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EXPONEN Las 20 Propiedades SECRETAS de Fidel Castro — Lo Que Ocultaron 65 AÑOS

 

Te han vendido durante décadas la imagen de dos revolucionarios que vivían como acetas. La verdad que nadie te cuenta es esta. Mientras tú hacías cola con tu libreta de racionamiento, Fidel Castro nadaba con delfines en su isla privada y Cheegevara firmaba órdenes de ejecución desde la terraza de una mansión frente al mar.

 Hoy te voy a mostrar las propiedades robadas, los Rolex de lujo, las mujeres secretas y los hijos que el régimen ocultó durante medio siglo. Imagínate parado frente a una villa Ardeco, entarará, 19 km al este de La Habana. Enero de 1959, el aire huele a sal. Las palmeras se mecen adentro. En una habitación con vista al Atlántico.

 Ernesto Chegueevara descansa en una cama king después de lo que llama una crisis de asma severa. Esta casa no era suya. No la compró, no la heredó, se la robó. El ministerio de bienes malversados se la asignó después de que su dueño huyera con lo opuesto. ¿Quién era ese dueño? Un funcionario aduanero de apellido peón que trabajaba para Batista.

 Pero la historia de Tarará es más profunda. Esa comunidad de más de 400 villas de lujo fue construida por un ingeniero petrolero estadounidense llamado Royal Silvestre Webster en los años 40. Tararano era un hospital, era el Beverly Hills de La Habana con su propia iglesia, cine y marina con yates. Webster murió en 1956. Sus seis hijos, todos nacidos en Cuba, fueron despojados de todo y expulsados.

Las villas quedaron vacías y ahí llegaron los barbudos. Che eligió una de las mejores. Desde esa terraza con vista al mar, donde supuestamente se recuperaba de neumonía y asma, el cheen no descansaba. Trabajaba, pero no en hospitales o escuelas. Trabajaba diseñando el futuro aparato represivo de Cuba.Fidel Castro's fortune and secret paradise revealed by his former bodyguard  - YouTube

 El 10 de marzo de 1959, dos meses después de instalarse en Tarará, Cheegevara le escribe una carta al periódico Revolución. Dice textualmente que su salario es de solo 125es al mes, que no le alcanza ni para rentar una casa decente para su equipo y que por eso el gobierno revolucionario le asignó esa villa. Justifica su estancia diciendo que no contrajo su enfermedad en casino o base, sino trabajando más allá de sus límites físicos por la revolución.

 Suena noble, ¿verdad? Ahora ponte en el lugar de los hijos de Webster. Ellos nacieron en Cuba. Esa era su tierra. Su padre construyó esas casas con capital privado y de la noche a la mañana todo les fue arrebatado porque el nuevo gobierno decidió que las propiedades burgesas ahora pertenecían al pueblo. Pero el pueblo nunca vivió en Tarará, solo los comandantes.

 Y aquí para y presta atención, porque esta es la parte que los libros de historia omiten. En mayo de 1959, en esa misma villa de Tarará, se redactó y discutió la ley de reforma agraria. ¿Quiénes participaron? Cheegevara, Fidel Castro, Antonio Núñez Jiménez y varios miembros del Partido Socialista Popular, el viejo Partido Comunista Cubano.

 Las reuniones eran secretas. Fidel llegaba en helicóptero en un convoy de movies negros siempre de noche. Según el historiador Álvaro Vargas, Josel Independant Institute fue en esas reuniones clandestinas en Tarará, donde se diseñó el estado policial cubano. No en el Ministerio del Interior, no en una oficina gubernamental, en una mansión robada frente al mar con aire acondicionado.

 Mientras afuera el pueblo celebraba la revolución sin saber lo que se avecinaba, el padre Javier Arfuaga, capellán de la prisión de la cabaña, fue testigo de 55 ejecuciones entre enero y junio de 1959. Declaró que Cheegevara presidía el Tribunal de Apelaciones y que nunca anuló una sentencia de muerte. Las cifras varían.

 Algunas hablan de 176 ejecuciones confirmadas, otras de hasta 700. Lo indiscutible es que che firmaba esas órdenes mientras vivía en Tarará. Imagínate la escena completa. De día está en la terraza de la villa con vista al océano puro en mano, revisando expedientes de apelación. De noche Fidel llega para discutir la nueva Cuba y al amanecer en las fosas de la cabaña que en los cuerpos de los fusilados.

Mientras el Che respiraba la brisa del mar Caribe en una mansión ardeco, las familias de los ejecutados lloraban a sus muertos en barrios sin electricidad. Y eso, para un país que acababa de derrocar una dictadura prometiendo justicia y libertad. Es una señal clarísima de que algo estaba profundamente podrido desde el principio.

 La pregunta es, ¿cómo justificaba Che esta contradicción? Simple. Él argumentaba que su enfermedad era tan grave que necesitaba ese lugar para recuperarse. Pero los documentos muestran otra cosa. Durante esos meses, Che recibía visitas constantes. Una de ellas era Aida March, una joven guerrillera con quien tenía un romance mientras aún estaba casado con Hilda Gadea, su primera esposa peruana.

 En junio de 1959, dos semanas después de divorciarse, Chese Secas o con Aleida, ¿dónde pasaron su luna de miel? En tarará, la misma villa robada. Ahora vamos a dar un salto en el tiempo, pero no en la hipocresía. Año 1962. Cheegevara ya no vive en Tarará. Ahora es ministro de industrias y necesita una casa en La Habana.

 ¿Le asignan un apartamento modesto como al resto de los funcionarios? ¿No le dan una mansión en Nuevo Vedado, uno de los barrios más exclusivos de la capital? La dirección exacta, calle 47, entre las calles Conilli Tulipán, una casa árdco de dos plantas pintada de azul alegre con bugambilias en el jardín, ventanas de vídeo geométrico y un diseño arquitectónico que hoy sería considerado patrimonio.

 ¿De quién era esa casa? Nadie lo sabe con certeza. Los registros de propiedad fueron destruidos o reclasificados después de la revolución. Lo que sí sabemos es que era de una familia burgesa que huyó del país y Keche vivió a con Leide y sus cuatro hijos hasta 1965 cuando partió secretamente hacia el Congo.

 Hoy esa casa es el centro de estudios Cheegevara, administrado por Aleida March. Si la visitas, verás su oficina preservada como museo, el escritorio, su teléfono, su mate argentino, su inhalador para el asma. Todo muy revolucionario, todo muy austero, pero hay un detalle que te va a hacer pensar. En 1962, cuando Che se instaló en esa casa, el pueblo cubano ya vivía con la libreta de racionamiento.

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