar su
ubicación exacta. No terminó ahí. Según el reporte oficial documentado por Associated Press, Bopulido realizó tres llamadas completas con los operadores del servicio de emergencias. En la primera llamada informó que estaba a solas con un captor que ya había reducido, se asomó por una ventana y pudo describir la fachada del inmueble con suficiente detalle para orientar a las patrullas.
En la segunda llamada, los operadores le informaron que las unidades ya estaban en las inmediaciones y le pidieron que disparara el arma que había quitado al secuestrador para que los policías identificaran el punto exacto. La respuesta de Pulido, el arma no tenía balas. En la tercera llamada confirmó que ya estaba a salvo con elementos de seguridad. Grábate esto.
La pistola del sicario no tenía balas. en una operación de secuestro de alto perfil en la que un grupo criminal con estructura organizacional ha seleccionado a su víctima, ha coordinado el operativo de captura, ha llevado a la víctima a una casa de seguridad y la está custodiando mientras negocia un rescate millonario.
El hombre de guardia tiene una pistola sin balas. Después de las llamadas, Pulido intentó salir del inmueble, pero las puertas estaban cerradas con llave. Entonces rompió una ventana, se cortó la mano derecha, una patrulla que se encontraba patrullando la zona como parte del operativo de búsqueda escuchó el ruido del cristal al romperse, acudió al lugar y así, según el gobierno de Tamaulipas, concluyó uno de los secuestros más mediáticos de la historia del deporte mexicano.
En la madrugada del lunes 30 de mayo de 2016, el gobernador Egidio Torre Cantú apareció en las instalaciones de la policía estatal de Ciudad Victoria, acompañado del futbolista más mediático del país en ese momento. Las cámaras de todos los medios nacionales registraron la escena. El gobernador sonriente, el brazo extendido, la actitud de quien acaba de protagonizar un triunfo y Alan Pulido al lado diciendo ante los micrófonos, “Estoy muy bien, gracias a Dios.
” Llevaba una venda en la mano derecha producto de la ventana, pantalón corto, camisa multicolor y una tranquilidad, una serenidad que decenas de personas que vieron las imágenes definieron como llamativa para alguien que supuestamente acababa de pasar 24 horas atado en una casa de seguridad de los setas en Tamaulipas. Lo peor aún no había llegado.
Esta es la segunda revelación que te prometí y necesito que prestes mucha atención a lo que viene, porque aquí es donde el caso Pulido deja de ser una anécdota deportiva y se convierte en algo mucho más incómodo. Las imágenes de Alan Pulido en la rueda de prensa del lunes corrieron por todo México en cuestión de minutos y lo que la gente vio generó una reacción que el gobierno de Tamaulipas no había anticipado o que si lo había anticipado decidió asumir de todas formas.
No vieron a un hombre destrozado físicamente. No vieron a alguien con los signos visibles de quien había pasado 24 horas sin dormir, con miedo extremo, atado, sin comer bien, en condiciones que el cautiverio siempre impone. Vieron a un futbolista que parecía haber salido de un entrenamiento matutino, ropa limpia, sin suciedad visible que delatara horas en el suelo de una casa de seguridad, sin rastros de golpes, moretones o marcas visibles en el rostro ni en los brazos.
El peinado, como señalaron cientos de usuarios en redes sociales en tiempo real esa misma madrugada, prácticamente intacto. Y una bendita en la mano derecha, la única lesión documentada y reconocida por las autoridades producto de haber roto una ventana de vidrio. Twitter explotó. En cuestión de horas, el caso Pulido se había convertido en el tema más discutido de México.
Y no precisamente por alivio o celebración, el hashtag que más circuló no era de felicitación ni de bienvenida. Era de escepticismo, era de burla amarga, era de furia contenida. La gente que llevaba años viendo como los secuestros en Tamaulipas no se resolvían, como personas normales desaparecían y no regresaban jamás, como las familias sin recursos esperaban durante meses o años sin ninguna respuesta de las autoridades.
Miraba al gobernador del estado sonriendo para las cámaras junto a un futbolista ileso y con el peinado impecable. Ey no podía procesar la imagen sin que algo dentro de ello se revelara. En menos de 24 horas secuestran y liberan a Alan Pulido. Esa eficiencia no la tiene ni Obama”, escribió un usuario en Twitter que fue retweeteado miles de veces.
