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El Doctor Que VIO el Diario del Che REVELA Las Páginas Que Fidel ORDENÓ QUEMAR 57 Años Después

 

Dr. José Martínez estaba en la higuera cuando ejecutaron al Che. Le ordenaron examinar las pertenencias del guerrillero, entre ellas un diario de cuero negro. Leyó tres páginas antes de que se lo arrebataran. Lo que leyó lo persiguió 57 años. Día 287. Pedí ayuda a Fidel hace 4 meses. Nada. Mis hombres mueren de hambre.

 Ahora entiendo, él necesita que yo muera para convertirme en mito. Esta será mi última carta a un hermano que eligió la política sobre la sangre. Dr. José Martínez no sabía que los próximos 10 minutos cambiarían su vida para siempre. Era el 9 de octubre de 1960 y 7 en La Higuera, Bolivia. Acababan de ejecutar a Ernesto Cheegevara.

 Un coronel le entregó un diario de cuero negro manchado de sangre. Revísalo rápido. Tenemos una hora antes de enviarlo a la paz. José abrió el diario con manos temblorosas. La letra irregular del che llenaba las páginas. En una entrada del 14 de agosto leyó, “Día 287. Pedí ayuda a Fidel hace 4 meses. Nada. Mis hombres mueren de hambre.

 Ahora entiendo. Él necesita que yo muera para convertirme en mito.” José cerró el diario sintiendo náuseas. Esas páginas serían quemadas por orden de Fidel 3 años después y él guardaría el secreto durante 57 años. Noviembre de 2024, Santa Cruz, Bolivia. José Martínez tiene 84 años. Se sienta frente a una cámara por primera vez.

 Sobre la mesa hay un sobre amarillento guardado medio siglo. Todos están muertos dice con voz quebrada. Fidel en 2016, el Che en 1967. Los militares de la higuera también. Ya no queda nadie a quien dañar con la verdad. Saca tres hojas escritas a mano, copias de lo que memorizó aquella tarde. Tuve 10 minutos con el diario del Che, 10 minutos que me persiguieron 50 y 7 años.

 Mira a la cámara con determinación. Hoy revelaré las páginas que Fidel Castro ordenó quemar. La versión oficial es mentira. Su historia comienza décadas atrás. José nació en 1940 en Cochabamba, hijo de campesinos. Estudió medicina con una beca en la Universidad Mayor de San Simón. En 1965 lo reclutaron como médico militar. No era político, solo quería curar enfermos, pero no podíamos rechazar el servicio.El Médico Que Le Salvó La Vida al Che 3 VECES -- 60 Años Después REVELA Lo  Que NADIE Sabía - YouTube

 En 1967, cuando guerrilleros operaban en Yancauú, lo asignaron a la cuarta división. No sabíamos que cazábamos al Cheegueevara. Para nosotros era solo Ramón, un argentino. El 8 de octubre de 1967 recibió la orden. Preséntese en la higuera. Capturamos al líder guerrillero herido. Tomó su maletín y subió al helicóptero sin saber que volaba hacia la historia.

 El pueblo tenía apenas 300 habitantes perdidos en las montañas. José llegó al atardecer. La higuera parecía detenida en el tiempo. Casas de adobe, calles de tierra roja, una escuela pequeña. Me llevaron directo allí. Afuera había soldados nerviosos. Adentro, en un salón oscuro, estaba él. El Che sentado en el suelo, heridas en las piernas, uniforme, destrozado.

 Pero sus ojos impactaron a José. No eran ojos de hombre derrotado, eran de alguien en paz con su destino. José se acercó a examinar las heridas. El ch lo miró fijo. Eres médico de verdad o militar jugando a doctor. José respondió, soy médico. Hice el juramento de salvar vidas. El Che sonrió amargamente. Entonces, recuérdalo mañana cuando vengan a matarme.

 Porque no morí en combate. Esa noche fue la más larga de la vida de José. Se quedó en la casa del telegrafista. escuchando conversaciones entre oficiales. “Mañana se ejecuta la orden de la paz”, decía un coronel. “Debe parecer muerte en combate. Disparos al torso, no a la cabeza.” Otro preguntó, “¿Y si alguien habla después?” Respuesta fría, nadie hablará.

 Orden directa del presidente con autorización de la CIA. José sintió terror. Planeaban un asesinato disfrazado. A las 7 de la mañana escuchó disparos. salió corriendo hacia la escuela. El sargento Mario Terán salía pálido. Ya está hecho. José entró. El cuerpo del Che con nueve balazos verificó el pulso. Nada. El revolucionario más famoso había muerto.

No era solo un hombre, era un símbolo y me forzaban a ser parte de la mentira. Minutos caóticos siguieron. Llegaron oficiales, un fotógrafo militar, soldados confundidos. Un coronel entró. Doctor, examine las pertenencias antes de enviarlas a La paz. Le dio una mochila raída. José la abrió. Ropa sucia. Un Don Quijote maltratado.

 Cartas no enviadas a sus hijos. Una foto de mujer hermosa. En el fondo envuelto en tela encerada. El diario. El diario que contendría la verdad más peligrosa de la revolución. Revísalo rápido ordenó el coronel. En una hora viene el avión de la paz. José lo abrió. Cubierta de cuero negro gastado.

 Páginas amarillas, letra irregular. Las primeras entradas eran de noviembre de 1966. Notas técnicas sobre el terreno, pero el tono cambiaba dramáticamente conforme avanzaba. José llegó a una página con la esquina doblada. Fecha 14 de agosto de 1967. Día 287 en esta selva. Hoy 4 meses desde mi último mensaje urgente a Fidel pidiendo refuerzos y medicinas.

 No ha llegado nada. Ni armas, ni hombres, ni medicinas. Cinco guerrilleros con malaria grave, benigno con disentería severa. Comemos una vez al día con suerte. José sintió escalofríos. Continuó. Los bolivianos preguntan por qué la habana nos abandonó. No tengo respuesta. Envié siete mensajes en 4 meses. Silencio total de Fidel.

 Como si hubiéramos dejado de existir, la letra se volvía irregular. Ayer Tuma me dijo, “Comandante, ¿y si Fidel necesita que muera aquí para convertirlo en mártir?” Le grité que estaba loco. Pero en la noche esas palabras resuenan sin parar. José levantó la vista. El coronel, distraído, continuó leyendo desesperadamente.

“¿Es posible?”, preguntaba el che. Mi hermano Fidel, con quien compartí la Sierra Maestra, me envió a Bolivia para morir lejos. José pasó páginas rápido. Otra entrada marcada. 3 de septiembre de 1967. Día 307. Hoy lo entendí todo. Fidel no me abandonó por error, me abandonó con intención.

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