Esa es la cifra exacta que el gobierno mexicano le pagó durante 18 años como pensión de viuda presidencial. No hablamos de 12 haáreas de mansión. la famosa colina del perro que se derrumbó a martillazos mientras ella todavía respiraba en Cuernavaca. No hablamos de un juicio de divorcio que la familia legítima del expresidente le interpuso en 1999 para quitarle todo.
Hablamos de la pensión que el presidente Andrés Manuel López Obrador le canceló en 2022. 5 años antes de su muerto hablamos de una hermana, Margarita López Portillo, que la odió hasta el último día. Y hablamos sobre todo de una mujer que llegó sola a México con 23 años desde Italia y murió 55 años después, igual de sola, en un hospital de provincia.
Esta es la historia verdadera de Sasha Montenegro. La que las revistas no contaron, la que la prensa rosa enterró, la que ni siquiera muchos de sus fans conocen completo. Hoy te voy a contar cuatro cosas que nunca te contaron sobre la viuda del presidente. Ino primero, la cifra exacta de pesos por los que Sasha peleó durante 20 años y por qué nunca vio ni un centavo de la verdadera herencia del expresidente. No.

Segundo, ¿qué pasó con la mansión más famosa y más escandalosa de México, la colina del perro? ¿Y por qué la derribaron a martillazos mientras Sasha estaba viva y todavía joven? No. Tercero, ¿quién fue la mujer que orquestó toda la guerra contra Sasha desde adentro de la familia López Portillo? Una mujer, cuyo nombre la propia Sasha, pronunció en cámara con las palabras más duras que se le pueden decir a alguien, ¿no? Y cuarto, ¿cómo fueron sus últimas horas en Cuernavaca? ¿Quién estuvo a su lado cuando se apagó? ¿Y quién, sabiendo
que se moría, no fue a verla? Te voy a avisar cuando llegue cada una. No, pero antes tenemos que regresar. Tenemos que regresar a una época que tú viviste y a una mujer que tú creíste conocer, ¿no? Porque para entender por qué murió como murió, hay que entender primero cómo llegó hasta dónde llegó.
Imagínate la Ciudad de México en 1969. No, tú probablemente tenías 10 o 15 años. Quizá veías películas los domingos, ¿no? Quizá tu papá te llevaba al cine de barrio y veías a Cantinflas, a Pedro Infante en repeticiones, a Sara García haciendo de abuela. La televisión todavía era en blanco y negro en muchas casas, ¿no? El presidente era Gustavo Díaz Ordaz, un año después del 68 de Tlatelolco.
Y en ese México, en plena efervescencia, llegó al aeropuerto una mujer de 23 años vestida a la europea con un acento que nadie reconocía, sola. Esa mujer venía huyendo de su propia historia. No, eso casi nadie lo cuenta. Te explico. Ella había nacido en Bari, Italia, el 20 de enero de 1946, apenas un año después de terminada la Segunda Guerra Mundial. No.
Y su familia, déjame contarte de su familia. Su familia era aristocracia montenegrina. Aristocracia de verdad, de título, de apellido viejo. No. El apellido Achimovic venía de las montañas de Montenegro, en Yugoslavia, donde sus abuelos eran parte de la nobleza local antes de que la guerra los borrara del mapa. Y digo borrara literalmente, no.
Casi toda la familia paterna de Sasha fue asesinada en un campo de concentración nazi durante la guerra. Esto está documentado, no lo escribió Elisa Robledo en un libro publicado en 2002 por editorial océano titulado El presidente y sus amadas, donde Sasha le contó su propia historia familiar. Entonces tú imagínate, ¿no? Hija única de una mujer viuda de guerra, padre que sobrevivió por poco y que se llevó a la familia argentina huyendo de la posguerra europea.
No llegan a la provincia de Mendoza, en el viñedo argentino, y ahí el padre Ciboyinovic se muere también poco después. doble huérfana, ¿no? Antes de cumplir los 10 años, Sasha ya había enterrado a casi todos los hombres de su sangre. Su mamá, Silvia Popobi, se vuelve a casar, esta vez con un empresario argentino rico. No, la familia rehace su vida en Mendoza.
Sasha estudia valet, estudia periodismo, hace teatro de provincia. Le nace una hermana, Andrea Silvia, ¿no? Y un día, a los 23 años recibe una oferta para trabajar en cine en México y agarra sus maletas. Se sube a un avión y deja Argentina para no volver más. A México llega sola, sola, ¿eh? No. Sin manager, sin agencia, sin contactos, sin un primo que la recibiera en el aeropuerto, no.
Una mujer joven, extranjera, hermosa, con dinero apenas para tres meses y un acento que no era ni italiano, ni argentino, ni yugoslavo. Era algo nuevo, algo exótico, ¿no? Y en el México de 1969 exótico era oro. Su primera película fue Un sueño de amor en 1972, al lado de José José, ¿no? Sí, ese José José que también nos dejó hace poco.
Después vino Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein en 1974, ¿no? Películas de las que tu hermano o tu papá probablemente te llevaron al cine. Pero el ascenso de verdad, el que la marcó para siempre, vino en 1975. Un productor llamado Guillermo Calderón le propuso un proyecto, un guion escrito por Víctor Manuel Castro y Francisco Cabazos, ¿no? Una historia que pasaba dentro de un cabaret llamado El Pirulí con cinco mujeres que sobrevivían como podían y un detalle, un detalle que en 1975 era una bomba, ¿no? El guion exigía un
desnudo. 30 segundos, pero 30 segundos que ninguna actriz mexicana de prestigio había hecho antes. Y Sasha dudó. Esto también está documentado. No lo contó después en varias entrevistas. Dudó porque sabía que el desnudo le iba a abrir las puertas. Sí, pero también iba a cerrarle otras puertas para siempre.
No sabía que después de esos 30 segundos ya no podría hacer telenovelas serias. Ya no la llamarían para protagonizar dramas de las que veía tu mamá. Quedaría marcada, tipificada. No, la italiana de los desnudos, la vedet del cine de ficheras. Pero dijo que sí y Bellas de noche se convirtió en el éxito más grande del cine mexicano de los años 70. No.
Isha Montenegro se convirtió en lo que sería el resto de su carrera. La reina, sí, pero la reina de un género que la industria explotaba y desechaba al mismo tiempo, ¿no? A ver, déjame explicarte esto bien, porque aquí está la primera trampa de su vida y la mayoría de los videos sobre ella la pasan por encima, ¿no? El cine de ficheras entre 1970 y 1985 fue la maquinaria comercial más rentable del cine mexicano.
Llenaba salas, vendía boletos en los pueblos, no salvó a estudios que estaban quebrados, pero las actrices que lo hicieron grande, casi todas terminaron mal. Lyn May, Olga Briskin, Princesa Yamal, Rosy Mendoza. Todas la pasaron mal en su vejez. No, todas se sintieron usadas. El sistema cinematográfico mexicano levantó un género con ellas como cuerpo y cuando el género cayó las dejó solas.
Sasha lo entendió antes que las demás, ¿no? Por eso, cuando llegó la oportunidad de cambiar de mundo, no la dejó escapar. Pero ese cambio de mundo le costó otra cosa, más cara. Hablo de 1984, ¿no? Tú probablemente tenías ya 30 y tantos. Quizá ya estabas casada. Quizá ya tenías hijos. Quizá la veías en las películas que pasaban por la tele en domingo por la noche. No.
Ese año Sasha tenía 38. Estaba en una gira de teatro con la obra Nunca en domingo y entre función y función hizo un viaje a España, a Sevilla específicamente en plena Semana Santa. No, tú piénsate la escena. Sevilla en abril, las procesiones de las cofradías, los nazarenos con sus capirotes, el olor a incienso, el paso de las vírgenes, la música de bandas militares lentísimas, ¿no? Y de pronto, en una calle estrecha, una voz que la llama Sasha, ¿qué hace usted aquí? Ella se voltea y ahí está él, el expresidente de México, 62 años, ¿no? 2 años atrás
había entregado la banda presidencial. Apenas dos años antes había dicho aquella frase, la frase la que se le pegó como una etiqueta para siempre, la frase del peso. Defenderé el peso como un perro. Y dos semanas después el peso se devaluó y se hundió como una piedra en la laguna de Chapultepec. José López Portillo, ¿no? Abogado, escritor, presidente entre 1976 y 1982.
