La lactancia es una experiencia transformadora para muchas madres. Sin embargo, suelen enfrentarse a ella sin experiencias cercanas previas y sin contar con una red de apoyo que pueda sostenerlas cuando algo no va bien. ¿Qué papel juega la sociedad en todo ello? ¿Se sobrecarga en exceso a las madres como si fuera solo una tarea suya?

Hablar de lactancia materna en España es hablar de Alba Padró, uno de los grandes referentes tanto en España como en Latinoamérica. Consultora internacional de lactancia (IBCLC), en el año 2015 lanzó LactApp, la primera aplicación de lactancia materna que ofrece respuestas personalizadas para las mujeres que consultan. Es logopeda especialista en succión y deglución neonatal y ha escrito varios libros. El último de ellos es Tu lactancia va a ser la leche (Ed. Grijalbo), donde, desde un enfoque muy respetuoso y cercano con la madre, aborda este periodo desde la preparación en el embarazo, pasando por el parto y la llegada del bebé. Hemos charlado con ella.
Para que una lactancia pueda sostenerse en el tiempo hace falta red: parejas implicadas, permisos dignos, conciliación real, profesionales formados y entornos que no cuestionen constantemente a la madre y sus decisiones. La lactancia no debería recaer únicamente sobre los hombros de una mujer agotada
El prólogo de tu libro lo escribe Cristina Pedroche, que hace lactancia en tándem y a demanda con sus dos hijos y a quien has asesorado, por lo que siempre reconoce tu labor. Cuando una persona tan popular como ella habla públicamente de lactancia, ¿hay más mujeres que se interesan por ella, hay más críticas, más debate…?

He tenido el placer y el privilegio de acompañarla en la lactancia de sus peques y siempre le tendré que agradecer la confianza que ha tenido en mí.
En los medios la maternidad y, por ende, la lactancia, brillan muchas veces por su ausencia. Que una persona como ella hable del tema en los medios desde el conocimiento y desde su propia experiencia es una oportunidad única para iniciar conversaciones y abrir debates necesarios. También permite que muchas mujeres vean la lactancia materna como algo posible y cotidiano, porque lo que no se muestra parece que no existe.
La lactancia, especialmente en los últimos años, se ha convertido en algo cada vez más privado y escondido. Y sí, por supuesto que también genera críticas y opiniones muy polarizadas pero, incluso ese debate, muchas veces sirve para poner sobre la mesa temas de los que antes ni siquiera se hablaba.
Cuentas que a los 17 días de vida de tu hija ya estabas en un grupo de lactancia, no porque tuvieras problemas, sino porque te sentías sola. ¿Es la soledad uno de los grandes enemigos actuales de la lactancia por la falta de referencias y de apoyo?
Sin duda, y es todo un oxímoron que en un mundo en el que estamos tan hipercomunicados y relacionados nos sintamos tan solas. La maternidad es un proceso que transforma a muchas mujeres. Nos da la vuelta y nos devuelve a un punto de enorme fragilidad. Las maternidades además son cada vez más nucleares porque las familias son más pequeñas, vivimos lejos de nuestras redes y hemos dejado de criarnos en comunidad.

Dices que no te consideras prolactancia, “si eso implica que hay que salvar a toda costa las lactancias de otras mujeres” y que prefieres centrar tu mirada en la madre y en sus deseos. ¿Por qué llegas a ese posicionamiento?
Es un tema que para mí es clave. En general, no estamos preparados a nivel sanitario para atender las dudas y dificultades de las mujeres en sus lactancias. Enarbolar la bandera de los beneficios de la lactancia sin tener formación y/o no saber responder a las dificultades que aparecen en la lactancia es un sin sentido. Yo no creo en salvar lactancias a cualquier precio, creo en acompañar mujeres. A veces eso implicará proteger y sostener una lactancia y otras veces implicará ayudar a una madre a dejarla sin culpa ni juicios: es su lactancia, son sus pechos, es su crianza.
El centro no puede ser nunca la lactancia, el centro tiene que ser la madre, su bienestar, su deseo y su realidad.

Tu visión es muy desculpabilizadora. Comentas en el libro “no hay madres de primera ni de segunda por decidir dar la teta o un biberón. Solo hay madres que hacen lo que pueden lo mejor que pueden”. Al margen de la voluntad y de las circunstancias de cada mujer, ¿dónde colocamos la responsabilidad social y médica de informar y de prestar apoyo a la mujer que acaba de ser madre y tiene a su recién nacido en brazos?
La responsabilidad social y sanitaria es enorme. Y cuando una mujer acaba de parir está en un momento de muchísima vulnerabilidad física y emocional. Necesitamos profesionales formados, recursos accesibles y una sociedad que deje de exigir a las madres que puedan con todo solas. La información y el apoyo no deberían depender del código postal, de la suerte o de tener recursos.

Aunque es un proceso biológico, la lactancia no siempre sale bien a la primera y todo no marcha sobre ruedas de modo automático. Prepararse es bueno. ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo antes de la llegada del bebé?
Cuando estamos embarazadas disponemos de un tiempo maravilloso para aprender y preparar la lactancia. Las claves son: ver a otras madres amamantando, aprender y resolver dudas antes de que nazca el bebé y, en tercer lugar, saber quién puede ayudarte.Es de esas cosas que quizá no necesitas cuando hayas dado a luz, pero que van a ser clave en un momento tan intenso como es el posparto. Y, también es importante prepararse desde un lugar realista. No para hacerlo “perfecto”, sino para entender que la lactancia es un aprendizaje para ambos y que pedir ayuda no significa que lo estés haciendo mal.

“La lactancia se teje entre todos. No es algo de madre y bebé, es de todos”, destaca el libro. ¿Qué necesitamos para cuidar al máximo la salud física y emocional de una madre que decide dar el pecho, con la exigencia que esto conlleva?
Necesitamos cuidar a la madre, darle el espacio, el tiempo, la escucha, la validación y la felicitación que se merece. Ser madre no es nada nuevo, pero criar “hoy” puede ser profundamente agotador. Vivimos en una sociedad que romantiza mucho la maternidad, pero sostiene muy poco a las mujeres. Solo tenemos que ver cómo muchas mujeres no tienen acceso a una atención psicológica en el posparto.
Para que una lactancia pueda sostenerse en el tiempo hace falta red: parejas implicadas, permisos dignos, conciliación real, profesionales formados y entornos que no cuestionen constantemente a la madre y sus decisiones. La lactancia no debería recaer únicamente sobre los hombros de una mujer agotada.
