Mientras tú no tenías garantías de que tu hijo volviera vivo de la universidad, Batista celebraba el aniversario de su golpe militar con champán y televisión, porque eso hacía la televisión para la dictadura. Anestesiada. Cada programa de humor, cada noche de casino de la alegría con su 64% de audiencia era una inyección de normalidad en las venas de un país enfermo.
La televisión era el escudo más poderoso de Batista. El plan no surgió de la nada. tenía un precedente. El 23 de febrero de 1958, 6 meses antes, el movimiento 26 de julio secuestró a Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula 1 en el hotel Lincoln de La Habana. Fangio era argentino, icono mundial y su desaparición salió en cada periódico del planeta.
Lo trataron bien, lo liberaron al día siguiente y el viejo campeón terminó cobrando $1,000 por contar su historia en el programa de Ed Sullivan en Nueva York. Ese éxito creó un modelo y alguien quiso replicarlo. El arquitecto Cesario Fernández Díaz del Movimiento de Resistencia Cívica, tuvo la idea, un doble golpe, secuestrar la misma noche a Pepe Biondi y al actor Enrique Santeban, que encabezaba jueves de Partagas.
El segundo programa más visto del país. Si los dos desaparecían la noche del 4 de septiembre, el aniversario sagrado de Batista, el mensaje sería demoledor. Detengámonos un instante a dimensionar la paradoja. Si el plan era tan brillante, ¿por qué el jefe de operaciones del M267 en La Habana lo rechazó? Ángel Ameijeiras, conocido como Machaco, autorizaba cada acción arnada en la capital.
Cuando le presentaron el plan de secuestrar a un comediante, dijo que no, que era un riesgo innecesario, pero nadie estaba preparado para lo que hizo Luis Martínez Bello. Bello era un maestro de primaria de Matanzas. Tenía 26 años. Había pasado un año en la prisión de isla de Pinos, donde fue torturado sistemáticamente.
Cuando salió, se refugió en la clandestinidad de la Habana y decidió deliberadamente desobedecer la orden directa de Machaco. Eso es lo que nunca te contaron. El secuestro de Pepe Bondi no fue una operación autorizada, fue un acto de indisciplina. Bello armó su comando. Cinco personas. Ana Rosa Martínez Saladrigas, cuya hermana gemela Mercedes estaba en el equipo que iría por Santi Esteban, un conductor al que llamaban Chuchu Silva y un adolescente de 16 años llamado Humberto Solás.
Detente un segundo a pensar en esto. Humberto Solás, el mismo que una década después dirigiría Lucía, una de las películas más importantes del cine latinoamericano. Ese muchacho estaba ahí en la esquina del Vedado, abrazado a Ana Rosa, fingiendo ser su novio, esperando a que el comediante más famoso del Caribe pasara caminando. Y pasó.
A las 7 de la noche, Bionondi salió del Foxa con su asistente Raúl Gómez. Al doblar la esquina, Solás y Ana Rosa se le acercaron. Bondi los confundió con admiradores, pero Solas insistió. Y entonces Martínez Bello sadió de las sombras, abrió la chaqueta y mostró la 45. Somos del M26 y no queremos que la gente ría hoy.
Ponte en los zapatos de Bondi. Tienes 49 años, es tu cumpleaños. Un desconocido te apunta con una pistola y te dice que esta noche nadie puede reír. Bondi miró la pistola y contestó, “Bueno, eso es más convincente. El hombre que de niño fue molido a golpes por un payaso que se rompió la columna en un escenario, miró un arma de fuego y respondió con un chiste.
Porque Pepe Bondi no conoció el miedo por primera vez esa noche envedado. Lo había conocido a los 7 años en un circo de Buenos Aires. Los cinco subieron al auto. Bondi en el asiento trasero entre Solás y Ana Rosa, tomó una decisión pragmática. No quería terminar en un retén policial por una bala perdida el día de su cumpleaños se quitó la peluca.
Porque Biondi era calvo. El público no lo sabía. Pero debajo de aquel pelo que millones veían cada jueves no había nada. Se arrancó el bisoñé, se puso gafas oscuras y quedó irreconocible y empezó a contarles chistes a sus secuestradores. El asistente Raúl Gómez fue sacado del auto en el malecón. Le dijeron que caminara recto sin mirar atrás.
Gómez obedeció tan rígido, tan robotizado por el pánico, que el propio Biondi soltó una carcajada al verlo caminar como un autómata. El terror lo paralizó de tal manera que deambuló por la Habana en estado de shock. Gómez no logró reportar la desaparición hasta las 4 de la madrugada, pero aquí todo cambia.