El hombre que nacionalizó la banca en 1982. No. El que dejó al país con una deuda externa imposible. El que entregó el poder, según propias palabras de Sasha, años después ya decapitado. Lo describió ella misma en entrevista con Gustavo Adolfo Infante en el programa Vidas al límite. Aquí va la cita textual, escúchala bien.
En México, el ser presidente de la República era ser un rey, pero un rey por 6 años, porque después lo decapitaban. No, a mí me tocó cuando ya estaba decapitado y me tocaron los ladridos y esta parte desagradable de la vida de un personaje así. Recuerda esa palabra, ladridos, te la vas a encontrar otra vez, ¿no? ¿Qué vio Sasha en él? Yo me lo he preguntado.
La diferencia de edad era de 24 años. Él tenía nietos cuando ella todavía estaba en la flor de la vida, pero ella misma lo contó después, ¿no? Y la respuesta, fíjate bien, no fue la que la gente esperaba. Voy a leer otra cita textual de Sasha sobre él. Ella decía, “Mira, que físicamente no destacaba como Galán.
” No, su atractivo venía de otro lado, de su presencia, de su personalidad, de su cultura. Te leo las palabras exactas. Era un señorón con mucha presencia, con una gran personalidad, obviamente con una gran cultura. Era un hombre encantador, un conquistador nato. Eso fue lo que Sasha encontró en el expresidente.
Cultura, conversación, un hombre que había leído, que sabía latín, que había escrito libros, ¿no? Que podía hablar de filosofía y de derecho y de literatura sin notas. No, para una mujer como Sasha, hija de aristócratas yugoslavos, criada con clases de ballet y de periodismo en Mendoza, formada en el teatro europeo.
Esa cultura era el imán que no había encontrado, no ningún galán del cine de ficheras, pero había un problema, un problemita gordo, como diría mi tía. José López Portillo estaba casado y no estaba casado con cualquiera. Recuerda este nombrino. Carmen Romano Nolk, la primera dama, la esposa de 40 años, la madre de los tres hijos legítimos del presidente, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina. No.
Carmen Romano era una mujer que en 1984 era la dueña indiscutible del apellido López Portillo. Y todo el mundo lo sabía, ¿no? Y aquí empieza la primera tragedia de la vida pública de Sasha Montenegro, la que va a marcar todo lo que vino después, la que va a explicar la guerra que duraría 40 años, ¿no? Entre Sevilla 1984 y la habitación de hospital de Cuernavaca de febrero de 2024.
Hay 40 años, no 40 años de una historia que tú creías conocer, pero que en realidad nunca te contaron completa. Y antes de seguir, recuerda la frase ancla, la frase de Sasha. No nos dejó nada. No, lo que sí nos dejó fueron juicios terribles. Quédate porque lo que viene en los próximos minutos cambia todo. Te tengo que explicar algo antes de seguir, ¿no? Y te lo voy a explicar despacito, porque es la pieza que la mayoría de los videos sobre Sasha Montenegro nunca te explican bien.
México, desde 1976 existe un decreto presidencial firmado por Luis Echeverría Álvarez y otro firmado en 1987 por Miguel de la Madrid Hurtadooino. Esos dos decretos crearon lo que en el país se conoció durante 40 años como la pensión vitalicia de los expresidentes. ¿Funcionaba así? No. Todo presidente, una vez terminado su sexenio, recibía, mientras viviera una pensión equivalente al sueldo total de un secretario de Estado.
Más seguro de vida, más seguro de gastos médicos mayores. No más, ojo con esto, escoltas pagadas por el erario y cuando el expresidente moría, la pensión pasaba a su viudino. Empezaba en el 80% durante el primer año y bajaba un 10% cada año hasta estabilizarse en el 50%. ¿Cuánto dinero era eso? Pon atención, ¿no? En el caso de Sasha Montenegro, viuda del expresidente López Portillo, el monto que recibió desde 2004 fue de 1,688,736 pesos, no anuales.
Cifra confirmada por la propia conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador del 28 de julio de 2022. No. Y para que tú lo veas con tus ojos, te lo aterrizo. 1,68,000 pesos al año divididos entre 12 son aproximadamente 140,000 pesos al mes. No, para que te hagas una idea, ese era el sueldo mensual de un director general de una empresa grande en México durante esos años.
Sasha recibía eso todos los meses por estar viva y por ser viuda, ¿no? Sin trabajar, sin firmar nada, solo por haber estado casada con José López Portillo cuando él se murió en 2004. Suena bien, ¿verdad? Suena a herencia, suena a comodidad. Suena a que esa mujer vivió sus últimos 20 años en sábanas de seda. Y esto, fíjate bien, es donde la historia se complica, ¿no? Porque esa pensión, esos 140,000 pesos al mes, no eran lo que Sasha esperaba. Ni de lejos.
¿Tú sabes por qué? No, porque José López Portillo, presidente de México entre 1976 y 1982, según los reportajes de la revista Proceso publicados el 13 de septiembre de no 1982, había construido un patrimonio personal mucho, mucho más grande que cualquier pensión presidencial y ese patrimonio Nunca fue de Sasha. Ese patrimonio era de los hijos legítimos, de los hijos que tuvo con Carmen Romano.
Eso es lo que ningún video te explica. La pensión era el premio de consolación. La verdadera herencia era otra cosa, ¿no? Y a esa Sasha jamás tuvo acceso. Y aquí viene lo primero que te prometí. 28,708,512es la cifra exacta que Sasha Montenegro recibió en pensiones del herario mexicano entre febrero de 2004, cuando murió José López Portillo y enero de 2022 cuando AMLO le vino.
Canceló la pensión por decreto. Lo calculó Infobae en febrero de 2024. Lo calculó uno TV. Lo expuso el propio presidente en cadena nacional. 28,78,512 pesos. Tú dirás, pues no le fue tan mal a la señora, ¿no? Esto te lo dice cualquier persona que no haya leído lo que viene a continuación. No.
Y aquí necesito que me hagas un favor. Necesito que me dejes hacer una operación contigo. Esos 28 millones de pesos repartidos entre 18 años, ¿cuánto le tocaron al mes? No, aproximadamente 132,000 mensuales. Eso es la pensión bruta. Y aquí está el detalle que la conferencia mañanera no expuso. No, esos 132,000 pesos al mes tenían que sostener varias cosas a la vez.
Pagaban los abogados y Sasha durante 18 años pagó abogados sin parar. No pagaban el mantenimiento de la casa. donde se retiró en Cuernavaca. Pagaban los servicios médicos privados que ella tuvo en sus últimos años, incluyendo el tratamiento del cáncer de pulmón que la mató. No pagaban a la gente que la acompañaba, pagaban la administración de los pocos negocios que sus hijos manejaban con su nombre.
Y aquí viene la parte donde se complica más, ¿no? Esa pensión, te lo recuerdo, dejó de existir en enero de 2022. Le quedaban 2 años de vida. 2 años. Y en esos dos años, sin pensión de qué iba a vivir Sasha Montenegro, de los negocitos, como ella misma los llamaba, en una entrevista de 2018 de los pequeños ingresos que sus hijos podían generar, ¿no? Y de lo que quedaba de la venta de la última parte de la colina del perro que se había hecho en 2013 hace 11 años.
¿Tú entiendes la jugada? La industria política mexicana junto con la familia López Portillo legítima, junto con la nueva ley de Austeridad Republicana, juntos los tres le quitaron a Sasha a Montenegro, la única fuente no económica que el sistema le había prometido a los 76 años con el cáncer ya creciéndole dentro, aunque ella todavía no lo sabía.
