diseñada para entregar paquetes y grabar bodas en un arma de guerra, los drones. No drones de vigilancia. Drones modificados, adaptados, cargados con explosivos improvisados y programados para atacar con una precisión que el armamento convencional. muchas veces no tiene. Según las investigaciones de las fuerzas federales, Hugo Guerrero los usaba de forma sistemática contra grupos rivales, contra elementos de seguridad y, en algunos casos documentados, presuntamente contra población civil que tenía la mala suerte de estar en el
lugar equivocado en el momento equivocado. Eso no es un detalle menor en la historia del crimen organizado mexicano. El uso de drones armados representa una escalada táctica que las autoridades llevan meses intentando frenar en la franja norte del país. No es improvisación, es tecnología aplicada al conflicto criminal con una lógica militar que antes no existía en estas estructuras.
Y el 01 era presuntamente uno de los operadores que más había avanzado en ese camino. Al momento de su captura, Hugo Guerrero portaba un arma de fuego de uso exclusivo del Ejército Mexicano y de las fuerzas armadas, un arma que no debería estar en manos de ningún civil y que en sus manos significaba exactamente lo que las investigaciones decían sobre él.
La carpeta de investigación fue atraída de inmediato por la Fiscalía Especializada en materia de delincuencia organizada, la FEMDO, lo que le da a este caso una dimensión federal que va mucho más allá de un proceso estatal ordinario. Los Salazar. Hay que detenerse un momento aquí porque este nombre tiene peso histórico en el crimen organizado mexicano y tu audiencia merece entender por qué.
Originarios de altar, Sonora, con décadas de operación en la franja fronteriza con Estados Unidos. Los Salazar han sido históricamente aliados del cártel de Sinaloa y uno de los grupos más consolidados del noroeste del país. No son una célula que surgió ayer de la nada. Son una red con raíces profundas en el tejido económico y social de esa región con vínculos que van desde la política local hasta las rutas de tráfico transnacional que cruzan hacia Arizona y California.
Y el 01 era, según los reportes, su generador de violencia activo en dos estados al mismo tiempo, la cara operativa de esa estructura en el terreno. Eso se terminó el 8 de junio. El segundo golpe llegó desde el Pacífico. Colima. 11 de junio de 2026. El mismo día del partido inaugural del mundial. Mientras los elementos del bloque negro intentaban voltear un automóvil en calzada de Tlalpan, mientras los granaderos mantenían el cerco en los accesos del estadio, mientras Julián Quiñones preparaba el remate cruzado que a los 8
minutos con 36 segundos iba a hacer explotar al estadio Ciudad de México del otro lado del país, en Colima, la Secretaría de Marina y la SSPC estatal ejecutaban otro operativo. El objetivo José de Jesús, alias el Chuy Roñas o el Venado, 30 años de edad, integrante, de acuerdo con las autoridades del cártel de los mezcales, la organización criminal de origen colimense con presencia activa en múltiples municipios del estado.
un hombre que cargaba no solo con una orden de apreción vigente por homicidio calificado en grado de tentativa, sino también con señalamientos por delitos contra la salud, que en el lenguaje del sistema judicial mexicano significa narcotráfico en sus distintas modalidades. Era objetivo prioritario. Era, en el lenguaje operativo del Estado, un generador de violencia activo en uno de los estados más golpeados por el crimen organizado en lo que va del siglo.
Olima, quiero que visualices el mapa de México por un momento. Un estado pequeño, sin mucha presencia mediática, sin los titulares constantes de Sinaloa o Michoacán o Jalisco, pero que durante años ha encabezado las estadísticas nacionales de homicidios por cada 100,000 habitantes. un estado que debería tener la tranquilidad de su geografía costera y montañosa y que en cambio ha sido disputado con una ferocidad desproporcionada porque es corredor estratégico de paso hacia el Pacífico, hacia el puerto de Manzanillo,
hacia las rutas de entrada de precursores químicos que vienen de Asia y salen convertidos en fentanilo y metanfetamina hacia Estados Unidos. quien controla Colima controla un eslabón clave de la cadena del tráfico global de drogas. Por eso pelea quien pelea. Los mezcales operan en ese tablero con la atención añadida de alianzas cambiantes.
