La idea de que una sociedad podía ser reconstruida desde cero, eliminando todo lo anterior y empezando de nuevo, [música] resonó en él de una manera que el marxismo europeo, más teórico y menos [música] radical no había logrado. Sus compañeros de esa época en París lo describían de una manera que resulta desconcertante en [música] retrospectiva, tranquilo, educado, con una sonrisa fácil y una manera de escuchar que hacía sentir a la gente que sus palabras importaban.
No era el tipo que golpeaba la mesa ni que levantaba la voz en los debates políticos. era el que escuchaba todo, procesaba todo y luego hablaba con una calma que daba [música] a sus palabras, un peso que las de los más apasionados no tenían. Ese estilo, que sería su firma durante toda su vida, hacía difícil identificarlo como alguien peligroso.
Y esa dificultad para identificarlo como peligroso fue una de sus ventajas más importantes. Lo que no hacía en París era estudiar. Su beca era para electrónica, pero los estudios eran lo último en su lista de prioridades. Reprobó tres veces consecutivas y perdió la beca. Regresó a Camboya en 1953 sin título universitario, pero con algo más valioso para sus propósitos.
una red de contactos políticos, una ideología definida y una convicción absoluta de [música] que el mundo que existía era radicalmente injusto y que él sabía cómo cambiarlo. Esa convicción absoluta, sin las dudas ni los matices que una formación académica completa [música] suele producir, sería tanto su motor como su mayor peligro.
De regreso en Camboya trabajó durante varios años como maestro de escuela en Pnom [música] Pen. Sus alumnos lo adoraban. era paciente, claro en sus explicaciones y genuinamente interesado en el bienestar de [música] sus estudiantes. La imagen del maestro amable y dedicado contrasta de manera casi incomprensible con lo que haría dos décadas después con los maestros y los educadores de su país.
Pero en esa época, en las aulas de Vnom Pen, [música] nadie que lo conociera habría podido imaginar lo que se estaba gestando en su interior. Paralelamente a su trabajo como maestro, Salotzar estaba construyendo en secreto algo que cambiaría la historia de Camboya. [música] En 1960 fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Campuchea, [música] el nombre oficial del movimiento que el mundo conocería después como el gemer rojo.
El partido operaba en la clandestinidad [música] porque el gobierno del príncipe Sianuk, que gobernaba Camboya con un estilo autoritario pero pragmático, [música] no toleraba la oposición comunista. Esa clandestinidad obligatoria [música] tuvo un efecto paradójicamente positivo para Salotzar. lo entrenó en el arte de operar desde las sombras, de construir redes de lealtad sin que nadie desde afuera pudiera ver con claridad qué se estaba construyendo.
Fue un entrenamiento que usaría durante décadas y que lo mantendría invisible en los momentos en que ser visible habría significado el fin. En [música] 1963 con la San Autoridades Camboyas siguiéndole el rastro, Salotar tomó una decisión que lo definiría para siempre. Desapareció. abandonó su trabajo como maestro de Job Nom Pen y se internó en las selvas del noreste de Camboya para unirse a la guerrilla clandestina que él mismo había ayudado a construir.
Fue ahí en la selva, lejos de las ciudades y de la sociedad que conocía, donde Salotzar comenzó a convertirse en Polpot. Y fue ahí donde la ideología que había absorbido en París comenzó a tomar la forma extrema y radical que más tarde aplicaría con consecuencias devastadoras. Lo que vio en esa selva y lo que decidió que significaba es la clave de todo lo que vendría después.
La selva del noreste de Camboya en los años 60 era territorio de minorías étnicas que vivían de manera completamente diferente a la sociedad urbana de Pnom Pen, sin dinero, sin jerarquías complejas, sin las divisiones de clase que Salotzar había aprendido a identificar como la fuente de toda [música] injusticia social.
Para un hombre que llegaba con la cabeza llena de teorías marxistas sobre la sociedad sin clases, esas comunidades de la selva parecían la confirmación viviente [música] de que el ideal era posible, que la sociedad humana, en su forma más pura, antes de la corrupción del capitalismo y la modernidad occidental era exactamente eso, simple, colectiva, sin propiedades privadas ni privilegios heredados.
Esa lectura de las comunidades indígenas de la selva era, por supuesto, una idealización peligrosamente simplificada, pero Salotzar no estaba buscando complejidad, estaba buscando confirmación para una idea que ya tenía y la encontró. La vida en la selva reforzó en él la convicción de que el modelo agrario comunal era el modelo correcto para toda la sociedad camboyana y que todo lo [música] que se desviara de ese modelo, las ciudades, el dinero, la educación occidental, las religiones organizadas debía ser eliminado para que
el nuevo modelo pudiera existir. Esa lógica llevada a sus consecuencias prácticas es la que explica todo lo que ocurrió entre 1975 y 1979. Durante los años que pasó en la selva construyendo el movimiento, Salot Sar fue desarrollando también su estilo de liderazgo. Era un líder que inspiraba devoción, pero que nunca se exponía innecesariamente.
