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AMLO: La Verdad Sobre su finca, La Esposa Que No Vive Con Él y Los Secretos Que Nadie Cuenta

Para sus detractores, la finca es exactamente lo opuesto. Es la prueba de la hipocresía, una propiedad de 25 millones de pesos que apareció y desapareció de las declaraciones patrimoniales según convenía. una finca cuyo origen tiene al menos dos versiones contradictorias [música] y un retiro rodeado de infraestructura pública millonaria que no existía antes de que AMO decidiera que ahí iba a pasar el resto de su vida.

Porque hay dos versiones sobre el origen de la finca y dependiendo de cuál creas, la historia de AMLO se lee de manera completamente diferente. La primera versión es la de AMLO. la ha contado decenas de veces en entrevistas, [música] en su documental Esto Soy, en sus conferencias matutinas, la versión dice que la finca fue construida por su madre Manuela Obrador González, que sus padres tenían tierras en la zona, que eran seis hermanos y que a cada uno le dieron una hectárea, y que a él, por ser el mayor, le tocó la casa de los padres.

Esta casa la construyó mi madre”, dijo en el documental. “Somos seis hermanos y entregaron una hectárea a cada hermano y a mí por ser el mayor me tocó la casa de ellos.” Según esta versión, la finca es una herencia familiar, un regalo de sus padres que murieron en el año 2000. Nada del otro mundo, nada que esconder.

[música] Una propiedad rural en Chiapas que vale lo que vale cualquier propiedad rural en esa zona del país. Pero hay otra versión y esa versión sale de los archivos de inteligencia del gobierno mexicano. En 2022, El Universal [música] obtuvo a través de una solicitud de información un expediente de 25 páginas elaborado por la Dirección Federal de Seguridad, el organismo de inteligencia que después se convertiría en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

El expediente fechado el 21 de julio de 1983 dice algo muy diferente a lo que AMLO ha contado. Según ese documento, cuando López Obrador era dirigente del PR en Tabasco, pudo lograr la compra de una finca rústica ubicada en la cercanía de Palenque, Chiapas. No la heredó, la compró. No fue un regalo de sus padres, fue una adquisición personal que realizó cuando era un político joven del Perry.

El documento incluso menciona al administrador de la propiedad un campesino llamado José Martínez Matero. Dos versiones. Una dice herencia, otra dice compra. Una viene de la boca de AMLO, otra viene de los archivos de inteligencia del propio gobierno mexicano. ¿Cuál es la verdad? Esa es una pregunta que lleva más de 40 años sin respuesta definitiva y que probablemente nunca la tendrá.

Porque en México la verdad política no existe como hecho absoluto, [música] existe como versión y cada versión tiene su público. Lo que sí es un hecho verificable es que la finca no apareció en las declaraciones patrimoniales de AMLO durante los años en que fue jefe de gobierno de la Ciudad de México entre 2000 y 2004. Si la heredó en el 2000, como él dice, debió declararla. No lo hizo.

Y hay otro hecho verificable que complica la historia. Antes de presentar su declaración tres de tres en 2016, la declaración fiscal, patrimonial y de intereses que los candidatos hacen pública como acto de transparencia, AMLO donó la finca a sus cuatro hijos. Le sedió la propiedad antes de declararla. De esa manera, cuando presentó su tres de tres, la finca ya no le pertenecía legalmente, ya era de sus hijos y, por lo tanto, no tenía obligación de reportarla como parte de su patrimonio. Fue legal.

Técnicamente sí fue ético. Eso depende de quien juzgue. Para sus seguidores fue un acto de generosidad paternal, un hombre que le deja a sus hijos la herencia de sus abuelos. Para sus detractores fue una maniobra calculada para ocultar un patrimonio que no cuadraba con el discurso de austeridad. Y la controversia no terminó con la donación.

Porque cuando AMLO ganó la presidencia en 2018, cuando se instaló en Palacio Nacional, cuando empezó a gobernar con el lema de la austeridad republicana, algo empezó a pasar alrededor de la finca que no pasaba desapercibido. El periodista Carlos Loret de Mola, uno de los críticos más persistentes de AMLO, reportó a través del medio Latinus que el gobierno había invertido hasta 2000 millones de pesos en infraestructura alrededor de la finca, calles pavimentadas, ciclovías, parques, oficinas gubernamentales y un hospital. Todo en los alrededores de la

finca, todo en una zona que antes del sexenio de AMLO era una carretera rural sin pavimento y que ahora, según las imágenes de Google Maps, parecía otro lugar. AMLO negó que las obras fueran para beneficio personal. Dijo que eran obras públicas para la comunidad de Palenque, que la zona necesitaba infraestructura, que el hospital era para la gente, no para él.

Sus seguidores lo aplaudieron, sus detractores lo compararon con Peña Nieto y la Casa Blanca. con Salinas y sus propiedades, [música] con todos los presidentes que antes de él habían usado el dinero público para mejorar los alrededores de sus residencias privadas. El columnista Ricardo Alemán de Milenio fue más lejos.

escribió un artículo titulado Es la finca de AMLO igual a 10 casas blancas, donde comparaba el valor de la finca de AMLO con la famosa casa blanca de Peña Nieto y argumentaba que la propiedad del tabasqueño, con su extensión, su vegetación, su laguna, sus centenares de árboles y su infraestructura circundante valía mucho más de lo que se decía.

Pero para entender por qué la finca genera tanta controversia, hay que entender quién es el hombre que vive ahí, de dónde viene, que perdió en el camino, que ganó y que esconde detrás de esa imagen de presidente Austero que viaja en clase turista y come en fondas de carretera. Porque la vida de Andrés Manuel López Obrador no empieza en la presidencia, no empieza en las campañas, no empieza en las marchas, empieza en un pueblo de Tabasco donde un niño creció entre ríos, mangos, calor insoportable y la certeza de que la política era la única forma de

cambiar un mundo que le parecía profundamente injusto. TepeTitán, Macuspana, Tabasco. 13 de noviembre de 1953. Nace el primero de siete hijos. Su padre, Andrés Manuel López Ramírez, tenía una tienda llamada La Posada del Peregrino, donde vendía ropa, telas y artículos diversos. Su madre, Manuela Obrador González, era ama de casa.

La familia no era rica, pero tampoco era miserable. Eran comerciantes de pueblo, clase media rural tabasqueña, con una tienda que les daba para vivir, para educar a los hijos, para mantener una dignidad que en los pueblos de Tabasco se mide por la capacidad de dar de comer a tu familia sin pedirle nada a nadie.

Pero el niño Andrés Manuel no quería ser comerciante, [música] no quería heredar la tienda de su padre, no quería vender telas el resto de su vida en TepeTitán. Quería algo más, algo que en un pueblo de Tabasco sonaba tan improbable como querer ser astronauta. Quería cambiar México.

Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México. Se licenció en Ciencias Políticas y Administración Pública. Y desde los primeros años de universidad, su vida se definió por una sola obsesión, el poder. No el poder para enriquecerse, el poder para transformar. Al menos eso es lo que él siempre dijo y al menos eso es lo que millones de mexicanos le creyeron durante cinco décadas.

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