El 6 de noviembre de 2008, Rocío Zambrano, de 30 años, esperaba el llamado de cumpleaños de su madre, María del Pilar, de 56 años. La situación no era la ideal. Días atrás, el novio de su prima había sido ultimado por un extraño que irrumpió en su vivienda para robarle. A esto se sumaba el hecho de que Rocío y María del Pilar llevaban años distanciadas por el mal temperamento de la mayor.
Aún así, la joven se extrañó cuando el teléfono no sonó. Preocupada por su salud mental que se había deteriorado el último tiempo, Rocío fue a ver a su madre. la encontró profundamente dormida bajo los efectos de tranquilizantes. Aquello no fue lo más sorpresivo del día, sino el hecho de que horas más tarde la policía tocó a la puerta de su madre y la razón de la visita era por demás perturbadora.

Buenas noches, bienvenidos al criminalista Nocturno. No. José Pérez Pérez escapó de España durante la Primera Guerra Mundial para evadir el servicio militar y radicó en Argentina, donde se casó con María Aurelia López. En la década de 1940, la pareja se trasladó hacia provincia, una comuna de Santiago, la capital de Chile.
Allí José abrió una panadería en la calle Seminario que pronto prosperó y le permitió adquirir cerca de 20 propiedades en la misma cuadra. En aquella idílica situación económica, nació el 21 de diciembre de 1951, su primera hija, María del Pilar Pérez López, y unos años después le siguieron Magdalena y Gloria. A pesar de que las tres hermanas tenían una excelente relación, María del Pilar fue desde un principio la líder y la predilecta de José.
Las niñas estudiaban en el colegio Mariano de Sunstad y al ser su padre muy estricto, María del Pilar destacaba por estar siempre bien vestida y llevar sus útiles perfectamente ordenados. La perspectiva de su madre era muy diferente. Según declararía Aurelia más tarde, María del Pilar [música] era una niña agresiva que solía descargar su ira contra la gente que la rodeaba.
Por ejemplo, a la edad de 5 años les propinó patadas a las empleadas de la panadería familiar e en otra ocasión abofeteó a un auxiliar de local enfrente de los comensales porque no atendió sus órdenes. Con el correr de los años, María del Pilar también le comenzó a robar dinero a su madre, aumentando las tensiones entre ambas, pero fuera de su hogar mostraba otra cara.
En 1971 empezó a estudiar arquitectura en la Universidad Católica, donde sus compañeros la describieron como bonita, seria y muy formal. Fue allí donde conoció a quien pensó que sería el amor de su vida. Su nombre era Francisco Pelayo Elías Zamorano Marful y pronto formalizaron una relación de noviazgo.
El 3 de marzo de 1976 se casaron y fruto de esa unión nacieron dos hijos, Juan José y María Rocío. En 1978, María del Pilar obtuvo el título de arquitecta y remodeló a su gusto la casa donde vivían. Durante los siguientes años, la familia no tuvo mayores problemas y los allegados de María del Pilar se referían a ella como la pocha.
Si bien destacaban que siempre estaba acelerada por el trabajo, principalmente relacionado a remodelaciones, también la describían como una mujer divertida y agradable. Sin embargo, la mayoría de sus compañeros contarían luego que no sabían mucho acerca de su vida privada, lo que les hubiera dado mucho de qué hablar.
En 1990, José comenzó a mostrar síntomas de Alzheimer y pensó en entregarle a su yerno Francisco, su panadería. Sin embargo, pronto cambió de opinión al enterarse de que la relación con María del Pilar se estaba cayendo a pedazos porque él se había declarado homosexual. A partir de entonces, su esposa, sus tres hijas y su otro yerno, Agustín Molina Mirabel, esposo de Gloria, comenzaron a disputarse el pequeño imperio inmobiliario que José había formado en la calle Seminario.
Según allegados de la familia, María del Pilar despreciaba a su cuñado, principalmente por ser de origen humilde, pero también porque sentía que luego de que su padre le había dado empleo, Agustín había decidido quedarse con todo lo que le pertenecía a la familia. En 1995, María del Pilar se separó oficialmente de Francisco, aunque no se divorció y comenzó una relación amorosa con el arquitecto Rafael Felip.
