El 17 de septiembre de 2023, la policía de Romeoville, Illinois, Estados Unidos, acudió a la casa de una familia para realizar un control de bienestar, pero una vez allí, los agentes descubrieron algo mucho más aterrador. Dentro del hogar familiar encontraron una escena terrible.
Alberto Rolón de 38 años, Soraida Bartolomei de 32 y sus dos hijos Diego de 7 años y Adriel de 9. Junto con sus tres perros habían sido ultimados. Lo que siguió fue una investigación que se desarrolló rápidamente y destapó un plan criminal verdaderamente extraño. Una persona de la que la familia tenía no mucho conocimiento.

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Tú decides quién gana o pierde. Que comience el juego. Alberto Rolón y Soraida Bartolomei eran una pareja de origen puertorriqueño, tranquila y reservada. padre de los niños llamados Adriel y Diego. En abril de 2023 se mudaron a Riomioville, una pequeña localidad a 41 km al suroeste de Chicago, para cumplir el sueño de comprar su propia casa.
Ambos trabajaban a tiempo completo, Soraida durante el día en control de calidad en Navanti, en Generin, un fabricante de piezas mecanizadas y Alberto por las noches en una distribuidora de bebidas alcohólicas. Según sus vecinos, eran considerados como una buena familia, trabajadora y que parecía muy unida.
Mantenían prolijo su jardín y nunca se veía los chicos en el frente. Solo jugaban en el patio trasero. Si bien el matrimonio había tenido problemas por una infidelidad por parte de Soraida, se habían quedado juntos por sus hijos. Los dos niños asistían a la escuela primaria RCIL y parecían ajenos a los problemas de sus padres hasta que conflictos más graves tocaron a la puerta de su casa.
El domingo 17 de septiembre de 2023, la hermana de Soraida, Briana Bartolomei, intentó comunicarse varias veces con ella. Al lograrlo, llamó a Alberto, quien tampoco respondió. Los intentos continuaron durante el resto del día sin éxito. Como si esto fuera poco, la madre de Briana y Soraida recibió una llamada del trabajo de Alberto, donde le dijeron que no había ido a su turno de trabajo.
Al caer la noche, Briana llamó a la policía de Romeoville para pedir una visita de bienestar en la casa de su hermana. Su madre hizo lo mismo, preocupada por su hija, yerno y nietos, aclarando que este tipo de conducta no era habitual en la familia. La policía de Romeoille llegó a la vivienda familiar ubicada en el bloque 500 de Concor Avenue a las 8:43 de la noche.
Nadie les abrió la puerta y tampoco había indicios de movimiento dentro del hogar. Esa fue la primera alerta. Al revisar la parte trasera de la propiedad, los agentes notaron que casi todas las luces estaban apagadas, pero a través del ventanal delantero alcanzaban a ver un televisor y una mesa tirado sobre el suelo.
Todo parecía indicar que alguien había entrado forzosamente a la casa. Finalmente entraron por el porche, donde descubrieron que la puerta estaba abierta. Alberto ya sin vida en un pasillo cubierto de sangre. Los agentes avanzaron hacia uno de los dormitorios, donde descubrieron que una de las puertas había sido pateada. Adentro encontraron a Zoraida sin vida con las manos cubriéndose la cara.
Los hijos de la pareja Adriel y Diego fueron descubiertos en la cama de sus padres. También habían sido asesinados y la policía no tardó en advertir que habían recibido disparos. Más adelante, los agentes descubrieron también a los tres perros de la familia. que habían tenido el mismo destino que sus dueños. Y eso no era todo.
En total, había casi dos docenas de casquillos y una pistola 9 mm esparcidos por la casa. Todo indicaba que uno más tiradores habían entrado al hogar con el propósito de no dejar absolutamente a nadie con vida. La pregunta era, ¿por qué los peritos? indagaron en el lugar de los hechos y vieron muebles tirados, rociados con pintura, con insultos escritos y objetos rotos, pero nada indicaba que hubiera existido una lucha.
Las víctimas parecían haber sido tomadas por sorpresa o haberse escondido de los atacantes. La posibilidad de un asesinato de venido en una autoprivación de la vida de parte de uno de los padres se descartó rápidamente porque el arma no estaba en la casa. Los investigadores pensaron entonces que el asesino había intentado que el crimen pareciera aleatorio.
Lo más probable era que los asesinatos hubieran ocurrido entre las 9 de la noche del sábado y las 5 de la madrugada del domingo. Como Alberto hacía turnos nocturnos, debía estar despierto cuando él o los atacantes intentaron entrar al hogar. Soraida y los niños, por otro lado, probablemente habían estado durmiendo.
