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SORAYA Jiménez: el ORO le costó la VIDA… La brutal CONFESIÓN de su GEMELA frente a la tumba

Del Olimpo al abismo. Nacieron idénticas. Mismo vientre, mismo día, mismo apellido, mismo barrio en Naucalpan. Dos niñas tan parecidas que su madre admitió que de pequeñas le costaba distinguirlas cuando llegaban corriendo desde la cancha de basketbol con el uniforme lleno de tierra. Magali y Soraya, Jiménez Mendíbil.

 Dos gotas de agua que el mundo exterior no lograba separar, pero que el destino tenía planeado llevar por caminos radicalmente distintos. Uno hacia la cumbre más alta que un atleta mexicana había pisado jamás. El otro hacia la vida ordinaria y sana de quien no le exigió a su cuerpo lo que el deporte de élite exige y que por eso todavía está viva.

 El 18 de septiembre de 2000, en el Centro de Convenciones y exposiciones de Sydney, Australia, Zoraya Jiménez Mendívil levantó 222.5 5 kg y se convirtió en la primera mujer mexicana en ganar una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. El himno nacional sonó en Australia por una hija de Naucalpán que pesaba 58 kg y que acababa de levantar casi cuatro veces su propio peso.

 El 28 de marzo de 2013, el personal de limpieza de su edificio en la colonia Condesa de la Ciudad de México encontró a Zoraya muerta en su cama. Tenía 35 años, el brazo derecho extendido, el rostro sin ictus de dolor, murió dormida. En el sepelio, su hermano José Luis pronunció la frase que ningún discurso oficial se atrevió a pronunciar  ese día.

 Le costó caro ser leyenda. 12 palabras que contienen más verdad sobre el deporte olímpico mexicano que 100 años de actos protocolarios con funcionarios en tribuna. Hoy en Sombras del Olimpo abrimos el archivo de Soraya, no el oficial, el real. El que cuenta lo que pasó entre el podio de Sydney y la cama donde murió sola a 13 años de distancia, mientras el sistema que la usó como imagen de país seguía operando  exactamente igual que antes.

 Esto es la herencia de Soraya Jiménez y la historia la reveló su propia familia. Soraya Jiménez Mendivil nació el 5 de agosto de 1977 en Naucalpan de Juárez. Estado de México llegó al mundo siendo la mayor de dos, aunque solo por  unos minutos. Soraya pesó 2,300 g. Magali, su gemela, llegó más pequeña con 1880 g.

 Desde el principio, la diferencia entre ellas era apenas perceptible, pero existía. Y el destino convertiría esa diferencia de gramos en una diferencia de mundos. La familia Jiménez Mendivil era una familia de clase media del Estado de México. José Luis Jiménez padre era contador público. María Dolores Mendíbil era una mujer que, según los cronistas que la entrevistaron años después prefería siempre dar un paso atrás cuando los periodistas se acercaban, dejando que su hija tomara el espacio de las cámaras.

 Una familia que también tenía historia atlética. El tío de las gemelas, Manuel Mendíil, fue parte del equipo mexicano de Salto Ecuestre, que ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980. El deporte corría en la sangre de los Mendivil de una manera que no era metáfora, sino genética verificable. Las gemelas empezaron juntas, como todo en su infancia, empezó juntas.

 El basketbol fue la primera puerta en las canchas de la primaria de Naucalpán y ambas respondieron con suficiente talento para llegar a las selecciones infantiles y posteriormente juveniles del Estado de México. La imagen que los registros históricos conservan esa época es la de dos niñas idénticas corriendo en la misma dirección, compitiendo en el mismo deporte, viviendo la misma ambición de ganar.

 Y entonces los caminos se separaron. Las fuentes verificadas señalan que la estatura fue el factor determinante que alejó a Soraya del basketbol. En la alterofilia no importa cuánto mides hacia arriba, importa cuánta fuerza puedes concentrar en el momento exacto en que el peso abandona el suelo y viaja hacia los brazos extendidos.

 Soraya, con su 1554 de estatura, que era una desventaja en la cancha de basquetbol, era exactamente la proporción que el levantamiento de  pesas premia. baja con el centro de gravedad más cercano al suelo, con una capacidad explosiva que sus entrenadores reconocieron de inmediato. Hay una versión que circula en algunos medios que atribuye el giro hacia la alterofilia a una lesión de rodilla que obligó a Soraya a hacer rehabilitación en un gimnasio de pesas.

 Esa versión no aparece confirmada en las fuentes más rigurosas de su historia. Lo que sí está confirmado es que entre los 11 y los 14 años después del basketball, después del badminton, después de probar con la natación, Soraya encontró la alterofilia. Ella no la soltó. El dato de la lesión como origen, aunque circula, no pudo ser verificado para este episodio y queda etiquetado como no confirmado.

 Lo que sí está verificado es lo que ocurrió una vez que encontró su deporte. A los 16 años, Soraya Jiménez ganó el tercer lugar en la Copa Norseca en Colorado Springs, Colorado, en la categoría de 54 kg, levantando 120 kg. A esa edad ya era un nombre en el radar del deporte olímpico mexicano. En 1996 ganó el oro en el torneo internacional Simón Bolívar.

 En 1998 fue campeona de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1999 obtuvo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Winnipec,  Canadá. Mientras tanto, Magali vivió la vida que viven las hermanas y las familias de los atletas de alto rendimiento, mirando desde afuera, siendo el espejo que no compite, la que va al estadio, a la cancha, a la sala de pesas a ver a su gemela levantar lo que ninguna otra mujer en México levanta.

 la que tiene el mismo rostro, pero una existencia completamente diferente, porque nunca tuvo  que someter su cuerpo a lo que el deporte de élite exige. Esa diferencia entre las dos, la que el destino trazó entre ellas en la adolescencia cuando Soraya encontró las pesas  y Magali.

 No es la imagen central de esta historia. Dos mujeres genéticamente idénticas.  Un cuerpo destruido por la gloria, otro intacto por la vida ordinaria. El 18 de septiembre de 2000 llegó como la culminación de todo lo que Soraya había construido desde aquella cancha de basquetbol en Naucalpan. Los Juegos Olímpicos de Sydney habían abierto por primera vez la competencia de levantamiento de pesas femenino.

 Era la primera edición olímpica en la historia del deporte donde las mujeres podían competir en alterofilia en los juegos. Y Zoraya Jiménez, la de Naucalpán, la que medía 1,54, iba a ser parte de ese momento histórico en un sentido que nadie en México esperaba con certeza. La favorita era la norcoreana Rison Hui, la que llegaba con el respaldo de un sistema de formación atlética que China y Corea del Norte han perfeccionado durante décadas.

 El estado como entrenador absoluto, la vida entera organizada alrededor del resultado deportivo, sin las distracciones del mercado ni del abandono institucional que los atletas mexicanos experimentan con regularidad. Rison Hui era la favorita porque las favoritas de Corea del Norte en Alterofilia son favoritas por razones reales y no por marketing.

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