Sus seguidores más cercanos lo llamaban el hermano número uno, pero durante años su identidad real fue un secreto incluso dentro de su propio partido. operaba a través de la confianza personal, de relaciones construidas una por una durante años y de una capacidad para hacer sentir a cada persona que hablaba con él, que era especial y que su contribución era fundamental.
Ese estilo de liderazgo, basado en la lealtad personal que en la jerarquía formal, creaba una estructura muy difícil de infiltrar desde afuera. El [música] contexto geopolítico de los años 60 y principios de los 70 fue paradójicamente el mayor aliado del movimiento que Salotzar estaba construyendo.
[música] La guerra de Vietnam convertía toda la región en un campo de batalla de la Guerra Fría. Estados Unidos, en su esfuerzo por detener el avance comunista en Vietnam, comenzó a bombardear el este de Camboya, donde las fuerzas vietnamitas usaban rutas de suministro. Esos bombardeos autorizados por el presidente Nixon y el consejero de seguridad Henry Kissinger lanzaron más de 500,000 bombas sobre territorio camboyano entre 1969 y 1973.
Las estimaciones hablan de cientos de miles de víctimas civiles y cada bomba que caía en una aldea camboyana era reclutamiento involuntario para el movimiento de Salotar. La destrucción causada por los bombardeos estadounidenses empujó a miles de camboyanos rurales que no tenían ninguna afinidad ideológica previa con el comunismo hacia el único movimiento que les ofrecía una narrativa que explicaba su sufrimiento y un enemigo concreto al [música] que culpar.
El gemer rojo creció de manera exponencial durante esos años, no principalmente por su atractivo ideológico, sino por la desesperación de una población que había perdido todo. Eso generó un ejército numeroso, pero también un ejército con una característica que definiría su manera de operar.
Era un ejército de jóvenes, muchos de ellos adolescentes, que habían crecido en la violencia y que no conocían otra forma de resolver los problemas. En 1970, [música] el general Lon Nol, con apoyo de Estados Unidos, dio un golpe de estado y derrocó al príncipe Sianuk. Ese golpe fue paradójicamente otro regalo para Salotzar.
Sianuk, desde su exilio en Pekín llamó a los camboyanos a resistir al nuevo gobierno y a apoyar al gemer rojo. El príncipe que años antes había perseguido a los comunistas, ahora los legitimaba ante la población como la única alternativa al régimen del. Esa legitimidad popular combinada con el crecimiento del movimiento impulsado por los bombardeos colocó al gemeer rojo en una posición de fuerza que 5 años antes habría parecido imposible.
La guerra civil que siguió al golpe de 1970 duró 5 años. 5 años de combates, desplazamientos y destrucción que dejaron a Camboya completamente agotada. Cuando el 17 de abril de 1975 las tropas del geme rojo finalmente entraron en Vnompen, la gente que salió a recibirlos con alivio y esperanza no estaba eligiendo al gemer rojo, estaba eligiendo el fin de la guerra.
Era la única opción que percibían como disponible. Y esa distinción entre elegir una ideología y elegir el fin de un sufrimiento insoportable. Es importante para entender como un movimiento tan extremo pudo tomar el poder con el apoyo aparente de la población a la que después trataría tan brutalmente. Durante todos esos años de guerra civil, Salotzar operó desde las sombras con una efectividad [música] que desconcertaba a sus adversarios.
El gobierno de Lonol, respaldado por Estados Unidos, sabía que había un líder detrás del gemer rojo, pero no sabía exactamente [música] quién era. Las agencias de inteligencia estadounidenses tenían información fragmentada sobre él. Cambió de nombre múltiples veces. Usó identidades falsas. [música] Se movía entre campamentos de la selva sin un patrón predecible.
Esa invisibilidad deliberada cultivada durante años de clandestinidad [música] significó que cuando finalmente tomó el poder en abril de 1975, la mayoría de los camboyanos ni siquiera sabían su nombre real. Conocían al gemer rojo, no conocían al hombre que lo dirigía. Ese mismo mes de abril de 1975, [música] mientras sus tropas tomaban Pnom Pen, Salotzar adoptó oficialmente el nombre con el que la historia lo recordaría.
