O sea, que cuando nosotros estamos pasando por los momentos más difíciles, no es irme a la droga, irme al alcohol, maldecir y renegar de la mala suerte de mi vida que me ha tocado, sino al contrario, decirle a Dios, “No quiero sufrir solo, Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu, te encomiendo mi sufrimiento, mi tristeza, mis angustias.
Y si tengo que pasar esto, lo paso con alegría, con gozo, con fe, con amor. Entonces Jesucristo viene a mostrarnos que a la luz de la fe el dolor, el sufrimiento, la traición, los golpes y la muerte, que para el mundo es la peor desgracia y que para el mundo es imposible entender cómo un Dios es capaz de aceptar que haya sufrimiento en el mundo.
Se desgarran las vestiduras. por no haber escuchado al Mesías la buena noticia. Entonces Jesús salía al paso y dice, “No importa que la gente diga que Dios no existe, porque si Dios existiera no existiría el dolor, no existiría esto, no existiría aquello.” No, sí existe Dios a pesar de eso y el cristiano a la luz de la fe está llamado a hacer de eso como algo bueno para triunfar, como el campesino de la caca sacabono para los mejores frutos.
Que ustedes y yo hemos invertido el rol. Jesús, decimos del labio que es el Señor, pero Jesús tiene que hacer lo que nosotros nos viene en gana. Jesús tiene que hacer lo que yo piense, lo que yo diga, lo que yo mande. Pero él es mi Señor. No somos capaces de someternos a su voluntad. Y la voluntad de Jesús está expresado en la palabra de Dios.
Y ahí se expresa el pensar de Jesús, que tiene que ser distinto a mi pensar. Y mi pensar y mi voluntad se tiene que someter a la de él, porque él es mi Señor, él es el Mesías. La pasión que muestra la Biblia de Jesucristo es tu vida y es mi vida aquí en la tierra. Y tenemos que sufrir y padecer. Tenemos que aceptar que nos insulten, que nos maldigan, que nos traicionen, que nos humillen, que nos desprecien.
Incluso tenemos que llegar hasta las últimas consecuencias, la muerte. Y si no la muerte física, al menos la muerte de mis caprichos, de mi voluntad. como hizo Cristo, Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se quedan solamente con el dolor, la desgracia, pero se olvidan que después de la pasión y muerte viene la gloriosa resurrección.
Y esto es lo que ustedes y yo deberíamos saber, que después de la pasión y muerte, el sufrimiento por una enfermedad, el sufrimiento a lo mejor por no tener trabajo, por no tener dinero, por no tener fama, poder, por no tener eh las que las personas le traten bien, sino más bien tener verdugos a su lado como Cristo.
Usted piensa que todo está perdido y el Señor dice, “Yo pasé por ahí y si yo pasé por ahí, yo les indico que ustedes también tienen que pasar por ahí.” Entonces, aquí viene pasión, el sufrimiento, muerte. Y hoy, queridos hermanos, la muerte fue vencida. La muerte fue vencida. nos viene a mostrar que la gente no tiene claro quién es Jesucristo, que la gente piensa que Jesucristo es un hombre cualquiera y lo comparan con cualquier otro, pero la palabra de Dios dice que no, que entre tantas personas importantes como Elías, como el profeta Elías, como
Juan Bautista y tal, Jesús está por encima de todos ellos que no tiene comparación, pero que ese Jesús que está por encima de todos ellos nos viene a traer a nosotros la buena noticia. Y dentro de la buena noticia que Jesús nos viene a traer es que el cristiano, a la luz de la fe es capaz de hacer lo que hace el campesino, de la caca, de la vaca, de la gallina o de lo que sea, sacabono, lo transforma en algo bueno, de algo malo lo transforma en Bueno, entonces Jesucristo viene a mostrarnos que a la luz de la fe el dolor, el sufrimiento,
la traición, los golpes y la muerte, que para el mundo es la peor desgracia y que para el mundo es imposible entender cómo un Dios es capaz de aceptar que haya sufrimiento en el mundo. se desgarran las vestiduras por no haber escuchado al Mesías la buena noticia. Entonces Jesús salía al paso y dice, “No importa que la gente diga que Dios no existe, porque si Dios existiera no existiría el dolor, no existiría esto, no existiría aquello.
