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El Che RECHAZÓ 4 Veces Escapar de Bolivia — Lo Que Le DIJO a Fidel Te DESTRUIRÁ

 

En ese momento nadie sabía que el Cheegevara había rechazado cuatro oportunidades diferentes de escapar de Bolivia en sus últimas semanas. La última fue la más dolorosa. Un guerrillero cubano vino personalmente desde La Habana con órdenes de Fidel Castro para sacarlo de allí. Lo que el che le dijo a ese hombre destruyó la versión oficial de su muerte.

 Dile a Fidel que un revolucionario no huye. Si muero aquí, será porque elegí morir con honor. El mensajero guardó esas palabras durante 52 años hasta que finalmente decidió hablar. Septiembre de 2019. Miami, Florida. Julio Méndez, de 76 años, se sienta frente a la cámara por primera vez en más de medio siglo. Sus manos tiemblan mientras sostiene un sobre amarillento con fotografías y notas manuscritas de octubre de 1967.

He esperado toda mi vida para contar esto dice con voz quebrada. Esperé a que Fidel muriera. Esperé a que todos los involucrados murieran. Ahora solo quedo yo y antes de irme, el mundo merece saber la verdad sobre los últimos días del Cheegevara. Pero lo más impactante era que Julio no era un soldado cualquiera.

 Era uno de los guerrilleros más cercanos al Che durante la campaña boliviana de 1967. Había combatido junto a él en Cuba durante la revolución. Lo había seguido al Congo en 1965 y finalmente lo acompañó a Bolivia en noviembre de 1966. Durante casi un año, Julio vio como la guerrilla se desmoronaba día tras día en las montañas de Ñaguazú.

 Para entender lo que Julio presenció, primero hay que comprender la situación desesperada en la que se encontraba el Che en septiembre de 1967. La guerrilla había comenzado con 47 hombres. un año antes. Ahora quedaban apenas 17 mere y casi todos heridos, desnutridos y enfermos. El ejército boliviano los perseguía implacablemente.Fidel traicionó al Che y lo abandonó en Bolivia, según periodista cubano

Los campesinos, en lugar de unirse a la revolución, los delataban por miedo o por recompensas. No había comida, no había medicinas, no había comunicación con el exterior. Y lo peor de todo, Fidel Castro había dejado de enviar ayuda meses atrás. Estábamos muriendo lentamente. Recuerda, Julio, cada día era una batalla no contra el enemigo, sino contra el hambre, la disentería y la desesperación.

 Y justo en este punto todo cambió porque en la primera semana de septiembre de 1967 llegó la primera oportunidad de escape que el Che rechazaría. Un guerrillero peruano llamado Juan Pablo Chang, conocido como el chino, se acercó al Che con una propuesta arriesgada pero viable. tenía contactos en un pueblo cercano que podían conseguir un vehículo y documentos falsos para sacar al checado, explica Julio.

 Había trazado una ruta hacia la frontera con Chile que evitaba todos los puntos de control militares. Incluso tenía un refugio seguro donde el Che podría esconderse durante semanas si era necesario. Solo necesitaba la aprobación del comandante. Julio estaba presente cuando el chino presentó el plan. El chilo escuchó en silencio, mirando el mapa improvisado dibujado en una hoja arrugada.

 Cuando el chino terminó de hablar, el che levantó la vista y dijo algo que sorprendió a todos los presentes. Gracias, compañero. Pero si yo me voy, ¿quién lidera a estos hombres? ¿Quién les da esperanza? Un comandante no abandona a su tropa. Todavía no sabes lo que está por venir, porque esa primera negativa fue solo el inicio de una serie de decisiones que revelarían la verdadera naturaleza del Cheegevara. El chino insistió.

Comandante, con todo respeto, si usted muere aquí, la revolución muere con usted. Si escapa, puede reagruparse, conseguir más hombres y volver más fuerte. El Che cerró el mapa y lo devolvió. La revolución no depende de un solo hombre chino. Si yo escapo ahora, estaré admitiendo que esta lucha fue un error.

 Estaré traicionando todo lo que hemos predicado. ¿Cómo voy a pedir a los campesinos que arriesguen sus vidas por la revolución si yo huyo cuando las cosas se ponen difíciles? Julio recuerda el silencio incómodo que siguió. Todos los guerrilleros sabían que el Che tenía razón en principio, pero también sabían que quedarse significaba casi con certeza la muerte.

 Pombo, otro de los comandantes, intentó razonar con él. Cuenta Julio. Le dijo que no era cobardía retirarse estratégicamente, que incluso los grandes generales se retiran para pelear otro día. Pero el Che fue inflexible. La segunda oportunidad llegó apenas dos semanas después, a mediados de septiembre.

 Esta vez fue diferente, más peligrosa y más tentadora. Un contacto urbano de la red de apoyo en la paz había conseguido algo casi imposible, documentos diplomáticos falsos que identificaban al Che como un funcionario chileno. Con esos papeles podría viajar en autobús hasta la frontera sin levantar sospechas. Cuando nos enteramos de esos documentos, muchos de nosotros pensamos que esta vez el che aceptaría, dice Julio.

 gran papeles perfectos, con sellos oficiales, fotografía y todo. El contacto había arriesgado su vida para conseguirlos. Costaron una fortuna en el mercado negro. Para un momento, no te pierdas este detalle, porque lo que el Che hizo con esos documentos revelaría cuán profunda era su convicción de quedarse. Cuando el mensajero llegó con el sobre Manila conteniendo los papeles, el Chen ni siquiera lo abrió.

 Sostuvo el sobre en sus manos. durante un momento largo. Luego lo devolvió al mensajero. Dale estos documentos a alguien que realmente los necesite. Yo no voy a ninguna parte. Esa noche, después de que el mensajero se fuera, Julio se atrevió a confrontar al Che en privado. Encontró al comandante sentado solo junto a una pequeña fogata escribiendo en su diario.

Comandante, tengo que hablar con usted. Comenzó Julio. El Che levantó la vista y asintió, cerrando su cuaderno. Todos nosotros estamos dispuestos a morir por la revolución, dijo Julio con cuidado. ustedes, Ernesto Cheeguevara, su muerte aquí no sería solo la muerte de un hombre, sería un golpe masivo para todos los movimientos revolucionarios de América Latina.

 ¿No tiene una responsabilidad mayor de sobrevivir? El Che sonrió tristemente. Julio, ¿sabes cuál es la diferencia entre un revolucionario de verdad y un político disfrazado de revolucionario? Julio negó con la cabeza. El político calcula su supervivencia porque quiere el poder. El revolucionario acepta la muerte porque quiere el cambio.

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