Paul Pot. El origen exacto del nombre nunca fue completamente explicado. Algunos lo interpretan como una abreviación de politic potentiel, política potencial en francés en referencia a sus años parisinos. otros como un hombre campesino simple, sin pretensiones intelectuales, que encajaba con la imagen antiurbanista y antiintelectual que quería proyectar.
Lo que sí está claro es que el cambio de [música] nombre fue también un cambio de identidad deliberado. Salot Sar, el maestro de escuela, el estudiante de París, quedaba atrás. Paul Pot, el hermano número uno, tomaba su lugar y con ese nuevo nombre comenzó a implementar lo que él llamaba el año cero.
Una idea tan radical y tan absolutamente incompatible con la realidad humana que resulta difícil creer que alguien pudiera pensarla seriamente. La idea de que Camboya debía comenzar desde el principio absoluto, que todo lo que existía antes, las ciudades, el dinero, las instituciones, la educación, la religión, incluso la familia debía ser eliminado o transformado para construir una sociedad completamente [música] nueva.
Lo que eso significó en la práctica para los millones de camboyanos que vivían en ese país es la parte más oscura y más importante de esta historia. El año cero comenzó el mismo 17 de abril de 1975. La evacuación de Pnom Pen ese día no fue una medida temporal de seguridad como les dijeron a los habitantes. Fue la primera aplicación práctica de una política que el régimen había planeado con detalle.
Vaciar las ciudades y convertir a toda la población en trabajadores agrícolas. La lógica era ideológicamente coherente, aunque humanamente devastadora. Las ciudades representaban el capitalismo, la modernidad occidental y la corrupción burguesa. El campo representaba la pureza revolucionaria, el trabajo honesto y el modelo de sociedad que el régimen quería construir.
Por lo tanto, las ciudades debían vaciarse y el campo debía llenarse de trabajadores. 3 millones de personas fueron forzadas a salir de Fnom Pen en las primeras horas y días del nuevo régimen. sin previo aviso, sin tiempo para prepararse, sin información sobre a dónde iban o cuándo podrían regresar. Los enfermos en los hospitales fueron sacados de sus camas.
Las operaciones quirúrgicas se interrumpieron. Los ancianos y los niños pequeños fueron llevados junto con todos los demás. Las columnas de personas caminando bajo el sol con sus pertenencias en las manos se extendían kilómetros. Esa imagen de millones de personas expulsadas de su propia ciudad fue la primera muestra pública de lo que el nuevo régimen era capaz de hacer.
Una vez vaciadas las ciudades, el régimen procedió a implementar el resto de su programa. El dinero fue abolido. Literalmente los billetes y las monedas dejaron de tener valor de un día para otro. [música] Los bancos fueron cerrados, las reservas de dinero fueron destruidas o confiscadas. La idea era eliminar el intercambio comercial como base de la economía y reemplazarlo por un sistema de distribución colectiva controlado por el Estado.
En la práctica significó que nadie tenía acceso independiente a recursos y que toda la población dependía del régimen para comer, [música] vestirse y sobrevivir. Las escuelas fueron cerradas. Los hospitales [música] fueron vaciados y en muchos casos destruidos o convertidos en otros usos. La religión, principalmente el budismo, que era central en la cultura camboyana, [música] fue suprimida con una brutalidad que resultó especialmente traumática para una sociedad donde la práctica religiosa era parte de la [música] identidad cotidiana.
Los templos fueron cerrados, confiscados [música] o demolidos. Los monjes budistas, que eran decenas de miles, [música] fueron forzados a abandonar sus hábitos y a trabajar en el campo como el resto de la población. Los que se resistieron enfrentaron consecuencias que el régimen no describía públicamente, pero que eran perfectamente [música] claras para todos los que vivían bajo su dominio.
Uno de los elementos más perturbadores de la ideología del régimen era su hostilidad hacia la educación y hacia los educados. En el modelo de Paul Pot, un intelectual, [música] alguien con educación universitaria o incluso secundaria, representaba la clase burguesa que debía ser eliminada o radicalmente reeducada.
Usar gafas era suficiente para generarte, para sospecha, porque los gafas eran asociados con la lectura y la lectura con la formación intelectual. Hablar un idioma extranjero era peligroso por las mismas razones. Haber vivido en el extranjero era directamente sospechoso. La ironía de que el líder de ese régimen hubiera pasado años en París estudiando, hubiera leído extensamente filosofía política europea y hablara francés con fluidez nunca fue reconocida públicamente [música] por el propio Paul Pot.
La población fue dividida en dos categorías que el régimen llamaba el pueblo viejo [música] y el pueblo nuevo. El pueblo viejo eran los campesinos que ya vivían en las áreas rurales controladas por el gemer rojo antes de 1975. Eran considerados revolucionariamente confiables y recibían un trato relativamente mejor.