El auto avanzaba por la avenida del puerto mientras los boleros se colaban por las ventanillas. Y llegó la noticia que destrozó el plan. La casa de seguridad estaba quemada, delatada. Martínez Bello tenía al comediante más famoso de Cuba en el asiento trasero, una pistola en el cinturón y ningún lugar a donde ir. Bellio tomó la decisión más insólita de toda la revolución cubana.
Llevó a Biondi a una iglesia. Condujo hasta Arroyo Arenas, en las afueras de La Habana, hasta la parroquia de El Cano. Allí vivía el padre Manuel Martínez Rosas, un cura corpulento, de carácter volcánico y vocabulario que no figuraba en ningún catecismo. Bello tocó la puerta a medianoche. El cura abrió furioso. Mañana, ven mañana. Pero Bello insistió.
dijo que necesitaba confesarse urgentemente. El padre Rosas se puso los ornamentos y lo llevó al confesionario. Y ahí, bajo el sello sacramental, Bello se arrodilló y soltó la verdad. Lo que tengo que decirle es esto. Seuestré a Pepe Bondi y lo tengo afuera en el auto. El cura estalló. Se dice que sus palabras exactas fueron, “Pero ¿por qué cada vez que hay un lío vienen a verme a mí?” Porque el padre Rosas era él mismo un colaborador secreto del M267.
Y en ese preciso instante tenía a otro revolucionario buscado escondido en el campanario de su iglesia. Los gritos despertaron a su madre que apareció en camisón. El cura le dijo, “Vete a dormir, mamá. Esto no tiene nada que ver con Jesús ni con la religión. Estos hombres solo vinieron a arruinarme la noche.
Bondi pasó la noche en la parroquia. Antes de quedarse con el cura, le entregó a Martínez Bello una nota de su puño y letra, donde constaba que lo habían tratado bien. Mientras el caos se apoderaba de CMQ, el resto del plan también se desmorronaba. A las 8:30, hora del show, Beiondi no apareció. El canal puso dibujos animados y anunció un cólico renal.
El equipo que iba por Santi Esteban también fracasó. El actor ya se había marchado. Aún así, el efecto fue devastador. Dos programas estelares afectados en la noche sagrada de Batista. El pueblo cubano, que después de 6 años de dictadura se había especializado en la interpretación de los silencios, entendió que algo había pasado.
A la mañana siguiente, el padre Rosas llevó a Biondi a la embajada argentina. El embajador era el contraalmirante Raúl Aureliano Lynch y Frías, familiar directo de Ernesto Che. Guevara, el mismo que meses antes había recibido a fangio. De la embajada Biondi, fue trasladado a la octava estación de policía y ahí lo esperaba el demonio en persona.
Esteban Ventura, el chacal. Ventura interrogó a Bondi con una agresividad que buscaba ocultar su propio fracaso. Porque que te secuestren al comediante más famoso del país en tu capital es una confesión de impotencia que ningún dictador puede permitirse. Bondi jugó al idiota. Dijo que ni siquiera recordaba el color del auto.
No dio una sola descripción útil. El niño del circo sabía sobrevivir a un interrogatorio. Te haces el tonto y esperas. El brigadier Pilar García, jefe de la policía, famoso por el método García, le ofrecí una escolta permanente. Bondi rechazó la trampa. Si me pone una custodia, tendré que irme del país.
Y antes de que saliera, Ventura le clavó la amenaza final. Continúe diciendo que estaba enfermo y cuando vuelva a la televisión vuelva a decirlo. Que si no lo dice usted, lo diremos nosotros y será de otra manera. Bondi salió al malecón con el viento del Caribe en la cara. y el peso de esa amenaza en los hombros. Aquí debemos destruir un mito gigante.
En Argentina, durante años se dijo que Biondi pasó 2 años en las cárceles de Batista acusado de espionaje. Eso es una leyenda urbana. Su único contacto con las celdas de la dictadura fue esa mañana de interrogatorio, pero el trauma fue tan profundo y los esqueches de presidiario que interpretaría después en la televisión argentina fueron tan convincentes que la memoria popular convirtió una noche de terror en dos años de calabozo.
Hasta aquí la historia parece un thriller con final abierto, pero lo que pasó después cambia todo el tablero. Esa misma mañana, Machakoco citó a Martínez Bello. La furia fue brutal. Aquí el que manda soy yo. Bello aceptó su indisciplina, pero cuando Machakoco terminó de desahogarse, soltó una frase que resume toda la contradicción de aquella noche.
Al final, el programa de Biondi no salió al aire y los guardias se quedaron sin reírse. Machako no llegó a ver el triunfo de la revolución. El 8 de noviembre de 1958 cayó tras un enfrentamiento con la policía de Ventura. Martínez Bello asumió el mando de las operaciones de sabotaje en La Habana. Y Bondi siguió trabajando, volvió a la pantalla, repitió la mentira del cólico renal y continuó haciendo reír a Cuba mientras el país se hundía.