” No, sí existe Dios a pesar de eso y el cristiano a la luz de la fe está llamado a hacer de eso como algo bueno para triunfar, como el campesino de la caca sacabono para los mejores frutos. Así también del sufrimiento podemos nosotros sacar frutos de vida eterna, porque al final dice, “Lo van a [carraspeo] lo van a insultar, lo van a golpear, lo van a crucificar, lo van a matar.
” Que hasta ahí llega la gente. El común de los mortales ve es un Dios malo, pero no miran la revelación. Pero al tercer día resucitará. Eso no lo miran. Y eso es que después de todo esto, entonces hay un por qué, un motivo, por qué Dios permite a veces el sufrimiento en la vida es un sufrimiento redentor y nos ayuda a nosotros a alcanzar algo superior, algo [resoplido] parecido como cuando el atleta quiere llegar a ser campeón, se exige, tiene que hacer sacrificio.
trotar, hacer cualquier otro ejercicio y el que no quiere exigirse dice, “No, yo no sirvo para eso.” Y cuando va a la competencia, ¿quién gana? El que sufrió aguantando, el que sufrió haciendo ejercicio, aguantando sed. Ese su cuerpo se fortalece y es campeón. Y aquel perezoso que no pasó por ningún sufrimiento, cuando comenzó a trotar con la lengua afuera, ya se quedó.
Oh, no. Jesús nos invita a ser campeones. Y qué triste que el mundo entiende esto de campeones a nivel físico, material, pero no entiende esto de campeones a nivel espiritual. que tenemos que exigirnos y que todo ese sufrimiento, enfermedad, pruebas, eh calumnias y incluso muerte nos sirve para nosotros adquirir la vida eterna.
Escuchemos el evangelio. Esan Marcos, capítulo capítulo 8 del versículo 25, 27 al 35. 27. Vamos a escucharlo. Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo. Cesarea. Cesarea de Filipo. Y por el camino les preguntó, “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ahí está la pregunta del evangelio de hoy.
Aquí está el centro del evangelio de hoy. Jesús quiere mostrarnos que no todas las personas en el mundo conocen a Jesús a pesar de que han oído hablar de él, pero tienen confusión. No tienen ideas claras quién es Jesús. No lo conocen. Lo tienen en los labios y en el oído, pero no lo conocen. Dice el evangelio, lo conocen a oída, no más.
Lo igualan a cualquiera. Ponga cuidado. Ellos contestaron, algunos dicen que eres Juan el Bautista. Lo están igualando a Juan Bautista. En estos días escuchaba a un político en Venezuela decir que Jesús era el mismo María Alonza. Era lo mismo. Jesús y María Alonza era lo mismo. María Alonso es una de las potencias satánicas que utilizan los brujos en Venezuela.
Esa gente no conoce de Jesús, pero son cristianos y dicen por televisión, cristianos de Cristo, no cristianos católicos, sino cristianos de Cristo, más bravos todavía. Unos dicen que eres Juan el Bautista. Juan Bautista era una persona muy importante, un personaje muy importante, un personaje muy bueno, un personaje muy de Dios.
Pero Jesús estaba muy por encima de Juan el Bautista. De modo que a Jesús no lo podemos comparar con nadie. A Jesús no lo podemos comparar, por ejemplo, con Mahoma, Jesús es superior. Con Buda, Jesús es superior. No lo podemos comparar con María Leonza, Negro Felipe o Accaipuro, ¿no? Él está por encima de todo eso. No tiene nada que ver, pero hay personas que lo comparan con él.
Ah, eso sí es verdad. No lo conocen. No lo conocen. Y ahí está el trabajo de ustedes y mío, hacer que la gente conozca a Jesús. Ojo. Y vamos a ver que San Pedro, ahorita lo vamos a ver. San Pedro, el primer papa de la iglesia, parecía tener las ideas claras quién era Jesús. Cuando uno dice que Jesús era Juan Bautista, otros que Elías, otro que Elías o alguno de los profetas.
O algunos de los profetas lo comparan con cualquiera. Jesús no quedó conforme con eso y Jesús no dijo, “Están en lo cierto ese soy yo.” No, Señor. Eso no quedó conforme con eso. Y el evangelio nos viene a decir hoy que Jesús está superior a todo eso. Queda inconforme. Ahora le pregunta a sus discípulos y en este caso seríamos nosotros.
