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A los 58 años, la esposa de Alain Delon rompe su silencio y deja al mundo EN SHOCK

 Tras la separación fue enviado a varios hogares de acogida y pensionados donde le costaba adaptarse a la autoridad y la disciplina. Esta infancia inestable forjó su carácter rebelde e independiente, rasgos que lo acompañarían durante toda su vida. Siendo un joven en busca de rumbo, Delon se alistó en la Marina Nacional Francesa y sirvió durante la guerra de Indochina.

Allí se enfrentó a la dureza del combate, una experiencia que contribuyó a moldear su temperamento duro y enigmático, características que definirían muchos de sus futuros papeles en el cine. A su regreso a Francia tras el servicio militar, no tenía un plan de carrera claro. Comenzó encadenando pequeños trabajos como camarero y mozo de almacén, hasta que un golpe del destino lo llevó al mundo del cine.

 Su entrada en la industria cinematográfica fue casi accidental. A mediados de los años 50 acompañó a un amigo al festival de KH, donde su deslumbrante belleza y carisma natural atrajeron la atención de los profesionales del cine. El director Ives Alegret le dio un papel en la fam, marcando así su debut en la gran pantalla.

 Aunque su papel era menor, su magnetismo en pantalla no pasó desapercibido. Fue con A pleno sol, adaptación de la novela El talento de Mr. Ripley de Patricia Highmith, que alcanzó su primer gran éxito. En el papel del seductor, pero implacable Tom Repipley, Delong cautivó al público con su mezcla de elegancia y amenaza. La película fue un éxito tanto de crítica como comercial, catapultándolo al estrellato internacional y convirtiéndolo en uno de los jóvenes talentos más prometedores del cine francés.

 En los años siguientes, Del Long consolidó su reputación interpretando papeles memorables. En Roco y sus hermanos, bajo la dirección de Luchino Visconti, mostró una impresionante profundidad dramática. Luego con el samurá se impuso como un maestro de las actuaciones minimalistas e introspectivas. Su interpretación de Jeff Costello, un asesino a sueldo solitario que se mueve en un mundo frío e implacable, sigue siendo uno de sus papeles más emblemáticos.

 Durante las décadas de 1960 y 1970, Alen Delon colaboró con algunos de los más grandes directores de su época. Volvió a trabajar con Jean Pierre Melville en el círculo rojo, interpretando una vez más a un criminal enigmático y actuó bajo la dirección de Michelangelo Antonioni en El Eclipse junto a Mónica Viti explorando los temas de la alienación y el vacío existencial.

Estas actuaciones, siempre marcadas por una intensidad silenciosa, le permitieron consolidarse como uno de los actores más singulares de su generación. Pero Delón no fue solo un icono en Francia. Su carisma traspasó fronteras y actuó en producciones europeas y hollywoodienses junto a grandes leyendas del cine como Charles Bronson, Claudia Cardinale y Bert Lancaster.

Su mezcla única de masculinidad cruda y sofisticación natural lo convierte en una figura atemporal del séptimo arte. Sin conformarse con ser solo un actor, también se lanza a la producción cinematográfica. Funda su propia compañía Adell Productions, lo que le permite tener mayor control sobre sus proyectos.

 Con Borsalino, una película de gangsteres estilizada, logra un inmenso éxito de taquilla. Hombre de negocios astuto, extiende luego su influencia más allá del cine, desarrollando una marca de lujo que incluye perfumes, relojes y accesorios. A partir de los años 1980 y 1990, Delón va reduciendo progresivamente su actividad cinematográfica, eligiendo sus papeles con mayor cautela.

 Sin embargo, sigue siendo una figura imprescindible del cine francés, interpretando personajes más maduros e introspectivos en películas como Notary Star y Un Crime. Su magnetismo no se desvanece con la edad, demostrando que su talento es verdaderamente atemporal. En los años 2000, Delon se retira casi por completo del cine, apareciendo en pantalla solo en contadas ocasiones.

 Su último papel destacado es en Asterics en los Juegos Olímpicos, un paréntesis ligero que contrasta con sus habituales roles oscuros y complejos. A pesar de su retiro, su influencia perdura y muchos actores jóvenes aún lo citan como una de sus mayores inspiraciones. La carrera de Alén Delon es testimonio de su aura incomparable, de su capacidad para encarnar tanto el encanto como el peligro y de su pasión inquebrantable por el cine.

 Desde una infancia difícil hasta su fulgurante ascenso como icono del arte. Su trayectoria es la de un hombre resiliente, talentoso y fascinante, cuya presencia sigue cautivando a generaciones. Un amor lleno de pasión y dolor. Alan Delon y Rosa Liv Van Brimen. En 1987, Alan Delong conoce a Rosalie Van Brimen durante la grabación del videoclip Com o Cinema.

En aquel entonces, Rosalí era una joven modelo neerlandesa de poco más de 20 años que apenas comenzaba su carrera en el mundo de la moda. Su belleza natural y su innegable encanto cautivaron de inmediato al legendario actor francés. A pesar de los 31 años de diferencia entre ambos, la atracción fue instantánea e intensa, dando lugar a una relación apasionada que duraría más de una década.

 Su historia de amor se asemeja a un torbellino de romance marcado por cimas exaltantes y pruebas dolorosas. Alan Delon y Rosalie Van Brien. Una historia de amor marcada por la pasión, el control y el respeto eterno. Figura legendaria del cine francés. Alan Delon no solo conquistó la gran pantalla con su mirada magnética y su presencia imponente, sino que también dejó huella en cada aspecto de su vida, incluyendo sus relaciones personales.

Uno de los romances más intensos y comentados fue el que vivió con Rosa Le van Brimen, una joven modelo neerlandesa que sin saberlo se adentraba en el universo de una de las figuras más dominantes del cine europeo. En 1987, el destino los unió en el rodaje del videoclip Comeo cinema. Rosalie, de apenas 20 años, comenzaba su carrera en el mundo de la moda.

 Su belleza natural y encanto irresistible cautivaron inmediatamente a Delón, ya en la cima de su fama. A pesar de los 31 años de diferencia, la conexión fue inmediata. Lo que comenzó como un flechazo se convirtió en una relación apasionada que duraría más de una década. Alan Delon, acostumbrado a tener el control en todo, desde sus películas hasta su vida sentimental, se encontró con una mujer joven, ambiciosa y deseosa, de hacerse un lugar propio en el mundo.

 Aún así, el vínculo entre ellos se volvió profundo rápidamente. Fruto de ese amor nacieron dos hijos, Anuchka Delon en 1990 y a Lan Fabi de Lon en 1994. Desde el exterior todo parecía perfecto. El eterno galán del cine francés parecía haber encontrado la estabilidad emocional y familiar que siempre se le había escapado.

 Juntos formaban una familia envidiable, radiante ante las cámaras. Pero detrás de esa imagen pública tan idealizada comenzaban a aparecer grietas. Delón, siempre independiente y centrado en su carrera, era un hombre intenso, pasional, pero también difícil de sobrellevar en la cotidianidad. Su fuerte personalidad, que le permitió conquistar la pantalla grande, se volvía muchas veces un obstáculo en la vida íntima.

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