El pueblo nuevo [música] eran todos los que habían sido evacuados de las de las ciudades, los que habían vivido bajo el gobierno anterior, los que tenían cualquier conexión con la sociedad prerevolucionaria. Esa distinción determinaba el [música] acceso a comida, a vivienda y, en muchos casos, a la vida misma.
Era un sistema de clases aplicado por un régimen que teóricamente había venido a eliminar las clases. El trabajo en las zonas agrícolas donde fue enviada la población evacuada era extenuante. Jornadas que comenzaban antes del amanecer y terminaban después del anochecer. Raciones de comida que muchas veces eran insuficientes para sostener ese nivel de trabajo físico.
Sin medicamentos, [música] sin atención médica, sin descanso adecuado. Las enfermedades se propagaban en condiciones donde la higiene básica era imposible mantener. Y todo eso ocurría en un ambiente donde cualquier queja, [música] cualquier señal de resistencia o incluso cualquier expresión de tristeza por lo que se había perdido, podía interpretarse como deslealtad al régimen y tener consecuencias severas.
El régimen [música] también aplicó una política sistemática de separación familiar. Los hombres eran asignados a unidades de trabajo separadas de las mujeres. Los niños mayores eran separados de sus padres y agrupados en unidades juveniles donde eran adoctrinados en la ideología del régimen.
La idea era reemplazar la lealtad familiar que el régimen veía como una forma de privatismo peligroso con la lealtad al Ancar, el nombre abstracto con que el partido se designaba a sí mismo. Blancar lo era todo. La familia no debía hacer nada. Y en muchos casos esa política de separación fue también la última vez que muchas familias estuvieron juntas.
Lo más perturbador del aparato de control del régimen era su omnipresencia invisible. El Ancar veía todo según la ideología oficial. [música] Había informantes en todos los niveles. Vecinos que reportaban a vecinos, hijos que después de meses de adoctrinamiento reportaban a sus [música] propios padres.
Ese ambiente de desconfianza total donde nadie podía saber con certeza si la persona a su lado era un informante. Producía una parálisis social que era exactamente lo que el régimen quería. una población que no puede confiar en nadie, no puede organizarse para resistir y sin resistencia organizada el poder del régimen era prácticamente absoluto.
Pero hay algo que hace la historia de Paul [música] Pot diferente a la de otros líderes autoritarios del siglo XX. Y es que la violencia que aplicó no fue solo hacia afuera, hacia los que consideraba enemigos del régimen. Fue también hacia adentro, hacia sus propios colaboradores, hacia las personas que habían luchado junto a él durante décadas.
La paranoia que consumió al régimen desde adentro. Las purgas internas que eliminaron a algunos de los fundadores del propio movimiento, [música] son la parte de esta historia que demuestra que el poder sin límites no destruye solo a los que están afuera, destruye también al que lo ejerce. Y lo que ocurrió dentro del Ancar durante esos 4 años es tan revelador como lo que ocurrió en los campos de trabajo.
Paul Pot tenía miedo, [música] un miedo constante, sistemático, que nunca lo abandonó durante los 4 años que duró su régimen. No era el miedo de un hombre cobarde, [música] era el miedo de alguien que había construido su poder sobre la desconfianza y que, por lo tanto, [música] nunca podía dejar de sospechar de todos los que lo rodeaban.
Si los demás eran potencialmente desleales, entonces nadie era completamente seguro. [música] Y esa lógica aplicada con rigor terminó devorando al propio movimiento desde adentro. El enemigo oculto era una de las obsesiones centrales del discurso oficial del régimen. La idea de que entre los propios miembros del partido y del ejército había agentes del enemigo que fingían lealtad mientras trabajaban para destruir la revolución desde adentro.
Esa paranoia no era completamente irracional en el contexto de la guerra fría y de los esfuerzos reales de distintas agencias de inteligencia por infiltrar movimientos comunistas. Pero Paul Pot la llevó a un extremo que no tenía ninguna justificación en la realidad. Cualquier persona que expresara dudas, que hiciera preguntas inconvenientes o que simplemente fuera percibida como demasiado independiente podía convertirse en el enemigo oculto de esa semana.
Las purgas internas comenzaron relativamente pronto después de que el régimen tomó el poder. Veteranos del movimiento que habían pasado años en la selva luchando por la causa, [música] que habían arriesgado sus vidas y sacrificado todo por la revolución. Fueron arrestados, interrogados y en muchos casos eliminados acusados de traición.
Las acusaciones eran casi siempre las [música] mismas. trabajar para Vietnam, para la CIA o para algún otro enemigo externo. Las evidencias que respaldaban esas acusaciones eran consistentemente inexistentes o [música] fabricadas. Pero en el sistema del Ancar las evidencias no eran necesarias, la acusación era suficiente.