Entonces Jesús les preguntó, “¿Y ustedes quién dicen que soy yo?” A Jesús no le importa que el mundo esté confundido, que no lo conozca él. A Jesús le importa más cuál es la experiencia que ustedes y yo hemos tenido de él. ¿Quién es él para nosotros? Porque si ustedes y yo estamos claros quién es Jesús para nuestra vida, somos capaces de convertir a los demás, de predicarle a los demás, de evangelizar a los demás, puesto que tenemos una experiencia de Cristo, lo conocemos.
Sale San Pedro, dele chance a él. A ver, sale San Pedro y da San Pedro una respuesta. San Pedro, ¿se acuerda, el jefe de la iglesia? Tú eres el Cristo. No, no, diga San Pedro. Cuando habló San Pedro, Pedro le contestó, así, así, así. Otra vez. Pedro le contestó. Pedro le contestó, “Vean, tú eres el Cristo.” Pero Jesús le dijo con firmeza.
Pedro le contestó, “Tú eres el Cristo Naguara.” Ese es Pedro. Arriba Pedro la pegó. Pedro. Sí. Magnífico. Pero Pedro acaba de decir quién era Jesús de puro bla bla. Todavía Pedro, a pesar de que en teoría, como la mayoría de cristianos conocemos a Cristo, en la práctica era otra cosa. El versículo 33 nos viene a hablar de la práctica.
Ya vimos a Pedro diciendo, “Tú eres el Mesías. Hasta ahí llegamos todos los cristianos. Cristo es el Señor, es el Mesías, es mi Salvador, el Rey de Reyes, el Señor de Señores. Pero cuando vamos a la práctica, al convencimiento interior, profundo y personal de cada uno en la experiencia de Cristo, fallamos. Versículo 33.
Debido a eso, Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderlo. En cierto momento, Jesús se dio la vuelta y vio a sus discípulos. Entonces reprendió Pedro con estas palabras: “Detrás de mí, Satanás, tú no piensas como Dios, sino como los hombres. Vean, en palabra, Jesús sabía quién Pedro, perdón, Pedro sabía quién era Jesús, era el Mesías. En la teoría no.
Otra vez lea el 33. Debido a eso, debido a eso, a lo que Jesús le dijo, ¿se acuerda que le dijo Jesús? tenía que padecer, tenía que lo iban a maltratar, lo iban a crucificar, lo iban a matar, pero al tercer día iba al tercer día iba a resucitar. Debido a eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo.
¿Ven la falta de respeto de Pedro? Comenzó a reprenderlo. [canto] En la teoría, Jesús era el Mesías. Lo maximo. No era Juan el Bautista, no era Elías, no era uno de los profetas, era más que eso. Pero en la práctica se le olvidó. Y en vez de hacer lo que el Señor dice, en vez de creerle a su palabra, puesto que es el Mesías, en vez de hacer lo que él manda y tenerlo en práctica, ponerlo en práctica, él se cree más que Jesús y comienza a reprenderlo.
Válgame Dios. Ahí está la experiencia de Pedro. No tenía una experiencia sincera con Cristo. No tenía una convicción plena que Cristo era el Mesías. Sí, de palabra, como cualquier católico, como cualquier cristiano. Pero a la hora de la realidad, Jesús es más pequeño que Pedro. Pedro tiene más autoridad que Jesús.
Jesús se tiene que someter a Pedro. comenzó a reprenderlo cual niño chiquito, cual siervo, cual esclavo Jesús y el tan gran señor y comenzó a reprenderlo. En vez de escuchar lo que decía el Mesías y decir, pues si él lo dice, yo acojo su palabra, me someto a ella, porque la teoría y la práctica tienen que ir unidas.
Si yo dije que él era el Mesías, entonces yo tengo que hacerle caso al Mesías y yo no puedo reprenderlo a él. Es él el que me tiene que reprender a mí. Yo no le tengo que pedir cuentas a él. Es él el que me tiene que pedir cuentas a mí. Yo no soy el Señor, es él el Señor. Él no es el esclavo. El esclavo soy yo. El siervo soy yo.