Él declaró que mientras José estaba enfermo, había advertido que Gloria y Agustín lo estaban matando de hambre y que los cuidados de enfermeros eran insuficientes. En esta misma línea, algunos vecinos llegaron a relatar que cuando la salud del patriarca empeoró, Agustín y Gloria no permitieron que María del Pilar lo visitase.
En 1999, José falleció producto de su enfermedad y María del Pilar heredó el 70% de sus propiedades, entre las que se encontraba la casa donde ella vivía en seminario 95 y la cazona en el número 97, donde residía el resto de su familia. A partir de entonces, María del Pilar cortó prácticamente todo tipo de relación con su madre y sus hermanas, y su vínculo con sus otros seres queridos también comenzó a resquebrajarse.
El 6 de julio de 2002, Rafael abandonó a María del Pilar e interpuso una querella ante el 17 juzgado del crimen por intento de asesinato. alegó que su novio había contratado a Williams Martínez, un conocido de ambos, para que lo asesinara por millones de dólar y que este se lo había confesado todo. María del Pilar declaró ante el juzgado que se trataba de un invento de su expareja y en 2005 fue sobreseída.
Ese mismo año intentó impedir el matrimonio de su hija con un hombre llamado Rodrigo Arroyo, a quien ella no aprobaba. Rocío solicitó turno en dos oficinas del Registro Civil para evitar que su madre interrumpiera la unión, marcando distancia con ella y sus problemas legales siguieron. En 2007, su hijo se casó con una mujer llamada Monserrat Hernando, quien tampoco tenía la aprobación de María del Pilar, por lo que no fue invitada a la ceremonia, aunque el vínculo no se cortó del todo en ese entonces.
El 7 de julio de ese año, el hijo de María del Pilar rompió finalmente la relación con ella, asegurando que había empujado por las escaleras a su esposa. Los vecinos testificaron que la mujer ya había hecho lo mismo con su propia madre durante una tensa discusión entre ambas, poco antes de que falleciera su padre.
Finalmente, la soledad a la que María del Pilar se había orillado la asumió en una profunda depresión que combatía con medicamentos. Paralelamente, Agustín consiguió un acuerdo extrajudicial que redistribuía la herencia paterna, dejándolo a él en la posición que siempre había querido. Pero la gota que rebalsó el vaso no llegó exactamente por lo legal.
En 2008, Francisco, el exesoso de María del Pilar, llevaba un tiempo en una relación con Héctor Rodrigo Arévalo Olivero, quien desde un primer momento generó desconfianza en ella. veía la relación entre ambos hombres como una ofensa personal y una amenaza al control que ella podía ejercer sobre su exesposo.
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[música] Temía que Héctor influyera en decisiones patrimoniales y judiciales en su contra, e incluso creía que podía fortalecer la posición legal y económica de Francisco. Entonces, María del Pilar decidió usar parte de la herencia de su padre para contratar a José Mario Rus Rodríguez, un sicario. le dio un mapa de la casa donde vivían su exesoso y la pareja de este, además de indicarles dónde guardaban dinero.
El 23 de abril de ese año, Rus ingresó a la casa de la pareja y los ultimó a ambos. El caso se volvió rápidamente mediático, tomando el apodo del doble homicidio de la calle Infante y las sospechas recayeron sobre cualquier persona, menos en María del Pilar. La policía arrestó a Claudio Sosa, el dueño de la casa donde vivía la pareja, ya que mantenían deudas de alquiler.
En el domicilio de Sosa se encontró un cartucho sin percutir que era compatible con el de las balas utilizadas en el crimen de Francisco y Héctor. En el interrogatorio, Sosa narró de forma inconsistente qué estaba haciendo al momento de los crímenes y la policía descubrió que tenía experiencia en el manejo de armas de fuego.
Los detectives lo presionaron al punto que confesó el crimen a pesar de no haberlo cometido y fue imputado por el doble homicidio. Paralelamente, la familia de Francisco estuvo en contra de que María del Pilar asistiera al funeral, puesto que desde hace años desconfiaban de sus intenciones. Francisco fue sepultado en el mausoleo de los Pérez en el cementerio general y María del Pilar visitó la tumba días después y rompió en llanto, como si en verdad hubiera lamentado su fallecimiento.
