Nadie vuelve. No hay razón para subir, no hay comunidades cercanas, no hay actividad económica. El edificio se queda ahí pudriéndose lentamente bajo el sol del desierto, visitado únicamente por el viento y las lagartijas, hasta que alguien con recursos, visión criminal y una necesidad específica lo encuentra y dice, “Esto me sirve.
Ahora te voy a pedir que hagas una pausa mental conmigo y pienses en lo que un observatorio astronómico ofrece desde el punto de vista de la vigilancia. piénsalo, un observatorio está diseñado por definición para ver lejos. Está ubicado en un punto alto con vista despejada en todas las direcciones. Tiene una cúpula que se abre y permite una visión de 360º del horizonte.
Tiene la infraestructura para montar equipos ópticos pesados. tiene electricidad e o al menos la tubo, lo cual significa que hay cableado y conexiones que se pueden restaurar y está en un lugar remoto al que nadie sube. Para el CJNG encontrar ese observatorio fue como encontrar una torre de control aéreo abandonada al lado de una pista.
Solo tenían que encenderla y eso hicieron. Pero antes de contarte qué encontraron adentro, que es lo que sé que estás esperando, necesito darte un poco más de contexto sobre el CJNG en Baja California, porque es esencial para entender la magnitud de lo que este hallazgo representa. El CJNG no siempre tuvo presencia fuerte en Baja California.
Durante décadas esta plaza fue dominio del cártel de Tijuana, controlado por la familia Arellano Félix, y posteriormente del cártel de Sinaloa, que fue desplazando a los Arellano Félix gradualmente. Baja California era terreno sinalo CJNG operaba lejos en Jalisco, Michoacán, Colima, Guanajuato. Pero con su expansión agresiva de los últimos años, el CJNG empezó a meter las manos en Baja California.
Primero, tímidamente con células pequeñas que hacían trabajo de distribución local y luego con más fuerza disputando territorios, reclutando operadores del cártel de Sinaloa y estableciendo sus propias rutas de cruce fronterizo. Hoy, Baja California es un campo de batalla entre el cártel de Sinaloa y el CJNG. Las ejecuciones, los enfrentamientos, las narcomantas que aparecen cada semana en Tijuana son el síntoma visible de esa guerra.
Pero debajo de la violencia hay una guerra invisible que es igual de importante, la guerra por la información. Te doy un dato para que dimensiones. Tijuana registra más de 2,000 homicidios al año en sus peores momentos. 2000. e es una de las cifras más altas de cualquier ciudad del mundo, que no está en una zona de guerra declarada.
Y detrás de cada uno de esos homicidios hay una historia que casi nunca se cuenta. El taxista al que mataron porque su ruta pasaba por territorio disputado, el vendedor de tacos que no quiso pagar la cuota, el joven que rechazó una oferta de reclutamiento, el policía que intentó hacer su trabajo. Las familias de cada una de esas víctimas viven con un dolor que no aparece en las estadísticas.
Ensenada, que solía ser una ciudad relativamente tranquila conocida por su vino y su gastronomía, ha visto un aumento dramático de la violencia en los últimos años. A medida que el CJN extiende su presencia hacia el sur del estado. Los restauranteros reportan extorsiones crecientes. Los pescadores de la zona costera denuncian que sus muelles son usados para embarcar droga de madrugada.
Los desarrolladores inmobiliarios hablan de presiones para lavar dinero a través de proyectos de construcción. La economía legal de Baja California está siendo infiltrada y distorsionada por el dinero del narco. Y el observatorio es simplemente la manifestación más espectacular de una presencia criminal que permea todos los niveles de la vida cotidiana del estado.
La gente de Baja California vive con esto todos los días, no como un titular que lee en las noticias. sino como una realidad que afecta sus decisiones más básicas, por dónde caminar, a qué hora salir, qué negocios frecuentar, qué decir y qué callar. El miedo se ha normalizado y esa normalización del miedo es quizás la mayor victoria del crimen organizado.
Y no necesitan controlarte con armas si te controlan con miedo porque en la frontera la información es poder. Porque en la frontera la información es poder. El que sabe dónde están los puntos débiles de la vigilancia, el que sabe cuándo cruza la patrulla, el que sabe por dónde no hay sensores, ese es el que mueve la droga.
Y el que mueve la droga es el que gana la guerra. El observatorio era el arma secreta del CJNG en esa guerra por la información. Y cuando los militares de la Sedena entraron ahí y vieron lo que había dentro, entendieron que llevaban meses, quizás años, jugando una partida en la que el otro equipo podía ver todas sus cartas. Quédate conmigo porque ahora sí vamos a meternos a la torre y lo que te voy a describir vaya a hacer que veas la frontera de una manera completamente diferente.