¿Me capan la idea? Aquí teológicamente la Biblia nos dice que ustedes y yo hemos invertido el rol. Jesús decimos del labio que es el Señor, pero Jesús tiene que hacer lo que nosotros nos viene en gana. Jesús tiene que hacer lo que yo piense, lo que yo diga, lo que yo mande. Pero él es mi Señor. No somos capaces de someternos a su voluntad.
Y la voluntad de Jesús está expresado en la palabra de Dios. Y ahí se expresa el pensar de Jesús, que tiene que ser distinto a mi pensar. Y mi pensar y mi voluntad se tiene que someter a la de él, porque él es mi Señor, él es el Mesías. Por eso Jesús le dice, acuérdense qué le dijo Jesús, apártate de mí, Satanás. Mire, mire, mire, mire.
Qué bárbaro, bárbaro, bárbaro. Un cristiano puede pasar a ser un diablito y en este caso puede er un diablote, Satanás. Cuando un cristiano deja de ser siervo de Cristo y pasa a ser siervo de Satanás como Pedro, cuando mira a Dios como un cachifo, cuando mira a Dios que él tiene que hacer lo que yo diga y cuando no me someto a Dios.
Segundo, apártate de mí, Satanás, porque no piensas cómo Dios, o sea, cuando un cristiano se convierte en diablito cuando no le importa un comino lo que piense Dios. Apártate de mí, Satanás, porque no piensa como Dios. sino como los Esa es la tentación suya, mía, del obispo, incluso del Papa, porque está hablando de Pedro, primer papa de la Iglesia.
¿Y cuál fue la tentación? Pensar no como Dios, sino como los hombres. Es contra esa tentación tiene que luchar el Papa, tiene que luchar los obispos, los curas y los laicos. Todos tenemos que luchar contra esa tentación. Ojo. Entonces, cualquier persona, cualquier protestante podría decir, “Ah, señor cura, ve que el papa sí es un pecador.
Ay, sí, descubrió América. El papa usted no no ha escuchado una misa aunque sea el Papa por televisión. El Papa reza, “Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho.” Es un pecador de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por la culpa mía de yo, por mi grandísima culpa.
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles y a los santos y a ustedes, hermanos, que no me juzguen ni me condenen, sino que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor, porque el Papa es un pecador. Y cuando Pedro peca por por y querer hacer la voluntad de los hombres y no la voluntad de Dios, Jesús no le dijo, “Ahora deja de ser el Papa.
Ahora acabo con la iglesia y voy a fundar a los protestantes. Pedro sigue siendo. Jesús lo reclama, Jesús lo corrige, Jesús le da su merecido, pero sigue siendo el papa de la iglesia. No acabó la iglesia ni le quitó la autoridad al Papa. Hoy día cualquier persona dice, si el Papa llega a pecar, ya deja de ser automáticamente hizo facto el papa de la iglesia de Cristo. No, señor.
Eso no lo hizo y luego lo negó tres veces, ¿se acuerdan? No, no. Antes que calle cantante y no le quitó el puesto que le había dado, la autoridad que le había dado. Más bien un día le dijo, Satanás pidió permiso. ¿Se acuerda? Lucas 22:31. Satanás pidió permiso para zarandearlas a ustedes como el trigo, pero yo he rogado por ti para que tu fe no venga abajo.
Tú cuando hayas vuelto es un pecador. Cuando te hayas arrepentido, cuando hayas corregido, cuando hayas cambiado, fortalece a tus hermanos. Ahí le dijo todo. Ahí le dijo todo. Pero la gente no sabe eso. Entonces los protestantes andan diciendo, “Es que el Papa es un pecador. Sí, descubrieron en América. Es un pecador.
Y la Iglesia no enseña que el Papa no es pecador. La Iglesia enseña que el Papa es infalible, más no impecable. [risas] Una cosa es decir que el Papa es impecable. El que diga que el Papa es impecable, a Petronilo le patina el coco, le patina el coco, le patina el coco, loco de remate. El Papa no es impecable, el Papa es infalible. Ah, eso es otra cosa.