“Lo acaban de liberar y sale riéndose y sabía la dirección exacta de donde estaba. Que se lo crea su abuelita,” escribió otro. Si el gobernador sale enfundado en traje de héroe rescatando al plagiado en pleno proceso electoral, lo de pulido no cuenta como secuestro”, twiteó el legislador Jorge Triana. Hasta el momento, todo el caso pulido me parece un auténtico guion cinematográfico.
“Espero estar equivocada”, publicó una periodista con nombre y cargo verificable. Escucha esto con atención. No eran solo ciudadanos anónimos en el anonimato de las redes. Los periodistas más respetados, más serios. Con más trayectoria en México empezaron a hacer las mismas preguntas que la gente común. Ciro Gómez Leiva, uno de los comunicadores más influyentes y respetados del periodismo mexicano, publicó una columna en El Universal que se convirtió en la referencia obligada del caso. La tituló El secuestro de Alan
Pulido. ¿Qué carajos fue eso? Una pregunta sin respuesta. Un titular que resumía lo que todos pensaban, pero que pocos se habían atrevido a decir con esa crudeza, desde un medio de comunicación con esa audiencia. En ella, Gómez Leiva enumeraba las inconsistencias con la frialdad de quien lleva décadas cubriendo la violencia en México y sabe distinguir entre lo que cuadra y lo que no cuadra, sin invenciones, sin exageraciones, con las declaraciones de los propios funcionarios del gobierno como única fuente y el resultado era
demoledor. Primero, los secuestradores llamaron a Alan por su nombre. Lo conocían, lo habían seleccionado específicamente, no fue un secuestro de oportunidad, fue un objetivo. Segundo, según la versión del procurador, los captores en un descuido dejaron a Alan solo con uno de ellos y ese uno tenía un teléfono celular a la mano y disponible para ser arrebatado.
Dos coincidencias simultáneas que en el mundo real del crimen organizado profesional tienen una probabilidad de ocurrir juntas que se aproxima a cero. Tercero, Alan forcejeó con el secuestrador, lo sometió físicamente, le arrebató el arma, le quitó el teléfono. Un sicario con experiencia en operaciones de secuestro, entrenado para manejar situaciones de riesgo, fue neutralizado completamente por un futbolista de 25 años, sin que nadie más de los tres captores ausentes escuchara nada, eh, sin que volvieran a tiempo para intervenir, sin que el
propio secuestrador sometido pudiera llamar a sus compañeros antes de ser reducido. Cuarto, la pistola del secuestrador no tenía balas. en una operación de secuestro de alto perfil con una víctima millonaria y mediática sin balas. Quinto, Alan pudo describir con suficiente detalle la fachada del inmueble, la calle, los elementos visibles desde una ventana, lo suficiente para que las patrullas que buscaban la casa en el operativo pudieran localizarlo con relativa rapidez.
Esto implica que en algún momento del traslado, desde la carretera hasta la casa de seguridad, nadie le vendó los ojos. Criminólogos especializados en secuestros señalaron esto como una anomalía mayor. Los secuestradores expertos, los que hacen esto como negocio, o se tapan los ojos de sus víctimas desde el primer instante del traslado, precisamente para evitar que puedan orientarse, identificar rutas o describir ubicaciones posteriores.
Sexto. Cuando las patrullas llegaron al lugar del rescate, el comisionado de la policía federal, Enrique Galindo, confirmó ante la prensa que los secuestradores no pusieron resistencia en un estado controlado por dos de los cárteles más violentos de México, en una operación criminal que involucró al menos a cuatro personas.
El rescate de la víctima de secuestro más visible del año en México no generó ningún tiroteo, ninguna persecución, ninguna baja policial, ningún secuestrador fue abatido, ninguno intentó defender su posición o habían huído todos antes de que llegara la policía o el único que quedaba estaba inconsciente. So, simplemente no hubo ningún enfrentamiento porque las circunstancias en las que todo ocurrió no eran las que la versión oficial describía. Séptimo.
El propio comisionado federal Galindo, ante las preguntas de los periodistas reconoció que durante el operativo hubo una negociación con los secuestradores y añadió que no se pagó rescate, una negociación activa sin pago con una organización criminal como Los Setas que terminó en menos de 24 horas con la víctima libre.
Nadie explicó qué se negoció. Nadie explicó qué ofreció el gobierno a cambio de que Pulido apareciera sano. La respuesta a esa pregunta específica nunca llegó de manera pública. Estos no son datos inventados por ningún blogger de internet. Son declaraciones públicas de funcionarios identificados del gobierno mexicano, recogidas por medios verificables, documentadas en tiempo real por periodistas con nombre, apellido y trayectoria.
