El mundo del espectáculo en México y América Latina se encuentra sumido en una profunda consternación tras conocerse la trágica noticia del fallecimiento de la primerísima actriz y destacada locutora Marta de Castro. A los 82 años de edad, la emblemática estrella de las telenovelas y el cine de oro dejó un vacío imposible de llenar luego de sufrir un infarto fulminante mientras disfrutaba de una cena en Los Mochis, Sinaloa, la tierra que adoptó como su hogar y donde consolidó gran parte de su legendaria trayectoria profesional.
De acuerdo con los primeros informes que han conmovido a sus millones de seguidores, el ataque cardíaco ocurrió de manera repentina. Aunque sus familiares y personas cercanas actuaron con la máxima rapidez para trasladarla de urgencia al centro médico más cercano, los esfuerzos fueron en vano; la actriz perdió los signos vitales durante el trayecto, confirmándose su deceso antes de ingresar al hospital. Esta dolorosa partida no solo viste de luto a la televisión mexicana, sino que transforma su figura en una leyenda imborrable del entretenimiento hispano.
Nacida para brillar en los escenarios, Marta de Castro no fue una actriz común. Para la crítica y sus compañeros de profesión, representaba una verdadera institución de la actuación y la locución en México. Su capacidad para encarnar personajes complejos con una
naturalidad pasmosa hacía que el público olvidara la línea entre la ficción y la realidad. Con una voz inolvidable, una mirada penetrante y un manejo absoluto de los silencios, de Castro lograba transmitir un torrente de emociones que se quedaba grabado en el corazón de las audiencias. Su formación fue integral y sumamente estricta, abarcando estudios profundos de literatura, danza contemporánea, artes plásticas y comunicación, cualidades que la distanciaban por completo de las celebridades efímeras de la era digital contemporánea.
Su carrera comenzó desde muy joven y dejó una huella imborrable tanto en la pantalla grande como en la televisión. En el ámbito cinematográfico, formó parte de producciones de gran relevancia cultural como “Soy el hijo del gallero” (1978), donde compartió créditos con el inolvidable Antonio Aguilar. Posteriormente, demostró su enorme versatilidad en largometrajes emblemáticos como “Carlos el terrorista” (1979), “El paso del cojo” (1980) e “Historia de una mujer escandalosa” (1984), esta última una pieza cinematográfica donde trabajó codo a codo con otra de las grandes luminarias del cine mexicano, el primer actor Ignacio López Tarso.
Sin embargo, el escenario donde Marta de Castro se convirtió en un miembro más de las familias latinoamericanas fue el de las telenovelas. Su participación en melodramas icónicos definió la época dorada de la televisión. Muchos la recuerdan por su magistral interpretación de Daniela López en la mítica producción “Mirada de mujer” a finales de la década de 1990, un personaje dotado de una fuerza e intensidad arrolladoras que protagonizó una de las subtramas más apasionadas de la historia televisiva junto al maestro Fernando Luján.
Aquel romance de ficción traspasó las pantallas de manera idílica. Marta de Castro y Fernando Luján se enamoraron profundamente en la vida real, uniendo sus vidas en un matrimonio sólido y ejemplar que se prolongó por más de treinta años, cumpliendo la promesa de amarse hasta que la muerte los separara. El legado de de Castro continuó expandiéndose en la televisión con participaciones estelares en producciones de la relevancia de “Paloma” (1995), “Tres veces Sofía” (1998) —donde interpretó a la recordada Laura Toruño de Márquez—, “La mujer de Judas” (2009) en el papel de Ofelia, “Corazón en condominio” (2012) como Joaquina Leal, y de manera más reciente su entrañable trabajo en “La taxista” (2018), dando vida a Lupita Contreras, la que se convertiría en su última gran aparición en la pantalla chica.
A lo largo de estas décadas de trabajo incansable, la primera actriz tuvo el privilegio y el estatus para compartir escena con figuras de la talla de Thalía, Vicente Fernández, Verónica Castro, César Évora, Adriana Louvier, Irán Castillo y la mismísima Silvia Pinal. Su versatilidad era tal que formó parte de los elencos de éxitos globales imbatibles como “María Mercedes”, “Marimar” y “Rosalinda”, donde su presencia actoral aportaba una solidez institucional que garantizaba el éxito de cualquier megaproducción. Tras conocerse su trágico deceso, figuras internacionales como Thalía han recurrido a sus redes sociales para expresar mensajes de profunda dedicatoria y agradecimiento, ensalzando a de Castro como una maestra que abrió camino para las generaciones posteriores.
Más allá del glamur de los platós de televisión y los estudios cinematográficos, Marta de Castro poseía otra faceta que tocó las fibras más sensibles de la sociedad sinaloense. Durante años, fue la voz principal y más entrañable de la radio local en Los Mochis. En una época donde las redes sociales e internet no existían, la radio era el cordón umbilical que unía a las comunidades. Con su voz cálida, culta y empática, Marta acompañó las mañanas y tardes de miles de amas de casa, abuelas y trabajadores. No se limitaba a entretener; de Castro educaba, consolaba y ofrecía una compañía genuina a quienes realizaban sus labores cotidianas, convirtiéndose en un faro de cultura y humanidad en el cuadrante radiofónico.
En un giro paralelo que añade una carga de emotividad y profunda reflexión a esta jornada de duelo, la reconocida conductora Yolanda Andrade también acaparó la atención pública al reaccionar ante los dolorosos acontecimientos. Andrade, quien en los últimos meses ha librado una batalla pública y sumamente severa por su salud —pasando largas jornadas en centros hospitalarios debido a un cuadro complejo de ansiedad y problemas médicos que dificultan por momentos su habla—, decidió romper el silencio en sus plataformas digitales. Lejos de enfocarse en los persistentes rumores malintencionados que incluso la daban por muerta, la presentadora utilizó su espacio para lanzar un desgarrador y reflexivo mensaje dirigido a la conciencia colectiva.
A través de un conmovedor video que retrata las duras realidades humanitarias y el sufrimiento de la infancia en otras partes del mundo, Andrade cuestionó severamente la falta de gratitud y empatía de la sociedad actual. La conductora instó a sus seguidores a dejar de quejarse por las carencias materiales superficiales y a valorar la bendición de la salud, la alimentación y la paz familiar, coincidiendo con el sentimiento de fragilidad que evoca la repentina partida de Marta de Castro. Este llamado a la introspección resalta que, detrás del espectáculo y los titulares de la farándula, existe una necesidad imperiosa de solidaridad humana.
Hoy, la industria del entretenimiento despide el cuerpo físico de una mujer culta, estudiosa y apasionada que lo dio todo por su público, sus radioescuchas y sus inolvidables personajes. Con su deceso, se cierra un capítulo dorado de la cultura popular mexicana, pero se abre el altar de la memoria eterna. La trayectoria de Marta de Castro permanece grabada en las cintas de cine, los archivos de televisión y, sobre todo, en la memoria colectiva de un continente que aprendió a emocionarse a través de su inigualable talento. Descanse en paz, la gran Marta de Castro.