La mañana del miércoles 15 de abril se transformó en el escenario de uno de los crímenes más estremecedores y profundamente debatidos en la historia reciente de la Ciudad de México. Carolina Flores, una joven de 27 años, originaria de Ensenada, Baja California, y reconocida en el ámbito de los certámenes por haber ostentado el título de belleza en Miss Earth Universe, fue asesinada a sangre fría en un departamento de la colonia Polanco Tercera Sección. Lo que ha dejado a la opinión pública en un estado de absoluto estupor no es solo la violencia del ataque, sino la identidad de la persona que apretó el gatillo: su propia suegra, Erika María.
El suceso quedó registrado de manera nítida gracias a las cámaras de seguridad instaladas en el interior de la vivienda. Los videos, que ahora forman parte fundamental de la carpeta de investigación de la Fiscalía General de Justicia d
e la Ciudad de México, exponen una secuencia de hechos que destaca por la desconcertante normalidad inicial y la frialdad con la que se ejecutó el crimen. A las 11:23 de la mañana, las imágenes muestran a Erika María caminando por la sala del departamento. En todo momento, la mujer mantiene su mano izquierda oculta dentro del bolsillo del pantalón, una postura que posteriormente cobraría un significado siniestro.
Pocos segundos después, Carolina aparece en el encuadre vistiendo únicamente una bata de baño. Madre de un bebé de apenas ocho meses, la joven entabla lo que parece ser una conversación casual y cotidiana con la madre de su pareja. No se aprecian ademanes de confrontación física ni discusiones alteradas a simple vista. Carolina se desplaza hacia lo que aparenta ser una pequeña bodega o armario empotrado, aparta una cortina ligera y se agacha para recoger un objeto del suelo, acortando la distancia física entre ambas. Al reincorporarse, la joven se dirige hacia la zona del baño. Es en ese preciso instante de vulnerabilidad cuando Erika María saca el arma de fuego, un calibre 25, y dispara en dos ocasiones directamente contra la joven, quien se desploma de inmediato en el piso. No conforme con el daño inicial, la agresora se acerca al cuerpo caído y acciona el arma otras cuatro veces, completando un total de al menos siete detonaciones que segaron la vida de la exreina de belleza de forma casi instantánea.
La detonación de los impactos atrajo de inmediato a Alejandro, esposo de Carolina e hijo de la agresora, quien se encontraba en otra habitación del inmueble resguardando al hijo de la pareja, un lactante de ocho meses. Al ingresar a la escena del crimen y encontrarse con el cuerpo ensangrentado de su esposa, Alejandro confrontó a su madre con gritos de desesperación, cuestionando la atrocidad que acababa de cometer. La respuesta de Erika María, lejos de mostrar arrepentimiento o pánico ante la magnitud de sus acciones, reflejó una frialdad psicológica perturbadora que ha encendido los debates sobre la salud mental en el país: “Tú eres mío y ella no… Mi familia es mía”. Estas palabras, pronunciadas mientras su hijo sostenía al bebé en brazos, sugieren que el móvil del crimen estuvo fuertemente ligado a un arraigado conflicto de posesión familiar, resentimiento por la relación de pareja de su hijo y descontento en torno a las dinámicas de convivencia con su nieto.
A pesar de la gravedad y la inmediatez del ataque, el desarrollo posterior del caso presenta inconsistencias temporales que las autoridades ministeriales se encuentran investigando a fondo. Tuvo que transcurrir un día completo, un lapso de 24 horas, para que Alejandro, en compañía de su abogado defensor, se presentara ante las oficinas de la Fiscalía capitalina para interponer la denuncia correspondiente en contra de su madre. Esta deliberada o justificada demora ha levantado suspicacias tanto en los investigadores como en los vecinos del exclusivo sector residencial, quienes manifestaron no haber escuchado detonaciones extrañas o gritos de auxilio durante la mañana del miércoles. El cuerpo de Carolina Flores fue hallado finalmente por los peritos forenses con heridas severas localizadas en el cuello, la nuca y el pómulo izquierdo, lo que confirma la proximidad y la intención letal del ataque.
El caso ha trascendido las fronteras de la nota roja y se ha instalado en el centro del debate social sobre la violencia de género y el alarmante estado de la salud mental colectiva. Diversos analistas y comunicadores han manifestado que tragedias de esta naturaleza evidencian la urgente necesidad de implementar programas preventivos de apoyo psicológico a gran escala, dado que conductas de obsesión extrema y control intrafamiliar suelen escalar de forma invisible hasta desencadenar desenlaces fatales dentro del propio núcleo del hogar.
Mientras la Fiscalía de la Ciudad de México recaba los indicios periciales necesarios, asegura el departamento y realiza el rastreo de llamadas y movimientos financieros para dar con el paradero de Erika María —quien huyó del lugar tras el crimen y permanece en calidad de prófuga de la justicia—, el entorno cercano a la víctima ha decidido movilizarse. En Ensenada, la ciudad natal de Carolina, familiares, colectivos locales y amigas de la infancia han convocado a una marcha pacífica para este sábado a las 3:00 de la tarde. El objetivo de la manifestación es doble: rendir un homenaje público a la memoria de la joven madre y exigir formalmente a las autoridades capitalinas que aceleren los procesos de búsqueda, eviten que el caso caiga en la impunidad y capturen a la brevedad a la presunta feminicida para que enfrente todo el peso de la ley.