Y cuando los juntas todos en la misma mesa, cuando lees el expediente completo, con toda esta información ordenada, el relato gubernamental del futbolista, que superó a su captor solo con una pistola sin balas y un teléfono disponible se convierte en algo que exige un esfuerzo considerable de fe para ser aceptado. El periodista Salvador García Soto, autor de una de las columnas políticas más leídas de México en El Universal, escribió antes incluso de la liberación de Pulido, algo que en las horas siguientes se convirtió en profético.
Señaló que los secuestradores habían llamado a Alan por su nombre, que habían dejado libre a la novia en el lugar del hecho. y que habían exigido una cifra estratosférica que sugería que estaban planificando una negociación larga, tan larga, que podría extenderse más allá de las elecciones del 5 de junio.
Y luego hizo la pregunta que nadie en el gobierno quería responder. ¿A cuál candidato quieren ayudar los criminales? Porque las elecciones para gobernador de Tamaulipas serán el domingo siguiente, el 5 de junio de 2016, exactamente 6 días después del secuestro. Grábate eso. 6 días antes de unas elecciones estatales donde el partido del gobernador en funciones, el PRI, necesitaba mostrarle a la ciudadanía que el Estado seguía teniendo presencia, capacidad de acción y autoridad en un territorio que el crimen organizado
llevaba años reclamando como suyo. El futbolista más famoso de ese estado fue secuestrado y rescatado en menos de 24 horas. Y el gobernador apareció en la foto sonriente con la mano en el hombro del futbolista ileso, listo para los titulares de mañana. Pero lo peor aún no había llegado. Esta es la tercera revelación que te prometí, el contexto político.
Y si crees que lo que has escuchado hasta ahora ya era suficientemente perturbador, prepárate para lo que viene, porque si quitamos el contexto político de este caso, no entendemos nada. Y si lo ponemos en su lugar con toda su crudeza, entonces la versión oficial no solo se vuelve difícil de sostener, se vuelve parte de una narrativa que huele a política de la peor especie.
Tamaulipas en mayo de 2016 era un estado en el que el PRI llevaba décadas gobernando, décadas de dominio político en un territorio donde el crimen organizado había tejido redes tan profundas con las estructuras del poder formal que la línea entre institución y cártel se había vuelto en la práctica invisible para cualquier observador externo honesto.
Tamaulipas era el estado donde en 2010 el candidato a gobernador fue asesinado a balazos a días de las elecciones. El estado con la tasa de secuestros más alta del país, 2 años consecutivos. El estado donde la propia organización Alto al Secuestro declaraba que el gobierno no ha asumido su responsabilidad en esta materia y carece de una política pública real para enfrentar el crimen.
Ese era el estado en el que el PRI iba a las elecciones el 5 de junio de 2016. El propio hermano mayor de Alan, Armando Pulido, se lo dijo sin tapujos en una entrevista al grupo Imagen Multimedia aquella misma noche del secuestro. antes de que su hermano fuera rescatado. Vale la pena escuchar sus palabras exactas porque no son las de un periodista de oposición ni las de un activista político.
Son las del hermano de la víctima en el momento más angustiante de su vida hablando desde las tripas. Sabemos de la situación de inseguridad que estamos viviendo en Victoria en Tamaulipas y ahora están próximas las elecciones. Llegamos a pensar que pudo haber sido por tema político el secuestro, porque yo no confío en nadie.
Y cuando las autoridades me preguntaron de dónde podía venir el secuestro, yo les dije que de cualquiera, porque desconfío de todo y de todos. El hermano de la víctima desconfiaba de todo el mundo, incluyendo implícitamente Asemia las mismas autoridades que supuestamente iban a rescatar a su hermano. El antecedente histórico que los periodistas evocaron de manera inmediata en cuanto se supo el contexto electoral era brutal en su paralelismo.
En junio de 2010, 6 años antes del secuestro de Pulido, el candidato del PR a gobernador de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, hermano del entonces gobernador Egidio Torre Cantú, fue asesinado a balazos en un ataque armado a su comitiva 10 días antes de las elecciones. El crimen organizado Tamaulipeco había demostrado que tenía capacidad y voluntad de intervenir directamente en los procesos electorales de la entidad.
