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Messi NO LO PODÍA CREER al ver lo que hizo Vozinha

 

¿Qué significa que el mejor futbolista de todos los tiempos declare ante la prensa a horas de un partido clave de 16avos de final de un mundial que un desconocido de hace tres semanas es el rival más increíble que ha cruzado en su carrera, significa que algo ocurrió antes de que se encendiera ese micrófono.

 Un suceso esta mañana en un hotel de Fort La Luderdale. Cuando lo sepas, entenderás por qué Messi dijo esas palabras y por qué decidió decirlas justo hoy. Hace tres semanas nadie conocía su nombre. Hoy Messi asegura que es el mejor jugador que ha visto en su vida. Deja tu me gusta y suscríbete si crees que Bosiña es la mayor revelación de esta Copa del Mundo.

 Fuimos los primeros en contar cómo Messi viajó a Tampa para ofrecerle a Bosinia el contrato de su vida. Hablamos del arquero de 40 años de Cabo Verde que recolectaba basura a los 25. El mismo que clasificó a su país invicto en su primer mundial con tres empates históricos ante España, Uruguay y Arabia Saudita.

 Aquel que cuando el mundo entero lo miraba y le preguntaba qué deseaba, contestó con timidez. “Solo quiero que mi madre viaje para verme jugar. Sin lujos ni contratos ni publicidad, solo su madre.” Y lo contamos aquí antes que nadie. Se trataba de una oferta del Inter de Miami firmada por Beckham, dos temporadas con sueldo de estrella y un detalle extra.

Messi exigió una cláusula para que la madre de Bosiña tuviera trabajo en el club. le pareció lo justo. La gente devoró ese gesto como el relato más noble del torneo y realmente lo era. Pero esta mañana Bosña sumó un giro inesperado, un acto imprevisto que revela la verdadera esencia de este arquero, mucho más de lo que ya sabíamos.

 Bosiña despertó hoy consciente de que pronto pisará el Hardrock Stadium de Miami. Deberá atajar los disparos del mismísimo hombre que le cambió la vida. El astro eh buscará anotarle y bosiñará todo por evitarlo. Así de frío es el deporte. Las emociones de los reencuentros no valen a la hora de jugar. Cualquier futbolista en su lugar habría pasado la mañana concentrado y descansando, respetando la estricta rutina de los planteles antes de un duelo a vida o muerte en la Copa del Mundo.

 Pero Bosiña prefirió actuar distinto. solicitó a su propia delegación la ubicación exacta de la selección argentina en Fort Lauderdale, el Hotel Dalmar, un complejo de cuatro estrellas donde Messi se relajaba de cara al partido más crucial de la copa y apareció allí de golpe, sin avisar, sin llamadas, sin mandar un solo mensaje y saltándose cualquier coordinación con la seguridad de la delegación al celeste o el entorno de Messi.

 El arquero cruzó el lobby con la soltura de quien no calcula las consecuencias de sus actos, sino que se mueve guiado únicamente por lo que le dicta el corazón. Cuando los recepcionistas del hotel quisieron saber a quién buscaba, Bosiña pronunció el apellido de Messi. Lo que pasó después lo describieron los testigos como una escena mágica e inesperada de esas situaciones raras donde la gente enmudeció sin saber exactamente cómo reaccionar ante lo que estaba viendo.

Avisaron a la habitación de Messi y él mismo bajó de inmediato. No delegó en intermediarios. Tampoco mandó a subir al arquero. Fue él en persona. Llevaba ropa cómoda, la de un hombre sorprendido en su descanso con la cara del que ignora que le espera abajo en el vestíbulo, pero intuyendo que lo que fuera que ocurriese valía la pena atenderlo cara a cara, se saludaron con la sincera calidez de quienes comparten un vínculo profundo, un lazo que escapa a las lógicas y tensiones de un partido de fútbol. No se conocían de

toda la vida apenas llevaban un puñado de días tratándose, pero la entrega de aquel sobreentampa forjó una complicidad que no se mide en años, sino en la inmensa carga emocional de lo vivido. Bosiña le confesó que debía decirle algo importante antes de que rodara la pelota. Una resolución que tomó recientemente y que deseaba que el Astro conocida antes que nadie.

 No su representante, ni la directiva de Miami, ni su federación, tenía que ser Messi. Lo que reveló acto seguido descolocó por completo al astro de la selección argentina. Sin embargo, antes de desvelar sus palabras, conviene reflexionar sobre el tremendo impacto de este guardameta en el torneo. Su odisea no se resume en el veterano que alcanzó la gloria a destiempo, pero lo logró.

trata sobre un hombre que antepuso a los demás cada vez que tuvo la opción de beneficiarse egoístamente. Cuando le dieron a elegir lo que deseara, prefirió a su madre. Al firmar con el Inter de Miami, entendió que el acuerdo no era solo una suma millonaria, sino un compromiso enorme. Y esta misma mañana, en el vestíbulo de Fort Lauderdale, volvió a decidir con el alma, sin prensa, sin cámaras, filmando y libre de cualquier interés estratégico de cara a su carrera.

 Bosiña tiene 40 años. Llevaba décadas jugando como un profesional tan invisible que el mundo del fútbol ni sospechaba su existencia hace apenas tres semanas. Pero en estos últimos días vivió más cosas de las que la mayoría experimenta en toda su carrera. Metió a Cabo Verde en los 16avos del mundial y se consagró como el rostro más querido del torneo.

 Fichó por el Inter de Miami y esta misma mañana hizo algo que Messi con 30 años de carrera jamás le vio hacer a nadie. Por eso esta historia se grabará a fuego en la memoria mucho después de que el resultado de esta tarde en el Hard Rock Stadium de Miami sea solo una fría cifra estadística. Pero hay una pregunta que nadie en el Planeta Fútbol se había planteado hasta hoy.

 ¿Qué hace un hombre cuando de golpe pasa de no tener nada a tenerlo todo? Cuando en apenas tres semanas su vida da un vuelco que ningún guion de cine habría podido anticipar. Aquel jugador que veías por televisión mientras juntabas basura para pagar el alquiler de pronto aparece en el lobby con un contrato firmado y una cláusula especial para tu madre.

 La respuesta típica en el fútbol de hoy es que ese hombre simplemente disfruta lo que tiene, que se compra lujos, celebra, sube fotos a redes y se deja llevar por el momento sabiendo que la oportunidad no se repetirá. Es algo del todo comprensible. Eso es lo que exige la lógica del fútbol actual.

 Peroña no encaja en esa lógica común. Lo que pudimos averiguar sobre lo que pasó esta mañana en el vestíbulo de ese hotel en Fort La Loerdale es que Bociña traía un mensaje muy claro para Messi. Eh, no iba para agradecerle otra vez. Tampoco venía a pedirle absolutamente nada ni a repetirle lo que ya le había confesado en Tampa sobre lo mucho que significó verlo en televisión durante aquellos duros años juntando basura.

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