A inicios de este 2026, según reportes de inteligencia que circularon en medios especializados, este grupo había establecido lazos con los mayos del cártel de Sinaloa. Eso los coloca en el mapa de la guerra interna sinaloense que desde septiembre de 2024 no ha dado tregua. Una guerra que empezó con la entrega de Ismael el mayo Sambada a las autoridades de Estados Unidos y que reconfiguró los equilibrios de poder del crimen organizado en al menos 12 estados del país.
El Chui Roñas era una pieza de ese tablero y esa pieza cayó el mismo día en que México le dijo al mundo, “Estamos listos.” Ese mismo 11 de junio, mientras el resultado 2 a0 sobre Sudáfrica hacía que millones de mexicanos salieran a festejar al Paseo de la Reforma, mientras el ángel de la independencia se llenaba de banderas verdes y blancas y rojas, mientras los aficionados gritaban el nombre de Raúl Jiménez y Julián Quiñones, el Chuirroñas quedaba detenido en Colima, sin un disparo, sin víctimas, sin drama en la calle, solo el trabajo metódico y
silencioso de semanas de seguimiento operativo que se cerró en el momento exacto. Pero el tercer caso es el que te va a quedar grabado, porque detrás de la captura de Gabriel Nicolás Martínez Larios, alias El Gabito 80, hay una historia que México todavía no termina de llorar. Una historia que empezó con sangre en enero en una sierra sinaloense donde 10 hombres fueron a trabajar y nunca volvieron a casa.
El primero de junio de 2026, 10 días antes del partido inaugural en la colonia Real del Valle de Mazatlán, Sinaloa, la policía estatal, el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional ejecutaron un operativo conjunto en las últimas horas de la noche, las 20 horas 15 minutos. Según el Registro Nacional de Detenciones, El hombre buscado, Gabriel Nicolás Martínez Larios, 36 años.
Conocido en las calles del sur sinaloense como El Gabito 80 o simplemente el 80, jefe regional de la facción Los Menores, el brazo armado de los Chapitos, con presencia documentada en Escuinapa, San Ignacio, Cosalá, El Rosario, Concordia, Villaón y Mazatlán. De acuerdo con los reportes oficiales del Ejército y la Guardia Nacional, durante el operativo se aseguraron armas de distintos calibres: cargadores, cartuchos, droga, dinero en efectivo y un vehículo.
El gavito fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República en Culiacán, donde el proceso continúa. Pero lo que importa entender hoy no es el saldo del operativo en objetos asegurados. Lo que importa entender es quién es este hombre, qué representa y qué historia cargaba sobre los hombros cuando lo esposaron esa noche en Mazatlán.
Retrocede al 23 de enero de 2026, Concordia Sinaloa, un municipio de sierra, de minería, de gente que trabaja la tierra y las betas desde hace generaciones, un lugar donde el amanecer huele a pino mojado y a polvo de roca. Ese día un grupo armado llegó al proyecto Pánuco de la empresa minera canadiense Visó a 10 personas, seis trabajadores, cuatro proveedores, los tomaron, los subieron a vehículos y desaparecieron con ellos en la oscuridad del Monte Sinaloense.
Te voy a pedir que lo pienses bien. No en una zona de guerra declarada, no en un enfrentamiento entre cárteles, en un sitio de trabajo, en un proyecto minero donde había hombres con cascos y guantes, con lámparas de frente y taladros en la mano, con contratos firmados y familias esperándolos en casa.
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Hombres que esa mañana habían desayunado sin saber que era la última vez que iban a ver sus mesas, sus hijos, sus patios. La empresa canadiense Bisla Silver reportó la desaparición el 28 de enero y suspendió de inmediato todas sus operaciones en la zona. la inversión extranjera en una región que necesita empleos, paralizada por una decisión criminal que no tenía ninguna justificación estratégica más que el terror y la extorsión.
Días después llegaron los resultados que nadie quería escuchar. Nueve de los 10 cuerpos fueron encontrados en una fosa clandestina en el poblado del Verde, en el mismo municipio de Concordia. Nueve hombres enterrados en la tierra que habían ido a trabajar. Nueve familias destruidas en un instante.
