Para que te des una idea de lo que esto significa, esa cantidad equivaldría hoy en día a un valor aproximado de entre 450,000 mill,illones y 600,000 millones de pesos actuales. En dólares estaríamos hablando de entre 18 y 22 millones dó. Una verdadera fortuna para cualquier época.
Como actor de cine, Pedro ganaba hasta 20,000 pesos por semana de rodaje en los años 50. Considerando que una película podía tomar entre 4 y 8 semanas en completarse, su pago por película oscilaba entre 80,000 y 160,000 pesos de aquella época. Si convertimos esas cifras a valor actual, estaríamos hablando de entre 700 millones y 100 millones de pesos por película o lo que es lo mismo, entre 35 y 70 millones de dólares actuales.
Imagínense el nivel de estrella que era Pedro Infante para cobrar esas cantidades. Y eso era solo por el cine. Su carrera musical le generaba ingresos igualmente impresionantes. Por cada presentación en vivo en salones, ferias o giras nacionales, Pedro cobraba entre 5000 y 15000 pesos de aquella época. Además, recibía regalías por los millones de discos que se vendían no solo en México, sino en toda América Latina.

La radio también era una fuente importante de ingresos. Pedro tenía contratos de exclusividad con la XCW, la radiodifusora más importante de México, donde sus programas eran escuchados por millones de personas cada semana. Su voz inconfundible llenaba los hogares mexicanos y lo convertía en parte de la vida cotidiana de las familias.
Pero ahí no terminaba su capacidad para generar dinero. Las empresas se peleaban por tenerlo como imagen de sus productos. Pedro Infante protagonizó campañas publicitarias para cigarros, jabones, productos del hogar y automóviles. Por cada campaña o cuña radial cobraba entre 3,000 y 10,000 pesos, cantidades que hoy representarían entre 25,illones y 90 millones de pesos.
era la imagen perfecta, guapo, carismático, confiable y profundamente mexicano. Sin embargo, hay un detalle trágico y doloroso que marcó el destino de toda esa fortuna. Pedro Infante murió sin dejar testamento. Su manager y supuesto amigo, Antonio Matou, lo había convencido de no hacer ningún documento legal que protegiera su patrimonio.
Las consecuencias de esa decisión fueron devastadoras para sus seres queridos. Apenas unas horas después del accidente, mientras el pueblo mexicano lloraba la muerte de su ídolo, las propiedades de Pedro Infante fueron literalmente saqueadas. Familiares, conocidos y hasta extraños entraron a sus casas y se llevaron lo que pudieron.
Su esposa legal, María Luisa León y su pareja de aquellos últimos años, Irmadorantes, quedaron prácticamente desprotegidas legalmente. Las propiedades de Pedro Infante. La historia de Pedro Infante comenzó en una casa verdaderamente modesta. En la calle Constitución número 508 del Centro Histórico de Mazatlán, Sinaloa, hoy numerada como 1106 a 118, nació el pequeño José Pedro Infante Cruz el 18 de noviembre de 1917.
Esa vivienda humilde, de paredes antiguas y fachada desgastada fue el primer hogar del hombre que llegaría a vivir rodeado de lujos inimaginables. Hoy esa casa natal se conoce como el rincón de Pedro Infante y funciona como museo conmemorativo, aunque en algunos momentos no ha tenido el apoyo oficial que merece.
Adentro se exhiben fotografías de su carrera, sombreros que usó en sus películas y hasta un traje de motociclista que lució en los años 50. Es un lugar lleno de nostalgia donde todavía se puede respirar el recuerdo del más grande. Cuando Pedro Infante comenzó a tener éxito en la Ciudad de México, una de sus primeras decisiones importantes fue comprar su propia casa.
En 1945 adquirió una propiedad en la calle Enrique Repsam número 728 en la colonia Narbarte Poniente, alcaldía Benito Juárez. Pagó por ella 25000 pesos de aquella época. Hoy esa misma propiedad tendría un valor estimado de 15 millones de pesos, $50,000 actuales. En esa casa de la Narbarte vivió junto a su esposa María Luisa León aproximadamente desde 1945 hasta 1951.
