Posted in

Dávila CAPTURA al POLACO de INTERPOL que CONECTABA la Mafia Albanesa con Los Choneros en Ecuador

Son las 5:4 de la mañana en Guayaquil. El aire ya está cargado, húmedo, con ese peso que tiene la costa antes de que salga el sol. Dos vehículos sin identificación avanzan por la vía a la costa con las luces bajas. El general Dávila va en el primero. Sobre sus piernas una carpeta con 247 páginas de inteligencia y una circular roja de Interpol que lleva activa 18 meses.

El objetivo es un hombre que habla cuatro idiomas, que tiene cédula ecuatoriana, que lleva más de una década construyendo algo que muy poca gente en este país entendía del todo. Hasta esta mañana, lo que el general Dávila capturó en la operación Varsovia no es solo un hombre con nombre en una lista de Interpol, es el nodo, el punto de conexión que durante años mantuvo unida una cadena que va desde Tirana hasta Guayaquil, pasando por Bogotá y por los puertos del Pacífico.

Hay cuatro cosas concretas que quiero contarte sobre lo que pasó esta mañana. La primera tiene que ver con quién es realmente Jackim Mick Thomas. La segunda, ¿con qué hacía exactamente en Ecuador? La tercera conecta su operación con los choneros y los lobos, de una manera que los investigadores tardaron meses en documentar, pero es la cuarta la que cambia todo.

Y voy a llegar a ella. Primero necesitas entender quién es este hombre, porque la historia oficial es una cosa y lo que los documentos dicen es otra completamente diferente. Jackie Miek Thomas nació en Varsovia. Eso es lo que dice el registro. Llegó a Ecuador por primera vez hace 14 años en un vuelo con escala en Madrid con pasaporte polaco y una historia de inversionista en el sector agroindustrial.

Eso es lo que declaró en la frontera. Lo que no declaró es todo lo demás. En los años siguientes, Thomas construyó una vida que desde afuera parecía completamente ordinaria. Se nacionalizó ecuatoriano. Abrió dos empresas en Guayaquil, una de importación de maquinaria agrícola y otra de logística portuaria. Pagaba impuestos, tenía empleados, tenía vecinos que lo saludaban por las mañanas, tenía una propiedad en San Borondón y un departamento en el norte de la ciudad que constaba a nombre de una empresa constituida en Panamá.

Recuerda ese detalle, el departamento en el norte va a aparecer otra vez. Lo que los analistas de inteligencia empezaron a notar hace aproximadamente 3 años no fue una sola irregularidad, fue un patrón. Las empresas de Thomas recibían transferencias desde cuentas en Albania, en Montenegro y en Dubai, que no correspondían con el volumen de operaciones declarado.

Los contenedores que pasaban por sus contratos de logística tenían discrepancias en los manifiestos de carga. Pequeñas discrepancias. El tipo de pequeñas discrepancias que alguien que sabe lo que hace introduce deliberadamente para que si alguien mira parezca error administrativo y no patrón sistemático. Pero cuando cruza suficientes discrepancias dejan de ser errores, se convierten en una firma.

La mafia albanesa no es un nombre que aparezca mucho en los análisis de crimen organizado en Ecuador y eso es exactamente parte del problema. Mientras los esfuerzos institucionales se concentraban en los carteles mexicanos, en el cártel de Sinaloa y en el cartel Jalisco Nueva Generación, en los grupos colombianos que operan en esmeraldas y en la frontera norte, una red de origen albanés llevaba años posicionándose en el corredor del Pacífico con una discreción que los hacía casi invisibles para los radares locales. Los grupos

albaneses tienen una característica operativa que los diferencia de otros actores del crimen transnacional. No necesitan controlar el territorio, no necesitan tener hombres armados en las esquinas ni enfrentarse con otros grupos por el dominio de una zona. Lo que necesitan es controlar los nodos logísticos, los puertos, los puntos de consolidación de carga, las empresas que mueven los contenedores.

Y para eso lo que necesitan es un intermediario que hable el idioma local, que tenga los papeles en regla y que sepa moverse dentro del sistema sin levantar sospechas. Eso era Jaquimie. Tomas, quiero que te detengas un segundo en lo que acabas de escuchar. No estamos hablando de un narco con tatuajes y con una historia de violencia que lo precede.

Estamos hablando de un hombre con cédula ecuatoriana, con empresas registradas en el servicio de rentas internas, con empleados que le pagaban al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social cada mes, un hombre que el sistema formal del Estado ecuatoriano tenía clasificado como contribuyente activo. Esa es exactamente la razón por la que tardó 14 años en ser capturado.

Los que seguimos este tipo de operaciones sabemos que el crimen transnacional de alto nivel no se parece en nada a lo que el imaginario colectivo tiene de él. No son búnkeres con armas visibles ni mansiones con guardias en la puerta. Son estructuras corporativas, son empresas de logística, son importadoras de maquinaria, son exactamente lo que Thomas tenía construido en Guayaquil.

Ahora bien, la conexión con los choneros y con los lobos es el elemento que convierte este caso de un asunto de crimen transnacional europeo en algo que tiene consecuencias directas para la seguridad de Ecuador. Y para entender esa conexión necesita saber algo sobre cómo funciona la logística del tráfico de cocaína en los puertos ecuatorianos.

La cocaína que sale por guayaquil y por manta no sale en lanchas rápidas, sale en contenedores. Sale mezclada con carga legítima, con banano, con flores, con camarones, con maquinaria. Sale en embarques que tienen todos los papeles en regla, que han pasado por todos los controles, que tienen empresas exportadoras reales detrás.

El problema no es sacar la cocaína del país. El problema es meterla en el contenedor correcto, en el barco correcto, con la documentación correcta, sin que nadie en el puerto haga una pregunta que no debe hacerse. Para eso necesitas a alguien que controle ese proceso desde adentro. Los choneros que son la banda criminal con mayor implantación histórica en la costa ecuatoriana y que mantienen vínculos documentados con el cártel de Sinaloa, tienen el producto y tienen la red de distribución interna, pero no tienen la infraestructura logística

formal para sacar ese producto del país a escala industrial sin exponerse. Los Lobos, su principal grupo rival con conexiones al cártel Jalisco Nueva Generación, tienen el mismo problema desde el otro lado de la guerra territorial. Lo que Thomas les ofrecía a ambos, según lo que los documentos de la operación Varsovia permiten reconstruir, era exactamente eso, la infraestructura, las empresas, los contratos de logística, los contactos en los puertos, la capacidad de mover cargas sin que el movimiento levante una alerta. Y la

mafia albanesa por ese servicio recibía su porcentaje de la carga, no en efectivo, en cocaína, que luego movía hacia Europa por sus propios canales, principalmente a través de los puertos del Adriático y del norte de Italia. Eso no es una inferencia, eso está en papel. En los documentos de inteligencia que el general Dávila tiene en esa carpeta de 247 páginas que llevaba sobre las piernas esta mañana en la vía a la costa.

Hay algo que quiero detenerme a explicar, porque la conexión con los grupos colombianos es el tercer vértice de este triángulo y es el que menos se ha discutido públicamente. Los grupos disidentes de las extintas fuerzas armadas revolucionarias de Colombia que operan en la frontera norte de Ecuador, específicamente en esmeraldas y en subiíos, son los proveedores primarios de la cocaína que entra al circuito logístico que Thomas administraba.

Read More