Eso es lo que pocas veces se cuentó. Por eso cuando ella decía, “No nos dejó nada, tenía razón en un sentido literal que duele oír. Pero retrocedamos, tenemos que volver a Sevilla, abril de 1984.” No, porque a Y empieza una historia que vale la pena que tú entiendas con detalle. Después del encuentro en las calles de Sevilla, Sasha y López Portillo coincidieron varias veces más.
No, Roma fue una de ellas, según lo contó la propia Sasha. Hablaban, cenaban, discutían literatura, historia, derecho. Él estaba todavía casado con Carmen Romano, la señora primera dama, ¿no? Pero llevaban ya años distanciados en lo privado, aunque por el bien de la familia y por el bien del apellido, jamás se separaron oficialmente.
Pasó un año y Sasha quedó embarazada. No, ella misma lo describió. Fíjate bien, como un embarazo accidental. Por accidente fueron sus palabras textuales. Pasó en 1985, cuando ella tenía 39 años. No, y aquí déjame ser honesta contigo. No, la palabra accidente en boca de una mujer adulta, soltera, en una relación con un expresidente de la República casado, tiene un funque que la espectadora de 60 años puede leer en muchas capas.
No, Sasha tenía 39. 39. Esa no es la edad del descuido, esa es la edad de la decisión. Nabila López Portillo Achimovic nació en 1985, ¿no? Y la noticia, aunque no se anunció en primera plana, terminó por filtrarse. Hubo una separación entre Sasha y López Portillo. La presión social en aquella época era brutal. un expresidente con una amante actriz, una hija fuera del matrimonio, una esposa legal todavía firme en la casa familiar.
Eso era pólvora para la prensa rosa. Pero regresaron, ¿no? Porque el amor, en estos casos, no se quita con presión social ni con artículos en revistas. Y dos años después, en 1987, nació Alexander López Portillo Achimovic, el segundo hijo de Sasha, el segundo nieto bastardo, perdóname la palabra, en la familia López Portillo. Bastardo era el término técnico que se usaba en aquella época.
Fíjate qué fea palabra, ¿no? Hoy ya no lo decimos así, pero entonces hace 40 años esa era la realidad jurídica y social, ¿no? Mientras tanto, en el otro lado de la Ciudad de México vivía una mujer cuyo dolor nunca apareció en cámara. Carmen Romano, 40 años de matrimonio con José López Portillo, tres hijos legítimos, no. La primera dama durante el sexenio más turbulento económicamente del México moderno.
Y de pronto, en sus años de madurez, sabiendo que su marido tenía dos hijos con una actriz 24 años más joven. No. Tú que has estado casada, tú que sabes lo que es encontrar un cabello que no es tuyo en el saco de tu marido. Imagínate lo que fue para Carmen Romano abrir el periódico y ver la noticia de uno.
Segundo hijo extramatonial de su esposo. Carmen Romano nunca habló en público sobre Sasha. Eso también es importante. 40 años de silencio. La dignidad de las mujeres de su generación era esa. Cállate, aguanta, sostén el apellido, aunque por dentro estés muriendo. El divorcio entre José López Portillo y Carmen Romano llegó en 1991, 10 años después de que él entregara el poder.
Y el matrimonio civil entre López Portillo y Sasha Montenegro, según el archivo histórico del periódico El Universal y la Fototeca de Cuarto Oscuro, se efectuó ese mismo año 1991. Uno. Algunas fuentes posteriores señalan 1995 como el año del enlace. La fecha exacta, te confieso, varía según la fuente, ¿no? Lo que sí está documentado y verificable es que en junio del año 2000, un mes después de la muerte de Carmen Romano, José López Portillo y Sasha Montenegro se casaron por la Iglesia en una ceremonia religiosa que fue celebrada en Guajimalpa. Porque sí, Carmen Romano se
murió en mayo del año 2000 y un mes después el viudo y la amante de 14 años se casaron por la iglesia. ¿Tú entiendes lo que eso significa en la cabeza de los hijos legítimos? No. Tres hijos que apenas habían enterrado a su madre, viendo a su padre casarse por la iglesia con la mujer por la que su madre había sufrido 40 años.
Un mes, no, 30 días más o menos fue lo que esperaron. Te voy a pedir algo. Aunque la espectadora se identifique más con Sasha, no podemos cerrar los ojos a lo que sintieron los hijos de Carmen Romano. No, porque ahí, en ese mes de junio del 2000, está la semilla de todo lo que vino después.
Ahí nace el odio, ahí nace la guerra, ¿no? Ahí nace el juicio de divorcio que la familia legítima le interpondría a Sasha apenas 4 años después. Y aquí, antes de irnos al siguiente bloque, déjame plantarte una imagen. No, una imagen para que la guardes en la cabeza. Bosque de las Lomas, Ciudad de México, una colina al final del fraccionamiento.
12 haáreas, 17 campos de fútbol queabían dentro de ese terreno, ¿no? En lo alto, cuatro mansiones, ¿no? En el centro una biblioteca de tres pisos en forma de caracol, con 30,000 libros, con un observatorio astronómico arriba, con cuarto de armas, gimnasio, alberca. Subestación eléctrica propia, no capaz de abastecer a un poblado entero, no.
Construida durante la peor crisis económica del México moderno con recursos públicos, según denunció la revista Proceso el 13 de septiembre de 1982. No, esa fortaleza, ese castillo, esa monumental afrenta a un país que se estaba devaluando llegó a tener un apodo entre la gente. Le pusieron la colina del perro, ¿no? Porque el dueño, dos semanas antes de la devaluación, había prometido en cadena nacional defender el peso como un perro y dos semanas después el peso se hundió.
Recuerda esa imagen, esa colina. No, esas mansiones, esa biblioteca, porque en el próximo bloque te voy a contar qué les pasó, te voy a contar quién las tiró, ¿no? Y por qué Sasha Montenegro estaba viva, joven todavía, cuando los martillos llegaron. 23 de julio de 2018. Una mañana de lunes calurosa en la zona de bosque de las lomas.
Y la última pared, la última que quedaba en pie de la última biblioteca de la colina del perro, cayó con un golpe seco. Tu servidora se imagina ese momento. Polvo, maquinaria pesada, ¿no? Trabajadores de la construcción con cascos amarillos, una pequeña multitud de curiosos y al fondo 30,000 libros que habían sido vendidos años antes, rematados en pacas.
dispersos por el país. No, Sasha Montenegro tenía 72 años ese día. Vivía ya retirada en Cuernavaca, Morelos. No la entrevistaron ese día. No le pidieron una declaración. Tampoco hubo cobertura en vivo. No, el periódico Reforma dio la nota. La revista Proceso publicó una crónica de cierre. El reportero Samuel Adam en su cuenta de Twitter escribió aquella frase que recogió todos los retuiteos.
El último vestigio de la colina del perro emblema de la corrupción de los 80s, fue demolido. Y eso fue todo. Mira lo que te voy a explicar, porque esto la mayoría de los videos no lo explica bien. La colina del perro no era de Sasha. Te lo voy a explicar despacito, ¿no? Esa propiedad, las 12 hectáreas, fue construida durante el sexenio del presidente López Portillo entre 1976 y 1982, ¿no? y fue construida pensando, según lo reveló el reportaje de Proceso, en heredarla a los hijos del expresidente, a los cinco hijos, no a Sasha. No.

Cuando José López Portillo murió en febrero de 2004, las 12 hectatarias se repartieron entre cinco partes, tres partes para los hijos de Carmen Romano, la primera dama, no. Esos eran José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina López Portillo. Y dos partes para los hijos de Sasha, Nabila y Alexander López Portillo Achimovic.
No, Sasha recibió, según ella misma explicó en una entrevista con Gustavo Adolfo Infante, una donación previa que el expresidente le hizo en vida. Esa donación correspondía a una de las mansiones, no a las 4. Tú me dirás, “Bueno, pero igual era una mansión, ¿no? Algo era. Escúchame con calma, ¿no?” Las palabras textuales de Sasha sobre esa mansión fueron, fíjate bien, estas era una verdadera porquería.