Luego de aquel crimen, comenzó a planear el siguiente. En noviembre, María del Pilar volvió a contratar los servicios de Rus para asesinar a Agustín. El marido de su hermana Gloria le dijo que su sobrina María Velen Molina Pérez salía a las 8 de la mañana de la casa y era el momento perfecto para atacar a su padre. También le hizo un dibujo detallando las distintas habitaciones y su distribución.
le explicó que en el segundo piso había una oficina donde guardaban una caja fuerte con mucho dinero, además de asesinar a su cuñado. María del Pilar le dio a Rus la orden de robar todos los ahorros que su hermana tenía y el sicario aceptó sin titubear. A las 8 de la mañana del 4 de noviembre de 2008, el novio de Belén, Diego Smich Hebbelneus, de 25 años, un ingeniero joven y prometedor, pasó a buscarla por su casa ubicada en la calle Seminario, tal y como lo hacía todos los días.
Pero quien le abrió la puerta no fue la joven, sino Rus, que le apuntó con una pistola y lo obligó a entrar al hogar. Una vez dentro, comenzó un forcejeo entre ambos. Mientras Belén observaba la escena y gritaba, en medio de la pelea, Rus perdió el control del arma y la accionó dos veces.

Uno de los disparos impactó en Diego. Al escuchar los ruidos, Agustín bajó la escalera para ayudar a su hija, pero encontró a Diego en el suelo herido. Salió rápidamente de la casa para buscar al atacante que estaba en la vereda. Ru hizo entonces un movimiento con la mano, dando a entender que sacaría una pistola.
Y Agustín corrió de vuelta a su hogar. Ru subió al auto, tiró el bolso con el dinero que había podido recoger al asiento trasero y huyó de lugar. Al mismo tiempo, María del Pilar se enteraba de que su plano había salido como esperaba. Julio Castillo, quien cumplía funciones de mayordomo y asistente doméstico en casa de María del Pilar, quien además posteriormente fue descrito por la fiscalía y parte de la prensa como su amante, advirtió que el comportamiento de la señora era por demás extraño.
Castillo declaró luego a la policía que al oír los gritos y balazos provenientes de la casa de su familia, María del Pilar se limitó a asomarse por la ventana. Luego se habría bañado, tomado el desayuno y recibió una llamada de su hija, quien le informó el deceso de Diego. Castillo se asombró cuando, en vez de mostrarse triste o confundida, María del Pilar se limitó a hacerle unos cheques y pedirle que los fuera a cobrar.
Rus, por su parte, llegó a su casa, desarmó la pistola que había utilizado en el crimen y lavó como pudo su ropa. No consiguió sacar las manchas de sangre, por lo que resolvió quemar las prendas con bencina y tirarlas a la basura. A las 11:15 de la mañana viajó hasta el café Icabaru y luego a otro llamado Curnikova.
Allí llamó a María para decirle que el crimen no había salido como esperaba y le pidió que se pusiera en contacto con él. Lo que el sicario ignoraba en ese entonces era que los vecinos habían anotado la matrícula del auto en el que huyó y el peso de la ley estaba por caer. Esa misma noche, la policía se apersonó en su casa y lo arrestó.
Rus no tardó en pedir perdón a la familia de la víctima y en exponer su vínculo con María por la borda para salvarse a él mismo. Confesó haber cometido el homicidio de Diego, pero aseguró que la autora intelectual del crimen era María del Pilar. Narró como la mujer lo había contratado para asesinar en realidad a su cuñado.
Rus dijo que le había dado la orden dejar a Agustín inválido o de la peor manera posible. Y eso no fue todo. El sicario también confesó que meses antes María del Pilar le había encargado que asesinara a su exmarido Francisco y a la pareja de este, Héctor. Esto derivó en la liberación de Sosa, el acusado inocente, quien estaba a la espera del juicio por doble homicidio.
La siguiente tarea de la policía era arrestar a la verdaderamente maestra detrás de los crímenes. Tan solo dos días después del fallecimiento de Diego, las autoridades llegaron a la casa de María del Pilar, ubicada en seminario 95. La encontraron inconsciente producto de un intento de autoprivación y acompañada por Castillo.