Tal vez los niños tenían problemas para conciliar el sueño y se habían acostado en la cama con su madre, donde sus cuerpos habían sido hallados por la policía. Los agentes también teorizaron que Alberto debía haber sido el primero en recibir un disparo. Estando en el pasillo, había intentado correr hacia las habitaciones, pero el victimario le disparó cinco veces más antes de que pudiera llegar a donde estaban su esposa e hijos.
Kel L, que vivía en la casa vecina, dijo a la policía que estaba en su hogar durante el lapso dado por la policía de los ataques, pero que no escuchó los disparos. Tanto ella como otro vecino, Dan Lugo, dijeron que este tipo de crímenes no era habitual en la zona y que los Rolón eran una familia muy tranquila.
Lyn Philips, también vecina, se mostró sorprendida porque no había oído nada. Otro vecino dijo que le parecía muy siniestro, que nadie hubiera oído las detonaciones. A pesar de que las casas estaban muy cerca, Cristina Ibarra, otra vecina más, aseguró que el barrio era tan tranquilo que la policía ni siquiera patrullaba el área los fines de semana.
Los agentes supieron además que las víctimas no tenían antecedentes criminales, no estaban atravesando dificultades económicas y ninguno poseía armas. Después de 36 horas, el subjefe de la policía de Romeoville, Chris Burn, dijo en una rueda de prensa que sus detectives habían recopilado una enorme cantidad de indicios y habían determinado que no se trataba de un crimen al azar, quien hubiera asesinado a Zoraida y a su familia lo había planificado con antelación y tenía algo contra ellos. Y aunque no lo informaron
en ese entonces, los agentes ya tenían un posible sospechoso en la mira mediante el timbre Rain con video y cámara inteligente que se conecta a la red Wi-Fi y se puede controlar a través de una aplicación en tu smartphone. El iPad, un servicio en la nube que conecta sus aplicaciones y datos, torres de telefonía móvil y sistemas de cámaras Flock.
La policía pudo rastraer un vehículo sospechoso en una ruta de Streinwood a Romeoville. El vehículo era conducido por un hombre llamado Nateniel Hiwi Jr. Los agentes determinaron que Hiwi y Soraida se habían conocido mientras trabajaban en una empresa de ingeniería en Glendel Heights y en algún momento habían comenzado una relación romántica, todo a escondidas del marido de ella y la prometida de él.

Al día siguiente, Hiwi fue entrevistado por la policía en su trabajo. Admitió la relación con Soraida, pero negó cualquier participación en los asesinatos. Los agentes también le pidieron que se sometiera una prueba de polígrafo, a lo que él respondió que suponía podía hacerlo. La situación se enrareció cuando se negó a permitir que la policía registrara su vehículo. Un JMC Yukon.
Más tarde, ese mismo día, se le vio pasando una bolsa con armas de fuego de su GMC a otra persona. La bolsa y su contenido fueron posteriormente incautados. Cuando la policía fue a la casa que Hiwi compartía con Hermalinda Palomo, su prometida, vieron el vehículo sospechoso estacionado en la calle. Ese mismo día, la policía de Romeville interrogó también Armalinda.
Le preguntaron directamente si estaba encubriendo a su prometido, a lo que respondió que no. Aseguró que Hiwi había estado toda la noche en su casa junto a ella. Ambos negaron cualquier participación en los asesinatos y sin pruebas sólidas, Hiu y Hermalinda quedaron libres, pero no faltaba mucho para que se destapara la verdad.
Al incautar los teléfonos de las víctimas, los peritos supieron que durante las semanas previas a los asesinatos, Soraid había estado recibiendo mensajes amenazantes de lo que parecía ser un cartel de narcotráfico. En un nuevo interrogatorio con Hiwi, los agentes le dijeron que tenían mensajes de texto con números que estaban rastreando.
Todos tenían algún tipo de amenaza hacia Zoraida y Alberto. Le preguntaron si algo de eso podía vincularlo con el crimen, a lo que él respondió que no, pero admitió que también había recibido mensajes extraños de gente que lo estaba siguiendo. Durante los siguientes días, los investigadores continuaron rastreando el origen de los mensajes amenazantes y vigilando de cerca Hiwi.
Le pidieron acceso a su teléfono, una muestra de ADN. y a confiscar su camioneta. Él dudó, alegando que no quería que vieran sus cosas personales. Le explicaron que podían obtener una orden judicial, pero que con su consentimiento sería más rápido, ya que solo querían confirmar o descartar su participación. Finalmente, accedió a entregar su ADN y prometió acudir más tarde a la estación con su teléfono.
