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Paco Stanley: Vio Algo que No Debía… Lo Mataron a Plena Luz del Día

Pero antes de todo eso, necesitas entender algo fundamental, algo que vas a escuchar varias veces. Guarda esta frase en tu mente. Nadie sabía lo que Paco vio. Esa frase es mentira. Es la mentira que todos repitieron durante 25 años, porque mucha gente lo sabía. Los que estaban en aquella suite del hotel lo sabían, los ejecutivos de Televisa lo sabían, el cártel lo sabía, las autoridades que investigaron el caso superficialmente lo sabían.

Todos sabían y todos decidieron que era mejor que Paco Stanley muriera antes de que pudiera hablar. y por eso está muerto. Primera revelación. La fiesta donde vio lo que no debía ver. 18 de mayo de 1999, tres semanas antes del asesinato. Hotel presidente intercontinental en Polanco, suite presidencial del piso 18. de la noche de un viernes.

Según testimonios que salieron años después, testimonios de personas que estuvieron ahí, pero que nunca quisieron ser identificadas públicamente por razones obvias, esa noche había una fiesta privada, muy privada, de esas donde no hay lista de invitados en recepción, de esas donde entregas tu celular en la entrada y te dan un número para recuperarlo al salir.

de esas donde firmas papel, que básicamente dice que si hablas de lo que viste aquí hay consecuencias graves de esas donde lo que pasa ahí se queda ahí para siempre. O deberías estar preparado para enfrentar lo que pasa cuando no se queda ahí. La suite estaba decorada con elegancia que gritaba dinero. No dinero de clase media alta que ahorra para vacaciones.

No dinero de profesionista exitoso que tiene buen carro. Ese dinero obseno que no sabe en qué gastarse. Ese dinero que compra hoteles completos por capricho. Ese dinero que viene de lugares que nadie pregunta porque todos saben la respuesta y prefieren no saberla. Había música ya suave de fondo, no demasiado alta, ambiente elegante.

Botellas de whisky escocés de 50 años que costaban más que el salario anual de una persona promedio. Champagne francés que cuesta $1,000 la botella. Caviar que está casi extinto, el tipo de lujos que solo gente con cantidades obscenas de dinero puede permitirse sin pestañar y cocaína. en los baños, en las habitaciones, en la mesa de centro de la sala principal, como si fuera botana, mucha cocaína, tanta que parecía decoración, suficiente para arrestar a todos los presentes y mandarlos a prisión federal por décadas,

suficiente para ser portada de todos los periódicos del país durante meses. Pero nadie iba a arrestar a nadie porque la mitad de los que estaban ahí tenían poder político suficiente para evitar cualquier arresto. La otra mitad tenía dinero suficiente para comprar a quien fuera necesario comprar. Jueces, policías, fiscales, periodistas.

En México de los 90 todo tenía precios y la cantidad era suficientemente alta. Y la gente en esa suite tenía cantidades suficientemente altas para comprar el silencio de medio país si era necesario. Paco Stanley fue invitado por un productor de Televisa, tipo bien conectado, de esos que llevan 30 años en la empresa, de esos que saben dónde están enterrados todos los cadáveres, de esos que conocen todos los secretos sucios de todos los ejecutivos, de esos que pueden conseguir presupuesto de millones para cualquier proyecto si

saben a quién pedírselo y cómo pedirlo. Este productor, llamémoslo Roberto, aunque ese definitivamente no es su nombre real porque sigue vivo y trabajando en televisión, había trabajado con Paco en varios proyectos. Tenían relación profesional cordial, no eran hermanos del alma, pero se caían bien.

Se tomaban cervezas de vez en cuando, hablaban de la industria, de rating, de qué funcionaba en televisión mexicana. Roberto llamó a Paco ese viernes como a las 6 de la tarde. Paco acababa de llegar a su casa después de grabar programa matutino. Estaba cansado. La semana había sido larga. Cinco programas en vivo. 5co días de levantarse a las 7 de la mañana.

5co días de sonreír frente a cámaras. 5co días de hacer reír a millones cuando tu vida personal es desastre. Su Nokia sonó. Bueno, Paco, soy Roberto. ¿Qué onda? ¿Cómo estás? Bien, bien. Oye, tengo una fiesta esta noche. Gente interesante, buen ambiente. ¿Te animas? Paco dudó. Era viernes. Estaba cansado. Quería quedarse en casa, ver televisión, fumar cigarros, tomar cervezas, dormir temprano. Nada complicado.

Pero Roberto insistió con ese tono que tienen los productores cuando quieren algo. Ese tono que suena amigable, pero que realmente no acepta no como respuesta. Ven aunque sea un rato. Media hora. Saludas. Te vas, pero te prometo que vale la pena. Vas a hacer contactos buenos de esos que te convienen.

Gente que puede ayudarte a producir tus propios proyectos, dejar de depender completamente de Televisa. Eso convenció a Paco. Llevaba tiempo queriendo independizarse de Televisa, producir sus propios programas, tener más control, más libertad creativa y sobre todo más dinero. Porque los conductores ganaban bien, pero los productores ganaban mucho mejor.

Los productores eran los que realmente se hacían ricos en televisión. Está bien, pasó como a las 11. ¿Dónde es presidente intercontinental? Polanco. Suite 1800 on piso 18. Toca dos veces te abren. Paco se duchó. Se cambió. Jeans oscuros, camisa blanca, saco negro. Su estilo característico, cómodo pero elegante.

El look que funciona para cualquier situación. Llegó al hotel a las 11:10. Subió al elevador. Piso 18. Cuando las puertas se abrieron, pasillo largo, alfombra gruesa, iluminación tenue, silencio casi sepulcral. Así son los pisos altos de hoteles caros [música] diseñados para privacidad absoluta. Encontró la suite 181. Tocó dos veces. Escuchó pasos.

La puerta se abrió. Un hombre grande estaba ahí, muy grande, como de 1,90, ancho de hombros, cuello grueso, el tipo de físico que dice trabajo en seguridad privada. Vestía traje negro, camisa negra, audífono en la oreja, el uniforme de guardaespaldas de alto nivel. Nombre Paco Stanley. El hombre sacó libreta. revisó lista, asintió, celular.

Paco le dio su Nokia. El hombre le dio papel con número escrito. Seis para recuperarlo cuando te vayas. Paco entró y lo primero que pensó fue, “Esto cuesta más por noche que lo que ganó en una semana.” La suite era enorme. Sala principal con ventanales de piso a techo, vista panorámica de polanco iluminado, comedor para 12 personas, dos habitaciones, tres baños, cocina equipada.

Había como 30 40 personas. Paco reconoció a varias. Otros productores de Televisa, dos ejecutivos de TV Azteca, cantante famoso, empresario dueño de cadena de restaurantes, político del PRI de nivel alto, senador de los que tienen poder real. Dos modelos, veinti pocos años, vestidos caros, maquillaje perfecto, claramente ahí para verse bien y hacer compañía.

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