Luego de trasladar a la asesina a un hospital, se llevó a cabo un allanamiento de la vivienda, donde algunas fuentes periodísticas informaron del hallazgo de una calavera humana, objetos que suelen usarse en rituales indígenas y muñecos voodo. Para su mala suerte, aquella intoxicación de pastillas no resultó y pudo ser interrogada.
María del Pilar aseguró que no tenía nada que ver con el deceso de su exmarido, la pareja de este y del novio de su sobrina. Incluso declaró que se sentía abandonada por su familia y que todos buscaban perjudicarla. 4 días después de su arresto, María del Pilar comenzó a ser investigada también por el homicidio frustrado en contra de Agustín.
Al mejorar su salud física, María del Pilar fue trasladada desde el Hospital de la Penitenciaría. hasta el Centro Penitenciario Femenino para cumplir prisión preventiva, pero lejos de reflexionar acerca de sus actos, siguió haciendo de las suyas. Desde su celda le escribió una carta a su hija pidiéndole que le diese dinero a Rus para que modificara su versión de los hechos de forma que incriminara a Agustín.
Primero, Rocío debía recolectar 30 o 40 millones de pesos chilenos que le adeudaban a algunos de sus clientes como arquitecta. De ese monto tenía que pasarle 10 millones a la familia del sicario. La mujer no tardó en revelar los planes de su madre a la policía, lo que frustró por completo su intento de salvarse del juicio. Paralelamente, las pericias psiquiátricas del servicio médico legal indicaron que María del Pilar tenía una personalidad narcisista y paranoide.
El Ministerio Público logró acreditar que el plan había sido desde un principio ultimar a toda la familia para quedarse con la herencia. Con esa información, el proceso legal en su contra podría comenzar. La primera audiencia se llevó a cabo el 23 de septiembre de 2010, donde María del Pilar Pérez López fue acusada individualmente por lesiones graves en contra de su nuera, además de parcido en contra de Francisco Zamorano, su exesposo.
Junto a Rus fue imputada por los cargos de homicidio calificado contra Héctor Rodrigo Arévalo, robo con homicidio consumadro contra Diego Smich Gebel News y homicidio frustrado en contra de María Belén Molina Pérez, María Aurelia López Castaño, Gloria Pérez López y Agustín Molina Mirabel. Durante los siguientes días se exhibieron cerca de 60 pruebas en contra de los acusados.
Los fiscales Carlos Gajardo y Rodrigo Lazo mostraron un registro con más de 80 llamadas entre María del Pilar y Rus, que databan de los días posteriores a los asesinatos. También se exhibió el plano de la casa de Seminario 97 que había sido encontrado en la casa de Rus. Además, se comprobó que no hubo un esquema formal de pago por cada homicidio, ni contratos ni fechas cerradas, sino pagos parciales y promesas cuya cifra no fue revelada.
Sin embargo, nada fue tan impactante como las decenas de testimonios en contra de la principal acusada. Emilio Pérez, primo de María del Pilar, declaró que en abril de 2008 la acusada le había encargado conseguir a una persona para darle un susto a su cuñado, Agustín Molina. Por otra parte, los dos hijos de María del Pilar la describieron como una persona fría, violenta y calculadora que llevaba años arruinándoles la vida.
Rocío incluso reveló que su difunto padre siempre había pensado que María del Pilar quería asesinarlo. Relató que durante los últimos años él temía por su vida, al punto de que si se cruzaba con su exesposa por la calle salía corriendo. Juan José declaró estar avergonzado de ser hijo de María del Pilar y aseguró que siempre sospechó que su madre había tenido algo que ver con el asesinato de su padre.
El testimonio que terminó de mostrar a María del Pilar como la asesina que era, llegó de parte de la misma persona que la había traído al mundo. Aurelia declaró detrás de un biombo mampara que impedía que viera a su hija que desde muy joven la acusada había mostrado una ambición desmedida. A pesar de que jamás le había faltado nada, estaba segura de que su fin máximo era quedarse con toda la herencia de la familia.
Detalló que durante los años anteriores María del Pilar había pasado por la caja de la panadería sus cuentas como luz, gas y teléfono, además de haberle sacado dinero diciéndole que era para regalos a sus seres queridos. Aurelia también comentó que la primera alarma sobre la personalidad maliciosa de su hija había ocurrido cuando tras un viaje a Estados Unidos, la acusada le comentó que Nueva York se podía contratar sicarios para deshacerse de quien uno quisiera.