Después de salir del trabajo, notó que un patrullero lo seguía. se detuvo para hablar con él y le dijo que iría a su casa y después a la comisaría. Y efectivamente así lo hizo. Cuando los peritos tuvieron en sus manos el celular de Hiwi, descubrieron que había estado recibiendo amenazas durante meses, mucho antes que Soraida, pero ninguno de los dos parecía haber comentado al otro lo que estaba pasando.
Para Hiwi, esos supuestos criminales eran miembros de un poderoso cartel mexicano búlgaro. En los mensajes le decían que había sido reclutado sin querer, que su vida corría peligro. si no seguía instrucciones y que había un topo cerca de él que planeaba atacarlo. Kiwi realmente creía que lo estaban vigilando y que lo tenían bajo control.
Jamás había cuestionado nada de que los miembros de este supuesto cartel le decían. En su mente, si obedecía, lo asesinarían en menos de un año. Los agentes intentaron hablar con Hiwi del tema, pero no parecía entender la relación con los crímenes. Él insistía en que recibía otros mensajes anónimos distintos a los de Soraida.
Dijo que eran búlgaros, que lo vigilaban y le hacían cosas al celular. Se negaba a explicar qué significaba eso, pero aseguraba que sus acosadores tenían capacidades tecnológicas avanzadas. Tras poder ingresar más profundamente a su teléfono, la historia finalmente encajó. Se supo que ninguno de los mensajes amenazantes provenía de una organización criminal.
Habían sido enviados desde números falsos creados desde el teléfono de Hermalinda, quien llevaba mucho tiempo haciéndose pasar por distintas personas, todas ficticias, que amenazaban, manipulaban y controlaban a Hiwi. La policía interrogó a Hermalinda sobre los mensajes que su prometido había recibido.
Ella afirmó que Hiwi era muchas cosas, pero que siempre intentaba calmar a la gente y evitar peleas, no provocarlas. Para ella, la idea de que él pudiera ultimar a alguien era imposible. Los investigadores le dijeron entonces que los mensajes que habían recuperado desde aplicaciones de texto anónimas podían estar vinculados a un teléfono o número relacionado con ella, pero Hermalinda negó cualquier tipo de implicación.
El 19 de septiembre, Hiwi y Hermalinda contactaron a un abogado. Ese mismo día, Hiwi se reunió con su madre en un target mientras Hermalinda lo esperaba en el auto. Allí, Hiwi confesó que había asesinado a la familia. Cuando su madre le preguntó por qué, él respondió que había gente que iba por él y le habían indicado que lo hiciera.
También afirmó que creía que los hijos de Soraida estaban mejor sin vida que vivos y sin padres. Esa confesión fue mencionada por los investigadores y los medios, aunque los abogados de Hiwi dijeron no tener información sobre lo que sabía la madre o lo que hizo con esa confesión. Los informes policiales y las grabaciones de cámara ubicaron la llegada de Hiigwiinda al vecindario de las víctimas en torno a las 3:17 de la mañana. Y eso no era todo.
Un lector de patentes captó el vehículo dermalinda, un Chevrolet Malibu negro en Romeeville a las 3:48 de la madrugada del día de los asesinatos, justo dentro del rango horario en que se creía que el crimen había ocurrido. Ella conducía y se podía ver como Hiwi entraba y salía por el lado del pasajero. Más tarde, ese mismo día, un oficial detuvo Armalinda mientras se subía a su vehículo, ya que la policía estaba tramitando una orden de allanamiento.
Ese mismo 19 de septiembre, Herma Linda le dijo a su familia que tenía miedo de lo que pudiera pasarle a Hiwi y que se debía ir con él. A partir de entonces, su familia perdió todo tipo de comunicación con ella y la reportó como persona desaparecida en peligro. Pensaban que Hiwi quien le haría daño a ella, no al revés.

Insistían en que ella estaba en su casa durmiendo. Cuando se cometieron los asesinatos, nadie parecía tener idea de las amenazas que ella había enviado a su prometido. Al día siguiente, la policía declaró que tanto Hiwi como Hermalinda se habían dado a la fuga y se difundió una foto de ambos por todo el país junto a una alerta nacional.