Era su refugio, el lugar donde descansaba después de largas jornadas en los estudios cinematográficos. La propiedad todavía existe y conserva en su fachada una placa de talavera poblana que la identifica como la primera casa que compró Pedro Infante en la Ciudad de México. Es un punto de peregrinación para los admiradores que todavía lo recuerdan con cariño.
Pero la joya más impresionante de todas sus propiedades fue, sin duda, Ciudad Infante, su mansión rancho en Cuajimalpa. A la altura del kilómetro 18.5 de la carretera México Toluca, Pedro mandó construir lo que sería su paraíso personal sobre un terreno de 10 haáreas completas. La adquirió después del rotundo éxito de la película Los tres García en 1947, pagando entre 200,000 y 300,000 pesos por el terreno y la construcción que se fue levantando en etapas.
Ciudad Infante no era simplemente una casa grande, era un complejo de entretenimiento y descanso que reflejaba perfectamente la personalidad alegre y generosa de Pedro. Entre sus instalaciones más notables estaba el famosísimo cine ratón, una sala de proyección privada con capacidad para 50 personas que contaba con taquilla, marquesina y reflectores profesionales.
Pedro disfrutaba enormemente invitando a sus amigos los domingos, proyectando películas y cobrando en broma en la taquilla como si fuera el dueño de un cine de barrio. Siempre llevaba primero a su madre, doña Cuquita, para que ella fuera la primera en ver las películas. También había un gimnasio completamente equipado con pisos de duela y grandes espejos donde Pedro entrenaba religiosamente para mantenerse en forma.
Un boliche con pista completa y duela profesional donde según cuentan, guardaba monedas de oro tipo centenario debajo de las duelas como una especie de ahorro secreto. Una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe donde rezaba antes de cada filmación y cada vuelo que realizaba. Además, contaba con peluquería, donde el propio Pedro cortaba el pelo a sus empleados y amigos personalmente, pues había aprendido el oficio de barbero en su juventud, una alberca donde nadaba desde las 6 de la mañana, incluso cuando hacía frío, porque decía que eso lo
mantenía fuerte y sano. Un simulador de vuelo para practicar sus maniobras. bar, salón de fiestas, mesa de billar, carpintería, fuente de sodas, rocola con las canciones de moda, jardines extensos con caballerizas y grandes cocinas con muebles importados. Si esa propiedad existiera intacta hoy en día, su valor se estimaría en 120 millones de pesos o 6 millones de dólares actuales.
Era verdaderamente un palacio construido con el sudor y el talento del ídolo del pueblo. Existe una fotografía entrañable tomada durante la construcción de Ciudad Infante, donde se ve a Pedro Infante sentado en el suelo comiendo junto a los albañiles que levantaban su mansión. Esa imagen dice mucho del hombre que era.
Read More
Exitoso, millonario, famoso, pero siempre cercano a la gente trabajadora, siempre humilde y sencillo en su trato con los demás. En la exclusiva colonia Lindavista, en la esquina de las calles Buenavista y Pernambuco, marcada con el número 761, Pedro construyó otra mansión impresionante.
Era una casa grande con cinco recámaras y 10 cajones de estacionamiento, levantada completamente al gusto personal del actor sobre 100 m² de construcción. Pagó por ella 200,000 pesos en los años 50. Antes de su demolición en 2019, la propiedad estuvo en venta por casi 19,800,000es, aproximadamente 990,000. Desafortunadamente, el deterioro era tan avanzado que fue imposible salvarla y en su lugar se construyó una escuela privada.
Pero si había un lugar en el mundo donde Pedro Infante encontraba paz y felicidad verdadera, ese lugar era Mérida, Yucatán. En la avenida Ites número 587, también conocida como avenida Aviación en la colonia Sambulá, Pedro adquirió una hermosa casa a finales de los años 40 pagando 120,000 pesos. Ahí pasó sus últimos días de vida junto a Irma Dorantes y sus hijos.
Su hija, Lupita Infante lo ha dicho en varias entrevistas. Mérida era el oasis de mi padre, su lugar de descanso, donde podía ser simplemente Pedro y no la estrella que todos esperaban ver. La casa de Mérida tenía instalaciones similares a las de Ciudad Infante: peluquería, gimnasio, sala de cine, capilla, billar, alberca, boliche y hasta simulador de vuelo.
