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Dentro de la LUJOSA VIDA de JOHNNY LOZADA – Historia, Secretos, Intimidad

Dentro de la LUJOSA VIDA de JOHNNY LOZADA – Historia, Secretos, Intimidad

Hoy vamos a descubrir cómo vive actualmente Johnny Lozada, el niño de la sonrisa perfecta que conquistó el mundo con menudo. [música] Que sobrevivió a la menudomanía más feroz de los años 80 y que a sus 60 años sigue siendo parte fundamental de la televisión hispana en México y Estados Unidos.

Desde las giras masivas que paralizaban países enteros hasta su vida actual como conductor, abuelo y figura mediática, cada detalle te va a sorprender. Acompáñanos a conocer sus intimidades, los lujos y el legado del hombre, que fue parte del fenómeno juvenil más grande de la historia latina, y te aseguro que este recorrido te va a fascinar. Comencemos.

Johnny Losada nació el 21 de diciembre de 1963 en Caguas, Puerto Rico, una ciudad del centro de la isla conocida como la ciudad Criolla. Hijo único de Ramón Lozada y Aracelis Correa, Johnny creció en un hogar de clase media puertorriqueña donde la música y el entretenimiento eran parte natural de la vida familiar.

Puerto Rico en los años 60 y 70 era una isla en transformación. La economía crecía gracias a la industrialización promovida por Estados Unidos. La televisión se consolidaba como el medio dominante y la música popular puertorriqueña comenzaba a exportarse más allá de la isla. Pero para un niño de caguas, soñar con fama internacional parecía imposible.

La industria del entretenimiento estaba centralizada en Nueva York, Miami, Los Ángeles, Ciudad de México. Puerto Rico era una isla pequeña en el Caribe. Las oportunidades de llegar al estrellato mundial desde ahí eran casi inexistentes. Johnny era un niño naturalmente extrovertido con una sonrisa que iluminaba cualquier habitación.

Desde pequeño mostró talento para el canto y el baile. Participaba en festivales escolares, en eventos [música] comunitarios, en cualquier oportunidad que tuviera de estar frente al público. Sus padres lo apoyaban, pero tampoco imaginaban que su hijo se convertiría en una estrella internacional. En aquella época, ser artista no era una carrera respetable, era algo incierto, arriesgado, que no garantizaba estabilidad económica.

Pero todo cambió en 1978 cuando Johnny tenía apenas 14 años. Un hombre llamado Edgardo Díaz, el creador y manager de menudo, lo vio cantar en un evento local. Quedó impresionado no solo por su voz, sino por su presencia escénica, por esa sonrisa perfecta y por el carisma natural que tenía el niño. Edgardo Díaz había creado menudo en 1977 con un concepto revolucionario, un grupo de cinco adolescentes que cantaban y bailaban, pero con una regla fundamental.

Cuando cumplieran 16 años tendrían que salir del grupo. Era renovación constante, eterna juventud. Los fans nunca verían a sus ídolos envejecer. En 1978, Johnny Losada fue invitado a unirse a menudo. Tenía 14 años. Era un niño de caguas, sin experiencia profesional y de repente estaba a punto de convertirse en parte del fenómeno juvenil más grande de la historia de la música latina.

La incorporación de Johnny Losada a menudo en 1978 coincidió con el inicio de lo que después se conocería como la época dorada del grupo. Durante los siguientes 6 años, de 1978 a 1984, Menudo se convirtió en el fenómeno musical más grande de América Latina. La menudomanía era real, palpable, a veces peligrosamente intensa.

No era simplemente popularidad, era histeria colectiva. Eran millones de adolescentes gritando hasta perder la voz. Eran aeropuertos colapsados. Eran hoteles rodeados día y noche por fans que no comían ni dormían esperando ver a sus ídolos. Johnny, con su sonrisa perfecta y sus ojos expresivos, se convirtió rápidamente en uno de los favoritos.

Las fans lo adoraban. Las revistas juveniles lo ponían en portada constantemente. Su imagen estaba en pósters que colgaban en millones de cuartos de adolescentes en todo el continente. Las giras de menudo eran operativos masivos. Visitaban México, Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Centroamérica, el Caribe.

En cada país la locura se repetía. Conciertos con 30, 40, 50,000 personas gritando cada canción. Presentaciones en televisión donde los estudios se llenaban más allá de su capacidad. Firmas de autógrafos que duraban horas y horas. Un concierto típico de menudo en el Estadio Azteca de México en 1982 reunía a más de 60,000 personas.

El ruido de los gritos era ensordecedor. Las niñas lloraban, se desmayaban, tenían que ser atendidas por paramédicos. Era un nivel de fanatismo que no se había visto antes en la música latina. Johnny y sus compañeros vivían en una burbuja surrealista. Eran adolescentes normales que de repente no podían salir a la calle sin ser perseguidos.

No podían ir a un restaurante, no podían tener una vida normal. Vivían en hoteles de lujo, viajaban en jets privados. eran escoltados por seguridad constantemente. Las jornadas de trabajo eran brutales. Ensayos que comenzaban temprano en la mañana, presentaciones durante el día, conciertos en la noche, entrevistas para radio, televisión y revistas, sesiones fotográficas, grabaciones de discos, todo mientras intentaban mantener algún tipo de educación escolar con tutores que viajaban con ellos.

Para 1983, Menudo era el grupo juvenil más exitoso del mundo de habla hispana. Habían vendido más de 20 millones de discos. Llenaban estadios en todos los países donde se presentaban. Eran más grandes que cualquier estrella individual de la música latina. Y Johnny Losada estaba en el centro de ese huracán.

Su rostro era reconocido en 20 países. Su voz sonaba en todas las radios del continente. Era, a los 19 años una de las estrellas juveniles más grandes del mundo latino. Su mejor momento actual. Hablar de la fortuna de Johnny Losada durante sus años en menudo exige entender la estructura económica del grupo porque era fundamentalmente diferente a cómo funcionaban otros artistas musicales.

Menudo no era una banda tradicional donde los integrantes eran socios del proyecto. Era una empresa controlada completamente por Edgardo Díaz y su equipo de producción. Los integrantes eran empleados del proyecto, no dueños. recibían salarios fijos más bonos por ventas, pero no participaban en las decisiones empresariales ni en los porcentajes mayoritarios de las ganancias.

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