Ella se comunicó con familiares diciéndoles cosas como, “Los amo, cuiden a mis nietos”. Paralelamente, las autoridades comenzaron a rastrear el GMC Yukon de Hiwi, utilizando primero la señal de su teléfono y luego lectores automáticos de patentes. Uno de esos lectores ubicado en Catusa, Oklahoma, a más de 960 km de la casa de la pareja en Illinois, detectó el sub el 20 de septiembre.
La alerta llegó de inmediato a la policía local. Como no se había confirmado del todo la implicación de Hermalinda en el crimen, las autoridades notificaron que el vehículo llevaba a un sospechoso de homicidio y a una posible víctima de secuestro. Los agentes siguieron el rastro del GMC hasta un estacionamiento de Walmart. Allí las cámaras de seguridad registraron a Hiwi y a Hermalinda comprando un celular prepago, tintura para el cabello y varios productos de higiene, como si estuvieran intentando cambiar de apariencia. En las imágenes
se les podía ver caminar tomados de la mano, sonriendo, relajados, como una pareja de viaje. Nada sugería que estuvieran huyendo de un cuádruple a homicidio. Cuando regresaron al vehículo, una patrulla encendió las luces para detenerlos y verificar el reporte de persona desaparecida, pero Hiwi aceleró y lo que siguió fue una persecución por la autopista I44 que terminó cuando el GMC chocó contra otro auto y después contra un divisor de concreto.
La puerta del conductor había quedado aplastada. El vehículo comenzó a incendiarse y los oficiales escucharon disparos desde adentro. Finalmente, Hermalinda fue sacada por el lado del pasajero. Tenía una herida de bala, pero aún respiraba, por lo que fue trasladada rápidamente hacia un hospital. Los agentes intentaron romper la ventanilla del lado del conductor, disparando bolsas de impacto, pero ya era evidente lo que pasaba allí dentro.
Hiwi se había quitado la vida con el arma que llevaba. Hermal por su parte no llegó a declarar al respecto ni a ser acusada, ya que pereció más tarde debido a sus heridas. La investigación por los asesinatos continuó durante un año después del fatal choque. Mientras los investigadores revisaban la correspondencia de Hiwi y los datos del teléfono de Hermalinda, así pudieron reconstruir el extraño plan homicida.
Desde diciembre de 2021, Ermalinda había creado números telefónicos falsos y múltiples identidades online para convencer a Hiwi de que formaba parte de una organización criminal mexicana búlgara. Con esas identidades le proporcionaba detalles sobre supuestos jefes, sicarios y hackers, inventando vínculos entre ellos y asignándoles roles dentro de esa estructura criminal ficticia.
Hermalinda interpretando a uno de sus personajes ficticios, hacía referencia con frecuencia a la relación de Hiwi con ella. Lo animaba a ser fiel, a dejar de hablar con otras mujeres, a tratarla con amabilidad y a tener relaciones íntimas con ella. Esta red de identidades falsas tenía como único objetivo manipular a Hiwi emocionalmente, aislarlo, controlarlo e inducirlo a creer que vivía bajo amenaza permanente.
Hermalinda usaba esos alteregos para dictarle cómo debía comportarse, a quién podía ver, qué mensajes debía ignorar y cuáles debían aterrorizarlo. Y cuando supo que él tenía una relación romántica con Soraida, llevó su ficción al extremo absoluto. La investigación determinó que el esposo de la víctima también se enteró en algún momento de la infidelidad e incluso dañó las llantas del vehículo de Hiwi en venganza.
Un análisis forense más profundo mostró que después de enterarse de la relación entre Hiwi y Soraida, Ermalinda había investigado sobre la dark web para reforzar la idea de que era hacker. También traducía palabras al búlgaro para hacerle creer a Hiwi que dominaba el idioma. Su teléfono incluso estaba vinculado con una aplicación para rastrear secretamente la ubicación de su prometido y así probarle que lo estaban vigilando.
El objetivo inicial parecía haber sido asustarlo para que dejara de serle infiel con Soraida. le indicaba que no hablara con otras mujeres e interceptaba mensajes que tenía tanto con su amante como con cualquier persona del sexo opuesto. Pero luego todo escaló hasta un límite imprevisto. Una semana antes de los asesinatos, Hermalinda había enviado mensajes amenazantes tanto a Soraida como Alberto.
El 14 de septiembre, al ver que su plano había logrado que Soraida cortara la relación con Hiwi, le envió a su pareja un mensaje desde una de sus identidades falsas, convenciéndolo de que Soraida era el topo que planeaba atacarlo. Le dijo que debía actuar primero asesinando a su amante y al resto de su familia. Le aseguró que Alberto era peligroso y que los niños debían perecer para no quedar a merced del cartel.