Si el Papa fuera impecable, no se confesara. Y no han visto ustedes fotos del Papa confesándose o videos. Se confiesa. Entonces, ¿qué va a confesar si no tiene pecado? Y el que no tenga pecado que lance la primera. Jesús vino por los No son los sanos los que están de médico, sino los enfermos. Hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepente que por 99 justos que no necesitan de arrepentirse.
Pero eso sí, la Biblia entonces está diciendo que desde el Papa para abajo todos tenemos el peligro, la tentación grande de pensar como los demás mortales y olvidarnos del pensar de Dios. Y en ese momento muy cura, muy obispo o muy papa, apártate de mí, Satanás, porque piensa no como Dios, sino como los hombres.
¿Me canta la idea? Entonces, ustedes y yo tenemos que saber, ¿creemos en Cristo? Si él es el Mesías. Ajá. Ya en teoría pasó la prueba. Ahora vamos a la práctica, porque la práctica es lo más difícil. Cuando yo jugaba voleibol, yo recuerdo que fui al liceo, a mí me gustaba el voleibol y había un profesor que él sabía, era el profesor de educación física, pero él no era, no dominaba el balón en voleibol.
Y entonces él nos daba la teoría y decía, “Mire, el balón se agarra así, se le da así, ta y nos daba toda la enseñanza y se brinca así, se remata así.” Y cuando llegaba la hora de él saltar, parecía un cascarrón de eso que le pegan a la malla. Quedaba pegado a la malla. Entonces decía, “Ven acá, Toro, venga, venga acá.
Ya les di la teoría, ahora vean la práctica.” Y yo no me sabía la teoría, pero me sabía la práctica. Me ponían el balón y tome eso le daba con todo. Ah, porque hay que unir las dos cosas, la teoría con la Si se acuerda lo que decía Santiago, muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe. Una fe sin obra está, o sea, teoría para qué.
Y Pedro tenía ese problema. En la teoría, Jesús, oh, tenía fe. Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Pedro se dio un lujo, un caché. Tú eres el Mesías. Naguara sobresalió de sobre todos. Ah, pero cuando vamos a la práctica, a la obra de reconocer que él es el Mesías y por tanto lo que él diga, mande, Señor, aunque tenga que pasar por donde tenga que pasar, por pruebas, dificultades, tentaciones, incluso la muerte, no me importa.
¿Se acuerda lo que decía San Pablo? Tanto en vida como en muerte somos del Señor. Para mí la vida es Cristo y la muerte es una ganancia. A mí no me importa. Para mí la vida es Cristo. Tanto en vida como en muerte soy del Señor. No me importa nada. Ah, sabía que Cristo era el Mesías en teoría y también en la práctica. Entonces, aquí encontramos, hermanos queridos, cómo ustedes y yo tenemos que aceptar el pensar de Dios.
Y cuando usted y yo nos alejamos del pensar de Dios, somos instrumentos del Aunque esté en el grupo de apostolado, aunque esté en el coro, aunque sea monaguillo, aunque sea seminarista, aunque sea diácono, cura, a mí que me importa, lo que sea, pero lo que ustedes y yo debemos estar siempre muy pendiente es cómo pienso yo, como Dios o como los hombres.
¿Qué pensamiento está en mi mente? el querer de Dios, la voluntad de Dios o el querer y la voluntad de los hombres. Por eso en el versículo 34 les dice, en el versículo 34 le toca a ella, ¿verdad? Uno y uno. Uno y uno. En el versículo 34 le dice, “Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente, a sus discípulos y a toda la gente.
Y les dijo, doña Lupa, ¿cuál es el mensaje de Jesús? El que quiera seguirme, el que quiera seguirme, ser verdadero cristiano, el que quiera ir al cielo conmigo, el que quiera ganarse la vida eterna conmigo, el que quiera reinar conmigo, el que me quiera seguir hasta la vida eterna, hasta el reino, que renunce, renuncie a sí mismo.
Ahí está, ahí está. ¿Que qué? Que renuncie a sí mismo. Ahí está. Ahí está. que qué que renuncie a sí mismo. Ahí está el secreto. Este es el centro del evangelio. Este es el corazón del evangelio. Cuando yo renuncio a mi forma de pensar, que es la forma de pensar del mundo, renuncia a eso para hacer la voluntad de Dios, el pensar de Dios.