Era un cascarón enorme. Lo dijo ella misma. No decía la gente que tenía baños de lapislazuli y llaves de oro. Pero ella aclaró en entrevista que esos lujos exagerados eran inventos de la prensa de la época. Y aquí ya empieza a verse el patrón, ¿no? El sistema mexicano del espectáculo, junto con la prensa rosa, junto con la familia legítima, construyó una imagen pública de Sasha, como la mujer que se quedó con una fortuna de un expresidente.
No, como la usurpadora que vivía en una mansión millonaria. Esa imagen pública sirvió durante años para dos cosas, ¿no? Una, para alimentar el resentimiento social contra ella, particularmente entre los hijos de Carmen Romano y sus aliados. No. Dos, para justificar ante la opinión pública la guerra legal que la familia López Portillo legítima le entablaría a Sasha desde 1999.
Pero la mansión, según las propias palabras de Sasha, era un cascarón, ¿no? Y el resto del patrimonio del expresidente, los bienes verdaderos, los que sí dejaban dinero líquido, esos jamás llegaron a manos de Sasha ni de sus hijos. Aquí viene lo segundo que te prometí, ¿no? ¿Qué pasó con la colina del perro entre 2004 y 2018? Te lo cuento.
En 2013, hace ya 12 años, los hijos de Sasha, Nabila y Alexander, decidieron vender la última parte que les quedaba del terreno, un terreno de 5200 m². No, el comprador fue Banca Mifel. ¿Por qué vendieron? Por dinero. Lo confesó la propia Sasha en entrevista. No necesitaban tener algo de dinero en sus bolsillos, según lo recogió la opinión en su nota del 15 de febrero de 2024, citando la declaración familiar.
Los hijos de Sasha, en ese momento de 28 y 26 años respectivamente, necesitaban dinero líquido. La pensión presidencial llegaba a la madre, no a ellos. y de los negocios del expresidente nunca habían visto un peso. En 2015, los hijos legítimos, los hijos de Carmen Romano, vendieron su parte, mayor parte del terreno.
Ahí se construyó un fraccionamiento de lujo. Se llama La Toscana, 50 casas, cada casa evaluada en hasta 6 millones de dólares. Y para que tú lo veas con tus ojos, no. Una sola de esas 50 casas hoy vale más de lo que Sasha Montenegro cobró en pensión presidencial durante 18 años. Una sola casa de 50, ¿no? La mitad del terreno original hoy mismo son 50 mansiones modernas habitadas por banqueros, empresarios y embajadores.
Y los hijos legítimos de Carmen Romano, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina López Portillo, vendieron esa parte a precio de mercado entre 2013 y 2015. recibieron, según estimaciones publicadas por el financiero y Reforma en distintos reportajes, montos de venta que sobrepasaban los millones de dólares por hectárea.
No, Sasha y sus hijos vendieron a Banca Mifel los 5200 met²ad de la biblioteca y la última mansión por un monto que jamás se hizo público, pero que según las fuentes no. inmobiliarias consultadas por Reforma en 2018, fue notablemente menor que las ventas previas de los hijos legítimos. ¿Por qué no? Pues porque al haber vendido los hijos de Carmen Romano Io, la parte que quedaba de Sasha quedó cercada por terrenos ya en desarrollo, sin acceso, preferente, no.
Sin viabilidad inmobiliaria de prestigio. Vender fue la única salida. Vender barato fue la consecuencia. Esto, fíjate, es un mecanismo que cualquier abogada de divorcios mexicana te puede explicar. No. Cuando una herencia se divide entre la familia legítima y la familia extramatonial, casi siempre la familia legítima vende primero y maximiza su valor.
No, la extramatrimonial llega tarde y vende devaluado. Es así de injusto. Y Sasha, con todo lo lista que era, no pudo escapar de ese mecanismo. tú que quizá hayas pasado por un divorcio o por una herencia complicada. Tú que has visto como una familia se pelea el dinero del muerto antes de que el muerto termine de enfriar suo.
Tú entiendes perfectamente lo que le pasó a Sasha. Espérate que esto se pone peor, ¿no? Mientras los hijos legítimos vendían su parte por millones de dólares mientras se construía la Toscana, mientras una torre de departamentos de 34 pisos se planeaba para la última, ¿no? Mansión Sasha Montenegro vivía en una casa modesta en Cuernavaca.
Modesta de verdad, lo confirmaron sus amigas. Laura Zapata, la actriz, dijo a El Universal en febrero de 2024 que Sasha, en sus últimos años vivía con sencillez, ya cansada, ya agotada, lejos de la opulencia. Lolita de la Vega, otra amiga cercana, declaró en Ventaneando que Sasha vivía sin lujos, alejada de los reflectores.
Lyn, otra contemporánea, dijo que la había visto en un centro comercial pocas semanas antes de su muerte, viéndose bien, normal, normal. Esa es la palabra, ¿no? Una mujer normal en una ciudad de provincia con una pensión que el gobierno acababa de cancelar, con un cáncer creciéndole en los pulmones sin que ella lo supiera, viendo en sus televisores cómo se construían torres de lujo, en lo que alguna vez fue su mansión heredada.
Eso era Sasha Montenegro entre 2018 y 2024. Y aquí, mi gente, aquí es donde tengo que pedirte algo, ¿no? Antes de seguir con la siguiente parte, déjame pedirte que le des suscribir a este canal. Porque historias como la de Sasha, la historia, la historia real, la que la prensa no contó, la que los biógrafos oficiales tampoco contaron, es esas historias necesitan a alguien que las cuente, ¿no? Y para que sigamos contándolas, necesitamos crecer, necesitamos comunidad.
Esta historia ha llegado a quien tenía que llegar gracias a personas como tú que se suscriben, que comentan, que comparten con su hermana, con su comadre, con su hija. No, si tú quieres que sigamos rescatando del olvido las historias verdaderas de las mujeres del espectáculo mexicano, dale al botón, es lo único que te pido.
Y vamos, regresamos a Sasha, ¿no? Mientras todo este proceso pasaba, mientras se derribaba la biblioteca, mientras se construía la Toscana, Sasha tenía algo que la mantenía con la cabeza en alto en público. La pensión presidencial. No, esa pensión, decía ella en privado, según contó Lolita de la Vega, años después en Ventaneando, era el reconocimiento del país a su condición de viuda legítima, ¿no? Por encima de todo lo demás, por encima del juicio de divorcio que la familia legítima le había planteado.
Por encima de las acusaciones de maltrato, por encima de la guerra mediática, la pensión no presidencial era el sello oficial del Estado mexicano que decía, “Tú eres la viuda hasta que dejó de serlo.” 28 de julio de 2022. No. Conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo recordarás porque salió en todos los noticieros. No.
El presidente expuso en pantalla un cuadro con las pensiones que recibían los expresidentes mexicanos y sus viudas: Vicente Fox, Felipe Calderón, Ernesto Cedillo, Carlos Salinas, Luis Echeverría, ¿no? y la viuda de López Portillo, Sasha Montenegro, 1,68,736 pesos al año, mientras el pueblo de México vivía con 5000 pesos al mes, dijo el presidente.
Y la cifra de Sasha en pantalla en cadena nacional ante toda la República, ¿no? A partir de ese día, Sasha Montenegro fue para la opinión pública otro símbolo más de la burocracia dorada del PRI. El presidente no la nombró con maldad, eso hay que decirlo, solo expuso los datos, ¿no? Pero los memes empezaron, los comentarios en redes empezaron.
La cancelación oficial de la pensión llegó pocos meses después. Sasha tenía 76 años, ¿no? Y desde ese día su única fuente de ingresos oficial dejó de existir. Te decía Lolita de la Vega en aquella entrevista de Ventaneando en febrero de 2024. Te la voy a leer. No. Hay muchas personas que han comentado en redes sociales que vivió del herario.
