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MARIO BALOTELLI: SU MADRE LO ABANDONÓ A LOS 3 AÑOS… LO QUE PASÓ LUEGO TE VA A ROMPER EL CORAZÓN

El niño prodigio que hizo llorar a José Mourinho, el talento que Italia entera esperaba, el delantero que le metió dos goles a Alemania en una semifinal de Eurocopa y se quitó la camiseta frente a 100,000 personas. Y un hombre llorando en silencio, viendo cómo todo se le escapaba de las manos. Rechazado,  abandonado, destruido por las mismas personas que juraron protegerlo.

Todo salió  a la luz. Todo lo que hicieron con Mario Balotelli y lo que él hizo para sobrevivir. Su nombre completo era Mario Bargua.  Después lo cambiaron a Mario Balotelli y ese cambio de nombre fue solo el principio de una historia que Italia entera prefirió no ver. Lo que el racismo, la prensa y su propio país le  hicieron nunca se contó completo hasta ahora, en los próximos  45 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre  Mario Balotelli. Primera, la

confesión donde admite que desde niño sintió que nadie lo quería. Las palabras exactas que usó cuando le preguntaron por qué actuaba así. Segunda, el momento donde José Mourinho, uno de los entrenadores más duros del mundo, se quebró hablando  de él. Lo que dijo ese día cambió todo. Tercera, la razón real por la que Inglaterra lo rechazó después de meterle un gol al Manchester United no fue lo que  pensás, fue mucho peor.

 Y la cuarta, lo que su madre biológica le dijo cuando él tenía 25 años. Las palabras que destrozaron al hombre más  fuerte del fútbol italiano. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes porque uno de los  talentos más grandes del fútbol europeo terminó jugando en Turquía mientras sus compañeros de generación ganaban Champions.

  Existe un video de Balotelli en Manchester. Está solo en el vestuario después de  un partido. La cámara lo capta por accidente. Lo que hace en ese momento explica toda su carrera. Llegaremos  a ese video, pero primero tenés que entender cómo llegó ahí. Hay una frase que Roberto Mancini le repetía todos los días cinco palabras.

 Balotelli las recordó durante  años. Cuando la escuches vas a entender por qué nunca pudo escapar de su propia cabeza. En algún momento de esta historia te voy a contar sobre una noche en Milán. Balotelli estaba  en su casa. Sonó el teléfono, era su hermano. Guarda este detalle, lo vas a  necesitar.

 Y existe una foto, una sola foto donde Balotelli aparece llorando en el banco  de suplentes. No es la foto que todos conocen de la Eurocopa, es otra. Y lo que muestra esa imagen cambió su relación con  Italia para siempre. 12 de agosto de 1990, Palermo Sicilia. Una  mujer ganesa da a luz a un niño en un hospital público.

 El padre,  también ganés trabaja en lo que puede. La madre tiene 22 años,  ya tiene otros dos hijos. No tienen papeles, no tienen dinero, no tienen futuro en Italia. Dos años después, ese niño está viviendo con una familia italiana en Brecia, los Balotelli, una familia blanca de clase trabajadora del norte de Italia.

 Ellos  lo adoptaron de manera informal. No había papeles oficiales, solo  un acuerdo. Mario Barua ahora se llamaba Mario, Aecas, porque legalmente seguía siendo bargua. Italia no se lo permitía cambiar,  no hasta los 18 años. ¿Sabes lo que es crecer sin saber quién sos legalmente? sin poder responder cuando te preguntan de dónde venís.

 Con un color de piel que no coincide  con tu apellido en la escuela. Mario lo supo desde el primer día. Yo era negro en una ciudad  donde casi no había negros, confesó después. Primera revelación guardada.  Los Balotelli tenían tres hijos biológicos. Mario era el cuarto, el diferente, el que destacaba por razones que  no tenían nada que ver con el fútbol todavía.

 Francesco Balotelli, el padre adoptivo, trabajaba en una fábrica. Silvia, la madre, limpiaba  casas. No eran ricos, pero le dieron algo que su familia biológica no  podía, estabilidad. Lo que no pudieron darle fue protección contra  el mundo exterior. A los 6 años, Mario empezó a jugar fútbol en un club local de Brecia.

 Ahí fue donde  todo cambió, porque el niño tenía algo que los entrenadores nunca habían visto. No era solo  rápido, no era solo fuerte, era inteligente. “Este chico va a jugar en la selección”, dijo su primer entrenador. Mario  tenía 7 años, pero cada vez que pisaba una cancha empezaban los gritos.

 Desde las gradas, desde los padres  de otros niños, sonidos de mono, insultos racistas. En partidos de niños de 7, 8, 9 años, los árbitros no  hacían nada. Los entrenadores rivales no decían nada. Era parte del juego en Italia. Así funcionaba. Mario  aprendió algo muy temprano. Si lloraba, empeoraba.

 Si se enojaba, lo expulsaban.  Si respondía, él era el problema. Entonces aprendió a no sentir o al menos a no mostrarlo. A los 13 años lo fichó el Lumetzane, un equipo  más grande. Ahí conoció a un entrenador llamado Pietro Babasori.  Este hombre vio algo más allá del talento. Mario no era rebelde, dijo Babasori  en una entrevista después.

En el Lumetzane, Balotelli explotó, metía goles  por docenas, destrozaba defensas de equipos con chicos 3 años mayores. Los ojeadores empezaron a aparecer. Inter de  Milán, AC Milán, Juventus. Todos lo querían  y todos sabían que estaban viendo al futuro del fútbol italiano, pero también estaban viendo a un niño sin papeles, sin apellido  legal, sin identidad clara en un país que nunca supo qué hacer con personas como él.

A los 15  años, Mario fichó por el Inter, el club más grande del norte de Italia. El equipo de  Javier Saneti, de Ronaldo, de leyendas, le dieron un contrato, le dieron un sueldo,  le dieron todo menos lo que realmente necesitaba. Pertenencia,  grábate este nombre, Roberto Mancini va a aparecer muchas  veces y va a ser la única persona en este mundo que entendió a Mario Balotelli.

 En las inferiores  del Inter, Mario no tenía amigos. No porque no quisiera, porque los otros  chicos lo veían diferente. El negro, el adoptado, el raro. Siempre  comía solo, contó un compañero de las inferiores. Años después se sentaba en una esquina del comedor  y nadie se le acercaba.

 Creo que nosotros también teníamos miedo de cómo nos verían si nos juntábamos con él. Eso fue lo que Italia  le enseñó a Mario Balotelli antes de los 18 años, que su talento era bienvenido, pero él no. Y entonces llegó  el día que cambiaría todo. 2007. Mario tiene 17 años. Inter de Milán está jugando  un partido de pretemporada.

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