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Su vida fue ROBADA mucho antes de su MU3RTE – Caso Ana Paez

  Para entender bien este caso, hay que situarse en un día frío y gris de febrero de 2008 en el barrio de Gracia, una zona de Barcelona conocida por su ambiente bohemio y sus callejuelas llenas de vida. El 21 de febrero, una mujer encargada de la limpieza de un loft turístico, conocidos como apartamentos Rent For Days, entró para llevar a cabo la que era su rutina diaria.

 Las personas que alquilan estos pisos tienen una hora de entrada y de salida y la hora de salida estaba marcada para las 11 de la mañana, que es lo normal. Ese jueves una persona debía retirarse y otra debía hacer su entrada más tarde. Por eso esta mujer fue a limpiar. Pero al abrir la puerta vio unos pies de alguien que estaba sobre un sofá.

 No miró mucho más porque le pareció irrespetuoso y se retiró a hacer hora. Pensó que capaz la persona que alquiló el piso de la noche anterior había tenido una borrachera y por esta razón se le pasó el tiempo. Cuando la mujer volvió a chequear el piso para ver si la persona ya se había retirado, se dio cuenta de que la misma persona seguía en el mismo lugar de antes.

 Esto le dio un mal presentimiento. Entonces llamó de inmediato a la policía. Cuando llegaron se dieron cuenta de que la persona que estaba en el sofá era una mujer que ya no tenía signos de vida. Lo más macabro de toda esta escena era que la mujer en cuestión estaba completamente desnuda y tenía la cabeza cubierta por una bolsa de plástico y estaba atada fuertemente a su cuello con una cinta aislante.

Como esta se trataba de una escena del crimen, el trabajo pasó a manos de los mozos de escuadra. Ellos analizaron toda la escena del crimen y lo primero que se pensó fue que se trataba posiblemente de un crimen que se llevó a cabo durante un momento de intimidad, ya saben, con un fetiche de esos que implican que la persona sea asfixiada para obtener más placer.

 Se presumió que capaz fue algo que salió mal, entonces la otra persona con miedo se fue del lugar. Se pensó esto porque además de presentarse el cuerpo con la bolsa atada al cuello, había fluido en su boca y en sus partes íntimas. ¿Saben a lo que me refiero? Sin embargo, algo no encajaba para los investigadores. El apartamento estaba inusualmente limpio.

 Los agentes no encontraron huellas dactilares, aparte de las de la víctima, ni señales evidentes de lucha. Era como si nadie más hubiera estado allí la noche anterior. Otro detalle que llamó la atención fue que el bolso de la víctima y su ropa no estaban por ninguna parte y tampoco se encontró su teléfono ni alguna identificación como para saber quién era ella.

 Lo único que había en la escena era un par de botas negras y una peluca de pelo liso de color negro junto al sofá donde encontraron a la mujer. El caso rápidamente causó un impacto profundo en ese colorido barrio de Barcelona y comenzó una investigación que se enfocó en descubrir qué había ocurrido realmente. Para eso era necesario conocer bien a la víctima y para dar con su identificación, los mozos de escuadra solicitaron el contrato de alquiler de este piso turístico y fue así como supieron que la mujer que lo había alquilado era Ana

María Páez, capitán, de 35 años. Se comprobó después también su identidad fotográficamente. Ana había sido reportada como desaparecida un día antes, el 20 de febrero, porque no sabían nada de ella desde el 19 de ese mes. Acompáñame a descubrir su historia y conocer todos los detalles detrás de este caso.  Ana Paz tenía 35 años y era una diseñadora de moda que vivía en Barcelona.

 Llevaba una vida sencilla y se solía manejar en transporte público para ir hasta Mataró, donde trabajaba. Mataró está a unos 33 km aproximadamente de Barcelona. Sus seres queridos la describían como una persona agradable, generosa, extrovertida y exageradamente generosa con todo el mundo. Siempre dispuesta a ayudar a los demás.

 Desde niña siempre tuvo claro que quería dedicarse al diseño de modas. El trabajo para Ana era una de sus grandes pasiones y allí encontraba la estabilidad y satisfacción que le hacían sentirse realizada. Ana se había esforzado mucho para construir esta carrera en el mundo de la moda. En lo personal, Ana tenía una pareja llamada Carlos Carvajo, con quien llevaba varios años conviviendo en una relación tranquila y estable.

 En palabras de Carlos, llevaban ya 8 años juntos y vivían en un piso en la Gran Vía. Ana llevaba una vida que parecía simple y ordenada a los ojos de muchos. Todos creían que tenía una rutina establecida, su trabajo en la moda, ir en transporte público hasta Mataró y una relación tranquila con Carlos.

 Pero algo pasó o algo estaba por descubrirse que alejaba toda esa normalidad para revelar un lado mucho más oscuro. Unos días antes del terrible hallazgo, el 19 de febrero del año 2008, Ana habló por la tarde con Carlos y con su hermano Antonio, más conocido como Tony, para contarles qué planes tenía. Ella volvía en tren del trabajo en Mataró y les dijo que se iba a encontrar con una amiga, María Ángeles Molina, a quien conocía porque habían trabajado juntas y ella había sido su jefa.

 Ana les contó que Angie la invitó a cenar en un loft que había alquilado. Ni Tony ni Carlos notaron nada fuera de lo normal. Ambos dijeron que la escucharon tranquila. Sin embargo, cuando Ana no regresó a casa ni respondió a llamadas por la noche, su familia y su novio comenzaron a preocuparse. Fue entonces cuando Carlos junto a los padres de Ana pusieron la denuncia por desaparición ante la policía.

 En estos casos, la pareja suele ser uno de los primeros en ser investigados y Carlos no fue la excepción. Cuando Carlos fue interrogado, él contó que el día en el que vio a Ana por última vez, ambos se levantaron para ir cada uno a su trabajo, ella a Mataró y él a Terraza. Carlos estuvo todo ese día visitando obras.

 llegó a la casa cerca de las 8:30 de la noche. Como él sabía que Ana iba a estar en ese momento cenando con la amiga, que era lo que le había dicho, no la llamó para no molestarla y cerca de la medianoche él se fue a dormir. Al día siguiente, como Ana no llegó, pensó que se quedó a dormir en lo de la amiga y que de allí habría ido al trabajo.

 A la policía le intrigó que él no hubiera llamado a Ana y también que a él no le pareciera raro que en todo ese tiempo Ana no la llamara ni le mandara mensajes. Pero Carlos dijo que ni bien se despertó la llamó, pero su número lo enviaba directamente al buzón. Con respecto a esto, dijo que no le pareció raro en ese momento porque Ana solía quedarse sin batería y no lleva nunca su cargador consigo, pero dijo que en cuanto se enteró de que ella no fue a trabajar ese día y se hicieron las 10 de la noche, llamó a un amigo que lo ayudó

a contactar con todos los hospitales de la zona preguntando por ella. Con todo esto, también se pudo comprobar que en los análisis del cuerpo sin vida de la mujer, este fluido que habían encontrado en su cuerpo no coincidía con él y también las llamadas que había hecho, o sea, su cuartada y su interrogatorio, lo dejaron libre de sospechas.

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