El centro de detención e interrogación más conocido del régimen fue instalado en un antiguo colegio en Pnom [música] Pen que recibió el nombre en clave de S21. también conocido como Tuol [música] Sleng. Por ese lugar pasaron entre 14 y 17,000 personas durante los 4 años del régimen. Casi ninguna salió con vida. Los archivos del lugar que el régimen mantenía con una meticulosidad burocrática perturbadora [música] incluían fotografías de cada detenido, registros detallados de los interrogatorios [música] y confesiones firmadas que los prisioneros hacían bajo
presión, admitiendo crímenes que en la mayoría de los casos nunca habían cometido. Esos archivos descubiertos por las fuerzas vietnamitas cuando invadieron en 1979 [música] se convirtieron en uno de los testimonios documentales más importantes sobre la naturaleza del régimen. Lo que los archivos de Talleng revelaron, entre muchas otras cosas perturbadoras, fue el nivel al que las purgas internas habían llegado.
No eran solo funcionarios menores ni personas de origen dudoso. Eran comandantes militares con décadas de servicio al movimiento. Eran miembros del Comité Central del Partido. Eran personas que habían estado en la selva junto a Paul Pot durante los años más difíciles. Se estima que alrededor del 50% de los propios miembros del Gemer Rojo fueron eliminados por sus compañeros durante el periodo del régimen.
un movimiento que se destruía a sí mismo mientras destruía el país que gobernaba. La relación de Paul Pot con Vietnam fue otro elemento central de los años de su régimen y eventualmente la causa directa de su caída. A pesar de que el Movimiento Comunista Camboyano había recibido apoyo vietnamita en sus primeros años, Paul Pot tenía una desconfianza profunda y visceral hacia Vietnam, que tenía raíces tanto ideológicas como históricas.
Vietnam [música] era una potencia regional que históricamente había ejercido presión sobre Camboya. Y el Vietnam comunista, aliado de la Unión Soviética, representaba para Paulpot una forma de comunismo que consideraba demasiado moderada y demasiado contaminada por influencias externas. Esa desconfianza llevó al régimen a lanzar ataques contra territorio vietnamita, [música] una decisión estratégicamente suicida que Hanoy no podía ignorar.
Durante 1977 y 1978, las fuerzas del gemer rojo llevaron a cabo incursiones en territorio vietnamita que causaron miles de víctimas civiles en las comunidades fronterizas. Vietnam respondió con [música] operaciones militares de represalia. que el régimen de Paul Pot no podía contener, pero que tampoco estaba dispuesto a reconocer públicamente.
[música] La propaganda oficial del régimen seguía hablando de grandes victorias camboyanas contra los vietnamitas, [música] mientras las fuerzas del gemer rojo eran sistemáticamente superadas en cada enfrentamiento. [música] Esta brecha entre la narrativa oficial y la realidad militar era visible para los comandantes en el campo, pero mortal de admitir en el ambiente [música] paranoico del Ancar.
El resultado fue una escalada que ninguno de los dos lados podía detener fácilmente. El 25 de diciembre de 1978, Vietnam lanzó una invasión a gran escala de Camboya con más de 150,000 soldados. Régimen de Paul Pot. que había debilitado su propio ejército con años de purgas internas y que había alienado a todos sus posibles aliados regionales.
Se derrumbó con una velocidad que sorprendió incluso a los propios vietnamitas. El 7 de enero de 1979, [música] menos de dos semanas después del inicio de la invasión, las fuerzas vietnamitas tomaron [música] Fnom Pen. Paul Pot huyó hacia la selva con los restos de su movimiento, el régimen que había proclamado el año cero y que había prometido construir la sociedad perfecta, había durado exactamente 3 años, 8 meses y 20 [música] días.
Cuando las fuerzas vietnamitas y los periodistas que las acompañaban entraron en Pnompen, lo que encontraron fue una ciudad fantasma, una ciudad que había tenido 3 millones de habitantes [música] y que ahora estaba casi completamente vacía. Los edificios estaban deteriorados, las calles cubiertas de maleza y en distintos lugares los archivos y las evidencias que el régimen había mantenido con esa meticulosidad burocrática. perturbadora.
Esas evidencias, las fotografías, los registros, las confesiones contaron al mundo lo que había ocurrido en Camboya durante casi 4 años con una claridad [música] que no necesitaba interpretación. El mundo que las vio no pudo ignorarlas, aunque llevaría [música] décadas antes de que algo parecido a la justicia llegara a los responsables.