Pedro había replicado su paraíso personal en el sureste mexicano. Hoy esa propiedad tiene un valor aproximado de 5 millones de pesos o ,750,000 actuales. Desde finales de los años 50, la casa se transformó en el Hotel Boulevard Infante, que todavía funciona como hospedaje. Colección de vehículos. Pedro Infante no solo era fanático del cine y la música, también le apasionaban los automóviles, las motocicletas y los aviones.

Todo lo que tuviera motor y velocidad lo fascinaba. Y como tenía los recursos para darse esos gustos, su colección de vehículos era verdaderamente impresionante para la época. El automóvil más famoso y fotografiado de Pedro Infante era su Lincoln Continental V12 convertible. Este auto no era cualquier vehículo de lujo.
Era una obra maestra de la ingeniería automotriz estadounidense con motor V12 de 5.0 L que generaba 130 caballos de fuerza, transmisión automática de tres velocidades, carrocería alargada con frontal ancho y bajo, abundantes detalles cromados e interior dominado por cuero y madera en tonos monocromáticos que resultaban elegantísimos.
Lo verdaderamente especial de este Lincoln es que solo se fabricaron 136 convertibles antes de que la producción se detuviera completamente por la Segunda Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbur, era literalmente uno de los autos más exclusivos del mundo. Pedro lo adquirió en 1940 pagando 3,500 pes. Una fortuna en aquella época.
Le encantaba que lo fotografiaran con ese auto porque sabía que representaba el éxito y la elegancia que había alcanzado. Hoy en día, un Lincoln Continental 1942 restaurado tiene un valor aproximado de 1,500,000 pes. Pero si Lincoln era impresionante, lo que Pedro Infante compró en 1956 dejó a todos con la boca abierta.
Se trataba de un Mercedes-Benz 300 SL alas de gaviota, uno de los automóviles más icónicos y caros jamás fabricados. Este deportivo alemán salió directamente de la fábrica en Sindelfingen, Alemania, el 25 de mayo de 1956. Pintado en un blanco perlado deslumbrante con interiores rojos que contrastaban de manera espectacular.
El Mercedes 300 SL recibió su apodo de alas de gaviota por sus puertas que se abren hacia arriba en lugar de hacia los lados. Un diseño revolucionario para la época. Solo se produjeron 100 unidades en todo el mundo, lo que lo convertía en uno de los autos más exclusivos que se podían comprar. Su motor 3.
0 L de 6 cilindros generaba 215 caballos de fuerza y le permitía alcanzar velocidades de hasta 260 km porh, algo absolutamente increíble en los años 50. Pedro Infante pagó por este Mercedes 200,000 pesos mexicanos que hoy equivaldrían aproximadamente a 2,000 millones de pesos o unos $100,000. Lo compró en una agencia importadora de la avenida Chapultepec en la Ciudad de México y fue fotografiado con él durante el rodaje de la película Escuela de rateros en 1956.
Este auto tenía una reputación peligrosa. Los pilotos lo apodaban Widow Maer, el hacedor de viudas, porque su potencia y su diseño de motor trasero lo hacían muy difícil de controlar para conductores inexpertos. Pero Pedro era un experto al volante y disfrutaba enormemente la potencia y la velocidad de esta máquina alemana.
El Mercedes 300 SL de Pedro Infante fue restaurado completamente en 2000 por un coleccionista mexicano llamado Fernando Gómez Urquisa, quien respetó cada detalle original. Hoy este auto tiene un valor real de mercado de entre y 2 millones dó debido a su condición de clásico coleccionable y su famoso propietario original.
También entre los primeros autos lujosos de Pedro Infante se encontraba un cadilac, el cual era uno de sus favoritos para llegar a los sets de grabación. pagó por el 8,000 pesos en los años 40, cantidad que hoy representaría 500,000es $25,000 actuales. También tuvo un Wick Super que pagó 5000 pes en los años 50 con un valor actual estimado de 400,000 pes y un jeep que hoy se exhibe en el Museo de Pedro Infante en Huamuchil, Sinaloa, que compró por entre 2000 y 3500 pesos en su momento.
Pero si había algo que Pedro Infante amaba tanto como los autos eran las motocicletas y entre todas ellas una se convirtió en absolutamente legendaria. Su Harley Davidson Panead 1955 color blanco policía. Esta motocicleta fue comprada nueva por Pedro el 6 de febrero de 1950. Pintada en el característico polis wit, el color blanco que usaban muchas policías de la época.