La Sedena llegó al observatorio como parte de una operación de rastreo que venía de otro lado. No estaban buscando el observatorio, estaban siguiendo la pista de un cargamento de fentanilo que había sido detectado en la zona serrana y que según la inteligencia se movía hacia un punto de cruce cerca de Tecate. Los soldados siguieron la ruta de terracería que subía por la montaña y en un punto el camino pasaba cerca de lo que en los mapas topográficos aparecía marcado como una instalación científica en desuso.
Un oficial del grupo notó algo que no cuadraba. El camino de acceso al observatorio, que debería haber estado intransitable después de años de abandono, mostraba huellas recientes de vehículos. No de un vehículo, de varios y no huellas viejas de algún excursionista curioso. Huellas frescas de neumáticos grandes y consistentes con camionetas o todoterrenos.
En una zona donde no había ninguna razón para qué transitar a nadie. El oficial reportó la anomalía y se tomó la decisión de investigar. Un equipo de seis elementos subió a pie por la ladera hasta el observatorio. Lo que encontraron de entrada fue la primera señal de que algo estaba muy mal. La puerta de acceso principal del edificio, que debería haber estado oxidada, sellada o destruida después de años de abandono, tenía una cerradura nueva, una cerradura moderna de seguridad con llave especial.
Alguien había reemplazado la cerradura vieja por una nueva. Alguien entraba y salía de ahí regularmente. Los soldados forzaron la entrada y lo que encontraron adentro les cambió la cara. El interior del observatorio había sido completamente reacondicionado, no como centro astronómico, obviamente, sino como centro de operaciones de vigilancia e inteligencia.
Te lo voy a describir con detalle porque cada elemento que había ahí cuenta una historia. Lo primero que vieron al entrar fue la planta baja, que originalmente había sido el área administrativa del observatorio. Oficinas, un pequeño laboratorio, un cuarto de descanso para los astrónomos. Todo eso había sido vaciado y reconvertido en lo que fue la oficina principal.
habían montado una estación de trabajo con múltiples monitores, pantallas planas de buen tamaño conectadas a lo que los peritos identificaron como un sistema de recepción de señales de radio y video. Había receptores de radiofrecuencia capaces de captar comunicaciones de bandas utilizadas por las fuerzas de seguridad mexicanas y estadounidenses.
No eran equipos caseros ni baratos, eran equipos de grado profesional e del tipo que usan empresas de seguridad privada o agencias de inteligencia. En otra habitación de la planta baja encontraron lo que parecía ser un centro de análisis. Mesas con computadoras portátiles, impresoras, carpetas con documentación impresa.
En las paredes había mapas, mapas detallados de la franja fronteriza entre Tecate y Mexicali, con anotaciones a mano en diferentes colores, rutas marcadas con flechas, puntos señalados con círculos y cruces, horarios escritos al margen. Los analistas militares que revisaron esos mapas después del operativo confirmaron que las anotaciones correspondían con una precisión escalofriante a los movimientos reales de la patrulla fronteriza y las fuerzas de seguridad mexicanas en la zona.
El CJNG había mapeado los patrones de vigilancia con un nivel de detalle que normalmente solo tienen las propias agencias de seguridad, pero eso fue en la planta baja. Lo verdaderamente impresionante estaba arriba, en la cúpula. La cúpula del observatorio, esa estructura semiesférica que se abre para apuntar el telescopio al cielo, había sido modificada.
El telescopio original hacía tiempo que había desaparecido, probablemente robado o removido cuando se abandonó la instalación. En su lugar, el CJNG había instalado un sistema de vigilancia óptica que, según los peritos militares, era de una sofisticación notable. Había un telescopio terrestre de largo alcance del tipo que se usa para observación de fauna o vigilancia de largo rango montado sobre un trípode motorizado con capacidad de giro de 360º.
Es este telescopio podía apuntar en cualquier dirección y desde la altitud del observatorio tenía un alcance visual de decenas de kilómetros en condiciones claras. Junto al telescopio había una cámara de alta resolución con lente telescópico acoplada a un sistema de grabación digital. Todo lo que veían a través del telescopio podía ser grabado, almacenado y revisado posteriormente.
Pero eso no era todo. También había un equipo de visión térmica, una cámara de infrarrojos montada junto al sistema óptico que permitía detectar presencia humana y vehicular de noche cuando las cámaras normales no sirven. Con ese equipo, desde la cúpula del observatorio, podían ver en plena oscuridad a los agentes de la patrulla fronteriza moviéndose del otro lado de la línea.
Podían contar cuántos eran, hacia dónde iban, dos cuánto tiempo se quedaban en cada punto. Podían ver si llevaban equipo pesado o ligero. Podían distinguir entre un vehículo de patrulla y un vehículo de apoyo táctico. Todo eso de noche en completa oscuridad, desde una distancia a la que los propios agentes ni siquiera sospecharían que alguien los observa.
Y había un tercer elemento en la cúpula que los soldados casi pasan por alto y que resultó ser quizás el más importante de todos. Una antena receptora de señales de radiofrecuencia montada discretamente en el exterior de la cúpula. Esta antena estaba conectada a un equipo de monitoreo que permitía interceptar comunicaciones de radio no encriptadas o débilmente encriptadas.