Pero la historia de Paul Pot no terminó con la caída de su régimen en enero de 1979. Lo que siguió fue algo que en cualquier novela de ficción parecería inverosímil. Un hombre [música] responsable de uno de los capítulos más oscuros de la historia del siglo XX. Pasó los siguientes 20 [música] años vivo, libre y dirigiendo una guerrilla desde la selva, sin ser capturado, sin ser juzgado, sin enfrentar ninguna consecuencia legal por lo que había hecho.
Y la razón por la que eso fue posible dice tanto sobre el mundo de la Guerra Fría como sobre el hombre mismo. Lo que ocurrió después de la caída del régimen de Paul. Pot es uno de los episodios más reveladores de la política internacional de la Guerra Fría. Vietnam, que había liberado a Camboya del régimen del gemer rojo, era aliada de la Unión Soviética y en la lógica binaria de la Guerra Fría, eso significaba que Estados Unidos, China y otros países occidentales tenían incentivos para oponerse al nuevo gobierno camboyano respaldado por
Vietnam. independientemente de lo que ese gobierno reemplazaba. El resultado fue una de las paradojas más obscenas de la política internacional del siglo XX. El régimen de Paul Pot mantuvo durante años su asiento en las Naciones Unidas como gobierno legítimo de Camboya, respaldado por China y con el apoyo tácito de Occidente, mientras que el gobierno que había terminado con ese régimen era sancionado y aislado.
Paul Pot y los restos del gemer rojo se establecieron en la frontera entre Camboya y Tailandia y continuaron operando como guerrilla durante los siguientes años. China los apoyó económica y militarmente. Tailandia les permitió usar su territorio como base de operaciones y organizaciones internacionales que operaban en la región de refugiados en la frontera [música] sin quererlo.
Contribuyeron a mantener vivo un movimiento que ya no tenía ninguna justificación moral para existir. Esta situación que cualquier observación honesta debería haber encontrado intolerable duró más de una década porque los intereses geopolíticos de las grandes potencias superaban en importancia a cualquier consideración de justicia.
Durante esos años en la selva, Paul Pot siguió ejerciendo el liderazgo del gemer rojo con la misma combinación de carisma personal [música] y paranoia que había caracterizado su gobierno. Las purgas continuaron. Personas que habían sobrevivido al régimen, que habían luchado en la guerrilla durante años, [música] fueron eliminadas cuando generaron desconfianza en el círculo de Paul Pot.
El movimiento se fue reduciendo gradualmente, perdiendo combatientes y apoyo y popular hasta convertirse en una fuerza militarmente marginal, aunque todavía capaz de causar daño real a las comunidades de la región fronteriza. En 1985, Paul Pot anunció oficialmente que se retiraba del liderazgo del gemer rojo.
Pocos creyeron que eso significara una retirada real y tenían razón. siguió siendo la figura de autoridad final dentro del movimiento durante años, tomando decisiones desde la sombra mientras otro ocupaba formalmente el cargo de líder. Ese patrón de ejercer el poder sin ocupar formalmente el trono era exactamente el mismo que había usado durante los años en la selva, antes de tomar el poder en 1975.
Los hábitos de décadas no desaparecen con un anuncio oficial. En 1997, [música] mientras la comunidad internacional finalmente comenzaba a hablar seriamente de un tribunal para juzgar a los líderes del gemer rojo, ocurrió algo que resultó ser el último acto dramático de la vida de Paul Pot. Ordenó el asesinato de Sonsen, uno de sus colaboradores más veteranos, junto con varios miembros de su familia.
Esa decisión que algunos interpretaron como una nueva purga paranoica y otros como un intento de eliminar testigos antes de que llegara el tribunal internacional fue demasiado para los propios miembros del gemer rojo que aún lo seguían. Sus propios camaradas lo arrestaron. El hombre que había gobernado Camboya, [música] que había ordenado el destino de millones de personas, fue juzgado por un tribunal de su propio movimiento.
El juicio fue organizado por el gemer rojo en julio de 1997 en Anlong [música] Bang, su último reducto en la selva. No fue un proceso legal en ningún sentido reconocible. Fue una reunión del movimiento [música] donde Paul Pot fue presentado ante sus propios seguidores como un traidor. Fue condenado a arresto domiciliario de por vida, no por los crímenes de su régimen contra el pueblo camboyano, sino por el asesinato de Sonsen.
[música] Esa distinción que en cualquier sistema de justicia real habría resultado absurda, [música] captura perfectamente la naturaleza de lo que fue ese proceso. El periodista estadounidense Nateer logró acceder a Paul Pot ese mismo año para lo que sería la única entrevista que el ex líder concedió [música] después de la caída de su régimen.