El supuesto líder le dijo también a Hiwi que si no actuaba primero, el cartel ejecutaría a su familia. Esa identidad le ordenó a Hiwi, que además hiciera que el lugar de los hechos pareciera un robo cometido por adolescentes. Lo tranquilizó asegurándole que muchos homicidios quedaban sin resolver.
Ese mismo día, tras salir temprano del trabajo, Hiwi, aún creyendo que hablaba con un integrante del cartel, comenzó a planear el asesinato. Buscó información sobre el vecindario donde vivía Zoraida, las cámaras de seguridad, rutas de entrada y salida y formas de no dejar ADN. Durante los días siguientes, Kiwi llamó al trabajo para reportarse enfermo y siguió planificando el crimen con cuentas falsas que él creía que eran miembros del cartel.
dijo que su esposa lo llevaría en auto sin saber que estaba hablando por celular con ella misma y no con un líder del narco. La madrugada del domingo 17 de septiembre de 2023, Hiwi entró a la casa de Soraida y cortó dos pantallas para hacer pasar el crimen por un robo. Luego ingresó por una puerta sin llave a la cocina.
Al oír ruidos, Alberto salió de su habitación y Hiwi comenzó a disparar. Mientras la víctima corría hacia las habitaciones de su esposa y sus dos hijos, recibió más disparos que le quitaron la vida. Acto seguido, Hiwi se dirigió a un dormitorio donde se encontraba Soraida y sus dos hijos y detonó el arma a través de la puerta, hiriendo a su amante varias veces.
Luego entró en la habitación y disparó nuevamente. Para terminar con los dos niños, utilizó pintura en aerosol en las paredes en un intento de desorientar a los investigadores, creando la apariencia de adolescente cometiendo un crimen sin sentido. También valió a dos perros en la cocina y a un tercero en un dormitorio.
Después de los asesinatos, Hiwi y la cuenta falsa dirigida por Hermalinda hablaron sobre los asesinatos. Él expresó su preocupación por haber olvidado tomar los teléfonos de Soraida y Alberto. La policía creía que Hiwi se había quitado la vida durante la persecución, sin llegar a descubrir que el cartel era falso y que su prometida era la mente maestra detrás del plan para asesinar a su amante y a toda su familia.
En síntesis, la investigación reveló que Hiwi no tenía enemigos reales, no estaba siendo perseguido ni formaba parte de ninguna organización clandestina. Su única amenaza era la persona que dormía centímetros de él, que le hablaba cada mañana como su prometida y cada noche, desde identidades falsas como sus supuestos captores.
Según informes posteriores y el resumen final de la investigación, el arma empleada en Romeoville nunca fue recuperada. Ninguna fuente indica que fuera la misma pistola con la que Hiwi disparó a Hermalinda y luego utilizó para quitarse la vida. La investigación de la policía de Romeoville fue cerrada tras el deceso de los dos sospechosos y la conclusión fue que ambos fueron responsables del cuádruple homicidio.
Al haber fallecido tanto Hermalinda como Hiwi, no hubo juicio ni condena penal. El caso quedó finalmente cerrado tras meses de investigación, Briana Bartolomei, hermana de Zoraida, hizo público su dolor en una publicación de Facebook. Expresó no entender que había llevado a los victimarios a quitarle la vida a toda la familia.
En un comunicado colectivo, tras el fallecimiento de los sospechosos, los familiares de Soraida expresaron gratitud por las muestras de solidaridad y el apoyo de la comunidad. Dijeron que su principal enfoque era reunir contención, ayuda y amor para los suyos, y que debido a lo delicado de la investigación y su impacto emocional, no darían más comentarios públicos por el momento.

Cuatro personas inocentes perdieron la vida por los celos de Hermalinda, una mujer que, en lugar de separarse de su prometido, prefirió manipularlo, al punto de hacerle creer que vivía bajo amenaza y que debía asesinar a su amante y a toda la familia. No hay constancia pública de un análisis psicológico formal difundido por parte de psiquiatras o profesionales forenses que expliquen detalle por qué Hiwi creyó en todo lo que Hermalinda decía, pero está claro que para el momento de los crímenes, la influencia que ella ejercía sobre él era total. Habiéndolo vuelto
una persona sumamente paranoica, logró construir todo un mundo de mentira que Hiwi jamás llegó siquiera a cuestionar. se quitó la vida sin saber que la misma mujer con la que se había fugado era su verd. Una vez más, estimado público, agradezco su compañía. Gracias por estar presentes en esta nueva transmisión.
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