Las frecuencias que monitoreaban incluían bandas utilizadas por la policía municipal, la estatal y según los primeros análisis y incluso algunas frecuencias operativas de la patrulla fronteriza estadounidense. Quiero que te detengas un segundo a procesar eso. Estaban escuchando las comunicaciones de las fuerzas de seguridad. en tiempo real.
Mientras un agente de la Border Patrol le decía por radio a su compañero, “Me muevo al sector 8, un operador del CJNG, sentado en la cúpula de un observatorio a 20 km de distancia, escuchaba esa comunicación, la registraba y actualizaba su mapa de movimientos. Mientras la policía estatal coordinaba un retén por radio, el CJNG sabía exactamente dónde ibas a estar ese retén.
antes de que los propios policías llegaran. Eso no es narcotráfico, eso es guerra electrónica. Es lo que hacen los ejércitos cuando quieren penetrar las defensas del enemigo. Y el CJNG lo estaba haciendo con equipos que, según los peritos, e se pueden comprar en el mercado abierto si sabes qué buscar y tienes el dinero para pagarlo. No necesitas tecnología clasificada, necesitas conocimiento y recursos.
Y el CJNG tiene ambos de sobra. Dentro de la cúpula también encontraron algo que habla del método de trabajo, un cuaderno de bitácora, un cuaderno físico escrito a mano donde el operador de turno registraba las observaciones del día. Hora, dirección de observación. ¿Qué se vio? Movimientos detectados, notas adicionales.
Estaba escrito con una disciplina casi militar. Entradas regulares, sin saltos, con caligrafía ordenada. Ese cuaderno abarca varios meses de observaciones, meses de vigilancia continua documentada día a día, turno a turno. La constancia y la disciplina que demuestra ese cuaderno son francamente admirables en cualquier otro contexto.
En este contexto, dos son terroríficas. ¿Estás dimensionando lo que te estoy diciendo? El CJNG tenía un sistema de vigilancia de largo alcance óptico y térmico, operando las 24 horas desde una cúpula astronómica en la cima de una montaña, apuntando directamente a la frontera con Estados Unidos. estaban haciendo exactamente lo que hacen las agencias de inteligencia de los países más poderosos del mundo, vigilancia, reconocimiento y análisis de patrones del adversario.
Solo que el adversario eran las fuerzas de seguridad de dos países y el objetivo no era la seguridad nacional, sino el tráfico de drogas. Y todavía no te he contado la parte que más me impactó de todo el hallazgo, porque lo que había en las computadoras portátiles que encontraron en la planta baja es lo que realmente revela la profundidad de esta operación.
Oh, los técnicos de inteligencia militar que revisaron las computadoras encontraron archivos organizados con una metodología que a cualquier analista de inteligencia le resultaría familiar. Había carpetas clasificadas por zona geográfica, sector tecate, sector rumorosa, sector este Mexicali.
Dentro de cada carpeta había subcarpetas por tipo de información: patrullas, sensores, drones, puntos ciegos, cambios de turno. En la carpeta de patrullas había registros detallados de los movimientos de las fuerzas de seguridad en cada sector. Horarios aproximados de las rondas, número de vehículos por turno, rutas habituales, puntos donde las patrullas solían detenerse, tiempos de respuesta estimados ante alertas, todo documentado durante lo que parecen ser meses de observación continua.
Eh, en la carpeta de puntos ciegos había algo que pone los pelos de punta, un listado de coordenadas geográficas con anotaciones como sin cobertura de cámara, ángulo muerto de sensor, zona de sombra nocturna. El CJNG había identificado, catalogado y verificado cada punto débil del sistema de vigilancia fronteriza en su zona de operación, cada hueco en la cobertura, cada rincón donde un cargamento podía cruzar sin ser detectado y en la carpeta de drones había registros de los patrones de vuelo de los drones de vigilancia que operan en la zona:
horarios de despegue y aterrizaje, rutas habituales, altitudes de vuelo, duración de las misiones, frecuencias de rotación entre diferentes áreas. Habían estudiado a los drones con la misma meticulosidad con la que un ornitólogo estudia a las aves migratorias. Mira, de cuando yo leí sobre estos archivos, se me cayó la mandíbula y no soy fácil de impresionar a estas alturas, pero esto es un nivel de inteligencia operativa que no se le había documentado a ningún cártel mexicano de esta manera.
Esto no es un sicario con unos binoculares sentado en un cerro viendo pasar patrullas. Esto es una operación de inteligencia estructurada con metodología, con análisis de datos, con documentación sistemática. Esto es lo que hace una agencia de espionaje y lo estaba haciendo una organización criminal desde un observatorio astronómico abandonado en las montañas de Baja California.