Entonces ahí es cuando yo soy verdadero y auténtico cristiano, no de puro bla bla, como le pasó a Pedro, que en ese momento estaba siendo cristiano de puro bla bla. Queridísimos hermanos, hoy es la fiesta más importante de los cristianos. Ya pueden apagar la vela lo que la tienen todavía encendida. La fiesta simbolizada en lo que pasó en el pueblo de Israel.
que Dios libró al pueblo, hoy también nos libra a nosotros. allá lo libró de Egipto, el poder grande que existía en ese tiempo, el máximo poder, y lo libró de las manos de ese poder, haciéndolo pasar el río, el mar, y ellos se salvaron, y el agua se llevó a todos los enemigos. Murieron los enemigos y ellos se salvaron.
Allí estaba el retrato de lo que ustedes y yo hoy estamos celebrando, que Dios ha venido en auxilio de nosotros y nos ha salvado. Y nos ha salvado del enemigo más grande que es el Y el bautismo que es símbolo de aquella agua donde salvó el pueblo. hoy a nosotros también nos salva. Luego en esta noche ustedes vieron cómo comenzamos a oscuras para simbolizar que antes de venir Cristo, así vivía el pueblo.
Pero Jesús nos trae la luz. Él es la luz. Él es nuestra salvación. Yo sé que ustedes saben, valga la redundancia, que precisamente Jesús resucitó para enseñarnos a nosotros que de la misma manera que él resucitó, nosotros vamos a resucitar. Eso ya lo sé. Y no vengo a decírselo para que lo sepan. Hoy vengo a decírselo para que lo encarn todavía, para que se convenzan, para que tengan la convicción plena de que Jesucristo nos ha salvado.
Hemos meditado en esta Semana Santa, pasión, muerte y resurrección del Señor. ¿Y por qué la Iglesia celebra estos tres acontecimientos? Pasión, muerte y resurrección, porque es la vida de cada uno de los seres humanos en la tierra. La pasión, la pasión que muestra la Biblia de Jesucristo es tu vida y es mi vida aquí en la tierra.
Y tenemos que sufrir y padecer. Tenemos que aceptar que nos insulten, que nos maldigan, que nos traicionen, que nos humillen, que nos desprecien. Incluso tenemos que llegar hasta las últimas consecuencias, la muerte. Y si no la muerte física, al menos la muerte de mis caprichos, de mi voluntad. como hizo Cristo Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya.
Habiendo dicho primero, Padre, si quiere aparta de mí este cáliz. Cuando el mundo de hoy nos viene a mostrar que Dios es malo porque permite el sufrimiento, es porque el mundo de hoy no ha meditado la pasión, muerte y resurrección de Cristo y se quedan solamente con el dolor, la desgracia. Pero se olvidan que después de la pasión y muerte viene la gloriosa resurrección.
Y esto es lo que ustedes y yo deberíamos saber, que después de la pasión y muerte, el sufrimiento por una enfermedad, el sufrimiento a lo mejor por no tener trabajo, por no tener dinero, por no tener fama, poder, por no tener eh las que las personas le traten bien, sino más bien tener verdugos a su lado como Cristo.
Usted piensa que todo está perdido y el Señor dice, “Yo pasé por ahí y si yo pasé por ahí, yo les indico que ustedes también tienen que pasar por ahí.” El creyente alaba y bendice a Dios en ese momento de dolor, de tristeza, de angustia, de decepción, de traición, de lo que sea, de muerte, bendice a Dios porque sabe que después de eso viene el triunfo, la resurrección o después de una noche oscura viene un nuevo amanecer.
Entonces, Dios no es malo porque Dios nos ha dicho por dónde tenemos que pasar. Él ya nos dijo con la muerte de Cristo por dónde tenemos que pasar. Y no es malo. Y usted podría decir, pues sí es malo porque sabe que vamos a pasar por ahí y no lo evita. Y no es malo porque él sabe que vamos a pasar por ahí y después que pasemos por ahí vamos a lograr lo que deseamos, la vida eterna que dice San Pablo, no hay luto, no hay llanto, no hay dolor, todo será alegría, gozo y paz.