Las imágenes de ese encuentro mostraban a un anciano delgado [música] con el pelo blanco, aparentemente frágil. Nada en su apariencia exterior evocaba al hombre que había transformado Camboya. Cuando Tyer le preguntó sobre las muertes que había causado su régimen, Paul Pot respondió con una calma que resultaba perturbadora.
dijo que su conciencia estaba tranquila, que había actuado movido por el amor a su nación y a su pueblo, y que se había cometido errores. Esos errores no habían sido intencionales. No había señal de arrepentimiento, no había reconocimiento de la magnitud de lo que había ocurrido. El 15 de abril de 1998, Paul Pot murió en su cabaña en la selva de Anlong Bang. tenía 72 años.
Los informes oficiales dijeron que fue un ataque cardíaco, pero la muerte ocurrió exactamente cuando el gemer rojo había anunciado que estaba en negociaciones para entregarlo a un tribunal internacional. Esa coincidencia generó rumores que nunca pudieron verificarse completamente, que había sido envenenado para evitar [música] que declarara en un proceso que podría haber comprometido a otros líderes del movimiento.
Su cuerpo fue incinerado en una hoguera improvisada con cartones y neumáticos viejos en la selva donde había pasado los últimos años de su vida. Sin autopsia, sin investigación, sin respuestas. murió sin haber pisado nunca un tribunal [música] internacional, sin haber sido juzgado por los crímenes de su régimen en ningún proceso que cumpliera los estándares mínimos de la justicia, sin haber dado una explicación o un reconocimiento que las víctimas y los sobrevivientes merecían escuchar.
Esa impunidad final, [música] después de todo lo que había ocurrido, fue para muchos camboyanos la herida que nunca [música] terminó de cerrarse. El Tribunal Internacional para juzgar a los líderes del gemer rojo, que Paul Pot escapó con su muerte fue finalmente establecido [música] en 2006, pero para entonces la mayoría de los responsables principales habían muerto de vejez o de enfermedad.
[música] Solo tres personas fueron finalmente condenadas. Para un régimen que había afectado a [música] millones, esa cifra dice todo lo necesario sobre los límites de la justicia internacional. Lo que la historia de Paul Pot [música] deja como legado no es solo una lección sobre los peligros de las ideologías extremas, es también una lección sobre cómo el contexto puede transformar a las personas, [música] sobre cómo la pobreza, el colonialismo, la guerra y la destrucción pueden crear las condiciones en que ideas peligrosas
encuentran terreno fértil. Eso no es una excusa para lo que hizo. Es un recordatorio de que para entender cómo algo así pudo ocurrir, hay que mirar más allá del individuo y ver el mundo que lo produjo. Porque si solo miramos al individuo, nos quedamos sin respuesta a la pregunta más importante.
¿Cómo evitar que ocurra de nuevo? Camboya hoy es un país diferente al de 1979. tiene ciudades que han vuelto a crecer, una economía que se ha ido reconstruyendo y una generación joven que nació después del régimen y que conoce esa historia principalmente a través de lo que sus padres y abuelos les cuentan. Pero las marcas que dejaron esos casi 4 años son imposibles de borrar completamente.
Camboya tiene más personas con amputaciones [música] por minas antipersona per cápita que cualquier otro país del mundo. Consecuencia directa de las minas que el régimen sembró en sus propias fronteras y tiene una sociedad donde la desconfianza intergeneracional producida por años de un sistema [música] que convertía a vecinos en informantes y a hijos en vigilantes de sus propios padres, dejó heridas psicológicas que los psicólogos y los sociólogos todavía estudian.
El sitio donde funcionó el centro de detención de Tol en 1900 en Fnom [música] Pen hoy un museo. Las aulas del antiguo colegio donde el régimen instaló sus celdas y salas de interrogatorio están abiertas al público. Las fotografías de los detenidos, esas imágenes que el régimen tomó con la meticulosidad de un archivista, miran a los visitantes desde las paredes.
Hombres, mujeres, ancianos, niños. Todos fotografiados al momento de ingresar a un lugar del que casi ninguno saldría. Ese museo, visitado cada año por miles de personas de todo el mundo, es el memorial más poderoso y más perturbador de lo que ocurrió. Porque las fotografías hacen imposible el distanciamiento.
Son personas reales con historias reales y su mirada no permite olvidar eso. Los campos de la muerte, los sitios donde el régimen enterró a las víctimas [música] de sus políticas, están distribuidos por todo el territorio camboyano. Se han documentado más de 20,000 fosas en distintas partes del país.
Muchos de esos sitios tienen hoy monumentos o memoriales. El más conocido es el de Choeung [música] E, a las afueras de Pnom Pen, donde una pagoda budista construida sobre las fosas contiene los restos de miles de personas. Ese lugar, silencioso y sobrecogedor es la respuesta física más directa a la pregunta de qué quedó de los años de Paul Pot.
