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LA LISTA DE EPSTEIN: ¿Quiénes están en ella y por qué NADIE los menciona?

Lo más oscuro del caso de Jeffre Epstein nunca salió en las noticias. Lo enterraron antes de que pudiera salir. Seguramente conoces la versión oficial que en su avión privado llevaba celebridades, políticos y empresarios a una isla perdida en el Caribe, donde los esperaban jovencitas con un perfil muy específico.

 No era solo la edad, sino algo mucho más perturbador. Pero si escarvamos un poco más, descubrimos que la isla era solo la punta del iceberg, porque esto pasaba también en Nueva York, Londres, Florida, París y más. Era una red de tráfico de inocentes al servicio de la élite. ¿Cómo logró ocultarlo durante tanto tiempo? Con un sistema, uno para silenciar a las víctimas y otro para controlar a los poderosos.

 Esin usaba técnicas que según fuentes poco difundidas habría aprendido del Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Este es solo uno de los tantos detalles que casi nunca verás en los grandes medios, porque hubo mucho que intentaron enterrar. Pero hoy vamos a rescatar todo aquello que nunca se atrevieron a mostrarnos.

 ¿De dónde salió realmente su fortuna? ¿Por qué el sistema entero lo protegía? ¿Y de verdad se autoeliminó? ¿O alguien lo hizo desaparecer? Y mientras avanzamos vamos a ir contando cuántos delitos cometió y por cuántos salió impune, a ver si aciertas el número al final. Jeffre Epstein nació en 1953 en Brooklyn, Nueva York, dentro de una familia judía de clase media.

 Su papá, Seor, era obrero y jardinero y su mamá, Paula trabajaba como asistente en una escuela. Un amigo de la infancia de Jeffrey comentó que Paula era una madre llama de casa maravillosa a pesar de tener un trabajo de tiempo completo. Y los vecinos decían de la familia que eran las personas más amables.

 Jeffrey creció en un vecindario privado, tranquilo, descrito por algunos como un refugio de clase media. Desde pequeño demostró tener mucha facilidad para las matemáticas y también para el piano clásico. Era tan inteligente que se saltó 2 grados y terminó la prepa a los 16. Tus amigos de esa época lo recuerdan como alguien dulce y generoso, aunque también callado y medio nerd.

 Le decían Epi. Una amiga de la infancia lo describe como un chico promedio. Muy bueno en matemáticas, un poco pasado de peso, con pecas y siempre sonriendo. En las fotos de esos años, según el periodista Ari Feldman, se le ve con una expresión tranquila, rasgos suaves, nada que ver con la sonrisa arrogante que mostraría después, la misma con la que acabaría siendo reconocido.

 Hasta ahora, la infancia de Jeffrey no tiene nada fuera de lo común. De hecho, hasta podría decirse que fue bastante tranquila, incluso agradable. Entonces, ¿cómo alguien con una infancia así termina convirtiéndose en un depredador? Epstein entró a la universidad a estudiar fisiología matemática, pero nunca se graduó y es justo ahí, a los 21 años, donde empiezan a aparecer algunos de los primeros focos rojos.

 Sin haber terminado la universidad, consiguió trabajo como profesor de matemáticas en la Dalton School, una escuela privada en Manhattan, donde iban hijos de algunas de las familias más ricas del país. Ahí varios exalumnos recuerdan que tenía comportamientos bastante inapropiados, le prestaba demasiada atención a las alumnas que eran menores de edad e incluso asistía a fiestas donde coqueteaba abiertamente con ellas.

 Y aquí encontramos su primer acto cuestionable sin consecuencias. En una junta de la escuela, Epstein, con lo inteligente que era, impresionó tanto al papá de uno de sus alumnos que este lo recomendó con Alan Greenberg, CEO Bear Sterns, una de las firmas de inversión más grandes y respetadas de Wall Street en ese momento.

 Esa conexión cambiaría su vida para siempre, pues después Epstein fue despedido de la escuela por bajo rendimiento y Greenberg no dudó en ofrecerle trabajo en Birterns. Entró como asistente junior de un operador de bolsa, pero rápidamente destacó. tenía talento para tratar con clientes millonarios y ofrecerles estrategias para pagar menos impuestos.

 Aquí encontramos su segundo acto cuestionable jugando en la línea delgada de la ilegalidad. ¿Y recibió alguna consecuencia? No, al contrario, lo premiaron, lo hicieron socio limitado. Sin embargo, al poco tiempo metió la pata. En una de sus jugadas financieras, Epstein rompió una ley, lo que obligó a la empresa a despedirlo.

 Epstein fundó su propia empresa de consultoría. A veces trabajaba para gobiernos o millonarios ayudándolos a recuperar dinero perdido en fraudes financieros y otras veces trabajaba para quienes se lo habían robado. ¿Le cayó alguna sanción? De hecho, salió beneficiado en ese negocio. Conoció a tanta gente poderosa que solo se haría más intocable.

 Aquí vale la pena hacer una pausa. La infancia de Jeffrey fue, hasta donde sabemos, aparentemente normal. Creció en una familia trabajadora, incluso cariñosa, en un vecindario tranquilo. Sus amigos lo recuerdan como alguien dulce y un alumno brillante, pero poco a poco su historia empieza a torcerse, empezando con su comportamiento con las alumnas menores.

 En ese momento no hubo un delito claro, nada demasiado escandaloso, pero sí señales preocupantes. Comentarios fuera de lugar, demasiada atención a ciertas chicas, incluso asistir a fiestas donde coqueteaba con ellas. Tal vez no era ilegal, pero claramente inapropiado. Los alumnos lo notaron, lo recuerdan hasta hoy. Y sin embargo, nadie dijo nada.

Después vino su habilidad para esquivar la ley. Ber Sterns se volvió experto en encontrar vacíos legales para que sus clientes pagaran menos impuestos. Tampoco era un crimen ni algo inusual en Wall Street, pero lo importante no es lo que hizo, sino lo que eso le enseñó, que hacer trampas y sabes cómo, además de ser válido, es premiado.

 Le dieron ascensos, lo hicieron socio y lo rodearon de gente poderosa. Y así con cada experiencia, Jeffrey fue entendiendo que cruzar la línea mientras no te atrapen es aceptable o incluso ventajoso. Y que si nadie te frena, para qué detenerse. El psicólogo social Roy Baumister explica que casi todos tenemos tres ideas equivocadas sobre qué es realmente la maldad.

 Primero, solemos pensar que las personas son buenas o malas por naturaleza, como si eso fuera parte de su ADN. Bajo esa lógica, alguien bueno no puede hacer nada malo y alguien malo está condenado a siempre a actuar con maldad. Segundo, solemos creer que la maldad en su mayoría viene de sociópatas o psicópatas, gente empatía, sin culpa o sin alma, como si fueran una especie aparte.

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