Dejémonos de tonteras. No, la viuda de un expresidente de la República y tenía derecho a contar con una cantidad mensual hasta que llegó el presidente López Obrador y decidió quitarle todas las pensiones a todo el mundo. Pues sí, Lolita de la Vega tiene razón en lo legal, pero hay otra capa porque cuando le quitaron la pensión a Sasha, sí, también se la quitaron a Margarita Cordero, viuda de la Madrid, ¿no? también se la quitaron a las otras viudas, solo que Margarita Cordero ya había muerto en 2020 y las viudas vivas,
en muchos casos, tenían fortunas familiares enormes detrás. No, Sasha no las tenía. A Sasha la pensión le importaba mucho más porque era literalmente lo que la mantenía con orgullo. Pero todavía no llegamos al fondo de la historia. Falta una pieza. No, una pieza que la propia Sasha mencionó con nombre y apellido en cámara y cuya influencia sobre toda esta tragedia ha sido isitmáticamente borrada de la mayoría de los videos que circulan sobre ella.
No, esa pieza era una mujer, una mujer que estuvo metida en cada decisión de la familia López Portillo durante medio siglo. No. Una mujer cuyo nombre, cuando Sasha lo pronunciaba, hacía pausas largas y bajaba la voz. Una mujer que ya no está viva, ¿no? Pero cuyo trabajo de demolición personal contra Sasha duró desde 1985 hasta el día en que ella misma murió en 2006.
En el próximo bloque quién era, no te voy a contar qué hacía y te voy a decir con cita textual de Sasha lo que ella pensaba de esta mujer. Una cita que duele y que tiene muchísima información de fondo. Recuerda la frase, “No, no nos dejó nada. Lo que sí nos dejó fueron juicios terribles y los juicios, te lo prometo, tienen un nombre y un apellido detrás.
Margarita López Portillo. Ese era el nombre, ¿no? Pero antes de contarte quién era, déjame contarte qué hacía. Porque para entender el peso que esta mujer tenía dentro de la familia, tienes que entender primero que no era cualquier hermana, no era la hermana del presidente, pero también era una figura del poder político mexicano por derecho propio.
Margarita López Portillo Paco fue directora general de radio, televisión y cinematografía de México durante el sexenio de su hermano. entre 1976 y 1982. Es decir, mientras él era presidente de la República, ella era la que controlaba que se transmitía en la televisión y el cine mexicanos. Censura, programación, permisos, no.
El poder mediático absoluto en manos de la hermana del presidente. Imagínate eso, ¿no? Una mujer que durante 6 años decidía qué películas se exhibían en los cines, qué telenovelas se aprobaban, qué programas de televisión salían al aire. Margarita fue durante el sexenio de su hermano una de las mujeres más poderosas de México y al mismo tiempo era cuñada potencial, prima política de Carmen Romano, la primera dama.
Las dos mujeres se respetaban, se cuidaban, se protegían mutuamente, eran familia oficial, eran sangre real del sexenio, ¿no? Y entonces, en 1985, en plena gloria del cine de ficheras, llegó la noticia de que la actriz Sasha Montenegro había tenido una hija con el expresidente, su hermano. No, tú piensa en la cabeza de Margarita. No.
Una mujer formada en la cultura, con doctorado en humanidades, miembro de una familia aristocrática mexicana, viendo a su hermano emparejarse con una actriz de cine erótico 24 años más. No, joven. Margarita nunca aceptó a Sasha. Y eso, fíjate, lo dijo la propia Sasha. Mira la cita exacta. Fue una relación muy difícil porque siempre estuvo esta familia en contra, ¿no? Margarita ha sido una mujer que siempre estuvo en contra de todas las mujeres que se acercaran a su hermano.
Lo dijo Sasha en el programa Vidas al límite con Gustavo Adolfo Infante. No lo digo yo, no lo dijo ella en cámara con su voz. Y aquí viene una parte que la mayoría de los programas que tocan el caso ignoran. Margarita no era una hermana cualquiera con ínfulas, ¿no? Margarita tenía poder ejecutivo, tenía recursos, tenía contactos, tenía un séquito, ¿no? Y lo que es más importante, tenía influencia directa y constante sobre su hermano, especialmente después de que él entregó la presidencia en 1982.
Porque cuando José López Portillo dejó el poder, los compañeros del PRI se alejaron, los amigos políticos se distanciaron, la prensa rosa lo destrozaba, pero su hermana, su hermana siguió ahí. No te lo voy a poner en cristiano para que se entienda. A partir de 1982, las personas con verdadera influencia sobre José López Portillo fueron tres, su esposa Carmen Romano, hasta que se separaron emocionalmente, su hermana Margarita López Portillo, siempre y la mujer con la que se enredó sentimentalmente Sasha Montenegro. No, tres mujeres, tres
poderes diferentes, tres visiones opuestas, ¿no? Y un solo hombre que ya estaba envejeciendo, ya estaba debilitado políticamente, ya cargaba con la culpa pública de la devaluación y de la nacionalización de la banca. Las tres mujeres se odiaron. No, eso es lo que ningún video te dice. Se odiaron porque cada una representaba una versión distinta del hombre que querían que él fuera.
Y Margarita, ¿sabes qué hizo Margarita? No. Margarita decidió desde 1985 que Sasha jamás iba a ser legítima en la familia. Aunque se casaran, aunque tuvieran hijos, aunque ella sobreviviera a Carmen Romano, no. Margarita nunca la iba a recibir como hermana política. Y aquí, déjame ser honesta contigo. Margarita López Portillo tenía sus razones también.
Conviene entenderlas, aunque no las compartamos. No era una mujer con un sentido del apellido familiar tan fuerte, tan rígido, tan tradicional, que aceptar a Sasha era para ella en su cabeza. Traicionar la memoria de Carmen Romano y de los tres hijos, no legítimos. Margarita estaba protegiendo, según ella entendía, el honor del apellido López Portillo, mal hecho, pero protegiendo.
El problema es lo que ese sentido del apellido le hizo a Sasha, ¿no? Aquí viene lo tercero que te prometí. En 1999, José López Portillo sufrió un infarto cerebral. Tenía 79 años. Estaba ya muy debilitado, ¿no? La salud se le venía abajo. Necesitaba cuidados las 24 horas. Sasha, su esposa por la vía civil desde 1991, se encargaba de él.
Y aquí, justo aquí, fue cuando Margarita Lóz Portillo y los hijos legítimos de Carmen Romano, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, dieron el golpe que iba a definir el resto de la vida pública. No, Sasha. interpusieron una demanda de divorcio contra Sasha en nombre de José López Portillo. Pero ojo, José López Portillo estaba físicamente incapacitado para hablar con claridad después del infarto.
Sus abogados, presumiblemente coordinados por Margarita y por los hijos legítimos, presentaron ante un juez federal una solicitud de divorcio en la que se acusaba a Sasha Montenegro de maltrato físico, ¿no? Y verbal contra el expresidente. ¿Tú entiendes la jugada? Sasha, una mujer de 53 años en ese momento, esposa legal del expresidente, madre de dos hijos suyos, viéndose acusada en cámara de televisión y en tribunales de pegarle, gritarle, no maltratar a su propio marido, que estaba en una cama de hospital, sin poder
defenderla ni acusarla. Las acusaciones, fíjate qué importante esto, jamás se probaron. No, ningún testigo creíble, ningún parte médico, ningún video. Pero las acusaciones se filtraron a la prensa y la prensa naturalmente las amplificó, ¿no? Para 1999, en cualquier revista de espectáculos, Sasha Montenegro ya no era la viuda del presidente, era la actriz acusada de maltratar al expresidente.
Esa etiqueta la persiguió hasta el día que se murió, 25 años. Y aquí viene la parte que te va a doler. Sasha ganó el juicio de divorcio. No. Los magistrados federales determinaron que no había pruebas suficientes para conceder el divorcio, pero el daño ya estaba hecho. La imagen pública estaba destruida, la sospecha quedaba flotando.