Pero nosotros nos afanamos y queremos llegar a eso ya, pero sin morir. A eso ya, pero sin pasar por la pasión, muerte y resurrección. Estos días hablando con mis hermanos, les decía que muchas veces he pasado la Semana Santa tratando de escuchar la pasión de Cristo y de predicar la pasión de Cristo. Este, esta Semana Santa fue así.
Esta Semana Santa me tocó vivir la pasión de Cristo en el sufrimiento de mi padre que todavía está enfermo, está grave, pero que está en las manos de Dios y que sabemos que no hay problema, que él está viviendo la pasión de Cristo, pasión. Y si tiene que vivir la muerte, muerte. Pero nos queda la tercera parte, la feliz resurrección.
Y tener que verlo sufrir a él y tener que sufrir con él y con todo lo que acarrea su enfermedad, que muchas veces otras personas hacen que le sea más pesada la cruz en vez de aliviar la cruz. Entonces digo, el Señor quiere que viva pasión y muerte. Y le he dicho a mis hermanos, vivamos, vivámosla con fe. Pero en esa pasión y muerte tenemos que aprender a ser como Cristo, como cordero llevado al matadero enmudecía y no abría la boca.
Aprender a callar, aprender a perder, aprender a bajar la cabeza. Todos tenemos la oportunidad y todos tenemos verdugos. ¿Quién de usted no tiene un verdugo que le amargue la vida? ¿Quién de usted no tiene alguien que le atormente y le dé latigazos cada día con insultos, con maltratos, con desprecios, con humillaciones? ¿Quién no lo tiene? Que no lo tenga, que prepare porque ya pronto le llegará.
sea sea de lo más íntimo de la familia, sea de los más íntimos de los amigos, sea de los más íntimos del pueblo, o sea de los lejanos o de los enemigos, pero siempre habrá quien asuma el papel de verdugo para que tú vivas la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Pero no te desesperes, vendrá la feliz resurrección.
¿Quién de ustedes no ha vivido la pasión de Cristo con una traición? A lo mejor por un amigo o a lo mejor por alguien que tanto confiabas. Ahí está la traición de Judas. ¿Quién de ustedes no ha sufrido lo que sufrió Cristo cuando Pedro lo negó? Cuando usted confiaba en alguien que iba a estar de su parte y de repente estaba de parte de los demás, ni siquiera lo conozco.
Y a lo mejor en los momentos de la enfermedad, ¿quién de ustedes no ha sufrido lo que sufrió Cristo que sus amigos lo abandonaron? Y dice la canción, “Y cuando uno está en condición, tiene amigos a granel, pero si el destino cruel hace un abismo nos tira, vemos que todo es mentira y que no hay amigo fiel.
” O sea, la canción estaba retratando la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, que es la vida tuya y que es la vida mía y que no debemos maldecir. Por eso el ejemplo de Cristo era cuando miraba que lo estaban atormentando y tenía estaba viviendo la pasión, decía, “Perdónalos, padre porque no saben lo que hace.” Y cuando Cristo se siente solo, habla con Dios y le dice, “Seor mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y cuando Cristo ya ve que se va a morir, dice, “Todo está cumplido.
Viví hasta los momentos difíciles. Lloré cuando tuve que llorar. Sufrí cuando tuve que sufrir sufrir. Callé cuando tuve que callar. Perdoné cuando tuve que perdonar. Amé cuando tuve que amar. Hablé cuando tuve que hablar. Prediqué cuando tuve que predicar. Todo está cumplido. Y lo más bonito que nos enseña Jesús en la en la Semana Santa que lo estamos viviendo, que estamos terminando, es que al final después de tanto sufrimiento como ustedes y yo, tanto sufrimiento de una u otra manera, después de haber pasado por la pasión y ya a punto de
morir, ¿recuerdan que dijo? Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Me da mucha alegría que mi padre antes de entrar a la operación con miedo como ser humano a la operación decía, “No quiero operarme, no quiero, me da miedo.” Le mandé un mensaje con palabras, con la palabra de Dios, con palabras de aliento y dijo, “Ahora sí quiero y estoy dispuesto y sea lo que sea.
” ¿Y sabe qué significa eso? Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. O sea, que cuando nosotros estamos pasando por los momentos más difíciles, no es irme a la droga, irme al alcohol, maldecir y renegar de la mala suerte de mi vida que me ha tocado, sino al contrario, decirle a Dios, “No quiero sufrir solo, Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu, te encomiendo mi sufrimiento, mi tristeza, mis angustias y si tengo que pasar esto, Lo paso con alegría, con gozo, con fe, con amor.