De esa intervención no se discutía si existía. Se discutía solo a qué candidato beneficiaba en cada momento. 6 años después, Stung, la delincuencia organizada, vuelve a tomar el papel protagónico en las elecciones para gobernador de Tamaulipas, escribió un analista político en esos días. La diferencia entre 2010 y 2016 era que esta vez el desenlace no había sido una tragedia.
Era un triunfo mediático con Final Feliz, con el gobernador en la foto, con el futbolista en casa, con el PRI luciendo como el partido que puede resolver lo que el crimen organizado plantea. Escucha esto. El periodista Ciro Gómez Leiva planteó en su columna la pregunta que todos los analistas políticos tenían en la cabeza, pero que muchos no se atrevían a escribir con esa claridad.
El secuestro de Pulido convenía políticamente al gobierno del PRI en Tamaulipas. La resolución rápida, el rescate mediático, la imagen del gobernador como garante capaz de la seguridad en el estado más violento del país. No era el mejor spot electoral posible a 6 días de unas elecciones en las que el candidato priiststa necesitaba diferenciarse de los demás.
Y luego estaba la cuestión de los candidatos de la oposición. Todos condenaron el secuestro de manera inmediata. Todos hicieron declaraciones de solidaridad con Pulido. Todos entendían lo que significaba políticamente y todos en privado debían estar haciendo el mismo cálculo. Un gobierno que resuelve en 24 horas un caso de esta visibilidad en un estado donde la gente lleva años viviendo con miedo es un gobierno que va a las urnas con algo que mostrar.
No importa que ese algo sea una excepción total a la norma. Nen, no importa que los 230 secuestros del año anterior no hubieran tenido la misma atención ni los mismos recursos. La imagen vale más que la estadística. El problema que quedó flotando en el ambiente, que los ciudadanos gritaron en Twitter y que los analistas escribieron en sus columnas era precisamente ese contraste.
¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora? Porque este secuestro, este hombre, este caso específico, merece helicópteros militares, coordinación federal, cobertura en cadena nacional y una resolución en 24 horas, cuando el resto de las víctimas de secuestro en Tamaulipas llevan meses o años esperando alguna respuesta. La respuesta obvia era la misma que la gente escribía en internet.
Porque este secuestro tenía cámaras, porque este secuestro tenía un nombre famoso. Porque este secuestro importaba políticamente. Misi, la organización Alto al secuestro lo dijo directamente en su comunicado público. El secuestro del futbolista Alan Pulido el pasado fin de semana es una lamentable muestra de la inseguridad que vive día a día la sociedad en Tamaulipas y en todo México.
Por desgracia, todos estamos expuestos a ser víctimas de este delito. y añadían que el gobierno de Tamaulipas no tenía una política pública real en materia de secuestros, una acusación directa en plenas elecciones, que el rescate de Pulido parecía desmentir en las imágenes, pero que las estadísticas confirmaban sin ninguna duda.
Meses después del secuestro, Asociated Press publicó una investigación que aportó un dato clave que en su momento no había sido revelado. El autor intelectual del secuestro de Alan Pulido era el esposo de una prima del futbolista. Llevó a alguien de su círculo familiar ampliado, alguien que conocía sus movimientos, que sabía que estaba de vacaciones en Ciudad Victoria, que tenía acceso a información sobre su agenda personal durante ese periodo.
Alguien que pudo haber contactado a la célula criminal pudo haber coordinado la operación desde adentro. pudo haber filtrado la información exacta sobre la fiesta y la ruta de regreso. Y eso explica la pieza que no encajaba desde el principio. ¿Por qué los secuestradores llamaron a Alan por su nombre? Porque alguien muy cercano a él había vendido esa información.
El secuestrador que Pulido sometió en la casa. El hombre que quedó inconsciente y fue detenido cuando llegaron las patrullas, fue identificado por la policía tamaulipeca como Daniel, originario de Veracruz, integrante de los setas. Ese hombre fue procesado. Se fue la única persona capturada en el momento del rescate, solo uno de al menos cuatro secuestradores que habían estado en la casa.
Los otros tres, los que se marcharon justo antes del momento en que Pulido tuvo su oportunidad, nunca aparecieron en ningún reporte posterior de detención que los medios cubrieran. Se fueron así, sin que el operativo de helicópteros y fuerzas federales los interceptara. Piensa en eso un momento. Tres miembros de una célula de los setas que acababan de secuestrar al futbolista más mediático del país y que se habían marchado de la Casa de Seguridad justo en el momento en que quedaba una sola guardia, pudieron desaparecer de Ciudad
Victoria sin que el operativo más grande que se había desplegado en la ciudad en mucho tiempo los encontrara. Pero lo peor aún no había llegado. Ato esta es la cuarta revelación que te prometí. lo que Alan Pulido dijo y sobre todo lo que no dijo. En la rueda de prensa del lunes 30 de mayo con el gobernador al lado y las cámaras enfrente, Pulido dijo, “Estoy muy bien, gracias a Dios”, añadió, “Muchas gracias a todos por sus oraciones.