Y cuando José López Portillo finalmente murió el 17 de febrero de 2004 a los 84 años, las primeras planas de los diarios no decían muere el expresidente acompañado de No, su viuda. Decían cosas como muere López Portillo en medio de batalla legal con esposa. Te leo una frase de Sasha sobre todo este proceso. Atenta.
Él no era un hombre malo, no tenía una parte débil y estuvo rodeado de gente que no lo favoreció en lo más mínimo y gente que tampoco lo quiso. Donde hay intereses, los seres humanos quedan a un lado. Hablaba de los abogados, no hablaba de los hijos legítimos, hablaba sobre todo de Margarita. Y aquí me detengo porque tú tienes que sentir bien lo que pasó, ¿no? Esa mujer Sasha, que se había casado con un hombre 24 años mayor, sabiendo que iba a quedar viuda algún día, sabiendo que iba a tener que sostener el apellido sola, sabiendo que
iba a recibir críticas, sabiendo todo eso, llegó a la viudez sola y bajo acusaciones falsas. Acusaciones que la familia legítima usó para intentar quedarse con todos los bienes. No acusaciones que duraron desde 1999 hasta el día de su muerte en 2024. 25 años de acusaciones falsas, ¿no? Para defenderse de gente que ya no necesitaba defenderse porque su marido estaba muerto.
Astras, tú que en algún momento has tenido que limpiar tu nombre después de que algen te acusara injustamente, no. Tú que sabes lo que es que la gente te mire en el supermercado con cara de esa es la que tú entiendes exactamente lo que Sasha soportó durante un cuarto de siglo. Margarita López Portillo. Murió el 5 de octubre de 2006. Tenía 81 años.
Murió de causas naturales. A su funeral fue toda la élite cultural y política del México de aquellos años. No, Sasha Montenegro no asistió y Margarita hasta el último día de su vida jamás aceptó a Sasha jamás le pidió perdón, jamás reconoció el daño que había hecho. Sasha tuvo 18 años más entre 2006 y 2024 en los que pudo haber ganado en algún sentido la guerra, pero ya no había con quién pelear.
La cuñada se llevó al otro mundo el odio sin firmar la paz. Y los hijos legítimos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, jamás abrieron las puertas a una reconciliación. No. Hasta el día de su muerte, Sasha vivió como la advenediza, la que se metió en la familia López Portillo y se quedó. La que tuvo que defender por 25 años un apellido que no la quería. No.
Y aquí, déjame que te confiese una cosa. Yo cuando leí estas entrevistas a Sasha por primera vez, tuve que cerrar la computadora un rato, ¿no? Porque hay un dolor en su voz, en las entrevistas filmadas que es muy difícil de describir. Ese dolor es el de la mujer que sabe que va a perderlo, que sabe que aunque le den la razón en los tribunales va a perder en la opinión pública, que sabe que aunque la pensión se la den, no le va a alcanzar para defender su nombre.
No, ese dolor es muy mexicano y muy universal a la vez. Es el dolor de las mujeres que se metieron en familias que no las querían. El dolor de la que ama a alguien y la familia de ese alguien jamás la perdona. La frase ancla de Sasha, repítela conmigo. No nos dejó nada. No, lo que sí nos dejó fueron juicios terribles. Cuando Sasha decía esa frase, hablaba de muchas cosas a la vez.
Hablaba del dinero, sí. Hablaba de la mansión vendida, sí. No. Hablaba de la herencia que no llegó, sí. Pero hablaba sobre todo de los juicios, de los 25 años de juicios contra Margarita y contra los hijos legítimos, no de los juicios para defender su nombre, de los juicios para no perder la pensión, de los juicios para que sus hijos, Nabila y Alexander, fueran reconocidos como hijos legítimos del expresidente.
Y eso antes de seguir, déjame contarte, porque la pelea por reconocer a Nabila y a Alexander como hijos legítimos del expresidente duró años. No, recuerda que ellos nacieron entre 1985 y 1987, cuando López Portillo seguía casado con Carmen Romano. Eso técnicamente los hacía hijos extramatoniales del expresidente.
Solo después de 1991, con el divorcio formalizado y el segundo matrimonio civil, se inició el proceso legal para que esos dos hijos llevaran el apellido López Portillo como no, nombre completo. Hoy los conocemos como Nabila López Portillo Achimovic y Alexander López Portillo Achimovic. Pero esos apellidos costaron juicios y los juicios ya sabemos.
Los paga la madre, ¿no? Aquí viene una pieza chiquita de información que es muy reveladora, ¿no? El 28 de septiembre de 2014, Alexander López Portillo, en ese entonces de 27 años fue detenido por la policía municipal de Guaimas, Sonora, por conducir en estado deo ebriedad. Según reportes de medios nacionales, no fue la única vez.
tuvo varios incidentes por su forma de conducir. Tú dirás, “Bueno, eso le pasa a muchos jóvenes. Tiene razón, ¿no? Pero lo que la prensa rosa hizo con ese incidente fue ponerlo en todas las planas, ¿no? Y el comentario social que generó fue el mismo de siempre. Pues, ¿qué se esperaba de un hijo así criado por esa mujer? Esa fue una herida más para Sasha.
No, el estigma social que su familia legítima jamás dejó descansar. ¿Y dónde estaba la prensa rosa mientras todo esto pasaba? Esta pregunta es importante, ¿no? La prensa rosa mexicana, las revistas de chismes, los programas de espectáculos siempre tomaron el bando de la familia legítima. ¿Por qué? Pues porque la familia legítima tenía acceso, no tenía relaciones, tenía conexiones en Televisa, en TV Azteca, en las grandes editoriales.
Sasha, en cambio, era una outside, ¿no? Una italiana yugoslava criada en Argentina, sin familia política mexicana detrás. No, sin embargo, la prensa rosa, a partir de 1985, durante 40 años, sistemáticamente la presentó como la usurpadora, la que se metió en la familia, la advenediza. Yo me he preguntado mil veces por qué Sasha nunca rompió ese silencio mediático? ¿Por qué nunca dio una rueda de prensa masiva donde contara todo lo que estaba pasando? Y la respuesta, creo, es la siguiente.
que su esposo, mientras vivió le pidió que protegiera el apellido, porque ella misma, por orgullo y por cariño hacia el expresidente, decidió aguantar, porque dio sus testimonios en entrevistas pequeñas, en programas de menor audiencia, pero jamás en una rueda de prensa masiva donde pudiera convertirse en víctima visible. Sasha hasta el último día de su vida prefirió ser la viuda discreta antes que la víctima pública.
Una decisión que la honra en términos personales, pero que también le costó la imagen pública, ¿no? Y ahora estamos a unos minutos del final, ¿no? Pero antes de cerrar, antes de contarte cómo murió, antes de contarte quién estuvo en sus últimas horas y quién, sabiéndolo todo, no fue a verla. Tengo que decirte algo. No, esa frase de Sasha no nos dejó nada.
tenía una segunda parte que jamás se citaba completa. No te leo el segmento completo como apareció publicado. Empieza una lucha de intereses de todo lo que lo rodeaba. No, nunca supe cuáles eran sus bienes. Nunca estuve enterada. Creo que a la fecha tampoco sé. No, no nos dejó nada. Lo que sí nos dejó fue una cantidad de problemas y juicios terribles.
Nunca supe cuáles eran sus bienes. Esa frase es la confesión más impactante. No. Sasha estuvo casada 20 años con un expresidente. Compartió casa, mesa, cama y jamás supo cuáles eran los bienes de su marido. No, eso te dice todo sobre el sistema mexicano de los políticos poderosos. Las esposas nunca saben. Los hijos legítimos sí saben.
Los abogados de la familia legítima saben. No. Las amantes que se vuelven esposas. Jamás. El sistema lo prefiere así. ¿Lo entiendes ahora? La frase ancla de Sasha no era poétic. No. Era una declaración técnica fría de cómo funciona el sistema mexicano de la herencia política. No nos dejó nada. Porque nunca supo cuánto había, porque la familia legítima le tapó el acceso.