Pero espera que hay más. Y lo que viene es lo que conecta todo esto con el panorama más amplio del narcotráfico en la frontera. En una de las computadoras encontraron software de comunicaciones encriptadas, aplicaciones que permiten enviar mensajes y datos de manera segura sin que puedan ser interceptados por las herramientas convencionales de monitoreo de comunicaciones.
A través de esas aplicaciones, la información recopilada en el observatorio se transmitía en tiempo real a operadores del CJNG en el terreno. Es decir, mientras un analista en la cúpula del observatorio veía a través de la cámara térmica que una patrulla de la Border Patrol se movía hacia el este, esa información llegaba en cuestión de segundos a un grupo de cargadores que esperaba en un punto de cruce al oeste.
La vía está libre, crucen ahora. Así de simple, así de efectivo. Era un sistema de alerta temprana y coordinación en tiempo real. El observatorio era los ojos, las comunicaciones encriptadas eran los nervios y los operadores en el terreno eran las manos. Dos, todo funcionando como un organismo integrado con el observatorio como cerebro central de las operaciones de cruce fronterizo del TCJNG en esa zona.
Y aquí hay otro dato que quiero que registres bien. También encontraron evidencia de que el observatorio no solo vigilaba la frontera, también vigilaba a los propios operadores del cártel. Había registros de seguimiento de vehículos del CJNG con anotaciones sobre tiempos de llegada a puntos de entrega, rutas utilizadas, comportamiento de los conductores.
El observatorio servía como mecanismo de control interno. Los jefes del CJNG lo usaban para verificar que sus propios empleados cumplieran las órdenes, no se desviaran de las rutas y no roaran mercancía. desconfían de todo el mundo, incluyendo de su propia gente. Y ese nivel de paranoia organizacional es paradójicamente lo que los hace tan difíciles de infiltrar y desmantelar.
Ahora quiero hacer una pausa aquí para que hablemos de lo que todo esto significa en un contexto más amplio, porque siento que es fácil quedarse en el asombro del hallazgo y perder de vista las implicaciones profundas. La primera implicación es sobre la vulnerabilidad del sistema de seguridad fronteriza. Estados Unidos gasta miles de millones de dólares al año en vigilar la frontera con México.
Cámaras, sensores, drones, agentes, tecnología de punta. Pero todo ese sistema tiene un supuesto fundamental que el enemigo no sabe dónde están los ojos ni cuándo miran. El observatorio del CJNG destruye ese supuesto. Si el cártel tiene mapeados los puntos ciegos, los horarios de las patrullas y los patrones de vuelo de los drones y toda esa inversión multimillonaria pierde buena parte de su efectividad.
No sirve de nada tener la mejor cámara del mundo si el otro sabe exactamente hacia dónde apunta y cuándo. Esto es algo que los expertos en seguridad fronteriza llevan años advirtiendo. La tecnología sola no resuelve el problema. Necesitas variar tus patrones constantemente. Necesitas aleatoriedad en tus operaciones. Necesitas asumir que el adversario te está observando y actuar en consecuencia.
Pero la realidad operativa muchas veces conspira contra esos principios. Los agentes de la Border Patrol trabajan turnos fijos. Las patrullas siguen rutas preestablecidas por razones logísticas. Los drones tienen planes de vuelo que se repiten porque el espacio aéreo tiene restricciones. Esa rutina es exactamente lo que el CJNG estaba explotando desde el observatorio.
Es la segunda implicación es sobre la evolución del CJNG como organización. Cada hallazgo reciente, los submarinos en cenotes, los pueblos fantasma en la sierra y ahora un observatorio de inteligencia en la montaña apunta en la misma dirección. El CJNG está dejando de ser un cártel en el sentido tradicional y se está convirtiendo en algo que se parece más a una organización paramilitar con capacidades de inteligencia propias.
Tienen fuerza bruta, sí, tienen armas, tienen sicarios, tienen violencia, pero cada vez más su ventaja principal no es la violencia, sino la información. Saben más que sus rivales, saben más que las autoridades y usan ese conocimiento de manera estratégica para mover droga, controlar territorio y evadir operativos.
Eso cambia las reglas del juego por completo, porque una cosa es enfrentar a un grupo criminal que se defiende con balas y otra muy distinta es enfrentar a un grupo criminal que te estudia, te analiza, te mapea y luego usa esa información para hacerte irrelevante sin disparar un solo tiro. La tercera implicación, y esta es la que más me preocupa personalmente, es sobre la corrupción y las filtraciones, porque el observatorio proporcionaba inteligencia de fuentes abiertas, es decir, información obtenida por observación directa, pero varios de los
archivos encontrados en las computadoras contenían datos que no se pueden obtener simplemente mirando por un telescopio. horarios exactos de cambios de turno, que son información interna de las corporaciones, frecuencias de radio específicas utilizadas por diferentes unidades, nombres y alias de ciertos agentes.
