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El Hombre Que ESTUVO Con el Che Sus ÚLTIMAS 24 Horas — Lo Que Le DIJO Sobre FIDEL Nadie Lo Sabía

 

Pombo, si me capturan, no le digas nada a Fidel, él ya lo sabe. Esas fueron las palabras que el Cheegevara le susurró a Harry Villegas en la selva boliviana 24 horas antes de ser capturado. Durante 55 años, Pombo guardó silencio. ¿Qué sabía Fidel? ¿Por qué el Che no quería que le dijera nada? En 2022, Pross, 82 años, Pombo finalmente reveló la verdad que destruiría la historia oficial de la revolución cubana. Octubre de 2022.

 La Habana, Cuba. Harry Villegas Tamayo, conocido como Pombo, se sienta frente a la cámara por primera vez en décadas para hablar de algo que ha guardado durante más de medio siglo. Sus manos tiemblan ligeramente mientras sostiene una vieja fotografía del Che tomada en la Sierra Maestra en 1958, esperado a que todos murieran.

 dice con voz ronca, Fidel murió en 2016, el Che en 1967. Ya no queda nadie a quien pueda dañar con la verdad. Pero yo estuve allí. Yo escuché lo que nadie más escuchó. Y antes de irme, el mundo merece saber qué pasó realmente en aquellas últimas 24 horas. Pombo no era un revolucionario cualquiera, era uno de los hombres más cercanos al Cheegevara.

 Lo había acompañado en el Congo en 1965. Beor había luchado a su lado en la selva africana cuando todo salió mal y cuando el Che decidió ir a Bolivia en 1966, Pombo fue uno de los pocos elegidos para acompañarlo en esa misión suicida. Éramos como hermanos, recuerda Pombo con los ojos húmedos. El Che confiaba en mí más que en nadie.

 me contaba cosas que no le contaba ni a Fidel y esa confianza se convirtió en mi maldición porque me confió un secreto que he cargado durante 55 años. Pero lo más impactante era que Pombo no solo escuchó las últimas palabras del Che, sino que también fue testigo de algo que cambiaría para siempre la forma en que entendemos la relación entre Fidel Castro y Ernesto Guevara.

 Para entender lo que Pombo escuchó en aquellas últimas 24 horas, primero necesitas saber cómo llegaron a ese momento, como la amistad entre el Che y Fidel se transformó en algo mucho más complejo y oscuro de lo que la historia oficial nos cuenta. Harry Villegas Pombo conoció al Cheegevara en 1963 cuando era un joven guerrillero cubano de apenas 22 años.

 El Che vio algo especial en él. Lealtad absoluta, valentía sin límites y lo más importante, la capacidad de guardar secretos. El Che me dijo una vez, “Recuerda, Pombo, que en la revolución hay dos tipos de hombres, los que hablan demasiado y los que saben callar cuando es necesario. Tú eres de los segundos, Pombo, por eso te necesito a mi lado.Cubadebate

” En 1965, cuando el Che decidió dejar Cuba para llevar la revolución al Congo, eligió a Pombo como uno de sus comandantes más cercanos. Fueron meses terribles en África. La misión fracasó. Los guerrilleros congoleños no estaban preparados. El che enfermó gravemente de disentería y malaria y fue allí, en medio de la selva africana, donde Pombo comenzó a notar algo extraño.

 El Che esperaba mensajes de Fidel que nunca llegaban. “Pedíamos armas, medicinas, refuerzos,”, explica Pombo. Fidel enviaba muy poco y lo poco que enviaba llegaba tarde, siempre demasiado tarde. Vi como eso destruía al che por dentro. Él nunca lo dijo abiertamente, pero yo sabía que se sentía abandonado. Cuando la misión del Congo terminó en fracaso a finales de 1965, el Che estaba devastado.

 No solo había perdido la batalla, sino que sentía que había perdido algo más importante, la confianza de Fidel. Pombo estaba presente cuando el Che leyó el último mensaje de Fidel desde Cuba. Era frío, distante, casi burocrático. Ernesto, la situación en el Congo no es viable. Regresa a Cuba o busca otro frente. Fidel.

 El Che arrugó el papel y lo tiró al fuego. ¿Viste eso, Pombo? Le dijo con amargura. Ni siquiera me llama hermano ya, solo Ernesto, como si fuera un soldado más. Pombo vio lágrimas en los ojos del Che esa noche. No eran lágrimas de tristeza, sino de rabia contenida. “Fidel ya no me quiere en Cuba”, susurró el Che. “Soy demasiado incómodo para él.

Mi popularidad le molesta, mis ideas lo desafían, así que me manda a morir lejos, donde no pueda hacerle sombra.” Esas palabras se quedaron grabadas en la memoria de Pombo. En ese momento no entendió completamente lo que el Che estaba diciendo. Pero años después, cuando repasó cada conversación, cada gesto, cada silencio, todo cobró sentido de una manera aterradora.

 Y justo en este punto todo cambió, porque en 1966 el Che tomó la decisión más fatídica de su vida, ir a Bolivia. Pombo recuerda perfectamente el día en que el Che le anunció el plan. Estaban en Tanzania descansando después del desastre del Congo. Pombo, vamos a Bolivia, le dijo el Che con una mezcla de determinación y resignación.

I a comenzaremos la revolución en América del Sur. Será nuestro Vietnam, nuestro gran golpe contra el imperialismo. Pombo le preguntó si Fidel apoyaría la misión. El che se quedó callado por un largo momento. Fidel me dará lo mínimo necesario para que no parezca que me abandonó completamente, respondió finalmente.

 Pero no esperes que envíe un ejército a salvarnos si las cosas se ponen mal. Estamos solos en esto, hermano, completamente solos. Y tenía razón. Cuando llegaron a Bolivia en noviembre de 1966 Cinder, el apoyo de Cuba fue mínimo. Llegaron con apenas 50 hombres mal equipados, sin suficientes armas, sin medicinas adecuadas, sin comunicaciones confiables.

 Era una misión condenada desde el inicio, y el Che lo sabía, pero algo en él necesitaba hacerlo de todos modos, como si quisiera demostrarle algo a Fidel o tal vez demostrarse algo a sí mismo. Los primeros meses en Bolivia fueron un infierno. La guerrilla del Che no tenía apoyo local. Los campesinos bolivianos desconfiaban de estos extranjeros barbudos que hablaban de revolución.

 El ejército boliviano, entrenado por la CÍA, estaba cazándolo sistemáticamente y lo peor de todo, los mensajes a Cuba quedaban sin respuesta. Pombo era el encargado de las comunicaciones. Cada noche intentaba contactar con la habana, pedir refuerzos, armas, medicinas. Enviábamos mensajes urgentes. Recuerda con dolor. El Che escribía personalmente las solicitudes.

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