Por último, Aurelia reveló que llevaban años sin hablarse porque su hija no la llamaba nunca. Llevaba tiempo sin salir a la calle porque temía cruzarse con ella. y que la agrediera físicamente. Si tenía que salir, por ejemplo, al médico, lo hacía como una fugitiva. Al oír el testimonio de su madre, María del Pilar, afirmó sentirse mal y pidió dejar la sala.
Cuando un fiscal le preguntó si tenía sentimientos por su hija, la mujer respondió, “Nada, porque si sintiera odio sería sentir algo. Y no quiero sentir nada.” Respecto al asesinato de Francisco y su pareja, Aurelia sostuvo que las vecinas habían dicho que había sido cometido por la bruja en referencia a su hija. Sobre Diego expresó que había dado la vida por ellos, ya que si Rus no se equivocaba y era arrestado, probablemente se cobraría la vida del resto de la familia por órdenes de la acusada.
Estos dichos terminaron por sepultar cualquier posibilidad de una pena acotada. En enero de 2011 se les permitió a los acusados hacer su alegato final. José Mario Rus Rodríguez optó por guardar silencio, pero María del Pilar Pérez dijo con total firmeza que era inocente de todos los cargos de los que se le imputaba.
El 19 de ese mismo mes fue encontrada culpable como autora intelectual de los delitos y los crímenes que se le imputaban. José Rus Rodríguez fue encontrado culpable de los mismos cargos, pero como autor material de los crímenes. Ambos fueron condenados a cadena perpetua con la posibilidad de beneficios carcelarios después de 40 años de prisión efectiva.
Además, María del Pilar debía pagar más de 900 millones de pesos chilenos por concepto de indemnización a las familias afectadas, pero ni todo el dinero del mundo podría dejar el caso en el olvido. Los crímenes de María del Pilar adquirieron una gran notoriedad pública y diversos medios de comunicación compararon a la sentenciada con Catalina Ríos y Lisperger.
Esta terrateniente chilena del periodo colonial había pasado la historia por su extrema crueldad y los numerosos crímenes que se le atribuyeron, siendo conocida popularmente como la Quintrala. A partir de esa asociación, María del Pilar Pérez comenzó a ser mencionada en la prensa con apodos como la nueva quintala, la quintrala de providencia o la quintrala de seminario.
En 2012, la casa de seminario 95 sufrió un incendio y luego fue vendida para indemnizar a la familia de los afectados. Finalmente pasó a ser propiedad de inversiones Concepción SA. Por otro lado, seminario 97, el hogar donde ocurrió el crimen de Diego Smichevel fue reemplazado por varias oficinas y una farmacia.
Mientras tanto, la Quintrala pasaba sus días en prisión sin arrepentirse de ninguno de sus actos. Desde 2018 comenzó a asistir sin falta a la misa de los domingos en la cárcel de mujeres de San Joaquín. También fue parte del comité organizador de la visita hecha por el Papa Francisco al Penal durante su visita a Chile.
En julio de 2022, el abogado de María del Pilar, Pablo Armijo, solicitó a la Corte Suprema que anulara la condena, pero no tuvo éxito. Los argumentos presentados no cumplían con los requisitos legales para anular una sentencia firme. Ese mismo año, La Quintrala lanzó junto a su abogado un canal de YouTube llamado La voz de Pilar, donde ambos comparten su versión de los eventos ocurridos.

A la fecha de realización de ese video, María del Pilar Pérez López continúa asegurando que es inocente y que jamás dio las órdenes de asesinar a sus familiares. De cualquier forma, lo más probable es que pase el resto de sus días en prisión por el triple asesinato de su exmarido, la pareja de este y el novio de su sobrina.
La verdadera duda es, ¿logrará algún día aceptar que su ambición la llevó demasiado lejos? o seguirá afirmando que fue la víctima de una familia, que no la abrazó lo suficiente. Una vez más, estimado público, agradezco su compañía. Gracias por estar presentes en esta nueva transmisión. Recuerden que pueden seguirme en redes sociales.