O seo sugiere que la inteligencia del observatorio se complementaba con información proporcionada por fuentes humanas, dicho más claramente por gente infiltrada dentro de las fuerzas de seguridad. No es ningún secreto que los cárteles corrompen policías, militares y funcionarios, pero lo que este caso demuestra es que la corrupción no es solo transaccional, no es solo te pago para que mires para otro lado, es corrupción de inteligencia, personas dentro del sistema de seguridad que proporcionan información operativa específica a cambio de dinero.
información que luego se integra en un sistema de análisis sofisticado como el del observatorio. Eso es espionaje. Eso es lo que hacen los países cuando quieren penetrar las defensas de otro país. Y aquí lo está haciendo un cártel de drogas contra su propio gobierno y contra el gobierno del país vecino. Hablemos ahora de la dimensión humana de todo esto, porque detrás de los datos y los equipos de vigilancia hay personas que están sufriendo las consecuencias de esta guerra invisible, los migrantes.
Porque uno de los datos más perturbadores que encontraron en los archivos del observatorio es que el CJNG también rastreaba los movimientos de grupos de migrantes. tenían registros de las rutas más utilizadas por los migrantes para cruzar la frontera, los puntos donde se concentraban, los horarios en que solían intentar el cruce.
¿Para qué querían esa información? Las posibilidades son varias y ninguna es buena. La primera y más obvia, para evitar que los cruces de migrantes coincidan con los cruces de droga. Los migrantes atraen la atención de la border patrol. Si un grupo de migrantes es detectado cruzando por un punto, las patrullas se concentran ahí y eso puede comprometer un cargamento que iba a pasar por una zona cercana.
Entonces, el cártel necesita saber dónde están los migrantes para mandar su droga por otro lado, la segunda posibilidad es más oscura. El CJNG cobra a los migrantes por cruzar por su territorio. Es lo que se conoce como derecho de piso o cuota de cruce. Si controlas la frontera, controlas quién cruza y cuándo, y cada migrante que quiere pasar tiene que pagar.
Monitorear los movimientos de migrantes desde el observatorio les permitiría detectar a quienes intentan cruzar sin pagar para interceptarlos y cobrarles, extorsionarlos o algo peor. La tercera posibilidad es la que más cuesta escribir, que el CJNG use a los migrantes como distracción deliberada, que envíen grupos de migrantes por un punto para que la border patrol se concentre ahí mientras la droga cruza por otro.
usar seres humanos desesperados como ceñuelo, como carnada. No hay confirmación de que esto suceda de manera sistemática, pero la información encontrada en el observatorio sugiere que al menos se contempla como posibilidad operativa. Cualquiera de estos escenarios es devastador para las miles de personas que cada año intentan cruzar la frontera buscando una vida mejor.
Personas que ya de por sí enfrentan deshidratación, hipotermia, extorsión de polleros y el riesgo constante de muerte en el desierto. Si a todo eso le sumas que un cártel con tecnología de vigilancia los está monitoreando desde una montaña para usarlos, evitarlos o explotarlos, la dimensión del sufrimiento se multiplica. Y aquí hay algo que quiero dejar claro, porque me parece importante.
Los migrantes no son cómplices del narcotráfico, son víctimas. Son personas que huyen de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades en sus países de origen. Que un cártel los use como peones en su tablero de ajedrez fronterizo es una atrocidad que debería indignar a cualquier persona con un mínimo de humanidad.
Pero muchas veces en el debate público sobre la frontera, los migrantes y los narcotraficantes se meten en el mismo saco como si fueran la misma cosa. No lo son. Y este caso demuestra precisamente que los migrantes son tan víctimas del narcotráfico como cualquier persona que sufre la violencia de los cárteles en México.
Hay historias que te rompen el alma. Familias enteras que vendieron todo lo que tenían para pagarle a un pollero, que caminaron días por el desierto cargando a sus hijos, que llegaron a la frontera pensando que lo más difícil había pasado, solo para enterarse de que tienen que pagarle al cártel una cuota adicional o no cruzan.
Y si no tienen dinero, trabajan para el cártel. Cargan paquetes, sirven de distracción, se convierten en mulas, no porque quieran, sino porque no tienen opción. Y desde el observatorio, el CJNG podía ver exactamente dónde estaban esas familias, cuántas eran, hacia dónde se movían.
Los tenían fichados como un ganadero tiene fichado a su ganado. La deshumanización es total y mientras tanto, el debate público en Estados Unidos y en México se pierde en discusiones políticas sobre muros, sobre cifras, sobre quién tiene la culpa. Mientras los políticos discuten, las familias caminan por el desierto y el CJNG las observa desde una montaña con cámaras térmicas. Esa es la realidad.
Y esa realidad no se resuelve con discursos ni con muros, se resuelve con acciones concretas que ataquen la raíz del problema, la pobreza que expulsa a la gente de sus países, la corrupción que permite a los cárteles operar con impunidad y la demanda de drogas que alimenta toda la maquinaria. Voy a cambiar el ángulo ahora para hablarte de algo que me parece fascinante.