Porque cuando ella llegó a la mesa, los bienes ya estaban repartidos. En el bloque final te voy a contar cómo terminó todo. El cáncer, la cama de Cuernavaca, las llamadas, quién estuvo, no, quién no estuvo y el último mensaje que Sasha alcanzó a transmitir antes de cerrar los ojos. Y vas a entender por qué su muerte, el día del amor y la amistad en un hospital de provincia sin reporteros en la puerta fue el final perfecto, terrible y poético de una vida que jamás encontró.
No descanso, aquí viene lo cuarto que te prometí. Vamos al año 2023. Sasha tenía 77 años. Vivía retirada en su casa de Cuernavaca, Morelos. Desde hacía varios años, ¿no? Sus amigas íntimas, las pocas que conservaba, eran Laura Zapata, Lin May, Lolita de la Vega. A veces se veían a comer, a veces se juntaban en alguna cena, a veces se mandaban mensajes por WhatsApp, ¿no? En una entrevista que dio Sasha en 2018, eh durante la inaugura oración de una galería de arte de su amigo Carlos Piñar, alguien le preguntó qué hacía
todo este tiempo. Ahora que ya no actuaba. No, ahora que ya no salía en cámara. La respuesta de Sascha, fíjate, fue corta y muy de ella. ¿Qué hago todo este tiempo? Pues vivir, pues vivir. Tres palabras, todo lo que tenía que decir, ¿no? A los 72 años, después de 40 años de carrera, después de 20 años de juicios, después de la mansión derribada, después de la pensión cancelada, después de los hijos ya adultos, no quedaba vivir.
Y eso es lo que hizo en esos años. Pintaba, según contó Laura Zapata después. No pintaba ella, pero acompañaba a su hija Nabila pintora profesional, ¿no? Le ayudaba con los catálogos, con las exposiciones, iba a misa. Mucho. Sasa se había hecho muy católica en sus últimos años, ¿no? Esto también lo contó Laura Zapata en el Universal en febrero de 2024.
Tenemos a Sasha desde hace un mes en nuestro rosario. Somos 15 personas las que rezamos diario. Esas fueron las palabras textuales de Laura Zapata, 15 personas rezando todos los días por una mujer que estaba en una cama. Pero retrocedamos, ¿no? Porque antes de los rezos, antes del rosario, antes del hospital, hubo un diagnóstico.
A finales de 2023 o principios de 2024, la fecha exacta jamás se hizo pública. Sasha recibió un diagnóstico de cáncer de pulmón. avanzado, agresivo, ¿no? Según lo dijo la propia Nabila al periodista Carlo Uriel, fue un cáncer del que se había enterado hace poco tiempo. Tarde, ¿no? El cáncer de pulmón, la espectadora que sabe de esto, te lo puede contar mejor que yo.
Tiene una característica brutal. No da síntomas claros hasta que ya está en una fase avanzada. una tos persistente que se atribuye al clima, una fatiga que se atribuye a la edad, una falta de aire que se atribuye al sobrepeso y cuando finalmente se hace la tomografía ya hay metástasis, ¿no? Eso es lo que le pasó a Sasha, eso es lo que le pasa a muchísimas mujeres mexicanas mayores de 70 años, ¿no? Y muchas de las que están escuchando este videode conocen el cáncer de pulmón de cerca, porque a un familiar suyo le pasó lo mismo. Sasha recibió el diagnóstico
cuando ya había metástasis. No. Los pulmones cargaban con la enfermedad de años, posiblemente desde mucho antes de que se manifestara. Su edad 77 años hacía cualquier tratamiento agresivo prácticamente inviable. Lo que se podía hacer era cuidados paliativos, manejar el dolor, acompañarla, ¿no? Y aquí lee bien lo que te voy a decir, porque lo que viene es lo que me hizo a mí cuando estaba escribiendo este video tener que parar un rato, ¿no? En enero de 2024, Sasha empezó a deteriorarse rápidamente.
Su hija Nabila, según contó después, no se separó de ella desde el primer momento. 39 años. pintora, no la hija que sí estuvo. Alexander, el hijo varón, 37 años en ese momento, también acompañaba, aunque con menos visibilidad, tampoco salió a hablar con la prensa, ¿no? Esa familia entera, los hijos de Sasha, en sus últimas semanas eligieron el silencio.
El silencio digno, sin filtraciones, sin entrevistas, sin redes sociales, no. Hubo un momento en que Sasha fue trasladada de su casa al hospital privado de Cuernavaca, donde finalmente murió. El traslado, según los reportes, fue de emergencia. Sufrió un derrame cerebralo, lo que en medicina llaman un accidente cerebrovascular hemorrágico secundario al cáncer de pulmón.
Cuando el cáncer hace metástasis puede generar coágulos. Puede generar problemas circulatorios, ¿no? Y un derrame es uno de los desenlaces más frecuentes. 14 de febrero de 2024, 11 de la noche, hospital privado de Cuernavaca. Sasha está en una habitación. No está respirando todavía, pero apenas. Ya no responde, ya no abre los ojos.
Su hija Nabila está al lado sosteniéndole la mano. A las 11:30 el corazón se para. Las enfermeras hacen las maniobras de rigor, pero ya no hay nada que hacer. 78 años, día 14 de febrero. Día del amor y la amistad. La fecha favorita de las personas que viven solas para sentir el peso de su soledad. Nabila marca un teléfono, le llama al periodista Carlo Uriel, publikirrelacionista de Laura Zapata.
No, una decisión interesante, fíjate, ¿no? En vez de llamar a un medio grande como Televisa o TV Azteca, en vez de hacer una rueda de prensa, Nabila decidió que la noticia se filtrara primero al círculo cercano, a las amigas verdaderas, no a la gente que la quería. Carlos Uriel a las 11:30 de la noche publica en X la noticia.
No, me acaban de informar el sensible fallecimiento de la actriz Sasha Montenegro debido a un derrame cerebral provocado por un agresivo cáncer en los pulmones. Y como en avalancha, en los siguientes no 30 minutos, todos los medios mexicanos publican la noticia. Infobae, el financiero, ¿quién? Milenio y se desata la cobertura.
Pero esa noche, la noche del 14, en la habitación donde Sasha acababa de morir, no había reporteros. Estaba Nabila. Estaba Alexander, estaba algún personal del hospital y nadie más, ¿no? ¿Quién no estaba? Esa es la pregunta que te tengo que contestar, porque la cuarta promesa que te hice al principio era esta.
¿Quién, sabiéndolo todo no fue a verla en sus últimas horas? No, faltaban primero los hijos de Carmen Romano, José Ramón López Portillo Romano, Carmen Beatriz López Portillo Romano, Paulina López Portillo Romano, los hermanos legítimos de Navila y Alexandro, los medios hermanos, las personas que durante 40 años pelearon con Sasha en tribunales, en la prensa, en cada sobremesa familiar, a Esa habitación de hospital no fue ninguno de los tres, no.
Faltaba también la rama política de los López Portillo. Ningún expresidente fue al funeral. Ningún prista de los antiguos del schesenio fue a despedirla. No. Ningún funcionario del actual gobierno fue tampoco. Era, en términos políticos, una mujer borrada. Faltaba, claro, Margarita López Portillo, porque Margarita ya había muerto hacía 18 años.
Cumpliendo Tocasi a la perfección la idea de que la enemiga de toda una vida se llevó al otro mundo el odio sin firmar la paz y faltaba prácticamente todo colega del cine de ficheras. No, la mayoría ya había muerto. Andrés García, con quien hizo Pedro Navaja, murió en abril de 2023, casi un año antes que Sasha.
No, José José, su primer galán de cine en un sueño de amor, había muerto en 2019. De la generación dorada del cine de ficheras de los años 70 en febrero de 2024. Quedaban pocas, ¿no? Quien sí estaba, además de Nabila y Alexander, era el grupo de oración de Laura Zapata, no físicamente, pero rezando desde distintos puntos del país.