Un décimo trabajador cuyo paradero, según los últimos reportes disponibles, todavía no ha sido completamente determinado. Según versiones del operativo que trascendieron en la conferencia presidencial, los mineros fueron confundidos por el grupo armado con miembros de la facción de los mayos en medio de la guerra interna que desde septiembre de 2024 había convertido al sur de Sinaloa en zona de combate permanente.

Los chapitos contra los mayos. Esa fractura histórica del cártel de Sinaloa que empezó cuando Joaquín Guzmán López entregó a su propio aliado a las autoridades de Estados Unidos y que desde entonces no ha dejado de cobrar vidas inocentes que no tienen absolutamente nada que ver con esa guerra. Esa confusión, si es que realmente fue una confusión y no una ejecución calculada de terror económico, costó nueve vidas, nueve personas que solo querían trabajar.
Y el hombre que presuntamente la ordenó o que presuntamente fue el autor intelectual de ese crimen es exactamente el hombre que el ejército mexicano detuvo el primero de junio en Mazatlán. Las investigaciones federales señalan a el gavito 80 como presunto responsable de ese secuestro y de esas muertes. Pero la historia con este nombre va más atrás todavía.
Él y su hermano, alias el casco, presuntamente habían impuesto durante meses esquemas de extorsión sistemática a las empresas mineras que operaban en Concordia, pagos mensuales de piso a cambio de seguridad o lo que el crimen organizado llama seguridad, el derecho a trabajar sin ser atacado por el mismo grupo que te cobra.
Cuando esa ecuación se rompió, llegó el castigo y ese castigo tiene nombre, tiene cara y desde el primero de junio tiene esposas. El gavito no era invisible para las autoridades. La Secretaría de la Defensa Nacional lo tenía documentado desde octubre de 2020 en un informe sobre la problemática delictiva en Sinaloa, que fue filtrado años después por Huacamaya Leaks y publicado por periodistas especializados.
Su nombre aparecía en narcocorridos de Gerardo Ortiz y Luis R. Con Crriquez. aparecía en transcripciones de interrogatorios realizados por grupos rivales a sicarios capturados, donde esos sicarios declaraban recibir órdenes directas de El Gabito 80 y de Óscar Noé Medina, el PANu, hoy fallecido. Y todo eso subía en la cadena hasta Iván Archivaldo Guzmán, el Chapito, uno de los hijos de Joaquín, el Chapo Guzmán y uno de los líderes de la facción criminal más activa del cártel de Sinaloa en este momento.
Compadres, dicen los documentos de inteligencia, compadres de bautizo o de sangre, lo que significa en ese mundo que la lealtad corre más profunda que el negocio, que antes que el dinero está el vínculo personal, que el gavito no era solo un operador más en la escala criminal, era alguien en quien el Chapito confiaba de manera directa y personal.
Esa red, con esa historia, con esa sangre encima, cayó en Mazatlán una noche de junio mientras México preparaba su fiesta más grande. Ahora regresa al 11 de junio y ponlo todo junto. Las puertas 1 y 8 del estadio Ciudad de México, donde los encapuchados intentaron forzar el perímetro, los vehículos volcados, el olor a ule quemado en calzada de Tlalpán, las columnas antimotines, avanzando paso a paso para replegar a los grupos violentos.
Y adentro del estadio, 80,000 personas de pie con el pecho hinchado, el himno nacional retumbando en cada rincón del concreto y Julián Quiñones capitalizando un error de la defensa sudafricana a los 8 minutos con 36 segundos para marcar el primer gol del Mundial 2026. El primero de 104 partidos que se van a jugar en tres países.
El primer gol de un torneo que va a durar más de un mes y México lo metió en su casa ante el mundo entero. Afuera del estadio, el estado sosteniendo todo al mismo tiempo, no en un frente, no en una ciudad, sino en todo el territorio nacional. En Sonora con el 01, en Colima con el Chui Roñas, en Sinaloa con el Gabito 80 y en la Ciudad de México con 56,000 efectivos.
garantizando que la fiesta más importante del año llegara a buen término sin un solo muerto, sin un solo herido grave dentro del perímetro del evento, con el resultado final, siendo una victoria 2 a0 que los mexicanos celebraron desde el Zócalo hasta el Ángel de la Independencia. Ese equilibrio no se sostiene solo, no cae del cielo, no es el resultado de la suerte o del azar.
