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EL HIJO de 13 AÑOS Que Recibió La LLAMADA: La VERDAD Que Nadie Contó 26 Años Después

Para entender como aquel lunes de junio del 99, un grupo de cinco sicarios profesionales se atrevió a ejecutar en plena calle al hombre más querido de la televisión mexicana, hay que volver muy atrás. Al 3 de julio de 1942, Ciudad de México, en la colonia Roma, en una casa modesta sin pretensiones, nació Francisco Jorge Stali Albaitero, hijo de Francisco Stanley Muñoz y de Josefina Albaitero Vibanco.

Su madre, según se ha relatado, le decía de cariño Vibanco. Una familia, según los reportes públicos, con muy pocos recursos económicos y según se ha contado durante años, una sombra que marcó a Paco Stanley para siempre. Su padre, según consta en su biografía oficial publicada en distintos medios, padecía de alcoholismo. Y según se ha relatado, el pequeño Francisco sufrió maltratos durante su infancia.

Imagínate ese arranque de vida. Un niño que llega a casa de la escuela y no sabe si el padre va a estar borracho, dormido o violento. Un niño que, según se ha contado, aprendió a hacer reír desde muy temprano. Porque la risa en una casa así es muchas veces la única forma de bajar la atención.

Es la herramienta que un niño usa para que el padre alcohólico no le pegue, para que la madre agotada sonría un segundo, para que sus hermanos no lloren. Esa risa, esa risa nacida del dolor más profundo, según se ha relatado durante años, sería la misma que 30 años después le iba a dar todo y finalmente también se la iba a quitar.

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Durante la adolescencia, según se reportó, Paco trabajó como ayudante en una cervecería para aportar algo de dinero al hogar y allí, según se ha contado infinidad de veces, descubrió por accidente lo que iba a definirlo para siempre. Los clientes de la cervecería, cansados después de una jornada de trabajo, empezaron a notar que el chico que le servía era el más carismático del lugar.

Hacía chistes, imitaba a la gente, contaba historias y según se ha contado, los clientes pedían semana tras semana que los atendiera él, solo él. Esa fue, según se ha relatado, la primera vez que Paco Stanley se dio cuenta de que el escenario, [música] cualquier escenario, era su lugar en el mundo.

Pero Paco no se conformó con el carisma natural. Salió adelante y según consta en sus registros académicos, hizo algo que muy poca gente de la colonia Roma de aquellos años se atrevió a hacer. Cursó la licenciatura en derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM, y no contento con eso, según se reportó, asistió también a la escuela de psicología, a la institución de mercadotecnia y publicidad.

Y atención a este detalle, estudió una maestría en literatura clásica española. Sí, el comediante que años después iba a hacer reír al país entero con groserías y chistes pesados era en realidad un licenciado en derecho con maestría en literatura clásica. un hombre formado. Trabajó incluso, según se ha relatado, como maestro de literatura en la escuela de la Cámara de Comercio y formó parte de un despacho de abogados.

Una vida absolutamente respetable, hasta que, según se ha contado, un día sintió que su lugar estaba en otro lado. En 1969, con 27 años, Paco Stanley dio el giro que cambió todo. Empezó a trabajar como locutor en la estación de radio XX. Todos los que lo oían, según se ha relatado durante años, destacaban la potencia de su voz.

Esa voz grave, calmada, con dicción perfecta, la voz que tantos mexicanos asocian todavía hoy con los amaneceres de los años 70. En radio se hizo famoso por programas como Capitanes Infantiles del Aire, donde, según se reportó, interpretaba a varios personajes con voces distintas. Era, según se ha contado, una especie de Robin Williams mexicano antes de tiempo, un hombre con la capacidad de transformarse en 10 personajes distintos en 15 segundos.

Y mientras la carrera profesional despegaba, en paralelo se construía la vida personal. Paco se casó con una mujer llamada María Solís. De ese matrimonio nació, según consta en los registros, su primer hijo, Francisco Jorge Stanley Solís, conocido cariñosamente como Paco Junior. Un niño que iba a heredar el nombre del padre, el cariño del padre, pero también, sin saberlo todavía, el peor de los destinos.

Porque sobre Paco Junior, 18 años después, según se reportó en su momento, iba a caer una tragedia personal que muy pocos en este país conocen. Una tragedia que, según se ha contado durante años, marcó al propio Paco Stanley para siempre y que es uno de los detalles más dolorosos, más humanos y menos contados de toda esta historia.

Mientras tanto, la carrera de Paco Stanley y la televisión despegó. En 1974 hizo el salto a la pantalla chica con nuestra gente y al mismo tiempo, según se ha relatado, se metió en política uniéndose al Partido Revolucionario Institucional, el PRI, el partido que entonces gobernaba México con Mano de Hierro. Recuerda este detalle.

Paco Stanley estuvo durante años muy cerca del poder político mexicano y eso, según se ha relatado durante años, le dio acceso a círculos que ninguna otra estrella del medio podía pisar. En 1982 se integró al Club del Hogar, donde ocupaba el papel de Patiño, una posición que años después él mismo iba a invertir.

Iba a ser él quien tuviera un patiño y ese patiño, atención, iba a llamarse Mario Besares. En 1991 consiguió el papel de anfitrión en el show Ándale y se posicionó como uno de los conductores más queridos de Televisa. Pero el verdadero salto llegó en 1995 con el programa Pácatelas, donde trabajó junto a Benito Castro y a un comediante recién llegado al medio, Mario Mayito Besares.

Y aquí en Pácatelas ocurrieron dos episodios que, según se ha relatado durante años, son la primera prueba de que algo muy oscuro estaba pasando detrás del telón. Dos episodios grabados en vivo ante cámaras de televisión nacional que el país entero vio en su momento y que después han pasado a la historia como uno de los momentos más perturbadores del entretenimiento mexicano de los 90.

El primero, según se ha relatado en infinidad de medios, ocurrió durante una emisión cualquiera de Pácatelas. Había un segmento llamado El gallinazo. Funcionaba así. Paco gritaba la palabra gallinazo y Mario Besares en cualquier momento del programa tenía que tirarse al piso y empezar a bailar de manera cómica. La gracia consistía justamente en lo ridículo del movimiento.

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