15 personas, no, 15 rosarios diarios durante un mes. Eso me parece, por cierto, una de las imágenes más conmovedoras de toda esta historia. No te leo otra vez las palabras textuales de Laura Zapata en el Universal. Ay, mi Sasha querida. Caray, ya estaba muy cansada, muy agotada. Fue bastante larga su agonía, su estar en un hospital.
No, ya voló nuestra guapísima Sasha Montenegro. Ya voló. Esa palabra en boca de Laura Zapata tiene un peso particular. Voló. No murió. Voló. No, Sasha, en el imaginario de Laura y de las que la quisieron de verdad, no se murió, se fue volando como un pájaro que estaba enjaulado y al fin se escapa. No, si lo piensas con esa imagen, hay una poesía amarga ahí, porque la jaula de Sasha era el apellido López Portillo, era el juicio interminable, era la opinión pública que jamás la perdonó por haber tenido amor donde no era socialmente correcto. Y volar, en
este caso, era el único modo de salir, ¿no? Los servicios funerarios, hasta donde se sabe, fueron privados en Cuernavaca, sin transmisión en vivo, sin reporteros invitados, sin Televisa, sin Univisión. No, solo los hijos, los pocos amigos cercanos y un silencio que después se llenaría de homenajes en redes sociales, pero ningún cortejo público real, no.
La Asociación Nacional de Inérpretes, Andy, mandó condolencias formales. Filmoteca UNAM compartió fotos de su época de gloria, llamándola El sueño de amor de toda una generación, ¿no? Pero el cortejo masivo, la fila de gente afuera del velorio que Pedro Infante o María Félix tuvieron, eso no pasó con Sasha. Y eso, mira, es muy mexicano y muy injusto a la vez, ¿no? Porque Sasha fue durante 15 años una de las actrices más vistas de México y al final su funeral fue casi familiar.
¿Cómo termina entonces esta historia? Aquí va la reflexión final, ¿no? Y aquí te pido, escúchala con calma. Sasha Montenegro vino al mundo en una familia aristócrata yugoslava que fue asesinada en campos de concentración nazis. Vino al mundo perdiendo familia. Su padre se murió cuando ella era niña en Argentina.
Su mamá rehizo su vida, pero ella quedó marcada como la huérfana extranjera. A los 23 años llegó sola a un país que no conocía. No se hizo estrella. de un género cinematográfico que la usaba como cuerpo y la desechaba como persona. No. A los 38 años se enamoró de un hombre 24 años mayor que ella, casado, expresidente, complicado, con una familia entera en contra.
Tuvo dos hijos antes del matrimonio formal. No aguantó 20 años de relación con esa familia legítima, negándole legitimidad. Cuando él murió, peleó 20 años más por defender un apellido que jamás la quiso. y al final murió en un hospital de provincia el día del amor y la amistad, con su hija al lado, sin reporteros en la puerta, sin que ningún antiguo amigo poderoso fuera a verla, sin la mansión que que le habían regalado, sin la pensión que el Estado le quitó, sin una nota de los López Portillo de Carmen Romano, ¿qué meismo permitió que todo
eso pasara? No te lo voy a contar claro, porque esta es la pregunta de fondo. El mecanismo se llama en el sistema mexicano la doble herencia presidencial. No. Cuando un presidente mexicano se enreda con una mujer fuera del matrimonio, esa mujer puede llegar a ser jurídicamente su esposa. Puede llegar a tener hijos con apellido, no.
puede llegar a recibir una pensión vitalicia del Estado, ¿no? Pero los bienes reales del presidente, los bienes que se acumulan durante el ejercicio del poder, los bienes que se mueven en cuentas que la esposa pública jamás ve, esos se quedan con la familia no legítima. Eso es lo que pasó con Sasha. Eso es lo que ha pasado con otras viudas presidenciales mexicanas.
Eso es lo que va a pasar con las próximas, porque el sistema lo prefiere así, ¿no? A las amantes que se vuelven esposas se les paga la pensión para que callen, para que no escriban libros, para que no den ruedas de prensa. Pero el patrimonio queda con quien la tradición decideo. Con los hijos de la primera dama, con la familia legítima de origen.
sin saberlo, firmó ese contrato implícito el día que se casó por la iglesia con López Portillo en junio del año 2001 y lo pagó hasta el 14 de febrero de 2024. Quédate con esta idea porque la vas a necesitar para entender otras historias parecidas, ¿no? El sistema mexicano del poder tiene dos categorías de mujeres, ¿no? Las que casan al hombre joven con futuro político por delante y las que llegan cuando ya está decapitado en palabras de la propia Sasha.
Las primeras se quedan con la herencia, las segundas con los ladridos. Sasha lo entendió, Sasha lo dijo y la prensa rosa durante 40 años decidió no escucharla. No. Y aquí, mi gente, antes de cerrar déjame regresar al principio de este video. ¿Te acuerdas de la primera escena? Esa habitación de hospital en Cuernavaca, la noche del 14 de febrero, una mujer de 78 años que acababa de morir, su hija al lado, ningún reportero, ninguna flor, ningún nombre enlaceo, entrada del cuarto.
Le dije que esa mujer se llamaba Alexandra Achimovic Popovic, la nieta de aristócratas montenegrinos asesinados en campos nazis, la hija de un viudo argentino, la italiana que se hizo mexicana, la actriz que se hizo viuda presidencial y la que descubrió en sus propias palabras que del expresidente no nos dejó nada.
No, lo que sí nos dejó fueron juicios terribles. Esa fue Sasha Montenegro, la verdadera. No la del escándalo, no la del cine de ficheras, no la sonrisa con López Portillo en las fotos de boda. No, la verdadera Sasha esa, la mujer que peleó 25 años por un nombre que jamás la aceptó. La que dijo al final esa frase que es a la vez un veredicto y un epitafio, no nos dejó nada.
No, lo que sí nos dejó fueron juicios terribles. Pues ahora, mi gente, mi familia, quiero pedirte una cosa antes de cerrar. No. Si esta historia te tocó, si te recordó a alguna mujer que tú conoces, si te recordó esas peleas por herencia que has visto en tu propia familia, déjame un comentario aquí abajo. No, cuéntame cuál fue la primera película de Sasha que tuviste.
Cuéntame qué pensabas de ella cuando salía en las revistas. No, cuéntame si conoces algún caso parecido, alguna mujer que tú admiraste y que al final terminó como ella, sola, con juicios, sin que la familia de su marido jamás la aceptara. Y si me estás viendo desde México, desde Guadalajara, desde Monterrey, desde la frontera norte, desde Tijuana, te mando un abrazo grande.
Si me estás viendo desde Estados Unid Unidos, desde Los Ángeles, Hust Chicago, Nueva York, sabe que esta historia es para ti también, ¿no? Si me estás viendo desde Argentina, desde Colombia, desde España, desde Italia, desde cualquier parte donde una mujer haya tenido que pelear por su nombre dentro de una familia que jamás la quiso, esta historia es tuya también.
Comparte el video con tu hermana, con tu comadre, con esa amiga que te llama todos los domingos para platicar. No, porque las historias verdaderas de las mujeres del espectáculo mexicano necesitan llegar a quien tenga que escucharlas, ¿no? ¿Y por qué? Aunque Sasha ya voló, como dijo Laura Zapata, todavía nos toca a nosotros contar quién fue de verdad.
Nos vemos en el próximo video porque la siguiente historia que estoy preparando es otra de esas que te van a dejar sin palabras. Una mujer que tú creías conocer. Una verdad que la prensa también enterró durante años. No, pero esa te la cuento la próxima vez. Cuídate mucho y recuerda, no todas las historias terminan como queremos, pero todas, todas. merecen contarse con la verdad.
Sasha Montenegro, Alexandra Achimovic Popovic, Bari, 1946, Cuernáaca, 2024. Que en paz descanse.