Lo sostienen estructuras de inteligencia, decisiones estratégicas tomadas con semanas de anticipación, recursos humanos y tecnológicos desplegados con precisión y la voluntad política de no bajar la guardia, aunque el calendario diga que es tiempo de fiesta. Omar García Harfuch sabe mejor que nadie que el crimen organizado no toma vacaciones y esa semana lo demostró con hechos.
García Harfuch al día siguiente, el 12 de junio, publicó en sus redes: “Sus policías de la Ciudad de México habían actuado contemple, con disciplina, con firmeza y con valentía en una jornada de alta exigencia, que su presencia y su profesionalismo habían sido determinantes para preservar el orden y proteger a la ciudadanía.
Son palabras institucionales, medidas del tipo que se esperan de un secretario de Estado, pero detrás de esas palabras está la semana completa. Están los tres operativos en tres estados, están las carpetas de investigación que tardaron meses o años en construirse. Están los elementos de inteligencia que siguieron a esos tres hombres hasta el momento exacto en que el cerco estaba listo para cerrarse.
Y está la decisión de ejecutar esos cierres justo en la semana en que el mundo tenía los ojos puestos en México, porque eso también es un mensaje. No en declaraciones, no en conferencias de prensa, no en cadenas nacionales, en hechos, en detenciones, en el lenguaje que el crimen organizado entiende mejor que cualquier otro.
El lenguaje de que no hay semana, no hay fecha, no hay evento lo suficientemente grande como para que el Estado baje la guardia y les deje el territorio libre. No es un triunfo definitivo, sería ingenuo presentarlo como tal. Los mezcales en Colima no desaparecieron con la captura de Elchui Roñas. Los Salazar en Sonora no cerraron operaciones porque el 01 esté en una celda federal y los chapitos sin el Gabito 80, sin el jardinero del CJNG que cayó en abril, sin el 01 de los Salazar, que era su aliado en el norte, van a mover sus
fichas, van a promover a alguien, van a reorganizar. Iván Archivaldo Guzmán no es un hombre que reacciona al pánico. Es un hombre que aprendió a sobrevivir en uno de los ambientes más violentos y competitivos del planeta y eso lo hace más peligroso todavía, no menos. Pero eso es exactamente lo que le da sentido a lo que Harf construyó esta semana.
No en Sonora, no en Colima, no en Sinaloa, en ninguno de los estados que importan. El crimen organizado tuvo el territorio libre mientras el país estaba distraído con el balón. No hubo pausa operativa, no hubo tregua implícita, no hubo ningún mensaje desde ningún nivel del gabinete de seguridad de que el mundial era razón suficiente para aflojar el pie del acelerador.
Esa es la diferencia entre una estrategia de seguridad que funciona en condiciones ordinarias, pero se cae cuando el escenario cambia y una que se mantiene exactamente igual sin importar lo que pase alrededor. Esa consistencia es lo que vale. Te voy a dejar con una pregunta que quiero que respondas abajo y que vas a ver que tiene más filo de lo que parece.
Ahora que los chapitos perdieron a el Gabito 80, ahora que el jardinero del CJNG cayó en abril antes de poder consolidar el liderazgo postmencho, ahora que el 01 de Julo Salazar está detenido y su red en el norte expuesta, ¿cuánto tiempo le queda a Iván Archivaldo Guzmán antes de que Harfush cierre el cerco definitivo sobre él? ¿Mes? ¿Un año? ¿O crees que el chapito tiene demasiado dinero, demasiadas conexiones y demasiada movilidad como para que eso suceda en este sexeni? Escríbemelo en los comentarios. Quiero leerlos.
En el próximo video te voy a hablar de algo que todavía está moviéndose en tiempo real. La reorganización interna del CJNG después de la caída del jardinero y los dos nombres que la inteligencia mexicana tiene en la mira como posibles sucesores del mencho. Dos hombres, dos facciones, un cártel que no murió con su fundador y que en este momento está en su punto más vulnerable y más peligroso al mismo tiempo. No te lo pierdas. Yeah.