Nos ayudaron mucho en esta terrible experiencia de nuestras vidas que no le deseamos a nadie.” y luego publicó en Twitter, “Agradezco mucho a las autoridades federales y estatales el apoyo brindado por permitirnos regresar sanos y salvos con nuestros familiares y amigos.” Era un mensaje corto, agradecido, sin detalles, sin contradecir ningún elemento de la versión oficial, sin añadir ningún detalle que la complementara o la completara.
eh firmado por un hombre que según la versión oficial acababa de realizar una hazaña de supervivencia extraordinaria y que no parecía tener mucho que decir al respecto. En los días siguientes, cuando los medios intentaron conseguir más declaraciones, Pulido se mantuvo en silencio. Viajó, se reintegró a su vida deportiva.
En agosto de 2016, 3 meses después firmó con Chivas y el caso del secuestro quedó en un segundo plano aplastado por la noticia del fichaje más caro en la historia de la Liga MX. Luego pasaron 4 años y en 2020 en una entrevista con ESPN, Pulido habló del tema por primera y única vez de manera sustancial y lo que dijo fue esto, palabra por palabra.
Obviamente no me gusta tocar estos temas, son muy delicados, complicados, pero te da un mal aprendizaje. Ese son malos recuerdos que por ahí no quisiera volver a vivir y tampoco se los deseo a nadie. Fue algo muy difícil en mi vida. Fin de la declaración sobre el tema. 4 años de silencio y 20 segundos de respuesta general.
sin un solo detalle adicional, sin describir qué pasó en las 24 horas de cautiverio, sin hablar del miedo, de las condiciones, de las conversaciones con los captores, de cómo fue físicamente reducir a alguien entrenado para la violencia, sin ninguna referencia a las inconsistencias que el caso había generado, sin ninguna palabra sobre el contexto político, solo fue difícil, no quiero hablar de ello.
Gracias. Grábate esto con cuidado porque aquí es donde hay que ser muy precisos. El silencio de una persona que vivió un trauma real puede ser perfectamente comprensible y completamente legítimo. Y nadie tiene la obligación de revivir un secuestro en público. Nadie tiene que dar explicaciones sobre el peor momento de su vida para satisfacer la curiosidad ajena. El trauma no funciona así.
La recuperación psicológica no funciona así y hay que respetar eso. Pero cuando ese silencio se mantiene durante 4 años sobre un caso que tiene siete inconsistencias documentadas públicamente por los propios funcionarios del gobierno, cuando ese silencio se sostiene, incluso cuando el deportista da entrevistas largas y detalladas sobre otros aspectos polémicos de su carrera, como la disputa con Tigres o la polémica salida de Chivas en 2019, cuando la única vez que habla del secuestro es para decir básicamente que no quiere hablar del
secuestro. Entonces ese silencio se convierte en parte del expediente, no en prueba de culpabilidad de nada, e no en evidencia de ningún engaño, pero sí en una pieza más de un rompecabezas que nunca terminó de armarse. En este punto del relato hay que hacer la distinción que la honestidad periodística exige entre lo que está verificado y lo que es especulación o rumor sin sustento documental.
Lo que está verificado es el secuestro real de Alan Pulido. Lo que está verificado son las inconsistencias señaladas por periodistas serios con nombre y apellido. Lo que está verificado es el contexto electoral y la instrumentalización política que el gobierno hizo del rescate. Lo que está verificado es la admisión del comisionado federal de que hubo negociación con los captores, aunque negara el pago, lo que no está verificado, lo que circuló como rumor en los días posteriores a través de medios de baja credibilidad periodística, ODIA es la versión que publicó el sitio web
Hablemos de México, sin ninguna fuente identificada ni ningún documento probatorio, según la cual Pulido habría recibido 14 millones de pesos del gobierno de Tamaulipas para simular el secuestro y el rescate. Esta versión nunca fue respaldada por ningún medio de comunicación serio, ningún documento judicial, ninguna fuente con nombre y responsabilidad verificables.
