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Lucha Villa: Por ESTO el Mundo Lloró a Vicente y a Ella la Dejó Caer en Silencio

 Esta  historia es sobre la mujer que estaba a su lado, la  que levantó el teléfono, la que sostuvo a un hombre en el peor momento de su vida y la que décadas después  terminó en una cama de hospital mientras el mundo entero solo se acordaba de él. Porque aquí está lo que duele de esta historia.

Esa misma  noche unió a dos personas para siempre, pero la vida los iba a tratar de formas opuestas. A uno, México, lo iba a convertir en el ídolo más grande de su música. Lo iba a llorar como a un rey cuando muriera. Le iba a hacer homenajes en estadios llenos. A la otra, México la iba  a dejar caer en silencio, sin homenajes, sin lágrimas multitudinarias,  casi sin que nadie se diera cuenta.

Misma noche, mismo escenario, dos  destinos que no podían ser más distintos. Y  la diferencia, como vas a ver, tuvo mucho que ver con que uno era hombre y la otra mujer. Su nombre real era Lucelena Ruiz Bejarano. Nació  el 30 de noviembre de 1936 en Santa  Rosalía de Camargo, un pueblo del estado de Chihuahua.

  Pero tú no la conociste como Luz Elena, tú la conociste  como Lucha Villa, la grandota de Camargo. Hoy vas a  descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre ella. Primero  vas a descubrir por qué una periodista la marcó como la otra de  Vicente Fernández, sin una sola prueba y cómo ese rumor la persiguió durante años.

  Segundo, vas a entender por qué esta mujer se casó cinco  veces y qué estaba buscando en realidad cada vez que volvía a intentarlo. Tercero, vas a conocer la verdad completa de esa noche del teléfono, lo que significó  para ella sostener a Vicente y el precio que pagó por estar ahí. Y cuarto, vas a saber qué fue lo que la  sacó de los escenarios para siempre en 1997 y cómo una  industria que lloró a sus hombres durante días enteros la dejó a ella desaparecer en silencio.

 Te voy a avisar cuando llegue cada una. Pero para entender cómo fue posible  que esto le pasara, necesitas conocer el mundo que la construyó. Porque esta historia  no empieza la noche del teléfono, empieza mucho  antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión.

Imagínate el México de finales de los años 50.  La televisión apenas estaba entrando a las casas. En muchos hogares  todavía era un lujo, un aparato enorme de madera frente al que se sentaba toda la familia después de cenar. El cine  mexicano vivía los últimos años de su época de oro y la música  ranchera era el corazón sentimental de todo un país.

Era la música que sonaba en las  cantinas, en las bodas, en los velorios. La que ponías cuando estabas feliz y la que ponías  cuando te habían roto el corazón. La que tu papá cantaba con unas copas de más, la que tu mamá tarareaba mientras lavaba  los trastes. En ese mundo, las grandes voces femeninas de la ranchera  eran reinas.

Lola Beltrán, Amalia Mendoza la Tariacuri, mujeres que podían  pararse frente a un mariachi completo y hacer que un teatro entero se quedara en silencio. Y entre  ellas una muchacha de Chihuahua que llegó casi por accidente. Porque Lucha  Villa no soñaba con cantar. Empezó como modelo.

 Era altísima para la época, más de 1,70, con una presencia  que llenaba cualquier habitación. En  un país donde la mujer promedio medía mucho menos, una muchacha de esa estatura, llamaba la atención  apenas entraba por una puerta. Un empresario  argentino, Luis G. Dylon la metió en un grupo de  modelos y bailarinas que se llamaba Las Dianas de Dyon.

Y ese  mismo empresario tuvo una idea, lanzar dos voces rancheras,  una mujer y un hombre. Llegó  el día del debut y la cantante que iba a presentarse no apareció, simplemente  no llegó. Imagínate la escena, todo listo, el público  esperando, los músicos afinando y el  hueco de una artista que no se presentó.

Y ahí  estaba Lucelena, la modelo alta de Chihuahua, viendo cómo se caía  todo el plan. Entonces hizo algo que le cambió la  vida. pidió prestado un vestido y dijo que ella cantaba. Imagínate el valor que hay que  tener para eso. Subirse a un escenario  sin ser cantante a tapar el hueco que dejó otra persona.

Con  un vestido prestado que ni siquiera era suyo delante de un público que no la conocía. Pero cuando abrió la boca, todos se quedaron callados. Tenía una voz grave,  ronca, distinta a todo lo que se escuchaba en las mujeres de esa época. una voz que parecía  salir de muy adentro de un lugar de tierra y de desierto.

Decidieron lanzarla en ese mismo instante y le pusieron un nombre artístico, Lucha por Luz Elena y Villa  en honor a Pancho Villa, el héroe de su tierra chihuahuense. Lucha  Villa. Piensa en lo que significa ese  nombre. Lucha como pelea, como  batalla, como resistencia. Y villa por el revolucionario,  por el hombre que se levantó contra los poderosos.

Dos palabras  de pura fuerza y resultó ser el nombre más exacto que le pudieron poner. Porque la  vida de esta mujer fue exactamente eso, una lucha  de principio a fin. Y vale la pena que  te detengas en de dónde venía. Santa Rosalía de Camargo  no era una ciudad de luces ni de teatros.

 Era un pueblo  del norte, de tierra seca, de gente recía, de inviernos duros y veranos de  polvo. El chihuahua del desierto y del trabajo. De ahí salió Lucelena de un pueblo  donde nadie soñaba con salir en la televisión, porque la televisión era algo que les pasaba a otros en otro lado. Y esa muchacha de pueblo  terminó codeándose con premios Nobel, llenando los teatros  más grandes de la capital, vendiendo discos por todo  el continente, sin estudios de canto, sin una  familia de artistas que

le abriera las puertas, sin nada más que su voz y su temple. Eso ya te dice quién era. Una mujer que llegó hasta arriba sin que nadie le regalara nada, empujando ella sola desde abajo, desde el polvo  de Camargo. Grabó su primer disco  en 1961. Su primer gran éxito fue La  media vuelta, una canción de José Alfredo Jiménez.

Y a partir de  ahí todo fue hacia arriba. Entre 1964 y  1976 recibió 12 discos de oro. 12. Uno  detrás de otro, casi cada año. Guarda ese número.  12 discos de oro seguidos. Lo vas a necesitar para entender la injusticia del final.  Para que entiendas lo que significa eso, piénsalo así.

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