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James Gunn nos ADVIRTIO de Jared Leto… pero NADIE lo escuchó

Harvey Winstein preso Kevin Space carrera destruida. Bill Cosby condenado. Brian Singer, exiliado de la industria con contratos cancelados en cadena. En todos esos casos, el sistema tardó años, a veces décadas, pero eventualmente actuó. Ahora hay un tipo con más de 20 años de testimonios acumulados, cientos de mujeres de distintos países que cuentan versiones que se repiten con una consistencia que resulta difícil de ignorar.

 Un tipo que fue señalado públicamente por colegas de la industria, que le mandó una carta legal a un foro donde las víctimas hablaban, que en 2025 recibió acusaciones formales de nueve mujeres con nombre y apellido. Ese tipo protagonizó una película de Disney ese mismo año con un presupuesto de entre 180 y 220 millones de dólares. Su nombre es Jared Leto y lo que rodea su historia no se explica con talento ni con fama.

 

 Hay algo más funcionando ahí, algo que la industria elige no nombrar. y hoy lo vamos a desmontar pieza por pieza. Antes de hablar de acusaciones, hay que entender algo. Jaret Leto construyó durante años una identidad pública que hace que casi cualquier cosa que haga pueda ser reencuadrada como arte. Y esa identidad tiene un nombre, el método.

 El method acting es una técnica legítima. Marlon Brando pasó un mes viviendo entre veteranos de guerra para preparar un papel. Robert De Niro obtuvo una licencia real de taxi para Taxi Driver. Daniel Day Lewis aprendió italiano para el padrino parte dos. investigación, inmersión, trabajo. Lo que hizo Jaret Leto durante el rodaje de Suicide Squad en 2016 fue otra cosa.

 A sus compañeros de elenco les mandó ratas vivas, balas, un cerdo muerto con dones usados y ein alal beits. La justificación fue que el Joker es alguien que no respeta el espacio personal ni los límites ajenos. Y la industria, la prensa, el marketing de la película, todo el ecosistema alrededor de ese rodaje lo presentó como una señal de dedicación extrema al arte.

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 El problema es que él mismo lo había dicho, grabado en pantalla frente a sus compañeros de elenco que lo confirmaban entre risas incómodas. No era un rumor filtrado, era él hablando. ¿Qué hace alguien que puede admitir públicamente ese tipo de comportamiento? negarlo un año después y no enfrentar ninguna consecuencia. Algo muy específico, tiene un escudo y ese escudo se llama proceso creativo.

 Cuando todo lo que hacés, por más perturbador que sea, entra en la categoría de es que él es así, es el método, te volvés intocable en un aspecto muy concreto. La industria normaliza lo que debería investigar. Esto no fue un incidente aislado. Durante el rodaje de Morbius, años después, Leto insistió en moverse con muletas en todo momento para mantenerse en el personaje un científico con una enfermedad degenerativa.

 El traslado de un punto del set a otro le llevaba 45 minutos. El equipo terminó consiguiéndole una silla de ruedas y asignando a un asistente para llevarlo al baño porque la producción no podía permitirse esas demoras. Un hombre perfectamente sano, siendo empujado en silla de ruedas por un asistente que ganaba $100 el día.

 El método dejó de ser una técnica. Se convirtió en una forma de hacer que todo sea aceptable y nadie en ningún estudio, en ningún set, en ninguna entrevista le dijo que no. Hay algo que vale la pena observar con cuidado antes de seguir, porque mucho de lo que rodea a Jaret Leto pasó en privado, en foros anónimos, en fiestas sin cámaras, pero hay otra parte que pasó a plena luz, grabada, con testigos y aún así no pasó nada.

 En decenas de entrevistas a lo largo de su carrera, Leto desarrolló un patrón consistente con periodistas mujeres. Se acercaba físicamente más de lo necesario. Hacía comentarios sobre su cuerpo o su apariencia. Las tomaba de la mano o el brazo sin que ellas lo buscaran. Las ponía en situaciones donde objetar significaba romper la profesionalidad de la entrevista en vivo.

 Eres muy hermosa, por cierto. Acabo de notar lo perfecto que está tu cabello. Te lo peinas tú misma. La luz está empezando a iluminar tu cuerpo de una manera no me sueltes, ese es mi truco, no me sueltes. Esto no es coqueteo espontáneo, es una mecánica. Siempre en cámara, siempre con mujeres que tienen un trabajo que sostener, siempre con él en posición de poder.

 Las entrevistadoras sonríen porque no tienen otra opción y la cámara sigue grabando y después esa grabación se sube a internet como prueba de que es encantador. Ahora bien, si eso es lo que hace cuando hay cámaras, la pregunta que nadie en la industria se hizo en voz alta es, ¿qué pasa cuando no las hay? Pero hay algo más.

 En 2005, Leto declaró públicamente su afinidad con el fotógrafo Terry Richardson. Creo que tenemos mucho en común, Terry y yo. Para entender el peso de esa frase, hay que saber quién es Terry Richardson, un fotógrafo de moda que trabajó para las marcas más grandes del mundo y que llevaba años siendo acusado de hacer caricias no deseadas con las modelos durante las sesiones fotográficas, muchas de ellas menores.

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