Cuando Batista huyó el 31 de diciembre de 1958, los secuestradores se convirtieron en héroes. Martínez Bello y su equipo fueron invitados al programa de Bondi, donde confirmaron que lo habían tratado bien. Aquella nota escrita a mano en Arroyo Arenas fue leída ante las cámaras, pero la revolución empezó a comerse a sus propios hijos.
En septiembre de 1960, el gobierno confiscó el imperio de Goar Mestre, siete canales de televisión, nueve emisoras de radio, unas 30 empresas. Mestre, que había apoyado la revolución, que había donado dinero al M267, lo perdió todo de un día para otro. Biondi se despidió de Cuba el 30 de junio de 1960 en una ceremonia en el Teatro Nacional, pero su familia ya se había fracturado.
Su hija Margarita y su yerno habían tenido que escapar a principios de 1959. Cuentan que cuando Margarita intentaba subir al barco para huir, un soldado quiso confiscarle el anillo de bodas. Ella le gritó, “Antes lo tiro al mar que dártelo.” Otro soldado intervino. “Déjala. ¿No ves que es la hija de Beyondi? Un director llamado Jorge Ignacio Viland grabó el mensaje de despedida de Beyondi sin que este lo supiera, sus palabras finales sobre la isla.
Yo no creo que si Dios me da unos años más de vida, pueda llegar a tener un momento tan bonito como el que tuve en La Habana. Creo que en ningún país llegaré a hacer nada, ni la mitad de lo que fui en este maravilloso país. Se equivocó. Biondi nunca perdonó la radicalización del régimen. Meses después, en Caracas, un grupo de colegas en el bar de un canal de televisión le gritó con sarcasmo, “¡Viva la revolución!” El comediante caminó directo hacia su mesa y le soltó en la cara.
“Por gente como ustedes, la revolución está ahora en Cuba. Ese era el verdadero Beyondi. No solo hacía reír, también sabía golpear con la palabra. En Buenos Aires, Goar Mestre compró el canal 13. Necesitaba una estrella. llamó a Beyondi. Cuando le preguntó cuánto quería ganar, Biondi respondió, “Usted sabe lo que valgo.” Mestre le extendió un cheque que superaba cualquier expectativa.
El 7 de abril de 1961 debutó viendo a Beyondi. En 1962 el programa alcanzó 66,2 puntos de rating. Prácticamente toda Argentina con un televisor estaba viendo a Beyondi, un récord que jamás ha sido igualado. 11 temporadas de un hombre que convirtió los personajes que inventó en Cuba en el vocabulario cómico de toda una nación.
Pero las facturas del cuerpo roto no se pagan con aplausos. 14. Operaciones, problemas cardíacos, obstrucciones arteriales. En 1965 sufrió su primer infarto grave. El programa terminó en 1971. Pepe Bondi falleció el 4 de octubre de 1975. Tenía 66 años. Lo sepultaron en el cementerio de la Nús, cerca de donde había crecido descalzo vendiendo diarios.
Luis Martínez Bello ascendió a capitán de seguridad del estado. El padre Rosas fue nombrado obispo de Pinar del Río y Humberto Solas, el adolescente que fingía ser novio en una esquina del Vedado, se convirtió en el director de Lucía, Cecilia y El Siglo de las luces. Lo más perturbador de esta historia es lo que Bondi nunca dijo.
No existe ninguna entrevista donde hable del secuestro. Cada detalle viene de sus secuestradores, de su hija, de su biógrafo y del periodista cubano Eduardo Vázquez Pérez. Bondi cayó, tal vez por la amenaza de Ventura, tal vez porque un inmigrante que amaba a Cuba no quería tomar partido. Dos regímenes quisieron borrar esta noche.
Batista la censuró porque era una humillación. Castro la minimizó porque era un acto de indisciplina y Biondi la enterró porque era la condición para seguir vivo. Pero 67 años después, la noche que Cuba no pudo reír sigue aquí. Porque lo que pasó el 4 de septiembre de 1958 no fue solo un secuestro, fue la demostración de que un régimen que necesita la risa para sobrevivir ya está condenado.
Hay dos formas de ver esta historia. ¿Fue este secuestro un acto heroico de resistencia psicológica contra una dictadura que usaba la televisión para adormecer al pueblo? ¿O fue un acto injustificable contra un artista inocente que solo quería hacer reír? ¿Tú qué crees? Déjame tu respuesta en los comentarios, porque esta es la conversación que la censura de ambos lados quiso impedir durante más de medio siglo.
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