La logística de mantener operativo un observatorio clandestino en la cima de una montaña. Porque piénsalo, e ese observatorio está en un lugar remoto. No hay electricidad comercial, no hay agua corriente, no hay tiendas ni servicios. Mantener una operación de vigilancia continua ahí requiere resolver varios problemas logísticos que no son triviales.
Electricidad, los equipos de vigilancia, las computadoras, las cámaras, los monitores, los receptores de radio, todo consume energía eléctrica. Los soldados encontraron un sistema de paneles solares instalados en la parte trasera del edificio, orientados de manera que no fueran visibles desde el camino de acceso principal.
Los paneles alimentaban un banco de baterías que proporcionaba energía las 24 horas. También había un pequeño generador diésel como respaldo, aunque aparentemente se usaba poco para evitar el ruido y el humo que podían delatar la presencia. y agua encontraron un sistema de captación de agua de lluvia con tinacos de almacenamiento.
La sierra de Baja California no recibe mucha lluvia, pero la que cae se aprovechaba al máximo. También había garrafones de agua embotellada, lo que indica que se subía agua regularmente desde abajo. Alimentos. Había provisiones almacenadas, enlatados, alimentos secos, café, galletas, lo suficiente para que un equipo pequeño de personas pudiera mantenerse durante semanas sin necesidad de bajar al pueblo más cercano. Comunicaciones.
Además de los equipos de monitoreo, tenían antenas de comunicación satelital que les permitían transmitir datos y mantener contacto con la estructura del cártel sin depender de las redes de telefonía celular que son más fáciles de interceptar. Todo esto habla de una planificación cuidadosa. No llegaron un día con unos binoculares y una silla.
Montaron una instalación autosuficiente diseñada para operar de manera continua durante periodos prolongados. Eso requiere inversión, conocimiento técnico y, sobre todo, personalizado. ¿Quién operaba el observatorio? Los soldados no encontraron a nadie. Al igual que en otros casos recientes, el lugar había sido evacuado antes de la llegada de La Sedena, lo que otra vez apunta a que el cártel tuvo aviso previo.

Pero por la cantidad de equipos y la distribución de los espacios, los analistas estiman que el observatorio era operado por un equipo de entre tres y cinco personas que rotaban en turnos. No necesitaban más. La mayor parte del trabajo era observación y registro de datos, no combate. Y aquí hay una pregunta que se hace obligatoria. ¿Quiénes son esas tres a cinco personas? ¿Qué perfil tienen? Porque no cualquiera puede operar equipos de vigilancia de grado profesional, interpretar datos de inteligencia y mantener un sistema de comunicaciones encriptadas. Eso requiere
formación técnica, experiencia en vigilancia o inteligencia, conocimientos de informática. Los expertos que han analizado el caso sugieren que el CJNG recluta o fuerza a personas con experiencia militar o policial para este tipo de operaciones. Gente que fue entrenada por el Estado y que ahora trabaja para el crimen organizado.
Es el mismo patrón que vimos con los setas hace dos décadas. El Estado forma, el crimen organizado recluta. Ahora quiero meterme en algo que me parece crucial y que casi nadie está discutiendo, la reacción de Estados Unidos. Porque este caso no es solo un problema mexicano, es un problema binacional.
El CJNG estaba espiando las operaciones de seguridad de Estados Unidos desde territorio mexicano. Eso en cualquier otro contexto se consideraría un acto de agresión o espionaje que generaría una respuesta diplomática severa. Pero como el actor no es un gobierno sino un cártel, la respuesta se complica. Las agencias de seguridad estadounidenses, según fuentes que han trascendido, están profundamente perturbadas por este hallazgo.
No tanto por la sorpresa, porque ya sospechaban que los cárteles tenían capacidad de vigilancia sobre sus operaciones, sino por el nivel de sofisticación documentada. Una cosa es sospechar que te están observando y otra es ver los archivos con tus propios patrones de patrullaje perfectamente catalogados en una computadora del enemigo.
Esto va a generar cambios. Dos, va a obligar a la Border Patrol y a las agencias de seguridad fronteriza estadounidenses a revisar todos sus protocolos operativos en la zona: cambiar horarios, variar rutas, modificar patrones de vuelo de drones, reubicar cámaras, todo lo que el CJNG tenía mapeado queda comprometido y eso cuesta dinero, tiempo y genera vulnerabilidades temporales mientras se implementan los cambios.