Mencionarla como si fuera información confiable sería irresponsable. Lo que sí es relevante es mencionar que esa versión circuló, que generó una discusión masiva y que lo hizo precisamente porque la narrativa oficial había dejado tantas preguntas sin respuesta que la gente llenó los huecos con las teorías más extremas disponibles.
Del mismo modo, el colectivo Anonyus México publicó un video cuestionando el caso y acusando directamente un montaje entre Pulido, televisoras nacionales y el gobierno de Tamaulipas, sin aportar una sola prueba que sustentara la acusación directa. La acusación sin evidencia no es periodismo, pero el hecho de que ese video tuviera la resonancia que tuvo de que fuera visto por millones de personas en México dice algo sobre el nivel de desconfianza institucional que el caso generó.
Lo que sí dijo un funcionario con nombre y apellido y micrófono ante las cámaras fue el procurador Quintanilla cuando lo acorralaron con preguntas sobre si el rescate podría ser un montaje y su respuesta fue memorable por las razones equivocadas. Dijo, “Me han comentado que todo está armado, pues debe ser un grupo de actores muy grande.
La policía federal, la Sedena, Etop, la fuerza estatal. Y a lo mejor el deportista es muy buen actor como para prestarse a una cosa de estas. Utilizar el sarcasmo como respuesta a preguntas legítimas sobre inconsistencias documentadas en la versión oficial no es respuesta, es evasión.
Es el recurso del que no tiene mejor argumento que la ironía. La Vice News, en su cobertura internacional del caso, recogió la versión de un analista de seguridad que articuló lo que muchos pensaban de la manera más coherente sin llegar al extremo del montaje total. La teoría era esta. El secuestro fue real. Alan Pulido fue capturado de verdad, pero la liberación no ocurrió como la versión oficial describía.

Lo que ocurrió, según esta interpretación, fue que la familia o algún intermediario pagó el rescate acordado con los captores y una vez pagado, los secuestradores organizaron una puesta en escena conveniente para todas las partes. Llevaron a Pulido a una ubicación donde pudiera llamar a emergencias. Le dejaron solo con un captor que no iba a poner resistencia real.
Le facilitaron el acceso al teléfono y todo el mundo salió bien parado. El gobierno con el crédito del rescate heroico, la familia sin tener que admitir que se dio al chantaje, pulido sin quedar como alguien cuya familia negoció con criminales y los captores con el dinero. La única parte del relato que no cuadra en esta versión es la misma que no cuadra en la versión oficial, la pistola sin balas.
y el peinado intacto. Esta teoría, hay que repetirlo, es especulación no confirmada, pero es especulación que encaja con coherencia considerablemente mayor que la versión oficial. Fue la que más circuló entre analistas serios de seguridad en México en las semanas posteriores al rescate. 3 meses después de aquella noche de mayo, el 30 de agosto de 2016, Chivas de Guadalajara anunció el fichaje de Alan Pulido por 18 millones.
La transferencia más cara en la historia de la Liga MX hasta ese momento. El caso del secuestro quedó sepultado bajo la avalancha de noticias deportivas. Y así funciona el deporte y así funciona la memoria colectiva. El presente siempre tiene más ruido que el pasado. El siguiente partido importa más que la investigación inconclusa.
La carrera de Pulido con Chivas fue brillante. Hay que reconocerlo sin ambigüedad. Su primera temporada completa con el Guadalajara en el Clausura 2017 fue determinante en todos los sentidos. De Pulido anotó en los dos partidos de la final de la Liga MX contra Tigres, su exequipo, el club donde había ganado su primer campeonato en 2011.
Chivas ganó 4 a3 en el marcador global de la eliminatoria, campeón de liga. En ese mismo torneo también ganaron la Copa MX, doblete histórico para Chivas. Pulido fue elegido en el mejorceno de la Liga MX esa temporada y en 2018 llegó la cumbre. El techo más alto que un jugador de Chivas puede alcanzar, la Concacaf Champions League, el campeonato continental que el Guadalajara no había ganado en 56 años.
La final fue contra el Toronto FC de Canadá. Pulido fue determinante en los dos partidos. en el de ida en Toronto marcó un golpe de falta magistral en una victoria de 2 a 1. En el partido de vuelta en el estadio Acron de Guadalajara, el marcador global requirió penales para definir al campeón y fue Alan Pulido quien convirtió el penal decisivo.