Por eso ustedes verán que San Pablo un día llegó a decir en Romanos capítulo 8, versículo 35, que cuando usted y yo estamos convencidos, por eso hablo de convicción, hoy les invito no a que lo sepan, lo saben. Hoy les invito a que se convenzan, tengan una convicción de lo que es pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Primero una palabrita. Me estoy metiendo con lo que es la pasión y muerte que acabamos de pasar, pero la resurrección es lo de hoy más importante. Pero para llegar a la resurrección pasemos primero por lo que dice Pablo en Romanos, capítulo 8, versículo 35. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Cristo nos ha amado y nos ha manifestado su amor.
Tanto amó Dios el mundo que entregó a su hijo. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? Vamos a ver cuáles son las cosas que nos hacen apartar del amor de Cristo. Vean que la pasión y muerte para muchos es una desgracia y se apartan de Cristo, maldicen en vez de aceptar la cruz.
Tribulación. En la pasión y muerte está la tribulación. Vamos a ser atribulados. Cuando esperábamos algo, nos salió el tiro por la culata y siempre vamos a a encontrar quién nos atormente la vida de una u otra manera. Eso nos apartará del amor de Cristo. Eso nos apartará de la fe. Eso nos apartará de Dios. o angustia o las angustias que da una enfermedad incurable, que no haya medicina, que los médicos digan ya no tiene remedio.
La angustia porque a lo mejor el hijo se me fue del país. La angustia y la desesperación porque busco trabajo y no encuentro. La angustia porque a lo mejor tengo deudas. La angustia por qué eso me puede apartar del amor de Dios. o persecución. Y si alguien, no soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
Y si alguien me hace la guerra, incluso mi esposa o mi esposo que me haga la guerra, o mi hermano o mi hermana o mi vecino, mi vecina o mi amigo o mi enemigo, eso me apartará del amor de Dios, me sacará de mi vida cristiana, me sacará del ambiente espiritual. o hambre. En Venezuela sabemos lo que es el hambre. El hambre que estos políticos en Venezuela nos ha hecho pasar, ¿eso nos apartará de Dios? Nos llevará a venderle el alma al como dicen algunos, a tener que entonces vender mi mi reputación o vender mi conciencia.
para que me den un clap. Entonces, tengo que entregarme a aquellos que están destruyendo el país y me olvido de Dios y me voy en contra de Dios, en contra de la iglesia de Dios. Oh, desnudez. O si me hace falta algo para mí de lo que yo necesito, eso me apartará de Dios. ¿Quién quién de ustedes no ha pasado por ahí? O peligro.
o los peligros que tenemos, peligros de toda clase o peligros de amenazas que nos hagan o espada, incluso amenazas de muerte, eso nos puede apartar del amor de Dios. Esa es la cruz que tenemos que pasar. Y por eso la iglesia nos llevó a reflexionar estos días en la Semana Santaf aceptar mi sufrimiento y dónde yo me retrato con Cristo o dónde me ubico con Cristo, dónde me parezco a Cristo o si yo estoy en el lugar de Cristo o estoy en el lugar de los que rodeaban a Cristo.
Porque también en esta Semana Santa es tiempo para yo mirar si yo estoy en los que rodeaban a Cristo, en los que humillaban a Cristo, en los que despreciaban a Cristo, en los que insultaban a Cristo, en los que traicionaban a Cristo. Porque tenemos que hacer el examen de conciencia.
¿Cómo viví la Semana Santa? ¿En qué lugar me ubiqué? ¿A quién le estoy haciendo la vidra cuadritos? ¿A quién? Entonces es mirar y ahí pedir perdón, pero luego mirar en qué momento me he parecido yo a Cristo cuando he tenido que pasar por el mismo sufrimiento que pasó Cristo. Cristo reaccionó con silencio. Cristo reaccionó ofreciéndole al Padre su sacrificio, cargando la cruz con amor.
¿Y cómo reacciono yo? Es la gran interrogante. Pero Cristo superó todo eso porque tenía los ojos puestos en lo que es la resurrección.
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