Es decir, paradójicamente, el descubrimiento del observatorio puede generar un periodo de mayor vulnerabilidad fronteriza mientras se ajustan los protocolos y puedes apostar a que el CJNG lo sabe y va a intentar aprovecharlo. También va a generar presión diplomática de Estados Unidos sobre México. Porque la pregunta obvia es, ¿cómo es posible que un cártel opere un centro de espionaje en territorio mexicano durante meses o años? Sin que las autoridades se enteren, Washington va a exigir explicaciones, va a exigir acceso a la
información recuperada en el observatorio y va a usar este caso como argumento para pedir mayor presencia o cooperación en la frontera. Y México, con su histórica sensibilidad sobre la soberanía y la injerencia extranjera, va a tener que navegar esa presión sin ceder demasiado ni parecer que no toma el problema en serio.
un equilibrio difícil y los cárteles se benefician de esa tensión diplomática porque mientras los dos gobiernos discuten sobre quién tiene la culpa y quién debería hacer qué, ellos siguen operando. Hablemos de algo que también creo necesario abordar, el estado del observatorio desde el punto de vista patrimonial y lo que representa el abandono de infraestructura científica en México.
Porque hay algo profundamente simbólico en que un observatorio astronómico, un lugar construido para expandir el conocimiento humano, para mirar las estrellas y entender el universo, termine siendo usado por el crimen organizado para vigilar la frontera y traficar drogas. Es como una metáfora de lo que pasa cuando el Estado abandona, cuando se deja de invertir en ciencia, en educación, en infraestructura.
El vacío que deja el Estado lo llena el crimen siempre excepción. México tiene decenas de instalaciones científicas abandonadas o semiabandonadas a lo largo del país. Estaciones de investigación en selvas y montañas y laboratorios en universidades públicas, centros de monitoreo ambiental. Muchos fueron construidos con inversión pública significativa y luego simplemente olvidados cuando cambió el gobierno o se recortó el presupuesto.
Son cascarones vacíos que nadie vigila, que nadie mantiene, que nadie usa y cada uno de ellos es una oportunidad potencial para que el crimen organizado les dé un nuevo uso. No estoy diciendo que todos los edificios abandonados del país estén siendo usados por narcos, pero sí estoy diciendo que el abandono institucional crea las condiciones para que cosas como esta pasen y que cada peso que se recorta de la ciencia, de la educación, de la infraestructura pública es un peso que indirectamente fortalece al crimen organizado al dejar espacios vacíos que
ellos pueden ocupar. Ahora viene la parte del análisis estratégico y quiero que prestes atención porque creo que aquí es donde este caso adquiere su verdadera dimensión. Lo que el observatorio del CJNG demuestra es que la guerra del narcotráfico en la frontera norte de México ha entrado en una fase que algunos analistas llaman guerra de información.
Ya no se trata solo de quién tiene más armas o más sicarios, se trata de quién tiene mejor información. Y en este momento la evidencia sugiere que el CJNG, al menos en su zona de operación en Baja California, tenía una ventaja informativa significativa sobre las fuerzas de seguridad. Eso es gravísimo, porque en cualquier conflicto la parte que tiene mejor inteligencia gana, lo saben los ejércitos, lo saben las agencias de espionaje y ahora lo sabe el CJNG, la inversión que hicieron en el observatorio, en equipos, en personal, en logística para mantenerlo operativo
demuestra que entienden este principio y están dispuestos a invertir fuertemente en capacidades de inteligencia. ¿Qué significa esto para el futuro? Significa que las fuerzas de seguridad no solo tienen que perseguir cargamentos de droga y capturar sicarios, tienen que asumir que están siendo observados, analizados y estudiados constantemente.
Tienen que operar bajo el supuesto de que el enemigo conoce sus movimientos y eso requiere un cambio fundamental en la doctrina operativa. Más aleatoriedad, más imprevisibilidad, más contrainteligencia. más ciberseguridad en las comunicaciones. También significa que la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de inteligencia fronteriza se vuelve no solo deseable, sino absolutamente necesaria.
Si el CJNG puede montar un observatorio de espionaje apuntando a la frontera, la respuesta tiene que ser compartir inteligencia de manera fluida entre ambos países para cerrar las vulnerabilidades que el cártel está explotando. Eso requiere confianza y la confianza, como ya mencioné, es un recurso escaso entre las agencias de seguridad de ambos países.
Hay un antecedente que vale la pena recordar aquí en 2020. El caso del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la defensa nacional, generó una crisis de confianza entre ambos países. Estados Unidos lo detuvo, lo acusó de vínculos con el narcotráfico y luego México presionó para que lo extraditaran de regreso, donde fue exonerado por la Fiscalía Mexicana.
Ese episodio dejó heridas profundas en ambos lados. Las agencias estadounidenses sintieron que México no tomaba en serio sus investigaciones. Las autoridades mexicanas sintieron que Estados Unidos actuaba de manera unilateral y arrogante. Y desde entonces la cooperación en inteligencia ha estado más tensa que nunca.
El observatorio del CJ es un recordatorio brutal de que mientras los dos gobiernos juegan sus juegos diplomáticos, el enemigo real se beneficia de la descoordinación. Cada día que pasa sin operación efectiva, es un día en que el cártel sigue observando, sigue registrando, sigue mandando droga por los puntos ciegos que tiene perfectamente identificados.