Huesos, silencio y la obligación de recordar. El tribunal internacional que juzgó a los líderes sobrevivientes del Gemer Rojo fue un proceso largo, caro y con resultados que muchos sobrevivientes encontraron insatisfactorios. Tres personas fueron condenadas a cadena perpetua. Nu Chea, el número dos del régimen y Kia San Fan, el jefe de estado formal, fueron los de más alto rango en ser juzgados.
Ambos murieron durante o después del proceso. Los juicios tardaron décadas en completarse, en parte por las dificultades legales y políticas de juzgar crímenes tan complejos y [música] tan antiguos. Y muchos camboyanos que esperaban justicia murieron sin verla llegar. Hay algo que resulta especialmente importante entender sobre el caso de Paul Pot en el contexto de la historia política del siglo XX.
No fue el único líder que aplicó [música] políticas que causaron sufrimiento masivo a su propia población. Stalin [música] en la Unión Soviética, Mao en China, los regímenes autoritarios de distintos continentes [música] en distintas épocas. Lo que distingue al caso camboyano es la escala relativa de la destrucción en relación al tamaño de la población.
Perder entre el 20 y el 25% de la población total en menos de 4 años [música] es una proporción que no tiene equivalente en la historia del siglo XX. Esa escala relativa es la que hace que el caso de Camboya sea estudiado en todas las facultades de ciencias políticas del mundo, como un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando una ideología radical toma el control total de [música] un estado.
La pregunta de por qué nadie detuvo al régimen desde afuera mientras ocurría [música] es una que los historiadores y los analistas de política internacional siguen debatiendo. La respuesta honesta es que el régimen operó con un aislamiento casi total que hizo muy difícil que la información sobre lo que estaba ocurriendo llegara al mundo exterior en tiempo [música] real.
Pero también es cierto que cuando esa información comenzó a filtrarse a través de los refugiados que cruzaban las fronteras y de los pocos periodistas que lograron entrar al país, la respuesta internacional fue lenta y calculada en función de intereses geopolíticos que no incluían el bienestar de los camboyanos. Esa indiferencia calculada es también parte del legado de lo que ocurrió.
Salotzar, el niño de campo que fue a estudiar a París y regresó con una visión del mundo que aplicó sin compasión sobre su propio pueblo. Murió en la selva como un prisionero de sus propios seguidores, sin el juicio que merecía, sin el reconocimiento público de la responsabilidad que debía, sin dar a las víctimas [música] y a los sobrevivientes lo mínimo que cualquier sistema de justicia debería garantizarles.
que el responsable enfrente públicamente lo que hizo y que el mundo lo registre formalmente. [música] Esa deuda pendiente es parte de la historia de Camboya que no termina con su muerte. Hay una frase que el régimen de Paul Pot usó como amenaza y como declaración [música] de filosofía simultáneamente. Perderte no es una pérdida y conservarte no tiene ningún valor.
Era la manera en que el Ancar le decía a cada persona que su vida individual no importaba, [música] que existía solo en función de su utilidad para el proyecto colectivo y que si dejaba de ser útil o se convertía en un obstáculo. [música] su eliminación no representaba ninguna pérdida real. Esa frase, quizás más que cualquier estadística o cualquier análisis político, captura la esencia de lo que fue el régimen de Paul Pot, la negación absoluta del valor de la vida humana individual [música] y la certeza de que esa negación, en
manos de quien tiene suficiente poder para aplicarla, [música] puede destruir todo lo que toca. Camboya sobrevivió [música] con cicatrices profundas, con generaciones marcadas por un trauma que se transmite de maneras que la ciencia apenas comienzan a entender [música] completamente, pero sobrevivió. Y los camboyanos que vivieron esos años y los hijos y nietos a quienes [música] les contaron lo que ocurrió llevan consigo algo que ningún régimen, por más absoluto que sea su poder, pudo quitarles completamente la memoria. La
memoria de lo que fueron antes, de lo que perdieron y de lo que merecen ser. Salotzar nació el 19 de mayo de 1925 en una aldea de Camboya. Murió el 15 de abril de 1998 en una cabaña en la selva. prisionero del movimiento que había fundado, sin haber respondido ante ningún tribunal por lo que su régimen hizo entre 1975 y 1979.
Su historia es la de como una idea llevada a su extremo más radical, sin los límites que la realidad humana impone y sin nadie capaz de detenerla, puede destruir todo lo que existe [música] a su paso. Y es también el recordatorio más brutal de que el poder sin límites no produce la sociedad perfecta que promete, produce exactamente lo contrario.