
La DESAPARICIÓN de Belanova fue más TURBIA de lo que contaron
Hubo un momento en los años 2000 en el que parecía imposible prender la radio sin que sonara Velanova. Pero lo curioso es que Velanova nunca encajó del todo con lo que estaba pasando en la música latina en ese momento. Mientras el pop en español seguía dominado por baladas o por el rock latino que había marcado los 90, ellos aparecieron con algo distinto, un sonido que mezclaba pop y electrónica cuando esa combinación todavía no era lo normal en la escena mexicana
Y quizá por eso su ascenso fue tan extraño. En muy poco tiempo pasaron de tocar en lugares pequeños a convertirse en uno de los nombres más reconocibles del pop latino. Pero la historia de Velanova no es solo la historia de un éxito inesperado, también es la historia de una banda que después de dominar la radio durante años, simplemente dejó de aparecer sin grandes anuncios, sin una ruptura clara, sin demasiadas explicaciones.
Y cuando algo así pasa con un grupo que parecía tan presente, inevitablemente aparece la pregunta que todavía sigue dando vueltas hasta hoy. ¿Qué fue lo que realmente pasó con Velanova? La historia de Velanova arranca con tres personas que venían de mundos bastante distintos y que por razones casi accidentales terminaron coincidiendo en el mismo lugar, Guadalajara a finales de los años 90.
Por un lado estaba Denise Guerrero. Nació el 8 de agosto de 1980 en Los Mochis, Sinaloa. Y desde muy chica la música formaba parte de su vida. Su madre la impulsaba a participar en concursos y eventos locales. De hecho, cuando tenía apenas 8 años, fue inscripta en el carnaval de los Mochis, donde terminó siendo elegida reina del carnaval.
Pasaron los años hasta que tomó una decisión que iba a cambiarlo todo. Mudarse a Guadalajara, Jalisco, para estudiar diseño de modas, otra de sus pasiones en en Guadalajara terminaría cruzándose con dos músicos que venían de trayectorias muy diferentes. El primero era Ricardo Richi Arreola, nacido el 22 de abril de 1971, varios años mayor que Denís.
Richi ya tenía recorrido dentro de la escena musical local. Durante los 90 había formado parte de una banda llamada La Dosis, un grupo que mezclaba funk y rock y que incluso llegó a grabar tres discos de estudio. La dosis 1996, Radio Infierno 1997 y Hidro 1998. El proyecto eventualmente se disolvió, pero para ese momento Richi ya tenía experiencia tocando el bajo, grabando y moviéndose dentro del ambiente musical.
El tercero era Edgar Huerta, nacido el 28 de enero de 1980 en Guadalajara. Su historia era distinta porque mientras otros músicos se formaban en bandas tradicionales, Edgar estaba experimentando con la tecnología. En su adolescencia empezó a producir música usando programas de computadora, creando pistas electrónicas desde su propio equipo.
En una época en la que producir música digital todavía no era tan común, él ya estaba explorando sonidos y estructuras que se alejaban bastante del pop tradicional. Cuando los tres se conocieron, lo que surgió entre ellos no fue una banda pensada para el mercado. Era más bien un proyecto creativo, un espacio para experimentar ideas musicales sin demasiadas expectativas comerciales.
Cada uno aportaba algo distinto. La voz particular de Denise, el conocimiento musical de Richi y el enfoque electrónico de Edgar. Este serían los inicios de algo épico, sin demasiadas reglas, sin presión externa y con tres trayectorias personales completamente distintas que por una coincidencia bastante improbable se terminaron juntando.
Cuando Denís, Edgar y Ricardo comenzaron a trabajar juntos alrededor del año 2000, lo que tenían entre manos no era exactamente una banda en el sentido tradicional. No había un plan de carrera ni una disquera detrás. Era más bien un espacio donde se podía experimentar, un lugar donde podían probar sonidos, combinar influencias distintas y ver qué pasaba cuando esas tres personalidades musicales se encontraban en la misma sala.
se reunían para desarrollar ideas, crear bases electrónicas, probar melodías y ver hasta dónde podían llevar esa combinación entre pop y sintetizadores. No existía la presión de escribir canciones que tuvieran que sonar en la radio o que siguieran una fórmula específica. La motivación era mucho más simple, hacer música que a ellos les resultara interesante.
En ese proceso apareció también la pregunta inevitable que cualquier proyecto musical termina enfrentando tarde o temprano, cómo llamarse en un principio, un amigo diseñador gráfico sugirió el nombre velafunk. A ninguno de los tres les convencía del todo, pero sí había algo en la primera parte que les llamaba la atención.
Decidieron conservar ese fragmento y construir algo nuevo a partir de ahí. Así terminó naciendo Velanova. El nombre se formó a partir de dos conceptos, por un lado Bella y por el otro Nova, que es el término que describe el momento en que una estrella brilla con mayor intensidad. Juntas esas dos ideas daban lugar a una imagen bastante particular, una bella estrella, encajando con la estética que más adelante desarrollaría el grupo.

Y acá viene la mejor parte. En algún momento esas canciones empezaron a salir del pequeño círculo donde se estaban creando y es ahí donde empiezan a llamar la atención de gente mucho más poderosa dentro de la industria. El proyecto Velanova no encajaba del todo en las categorías habituales del pop latino de principios de los 2000 y justamente por eso empezó a despertar interés de las empresas más grandes de la música.
Ese interés terminó concretándose en 2002 cuando el grupo fue firmado por Virus Records, un sello que formaba parte de Universal Records. Era el primer paso serio dentro del negocio musical. El primer resultado de esa nueva etapa llegó en 2003 con el lanzamiento de su álbum debut Cocktail. El disco introducía [música] oficialmente el sonido que habían estado desarrollando, una mezcla de pop latino con bases electrónicas y sintetizadores.
[música] En medio de ese repertorio apareció la canción que cambiaría el rumbo del grupo, “Tus ojos.” Ese sencillo empezó a sonar en las estaciones de radio mexicanas y rápidamente captó la atención del público. Tenía un tono distinto a lo que dominaba la programación en ese momento. Un pop suave, electrónico, melódico y pegajoso que se alejaba tanto de las baladas tradicionales como del rock en español.
La canción comenzó a circular con fuerza y poco a poco el nombre de Velanova empezó a aparecer en más lugares. El impacto fue inmediato para una banda que apenas estaba empezando. A partir del lanzamiento del disco, el grupo pasó de presentarse en escenarios pequeños a iniciar una gira que llegó a sumar alrededor de 100 conciertos.
Una completa locura. Lo interesante es que incluso en ese momento de crecimiento, la banda todavía estaba definiendo su identidad. De hecho, durante ese periodo, los propios ejecutivos de Universal Music comenzaron a sugerir que el grupo desarrollara un sonido más accesible para el mercado. De esa tensión, entre experimentación y presión comercial, terminaría surgiendo el estilo que más tarde definiría a Velanova, un Electrop claro, melódico y muy reconocible.