Esta Harley podía alcanzar velocidades de hasta 160 km/h, algo verdaderamente brutal para una motocicleta de los años 50. Pedro usó esta Harley en la película A toda máquina de 1951, donde interpretaba a un policía motorizado. Después de las filmaciones, la compró para uso personal porque se había enamorado completamente de ella.
Poco antes de morir se la regaló al comandante Rafael Pliego como regalo de cumpleaños, un gesto de generosidad característico de Pedro. Los aviones y negocios. La pasión de Pedro Infante por volar era bien conocida. No era simplemente un capricho de estrella millonaria. Era un piloto certificado y muy experimentado con 2989 horas de vuelo acumuladas, según su licencia oficial expedida por la Dirección General de Aeronáutica Civil.
Volaba constantemente entre la Ciudad de México, Mérida y otras ciudades donde tenía compromisos profesionales. Para sus vuelos personales, Pedro adquirió un Piper J3 CAB. Un avión ligero, ideal para trayectos cortos y vuelos recreativos. Pagó por el 225,000 en los años 50. Si ese avión existiera hoy en condiciones de vuelo, tendría un valor aproximado de entre 1,illón y 1,500,000 pes o entre 50,000 y $5,000 actuales.
Pero Pedro no solo volaba a aviones, también invirtió su dinero en el negocio de la aviación comercial. Era socio accionista de la línea Aérea Transportes Aéreos Mexicanos SA, conocida como Tamsa. Se estima que invirtió entre 50,000 y 100,000 pesos en acciones de la compañía durante los años 50.
Esa inversión tendría hoy un valor aproximado de entre 450,illon y 900 millones de pesos o entre 22,500,45 millones de dólar actuales. El avión en el que Pedro Infante perdió la vida aquel fatídico 15 de abril de 1957 era precisamente un avión de Tamsa, un Kensale Datid B24 liberate, modelo derivado de un bombardero militar de la Segunda Guerra Mundial adaptado para uso civil de carga y transporte con matrícula XK.
Pedro pilotaba personalmente ese avión cuando despegó de Mérida rumbo a la Ciudad de México. Iba con prisa porque tenía que arreglar los trámites de divorcio de María Luisa León para poder casarse legalmente con Irma Dorantes, con quien ya tenía una hija. Pero el destino tenía otros planes. Poco después del despegue, el avión presentó fallas mecánicas.
Pedro intentó regresar al aeropuerto, pero no lo logró. El avión se estrelló y se incendió, matando instantáneamente al piloto y a todos los pasajeros. El entierro fue todavía más impresionante. Más de medio millón de personas acompañaron el cortejo fúnebre por las calles de la Ciudad de México hasta el Panteón Jardín, donde fue sepultado.
Fue uno de los acontecimientos más conmovedores en la historia de México. El pueblo había perdido a su Pedro, al hombre que con su trabajo, su talento y su generosidad se había ganado un lugar permanente en el corazón de todos. Para terminar, una anécdota que cuenta mucho sobre su forma de ser. Un día, después de cobrar una cantidad importante por una película, Pedro iba caminando por la calle cuando vio a un niño descalzo pidiendo limosna.
Se detuvo, sacó todo el dinero que traía en los bolsillos y se lo dio al pequeño. Su acompañante le dijo, “Pedro, ¿por qué le das todo? Con un par de pesos era suficiente.” Y Pedro respondió, “Porque yo sé lo que es tener hambre y no tener zapatos. Si Dios me dio para ganar tanto, es para que yo pueda ayudar a los demás.
” Esa era la verdadera riqueza de Pedro Infante. No estaba en sus mansiones ni en sus autos de lujo. Estaba en su corazón enorme. Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida lujosa de Pedro Infante, tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre las propiedades, los vehículos o la vida del ídolo, déjamela en los comentarios.
Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál te pareció la propiedad más impresionante o el vehículo más espectacular que tuvo Pedro Infante. Y si te gustan estas historias donde los ídolos muestran su lado más humano, no te pierdas nuestros otros videos sobre las grandes estrellas de la época de oro del cine mexicano.
Dale click, suscríbete y activa la campanita para no perderte ningún video, porque lo que viene está de no creerse.
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.