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Harfuch caza en Colima a ‘El Chuy Ronas’, alias ‘El Venado’

Ambos con órdenes por tentativa de feminicidio, por hechos registrados en Yucatán. Una célula, por si el término te suena lejano, es la unidad operativa más pequeña de un cártel, un grupo reducido que cumple una función concreta: vender, vigilar, cobrar piso o matar. Coordinar una célula de sicarios significa estar al mando de los que aprietan el gatillo.

Retrocede un poco más. El 13 de mayo cayó José Luis, alias Billyby, al que las autoridades señalan como jefe de sicarios de toda la organización. Y unos días antes del venado también detuvieron a un hombre presentado como operador logístico del grupo con un arma automática y droga asegurada. Detente en el caso de Blanco y Héctor Miguel porque tiene una arista que se suele pasar por alto.

Las órdenes que cargaban no eran por hechos en Colima, eran por tentativa de feminicidio en Yucatán. Eso dice algo del alcance del grupo. Una célula que nació en un barrio de la capital colimense ya tenía gente con cuentas pendientes a más de 1000 km del otro lado del país. Cuando una organización local empieza a dejar rastros en otros estados, ya dejó de ser solo local.

Se volvió red. Y al de la logística, al que conecta a la gente de Colima con integrantes en otras entidades, no lo agarran por casualidad, lo agarran porque es el que sostiene el puente, mata el puente y aíslas a la célula. Esa es la lógica detrás de a quién tumban primero y a quién dejan para el final. Hay que decir algo sobre las palabras que usan las autoridades porque son resbalosas.

jefe de sicarios, coordinador, operador, objetivo prioritario. Son etiquetas que pone el Estado en boletines que el Estado escribe sin que un tribunal las haya validado todavía. Pueden ser exactas, pueden estar infladas para que una captura luzca más grande. La única forma de saberlo es que el proceso judicial avance y muestre las pruebas.

Mientras tanto, las tomamos como lo que son, la versión de una de las partes. Lo mismo vale para los números que el gobierno presume. Cuando una autoridad dice que acest cinco golpes a un grupo en semanas, suena contundente. Pero esas cifras no las audita nadie externo. Salen de la misma dependencia que la celebra. No insinúo que mientan.

Solo que un dato sin auditoría se trata con pinzas. Venga de quien venga. Ves el patrón, jefe de sicarios, coordinador de gatilleros, enlace logístico, operador y ahora el venado. Objetivo prioritario. Esto tiene poco de redada improvisada. Se parece más a una limpieza ordenada pieza por pieza contra una misma estructura y esa estructura tiene nombre, los mezcales.

Aquí está el segundo hilo abierto. ¿Por qué un cártel que nació en un barrio de la capital de Colima terminó convertido en blanco de operativos coordinados entre la Federación y el Estado? Para responderlo hay que ir al origen y el origen es más sucio y más cercano de lo que parece. Pero antes una pregunta para ti, porque quiero leerte en los comentarios.

Cuando el estado tumba a cinco operadores de un mismo grupo en cuestión de semanas, ¿qué crees que está pasando en realidad? ¿Lo están desmantelando de verdad o le están limpiando la plaza a alguien más? Déjamelo abajo. Y si todavía no le diste like ni tocaste el hype, este es buen momento. Sigue. El nombre.

Los mezcales, no es casualidad ni folklore. Viene de un barrio, El mezcalito, en la capital del estado, uno de los puntos históricos de venta de droga al menudeo en Colima. De ahí salió el apodo y de ahí salió la gente, un grupo que empezó pegado al suelo controlando esquinas, no mapas. Durante años esa gente no fue independiente.

Operó como brazo armado del cártel Jalisco Nueva Generación en Colima. eran la mano local del CJNG. Cuidaban el territorio, en especial el puerto de Manzanillo y los municipios de alrededor, a cambio de un lugar en la cadena, subordinados, útiles, pero subordinados. Y entonces, a principios de 2022, esa relación se rompió. ¿Por qué se rompe una alianza así? Por lo de siempre, dinero y control.

Los líderes de los mezcales dejaron de reconocer la autoridad del CJNG. Las versiones recogidas por la prensa apuntan a desacuerdos por el reparto de ganancias, por el control de las rutas de droga y por el manejo del cobro de piso, que es la extorsión a comercios y transportistas a cambio de dejarlos trabajar. Hubo un detonante más.

Dentro del propio CJNG en Colima ya venía una fractura. Está ligada a un personaje conocido como La vaca José Bernabé Brizuela, una figura del cártel en la zona cuya detención y posterior liberación dejó a una célula sin un mando claro. De ese reacomodo, según los reportes, emergieron estructuras nuevas, una de ellas, los mezcales, guarda el nombre de la vaca.

Vuelve más adelante de una forma que te va a interesar. La ruptura no se quedó en una junta tensa entre capos. salió a la calle y la primera señal de que algo se había roto no fue una manta ni un comunicado, fue una masacre adentro de una cárcel. En febrero de 2022, en el penal de Colima estalló una riña entre internos identificados con el CJNG y con el cártel local.

El saldo, 10 muertos y varios heridos en un solo episodio. Los reclusos estaban agrupados porque se les ubicaba con la misma organización. Cuando esa organización se partió en dos, la guerra empezó donde estaban encerrados juntos. Piensa en lo que significa eso. La primera batalla de esta guerra no se peleó en una calle ni en un cerro.

Se peleó adentro de una cárcel, en un espacio cerrado, controlado en teoría por el estado, donde unos presos mataron a otros con los que habían convivido. Si la ruptura era capaz de generar 10 muertos detrás de unas rejas, cualquiera podía imaginar lo que venía afuera. De la cárcel saltó a las calles en cuestión de días. La zona metropolitana de Colima y Villa de Álvarez se llenó de balaceras, ejecuciones y mantas con amenazas cruzadas.

En una sola semana de ese febrero se contaron al menos 22 asesinatos en distintos municipios y en algunas de esas mantas apareció algo más grave. Amenazas contra la entonces gobernadora del estado, hablando de un supuesto atentado que no se concretó. Ese detalle merece subrayarse. Cuando un grupo criminal cuelga una manta amenazando directamente a la gobernadora de un estado, manda un mensaje que va más allá de la pelea entre cárteles.

Le está diciendo a la autoridad que no le tiene miedo, que se siente capaz de tocar al poder político. Pocos episodios retratan mejor hasta dónde había llegado el envalentonamiento en Colima a inicios de aquel 2022. Hay un frente de esta guerra que casi nunca se ve y que conviene nombrar las cárceles. La disputa entre los mezcales y el CJNG no solo se peleó en las calles y el puerto, se peleó por el control de los penales del Estado.

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