La política no puede seguir siendo más importante que la seguridad, pero seamos honestos, casi siempre lo es. Otra implicación estratégica tiene que ver con la tecnología. Si el CJNG ya usa cámaras térmicas, receptores de radiofrecuencia y comunicaciones encriptadas, ¿cuánto falta para que usen inteligencia artificial para analizar los datos que recopilan? ¿Cuánto falta para que automaticen el análisis de patrones de patrullaje con algoritmos que detecten cambios en tiempo real? ¿Cuánto falta para que usen drones
propios con cámaras térmicas que operen de manera autónoma sobre la frontera? puede sonar a ciencia ficción, pero si me hubieras dicho hace 5 años que un cártel iba a operar un centro de inteligencia desde un observatorio astronómico, también habría sonado aficción. La tecnología avanza y los cárteles tienen los recursos financieros para adquirir lo último.
Estamos hablando de organizaciones que mueven decenas de miles de millones de dólares al año, pueden pagar lo que sea, pueden contratar a quien sea y la tecnología que hoy está en manos de gobiernos y corporaciones, mañana puede estar en manos de un cártel si el precio es correcto. La pregunta no es si van a dar ese salto tecnológico, sino cuándo.
Voy a ir cerrando esta historia, pero antes quiero dejarte con algunas reflexiones que creo que son importantes. Ya sabes lo que encontraron, ya entiendes cómo funcionaba. Ahora preguntémonos lo que nadie se está preguntando en público. La primera pregunta es, ¿el observatorio estaba solo? Uno de los principios básicos de cualquier sistema de vigilancia es la redundancia.
No pones un solo punto de observación, pones varios en diferentes posiciones para tener cobertura cruzada y respaldo en caso de que uno caiga. Si el CJNG piensa como una organización de inteligencia y toda la evidencia sugiere que sí y entonces es razonable suponer que el observatorio de Baja California no era el único.
Puede haber otros puntos de observación en otras montañas, en otras estructuras abandonadas, quizás no tan elaborados, pero cumpliendo la misma función. Las autoridades deberían estar buscándolos. La pregunta es si lo están haciendo. La segunda pregunta es, ¿qué van a hacer con la información recuperada? Las computadoras, los archivos, los mapas, los registros.
Todo eso es inteligencia invaluable, no solo el CJNG, sino sobre las vulnerabilidades del propio sistema de seguridad fronteriza. Si se analiza correctamente, puede servir para cerrar brechas, identificar infiltrados y entender las tácticas del cártel. Pero si se queda acumulando polvo en una bodega de evidencias, es una oportunidad desperdiciada.
Eh, la tercera pregunta es la más incómoda. ¿Quién dentro de las fuerzas de seguridad estaba proporcionando información al cjt? Porque como ya dije, algunos de los datos encontrados en las computadoras no se pueden obtener por observación. ¿Alguien los filtró? ¿Se va a investigar eso? ¿Se va a llegar hasta las consecuencias? ¿O se va a barrer bajo la alfombra para no generar escándalo? No tengo las respuestas.
Ojalá las tuviera, pero las preguntas hay que hacerlas porque el día que dejemos de preguntar, ese día los cárteles ganan definitivamente. No con balas, con nuestro silencio. El observatorio del CJNG en Baja California es muchas cosas. Es un hallazgo impresionante. Es una demostración de la sofisticación del crimen organizado.
Es un reflejo del abandono institucional. que es una advertencia sobre la vulnerabilidad de la seguridad fronteriza, pero sobre todo es un recordatorio de que en esta guerra la información es el arma más poderosa y ahora mismo no está claro quién la tiene de verdad. Y mira, a ti que llegaste hasta aquí, que te quedaste los minutos que dura este video escuchando algo que no es fácil de digerir, te quiero dar las gracias en serio, porque informarse sobre estos temas, entender la complejidad de lo que está pasando,
negarse a conformarse con la versión fácil, eso es un acto de ciudadanía y México necesita más de eso. Así que te pregunto, ¿qué opinas de todo esto? ¿Crees que las autoridades van a ser capaces de adaptar su estrategia ante este nivel de sofisticación del CJNG? ¿Crees que hay más observatorios como este operando ahora mismo? ¿Qué harías tú si fueras el mando responsable de la seguridad fronteriza y te enteraras de que el enemigo tiene mapeados todos tus movimientos? Déjamelo en los comentarios que los leo todos y me encanta el debate
que se genera ahí. Si este video te aportó algo que no habías encontrado en otro lado, regálame un like. Ese like no es vanidad, es la diferencia entre que este contenido llegue a 100 personas o a 100,000. Y estos temas necesitan llegar a la mayor cantidad de gente posible porque lo que no se conoce no se puede cuestionar y lo que no se cuestiona no se puede cambiar. Así de simple.
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Cuídate, cuida a los tuyos. Y acuérdate, en un mundo donde el crimen organizado te espía desde las estrellas, la mejor defensa es mantener los ojos bien abiertos siempre, porque ellos no descansan y nosotros tampoco deberíamos nunca. Nos vemos.