El chico de ciudad Victoria, el hombre que meses antes de fichar por Chivas había estado en manos de los en la colonia Ampliación Pedro Sosa, campeón de América. El primero que Chivas levantaba en más de medio siglo. En el Apertura 2019 fue el goleador del torneo con 12 goles en 18 partidos. El premio al mejor artillero de la liga por primera vez en su carrera en México.
Pero luego vino la polémica de su salida. Pulido exigió el 10% de su transferencia al Sporting Kansas City, lo que desató una disputa legal con Chivas y una pelea pública con el director deportivo Ricardo Peláez, que lo llamó públicamente mentiroso. Un final feo para una historia que había sido gloriosa.
Así son las carreras de fútbol. La gloria y el conflicto conviven siempre. En la MLS dan con el Sporting Kansas City. Pulido tuvo sus altos y sus bajos. buen nivel en 2020 y 2021 con 15 goles y ocho asistencias en sus primeras dos temporadas. Luego en enero de 2022 la catástrofe física, una lesión grave en la rodilla izquierda que lo mantuvo fuera del campo durante 437 días completos.
42 partidos perdidos, una eternidad para un delantero en el final de su primera plenitud, pero en 2023 regresó y fue el mejor pulido posible del regreso. 14 goles. MVP del Sporting, Golden Boot del equipo, Comeback Player of the Year de la MLS. El Guerrero que vuelve, el que siempre se levanta. En enero de 2025, a sus 33 años regresó a Chivas.
por $,000 con un contrato hasta diciembre de 2025 y opción de extensión al lugar donde se convirtió en leyenda, al lugar donde la gente lo recuerda como el tipo que los llevó a ser campeones de América al estadio Acron, donde convirtió el penal que cambió la historia del club al rebaño sagrado y el secuestro.
El expediente que nunca se cerró del todo, aunque técnicamente esté archivado. Las preguntas sin respuesta. Eso quedó en un cajón. Silenciado por los títulos, por las lesiones, por los contratos, por los goles, por el ruido constante del deporte profesional que no permite el silencio reflexivo.
Así funciona el sistema, el presente aplasta el pasado. Los aficionados de Chivas que gritan el nombre de Pulido en el estadio Acron no piensan en la colonia ampliación Pedro Sosa, no piensan en el gobernador posando para la cámara, no piensan en la pistola sin balas ni en el peinado intacto después de 24 horas de cautiverio.
Piensan en el gol a Tigres en la final del 2017. Piensan en el penal de Toronto, piensan en el pulido que les dio gloria, pero el expediente sigue abierto en la memoria de quienes lo vivieron en tiempo real y en la memoria de las familias de Tamaulipas, que ese mismo mes de mayo de 2016 buscaban a sus propios desaparecidos, sin helicópteros, sin cobertura televisiva, sin gobernadores atentos al teléfono.
Escucha esto, porque esto es lo más importante que te voy a decir en todo este video y quiero que lo recuerdes cada vez que veas el nombre de Alan Pulido en cualquier marcador de Liga MX. El caso pulido no es simplemente un caso extraño con inconsistencias inexplicadas. Es el espejo de México. es la radiografía de un país donde las instituciones que deberían protegerte son las mismas que tienen que explicarte sus propias contradicciones en cadena nacional, donde un secuestro resuelto en 24 horas con final mediático puede ser simultáneamente un alivio genuino y una
operación política de manual, donde la verdad nunca es simple porque el sistema nunca es simple, donde los poderosos tienen su propia justicia y los ciudadanos ordinarios esperan en la fila que nunca avanza. ¿Fue real el secuestro? Sí. Las evidencias apuntan sin ambigüedad a que sí fue real. El autor intelectual fue identificado como familiar político de Pulido.
El secuestrador que lo custodiaba fue detenido en el lugar. Eso está documentado. No hay razón para dudar de que Alan Pulido fue capturado contra su voluntad la noche del 28 de mayo de 2016. ¿Fue real la versión oficial del rescate heroico? Ahí es donde las preguntas no tienen respuesta satisfactoria. Las siete inconsistencias que hemos revisado, documentadas por los propios funcionarios del gobierno en declaraciones públicas crean una duda razonable y seria que nunca fue despejada de manera convincente.
El procurador respondió con sarcasmo. El comisionado federal habló de negociación sin explicarla. El gobernador apareció en la foto y nadie preguntó más de la cuenta. ¿Hubo un pago de rescate que el gobierno encubrió con la narrativa del rescate heroico? Es la teoría que más encaja con las inconsistencias conocidas.
No hay prueba verificable, pero tampoco hay explicación gubernamental que descarte esa posibilidad de manera coherente. Fue todo un montaje desde el principio. No hay evidencia que lo pruebe. E y sin evidencia afirmarlo sería irresponsable. Lo que sí hay es una narrativa oficial que exige demasiado de la credulidad del ciudadano que prestó atención a los detalles.
Lo que tenemos al final de todo este análisis es un caso con un veredicto imposible de emitir con certeza. Y eso en sí mismo, esa imposibilidad de esa indefinición permanente es la historia. es lo que define al caso pulido, que en México, incluso en los casos más visibles, más cubiertos, más analizados en tiempo real, la verdad puede quedar enterrada bajo capas de declaraciones contradictorias, intereses políticos, silencios convenientes y el ruido del siguiente ciclo de noticias, que el expediente se puede cerrar antes de que las preguntas tengan respuesta, que un
deportista puede ganar campeonatos, ser ídolo de millones, marcar finales históricas y las preguntas de aquella noche en La colonia Ampliación Pedro Sosa siguen flotando sin resolverse como un fantasma al que nadie quiere invocar directamente. Tamaulipas sigue siendo Tamaulipas. El estado donde el narco y el gobierno bailan un tango que lleva décadas.
El estado donde los secuestros son una industria cotidiana que solo se vuelve noticia cuando la víctima tiene un nombre conocido. El estado donde el hermano del gobernador fue asesinado a tiros antes de unas elecciones y el gobernador siguió gobernando. Estado donde en mayo de 2016, mientras los helicópteros buscaban a Alan Pulido, había otras familias esperando noticias de otros desaparecidos cuyos nombres no estaban en ningún trending topic.
Y esas familias no tuvieron su rueda de prensa, no tuvieron su gobernador en la foto, eh no tuvieron su resolución en 24 horas. Grábate eso con fuerza. No como condena Alan Pulido, que vivió algo traumático y que tiene todo el derecho a no volver a hablar de ello nunca más. No como juicio al futbolista que fue víctima de criminales, sino como contexto, como la foto completa de lo que significó ese secuestro y ese rescate para el México de 2016 y para el México de hoy, que en ese sentido fundamental no ha cambiado tanto. Alan
Pulido lleva más de 100 goles combinados en clubes y selecciona a lo largo de su carrera. tiene nueve títulos oficiales a su nombre, dos ligas MX, dos copas MX, una Superliga griega, una Concaf Champions League, una Superliga norteamericana y dos torneos con selecciones juveniles mexicanas. Fue convocado al Mundial de Brasil 2014, aunque no jugó ningún minuto. Punto.
Fue campeón de goleo de la Liga MX en el Apertura 2019 con 12 goles. Ganó el premio Comeback Player of the Year de la MLS en 2023 después de 437 días sin jugar por una lesión de rodilla. Está en su segunda etapa con Chivas a sus 34 años con el contrato firmado en enero de 2025. Y aquella noche de mayo de 2016 que nunca terminó de explicarse del todo, de gloria eterna a sombra olvidada.
No la sombra del futbolista que sigue brillando en las canchas, sino la sombra de la verdad que nadie terminó de decir en voz alta, la sombra de las preguntas que siguen sin respuesta oficial convincente, la sombra de un sistema que en México puede envolver incluso los momentos más violentos e íntimos de las personas en capas de política, interés y conveniencia y luego cerrar el expediente antes de que nadie exija la explicación que falta.
Eso es México y eso es el caso de Alan Pulido. Si la historia de Alan Pulido te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que en México la distancia entre la versión oficial y lo que realmente ocurrió puede ser tan grande como la brecha entre el ciudadano ordinario y el famoso a la hora de recibir justicia.
Si ahora ves con más claridad que el silencio después de un escándalo siempre es parte del escándalo, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí. Por todas las familias de Tamaulipas que en mayo de 2016 también esperaban noticias de sus desaparecidos sin helicópteros federales ni cobertura en cadena nacional.
Para que la próxima vez que alguien diga, Alan Pulido se liberó solo de sus secuestradores como un héroe de película. Alguien más pueda decir, “Espera, la historia tiene muchas más capas que eso y necesitas conocerlas todas. Y si quieres seguir conociendo las historias que el deporte y el sistema prefieren que no cuentes, hay otro video esperándote en este canal que te va a dejar igual de sin palabras.
Está justo arriba. Dale click. Porque en Sombras del Olimpo apenas estamos empezando. Esto es Sombras del Olimpo. Hasta la próxima sombra. Yeah.
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